domingo, 29 de julio de 2012

El neurólogo que se transformó en un personaje de videojuego

Especulo con qué le haya podido pasar a ese espécimen llamado James Holmes para que le haga feliz ir por ahí matando gente bajo una careta y vestido como un soldadito de juguete en vez de desmenuzar sistemas nerviosos de manera más constructiva. Por demás, la escena no recuerda tanto a la de la película del quiróptero como al comienzo de Scream II, como todo cinéfilo apercibirá al momento. Lo puedo explicar así: ha sido alienado y deshumanizado por la "sociedad" norteamericana hasta que la soledad ha completado su trabajo de cosificación y lo ha transformado en un personaje de videojuego, una ficción plana o de primer grado, de maniqueos y elementales sentimientos, si es que se le pueden llamar así y no pulsiones. Un malo de historieta o de película mala. Ha bastado un simple aislamiento y un fracaso en un examen para que el producto estuviera listo y acabado, hasta en su apariencia física, que evoca con su violento color anaranjado en el pelo ese personaje monocromo y esquemático la línea clara que ha dejado atrás la complejidad de lo humano y los matices del alma por la superioridad de lo simplote. Incluso resulta simbólico que abrir la puerta de su casa, de su interior, de su vacío existencial pudiera provocar una explosión dañosa para los demás.

Ahora, desde la puerta de su celda, Holmes escupe a los guardas para entretenerse y estos se ponen otra careta para defenderse de las salpicaduras.