jueves, 23 de agosto de 2012

España, aparta de mí este cáliz

España es ese Ecce homo recién restaurado con mano torpe por una beata aficionada que, si se pone el pintalabios y el colorete como se adivina, más que meapilas parecerá un personaje del Bosco o de Solana. La España que heredaron nuestros políticos estaba más o menos como ese original: era una obra mediocre pero se entendía, se apreciaba y se quería; ahora, unos restauradores desalmados la han dejado peor que mal: como si fuera una obra de arte moderno expresionista, uno de los espantajos arrevoltijados de Bacon o una cara de Bélmez que quisiera hablar. 

Analizar por fuera sine ira et studio al país más extremo de Europa occidental durante los años últimos de lo que los políticos llaman no sin pachorra y desenfoque democracia (un postfranquismo charlamentario fruto de la mera inercia histórica) es tan difícil como ingrato. Toda libertad individual está mediatizada por la pobreza material, el paro y la miseria moral que causa la falta de valores, la abulia o desgana y el nihilismo. Una enorme miseria moral, clara cuando comparamos a los niveles inferiores de la sociedad con los más altos: los últimos salen perdiendo. Por último, una clase media peor que mediocre, quizá la más mediocre de Europa occidental; en parte, por la enseñanza. La universidad (véanse los índices internacionales) se encuentra lastrada por hábitos de cuando se concedían cátedras por méritos políticos; cambiar esas formas exigiría al menos medio siglo. No hay continuidad alguna en la lucha por la excelencia: se promueven nuevos talentos, pero cuando hay que apoyarlos para que den fruto sólido aparece inevitable y certero el hachazo de la mediocre generación tapón y la valla económica que aísla al sistema en el poder del pueblo en una burbuja gestionada por históricos poderes fácticos y bancarios que se autosostienen mutuamente. Así es, así ha sido desde que los Conservadores de Cánovas pactaron con los Progresistas de Sagasta para aislar al naciente y abortado Partido Demócrata. El mal de España es ese corporativismo aislante, como su único bien hubiera podido ser un federalismo a la suiza, apenas intentado en la Primera República. Y mientras sea así, España será parecida a Europa, falta de aire, falta de riego europeo, desde sus ferrovías de medida rusa a sus aeropuertos sin vuelos y sus cines sin películas subtituladas, pero con caciques, oligarcas y "barones", que es como ahora llaman a esos diosecillos menores del infierno. La enseñanza, pobre e insuficiente en idiomas modernos, es lamentable en matemáticas y ciencias y humanidades, pero lo peor es que es absolutamente estanca, cercenada, falta de riego sanguíneo, zombi o casi muerta. Es así porque sólo los ignorantes pueden comprar los productos de mierda y poco competitivos que engendra el palurdo y gañán capitalismo español y su cateta clase media. Por lo demás, aquellos polvos trajeron estos lodos: las relaciones personales se han transformado en relaciones de consumo y como mucho el amor se ha vuelto asunto de estética, y con la estética es imposible construir nada fuerte, ni siquiera una familia, para oponerse a la presión disgregadora de este laberinto que llamamos sistema. El pueblo no puede acceder al poder porque el poder ha sido tomado por los bancos que financian a sindicatos, a partidos políticos, a todo el estado, que de esa manera termina siendo no responsable ante los ciudadanos, sino ante el beneficio económico: eso es lo que sostiene y cada vez endeuda más el conjunto de garantías sociales del sistema político irrepresentativo e impresentable que padecemos. Hoy dice la prensa que se ha habilitado el "deshaucio express" para los inquilinos morosos, que pueden ser echados de su casa en diez días... ¿no se podría habilitar igualmente un "ostracismo express" para políticos corruptos o de mierda? Además es un remedio griego, como el yogur.