viernes, 12 de octubre de 2012

Precisión sobre que el español no puede ser otra cosa

Dicen que dijo Antonio Cánovas del Castillo "es español el que no puede ser otra cosa", hastiado de discutir definiciones de lo nacional con los regionalistas en un congreso constituyente; así lo anotó Galdós, pero la verdad pura y simple es que Cánovas citaba a Quevedo, a quien conocía bien por la edición que hizo de él y le regaló su amigo Aureliano Fernández Guerra:


"Harto de ser español
desde el día en que nací,
quisiera ser otra cosa
por remudar de país"

A mí, la verdad, me satisface la definición. Es español el apátrida, anarquista, quejica y descontentadizo que busca siempre sin encontrar acomodo. Algo así como un nacionalista catalán, ansioso de ser uno, grande y libre. Qué ombligo más magnífico, el de un catalanista; no se parece a ningún otro ombligo del mundo, ni siquiera al de Adán, que no fue un hijo de su madre. Otros lo llaman paranoia; dejémoslo en nazi-onanismo.