domingo, 28 de octubre de 2012

Una leyenda manchego-ibérica. La encantada.


Esta leyenda manchega, a unir con otras de nuestro patrimonio como la del rey Rocas y otras de las que ya he hablado, se ha documentado en un eje que va desde Madrid hasta Cartagena y atraviesa toda la comunidad autónoma; también aparece menos concentrada en otros lugares de tradición cultural emparentada con la ibérica, como en Arana, en el País Vasco. Se han recogido versiones sobre todo en Albacete y Cuenca, pero también en Ciudad Real y Toledo.

Su personaje principal es la vulgar mora o moro al que se atribuye todo lo raro en tiempos cristianos, pero en realidad se trata de una adaptación por etimología popular al castellano del término prerromano *mor ('túmulo, montón de piedras'), identificable con las morras, poblados típicos del Bronce Manchego, que tampoco está muy lejos, etimológicamente, de la diosa madre vasca subterránea Mari.

En las versiones deben aparecer estos elementos fundamentales: bellísima joven, la maldición (o encantamiento), el peine de oro y la Noche de San Juan. Sin embargo, en la versión más completa, la de Villarrobledo, lo peculiar es que se une la leyenda con la realidad, puesto que, efectivamente, en la zona hay un castillo y otros cercanos y crecen flores raras que no se pueden encontrar en otro lugar.


Se han recogido testimonios en Las Camarillas (Hellín), Carrascosa del Campo (Cuenca), Cueva del Bache o de la Mora Encantada de Castejón (Cuenca), Cueva de la Mora en Granátula de Calatrava (Ciudad Real),  Cerro de la Encantada (Hellín), Cueva de la Camareta (Isso, Albacete), Cerro del Castillo (Torre Almohade), en Munera (Albacete), Cerro del Castillo; en Paterna del Madera (Albacete), Cueva de la Encantada (Río Madera), El Picazo (Cuenca) Peñasco de La Encantada, Santa Cruz de la Zarza  (Toledo), Cerro de la Encantada, (Torrejoncillo del Rey, Cuenca), Cerro de la Mora Encantada (Uclés, Cuenca), Cueva de la Mora Encantada (Villarrobledo, Albacete), Cerro la Encantá.

En Las Camarillas, cerca de Hellín, se cuenta así:

En la madrugada del día de San Juan (24 de junio), solía aparecer una dama muy blanca con el pelo muy largo y rubio al pie de la cueva de la Camareta, a orillas del camino de la Junta de los Ríos, muy próximo al río Mundo, sentada en una piedra y peinándose con un peine de oro, preguntándole, si alguien pasaba por allí, sobre qué le gustaba más, si el peine o ella. Dicen que en cierta ocasión pasó un pastor y al hacerle la pregunta éste respondió que el peine, exclamando ella: ¡maldito seas, que por tu culpa seguiré encantada!

En Villarrobledo, en la que parece la versión más completa, así, en la versión recogida por Elvira Menéndez Pidal y José María Álvarez: 

En la noche de los tiempos, una joven y bellísima princesa llamada Dulciades, hija del señor de un castillo, es raptada por Draskolín, un príncipe malvado y depravado hijo de Hastrano, señor de otro castillo vecino. El cruel príncipe da muerte al aya de la princesa que, antes de morir, pronuncia una maldición contra él. Con motivo de esa maldición el príncipe muere en una de sus frecuentes correrías y, como castigo, su padre encierra a la princesa en una mazmorra. Después ordena a la bruja Nasanta que prepare un veneno para matar a la princesa. Cuando se lo ha suministrado, se aparece el aya y empareda a la bruja, aunque no puede evitar que el bebedizo haga parte de su efecto. Sólo consigue que la princesa duerma en un estado letárgico hasta que, una vez al año cada Noche de San Juan, despierte. Esa noche aparece La Encantada, una delicada y bellísima joven de tez clara, peinando su larga y hermosa cabellera con un peine de oro, para regar y cuidar unas flores extrañas que sólo crecen allí. Otras versiones de leyenda añaden que, si la ves y te mira fijamente a los ojos, ocuparás su lugar.