lunes, 30 de abril de 2012

De libros, fanatismos manchegos etc...


En Campo de Criptana cantaban al evangelista protestante allí destacado, que cojeaba un poco, muy cruelmente:

Cuando muera el tío cojo
sé dónde le enterraremos,
donde tiran a los perros,
desolladero de cuervos.

Y al colportor de la misma zona, a quien llamaban Marquitos por haber vendido muchos Evangelios según San Marcos en español, le cantaban esta copla:

Rogando a Dios por España
Marquitos subió a los cielos
y San Pedro respondió:
te voy a romper los... huesos.

Son testimonios de Federico Fliedner, Aus meinem Lehen, recopilación de su hijo Jorge Fliedner, t. II, Berlin: Martin Wameck, 4.ª ed., 1903. Pertenecen al capítulo "La intolerancia religiosa en España". De Federico Fliedner, el famoso pastor, pedagogo y editor hispanoalemán, hijo del fundador de las Diaconisas, adquirí curiosamente su biografía de Martín Lutero en la segunda edición, ampliada y actualizada por Jorge, de 1913, de una anticuaria de Ciudad Real; tenía cosas interesantes, por ejemplo siete números de la colección de narrativa corta Los novelistas (Barcelona, 1939, 10 de junio a 22 de julio), con obras inencontrables de Enrique Jardiel Poncela, Augusto Martínez Olmedilla, Emilio Carrere, Concha Espina, Rafael López de Haro y otros. Por lo visto es la segunda época de una primera publicada en San Sebastián en 1938 con "Aquel mocito barbero" de Juan Pujol, "La carpeta gris" de Concha Espina, "La opinion de los demás" de Juan Ignacio Luca de Tena, "Madrina de guerra" de Rosa Aramburu, "Trasmundo" de Tomás Borrás y "Tierra del diablo" de Luis Antonio de Vega: los siete únicos números de una serie que se llamó Los novelistas. La novela de la guerra y que se vio interrumpida por avatares de la guerra; su propósito era distraer la moral de la tropa; la dirigía también el periodista exrepublicano José Simón Valdivielso, (fallecido en 1949, según Abc) al precio de cuatro patacones, esto es cuarenta céntimos; la primera serie de siete la valoran los libreros en doscientos euros, y yo he comprado la segunda por unos siete euros, así que creo que he hecho buen negocio. Adquirí también baratas varias biografías sumamente apetitosas y descatalogadas de eclesiásticos y escritores medievales raros por la editorial Lábor: de Manuel Ballesteros, Don Rodrigo Jiménez de Rada (1936); del fachendoso pero buen arabista manchego Ángel González Palencia, El arzobispo don Raimundo de Toledo (1942); de Hilario Yaben, Osio, obispo de Córdoba (1945), sobre ese enigmático personaje a quien se debe tal vez la conversión de Constantino; de fray Justo Pérez de Urbel, ese para quien Carlos Luis Álvarez "Cándido" falsificaba como negro suyo biografías de mártires de Franco, San Isidoro de Sevilla (1940), que tal vez haya sido escrito por otro negro; de Lorenzo Riber, Aurelio Prudencio, 1936 y, por último, de Abelardo Merino, El cardenal Mendoza (1942). Me traje incluso un cómic del año 1942, curiosamente ilustrado parcialmente a color, que se imprimía al astronómico precio, para la época, de dos pesetas. Por ahí he visto también que venden, pero por más de lo que vale, unos rarísimos Juegos Florales. Ayuntamiento de Ciudad Real. Agosto 1939... Ciudad Real: Escuelas Graficas de la Diputación Provincial de Ciudad Real, 1939. 24x17 cm. 44 páginas; contiene fotografías de la reina del certamen, pajes, corte de amor, el "ilustre escritor D. Manuel de Góngora" (debe ser el profesor, poeta, dramaturgo, archivero y periodista granadino -fue redactor jefe de Blanco y Negro- del mismo nombre, nacido en 1889 y fallecido en Buenos Aires en 1953)  y "D. José Antonio Ochaita", sin duda el coplero y dramaturgo de género chico de Jadraque, Guadalajara. Me acudió por correo un esperado tratado feérico, el del clérigo escocés Robert Kirk, de quien ya hablé, La comunidad secreta (1692). ¿Y qué es lo que me gustaría leer si tuviera tiempo y dinero? La primorosa edición, única completa en castellano (casi cuatro mil páginas), por Atalanta, de las cuantiosas Memorias del erudito y libertino Giacomo Casanova, Premio Nacional de traducción 2010 para Mauro Armiño