viernes, 29 de junio de 2012

Philip K. Dick

Fue nadie menos y nadie más que Stanislaw Lem quien afirmó que en toda la historia de la Ficción Científica estadounidense sólo se había producido un auténtico genio: Philip K. Dick. Los demás escritores estadounidenses se molestaron, claro está, cuando añadió que los otros sólo eran un rebaño de escritorzuelos enanos. Y es así, salvo alguna que otra excepción como Bradbury, Asimov, Heinlein y Farmer. Pero sólo hay que leer algo de la obra de Dick y conocer toda la pasión que vertió en su vida y su obra, absolutamente indistinguibles una de la otra, para estar de acuerdo y ver que no era, no, como él mismo se definía, un "friki chiflado", sino un auténtico visionario; que tenía incluso algo de santo, un cierto don profético, lo demuestra el famoso episodio de la enfermedad de su hijo. Debería pasar a la historia de la literatura y ser estudiado como uno de los grandes autores del siglo XX, en ediciones comentadas y con notas a pie de página. Lo que actualmente pasa con Dick es parecido a lo que pasó en el XIX con Edgar Allan Poe: todo lo que se hace ahora en cine fantástico, narrativa de ficción científica etcétera deriva  de él ¿o no? De hecho, si uno creyera en esas cosas, sospecharía que Poe se reencarnó en Dick.