lunes, 7 de mayo de 2012

Dicen

El chófer de Capmany me agradece que haya copiado tres sonetos suyos inencontrables en mi blog Museo Literario; me escribe Elena, siempre liada con sus cosas sociales; no debería abusar así de su salud; le responderé un día de estos. Castalia se va a Barcelona y yo sigo encallado con mi edición de las fábulas. Llamó por teléfono Pedro Jota Ramírez; sabe más de lo que yo creía sobre El Zurriago, igual que su famoso columnista/calumnista Losantos; ambos usan en sus artículos la nomenclatura secreta de esta publicación, que sólo unos cuantos periodicómanos pueden descifrar. Pedro Jota es un liberal republicano; después de todo, el Rey de copas y todos los que han mandado en España se la tienen jurada, como se la tenían al pobre y cáustico Félix Mejía, pero él ha sabido bien cómo protegerse y sobrevivir y, si tiene los navajazos, costurones y cicatrices del propio manchego, desde luego los esconde muy bien. A mí la única que me tiene más bien escasa querencia es la ultraderecha y el gremio de las guajonas, aunque no de esas que tanto incordian a P. C. Desde Valencia dice el más habitual de los comentadores de este blog que lo escriba, que hace mucho no lo perpetro. No quiero: tendría demasiado que decir y muy poco tiempo para encogerlo, fuera de que otras tareas y personas me requieren y reodian y están hartas de que las posponga y las desatienda; aunque muchos me cargan las pilas del entusiasmo con todo tipo de elogios, quiçab si merecidos, por el recital de poesía que dimos el otro día etcétera, la acidia mantiene mi asedio; asesino las ideas a medida que me asaltan y a la sazón les asigno un blanco, no en la página, en el olvido. Atrapo algunos fragmentos de rumores que luego pierdo el tiempo en encajar y reconstruir en forma de puzzle, de forma que al final tengo una hermosa y artística paranoia que tal vez me sirva para adornar alguna cuartilla o algún sueño; de repente, en uno de ellos me acuerdo de qué dijo fulano hace cinco o veinte años, lo encajo con algo de ahora y otros retales de suposiciones, dudas y resquemores, lo aliño y reformulo con sospechosas coincidencias y factoides y voilà; mi fantasía debe estar más insomne que yo. Me viene por correo un libraco: Diccionario de personajes conquenses nacidos antes del año 1900, de Hilario Priego y José Antonio Silva. Faltan muchos; aquí sólo indicaré dos: Agustín de Castro y Francisco Carretero y Navalón. No pocos son los que no voy a ir a buscar ahora a mis estantes, por ejemplo, entre los jesuitas exiliados en 1767, de los que citan sólo algunos e hizo una buena bibliografía Hervás y Panduro.  Anda también por ahí un Romancero tradicional de la provincia de Madrid que le he comprado a la anticuaria de la que obtuve las biografías medievales. Debo pasarme por ahí, dijo que habría más por el estilo, pero la mujer abre cuando le da la gana y se va dejando la luz encendida y un numerito de móvil, como si los hombres de las tabernas usásemos artefactos como esos. Pues no me da la gana, teniéndola a un tiro de piedra de mi casa.

Me he vuelto a pasar, y la he pillado dentro. Sí, ha traído algo más, pero de escaso interés: suplementos infantiles "Gente menuda" del ABC de preguerra, sigue una colección completa de traducciones las novelas de Edgar Rice Burroughs sobre Tarzán, una docena de episodios nacionales en edición clásica, una novela del terrible folletinista Ortega y Frías, y poco más. Me cuenta que han "regalado" una biblioteca de setecientos ejemplares a unos de Valencia antes de que ella se enterase. Esas cosas pasan.