domingo, 10 de junio de 2012

No basta


Moisés Naím:

"Nada de esto será suficiente para sanar al enfermo. Para devolverle la estabilidad a largo plazo y ponerlo en una senda de prosperidad hay que hacer cambios todavía más profundos. Tal como lo ha señalado Uri Dadush, un economista del Carnegie Endowment, las raíces de la crisis europea no son de naturaleza fiscal o financiera. Resultan de la pérdida de competitividad que tuvieron países como España e Italia, especialmente en relación a Alemania. Dadush ha calculado que entre 1997 y 2007 la tasa de cambio real se revaluó en España en un 11%, y un 9% en Italia (eso quiere decir que sus exportaciones se encarecieron respectivamente en esas mismas proporciones). Mientras tanto, en Alemania, en ese mismo periodo, la tasa equivalente se devaluó en un 14% (es decir, que sus exportaciones se abarataron en esa proporción). Inevitablemente, esto hizo que las exportaciones de España e Italia declinaran y las de Alemania crecieran. En la década que precedió a la crisis, el total de las exportaciones de España (expresadas como proporción del total de la economía) cayeron en un 3,4% y las de Italia, en un 1%, en tanto que las de Alemania aumentaron un extraordinario 20%. A pesar de esto, la economía española creció a una tasa que duplicó la de Italia; una expansión económica que, como sabemos, se basó en el sector de la construcción. En España esta industria pasó de ser el 4% de la economía en 1995 al 12% en 2007. En Italia pasó del 4% al 6%. Esto explica, en parte, por qué los bancos españoles están más débiles que los italianos.

España e Italia tienen que buscar nuevas fuentes de crecimiento económico. Y estas no pueden sino venir de un sector privado más capaz de competir en los mercados mundiales. Esto, y no la austeridad fiscal o las acrobacias financieras, será lo que impida que el paciente deba regresar periódicamente a la sala de cuidados intensivos."