lunes, 16 de julio de 2012

La presión ética de Internet empieza a aplastar a los gobernantes

Decía no precisamente ayer que la Generación Beat no había cambiado el mundo y por eso había creado otro, Internet. Con Internet la inteligencia se diluye y concentra súbitamente para lograr unos objetivos éticos que al poder, corrupto por sí mismo, empiezan a preocuparle. El software disponible, por ejemplo, para recopilar firmas en protesta; la comunicación por correo electrónico y otros medios entre las personas más desconectadas del mundo.  Hasta el momento la inconcreción y vaguedad de esos objetivos es lo que salva a las cúpulas de una neodemocracia. Pero en el horizonte parece vislumbrarse algo lejano que tiene esa forma y que quizá no veremos ahora. El principal objetivo de esa neodemocracia será acabar con los paraísos fiscales internacionales: Suiza y las islas y puerto francos, para redistribuir la riqueza e igualar el desarrollo en el mundo evitando la enfermedad, el analfabetismo y el hambre, los tres jinetes del desastre humano. El tercero, desprofesionalizar la vida política transformando todos los cargos en rotativos y transversales. Todos esos movimientos que se han azuzado con la crisis no deben desaparecer con ella, sino converger en un programa global y sensato. Sólo así se harán temer.