domingo, 7 de octubre de 2012

El ciego que guía a los tuertos.

El maximalismo fue una de las armas preferidas del mayor orador y genocida de los tiempos conocidos, Hítler: era un demonio sobre la tierra, pero tenía una lengua capaz de galvanizar a las piedras. Su retórica debería ser estudiada con más esmero, porque empieza a difundirse otra vez; también uno de sus principios fundamentales más dañosos, el malvado principio nihilista de la anulación del yo y la conciencia individual: “Los pueblos tienen un alma, pero los judíos no tienen ninguna", dijo, y también que "la conciencia es una invención judía".