domingo, 23 de diciembre de 2012

Astronomía en Almagro


F. J. Martínez Carrión,  "Conmemoración del impulso educativo de los dominicos", La Tribuna de Ciudad Real, 06 de junio de 2011:

Un centenar de exalumnos se reunirán en Almagro los días 11 y 12 de junio en unas jornadas de convivencia y recuerdos.

 Los padres Gerard y Casas, científicos pioneros de la primera comunidad de dominicos de 1905.

El padre Pedro Gerard fue uno de los fundadores del nuevo convento de los dominicos de Almagro en 1905. Hijo de un ingeniero belga y de madre zaragozana, estudió y se graduó en Ciencias en la Universidad de Barcelona. Después se ordenó dominico. Fue un precursor para su época. Este heterodoxo, moderno y científico padre dominico construyó en 1905 en uno de los patios del convento de Almagro un laboratorio astronómico, hasta que unos años después y tras el cierre del convento de Cuevas de Vera de Almería, consiguió desmontar el tejado de la torre de la iglesia del convento de Almagro, construir una terraza y sobre ella instalar un potente telescopio astronómico.

El periódico La Lectura Dominical del 30 de diciembre de 1905 informaba de los trabajos del padre Gerard:

«Los PP Dominicos de Almagro tratan de establecer en el antiguo convento de las Calatravas, perfectamente restaurado por ellos, un observatorio meteorológico que pueda competir con los más completos de la época. Al efecto, ya han instalado en uno de los patios un pabellón provisional para preservar de la intemperie, hasta que se monten definitivamente en sus respectivos sitios, los instrumentos más delicados y voluminosos, pedidos a los talleres extranjeros más acreditados en la construcción de esta clase de aparatos».

El artículo concluía con una breve reseña biográfica sobre el padre Gerard: «El observatorio será dirigido por el insigne autor de La cosmografía de Alberto el Grande, el reverendo padre Pedro Gerard, cuyos notables trabajos físico-cósmicos, dados a la estampa en el verano anterior con ocasión de sus observaciones en Burgos del último eclipse solar, le han revelado ante el mundo científico como uno de los astrónomos más profundos y competentes de España».

Una noticia muy similar aparecía meses después, concretamente el 7 de febrero de 1906, en el periódico El Vigía Católico, donde se informaba de la instalación del observatorio astronómico en el convento de los dominicos de Almagro «dirigido por el insigne autor de La Cosmografía de Alberto Magno, padre fray Pedro Gerard».

La presencia del padre Gerard en Almagro causó sensación y curiosidad, en una ciudad que en aquellos inicios del siglo XX se encontraba en plena decadencia, sobre todo en materia educativa, ya que sólo los franciscanos mantenían una escuela pública y gratuita, además de las que costeaban varios particulares.

Poco se sabe de las investigaciones y aportaciones del padre Gerard en Almagro, donde nunca llegó a integrarse plenamente en una comunidad de frailes más preocupados por la puesta en marcha y consolidación del convento que por las «modernidades» de este fraile atípico. A los pocos años, el padre Gerard se marchó a Bélgica, donde permaneció tres años y allí dio un giro a su vida y a su sacerdocio interesándose más por cuestiones sociales. A su regreso a España dedicó su vida y vocación religiosa a impulsar los sindicatos católicos en España, especialmente en las regiones del norte de la Península.

Interruptor eléctrico.

Otra de las aportaciones científicas de los primeros años de la comunidad de dominicos de Almagro fue la aportada por el fraile vizcaíno Emilio Blancas, quien en agosto de 1907 presentaba públicamente en la plaza de la Constitución de Ciudad Real un invento que permitía el corte automático de la corriente eléctrica en el caso de avería o rotura del tendido, evitando así peligrosos riesgos laborales. El Diario Católico, en su edición del 18 de agosto de 1907, decía: «Escriben desde Ciudad Real que ante gran concurrencia se han verificado las pruebas de un aparato aislador interruptor, que en caso de avería sirve para interrumpir las corrientes y aislar los postes. Su inventor es el vizcaíno Emilio Blancas, que en breve piensa ingresar en el convento de Almagro. Las pruebas obtuvieron un feliz éxito».

En esos mismos días de diciembre de 1907, los periódicos La Tribuna de Ciudad Real y el Diario de Córdoba también se hacían eco en sus primeras páginas de la presentación pública de este invento del novicio dominico de Almagro. «Anoche, día 4 de diciembre, -se lee en la noticia-, a la hora anunciada, tuvieron lugar en la plaza de la Constitución de Ciudad Real las pruebas oficiales del aparato auto-interruptor Blancas, inventado por Emilio Blancas Laforet, residente en el convento de frailes dominicos de Almagro, donde en breve tomará el hábito de la Orden.

El aislador fue colocado en la mesa que hay para dar alumbrado a las lámparas de la farola central de la citada plaza. Numeroso e inteligente público acudió para presenciar el experimento. El señor Blancas ordenó se cortase el cable, el cual cayó al suelo siendo recogido inmediatamente por el dicho señor, notándose que había perdido su corriente, comprobándolo cuantas personas quisieron tocar el cable, que se convencieron de la eficacia del aparato. Después se hizo el empalmado desde tierra y sin corriente se elevó el cable recobrando inmediatamente el fluido y volviendo a encenderse el grupo de lámparas. El aparato está graduado con tal precisión que anula corriente eléctrica en el momento que el cable se desprende de su línea».

La noticia seguía informando que «la simplificación del aparto y su seguridad hace que sea un paso gigantesco en la electricidad y un beneficio a la humanidad, puesto que con él se pueden evitar en lo sucesivo todas las desgracias que bien ocurriendo por desprendimientos de cables».

Hay que destacar que en esta demostración también estuvo presente el padre Gerard, tal y como lo destaca el periodista, quien lo identifica como «sabio astrónomo y doctor en Ciencias Físico-Químicas» de la comunidad de dominicos de Almagro.

La presencia del padre Gerard en apoyo al novicio Blancas pone de manifiesto la existencia en el convento de Almagro de un núcleo estable de frailes dedicados a la investigación y a la innovación técnica y científica, lo que, sin duda, tuvo repercusión en la formación de las primeras promociones de frailes salidas de este nuevo convento.

imprenta y revistas. Con estos precedentes y, seguramente, auspiciadas por el espíritu científico de los frailes Gerard y Casas, el convento de los Dominicos de Almagro fue, asimismo, pionero en la edición de revistas científicas. En el mismo 1905, pocas semanas después del acto solemne de inauguración de la iglesia, que tuvo lugar el 2 de febrero, aparecía el primer número de la revista editada por los propios estudiantes bajo la cabecera Ensayos científico literarios. Esta revista tuvo una corta vida de dos años por falta de recursos.

Dos años después, en 1907 nacía en el convento en Almagro la revista Estudios, con el subtítulo «revista mensual de ciencias y artes». La revista tenía un contenido mixto, es decir religioso y, a la vez, filosófico y de divulgación científica. Sin duda, en esta revista se publicarían las investigaciones y trabajos científicos de los padres Gerard y Blancas. La revista tuvo una vida corta de cuatro años. Al final cerró al no poder seguir financiándola la comunidad de dominicos de Almagro.

La edición de esta revista fue posible por la instalación en el convento de Almagro de una imprenta, otra gran aportación a la ciudad de Almagro. En la Imprenta Nuestra Señora del Rosario no sólo se editaban las revistas y boletines de la Orden de Santo Domingo sino también algunos periódicos de Almagro, como La Tierra Hidalga o El Huracán Sanitario.

El Boletín del Rosario Perpetuo, órgano de expresión de los dominicos, fue la publicación más longeva de esta imprenta, ya que se prolongó hasta finales de los años veinte del siglo XX. Alcanzó una tirada de trece mil quinientos ejemplares y se distribuía por toda España.

De esta imprenta salieron, además, decenas de libros, especialmente de carácter religioso y de temática dominicana, pero también novelas, biografías, cuentos, ensayos, de carácter infantil, etcétera. Así, por ejemplo, la sección de crítica literaria del periódico La Voz de Alicante de su edición del día 3 de julio de 1908, se hacía eco de la edición de la novela Sanatorio de almas del autor Cástor García Rojo, impresa en Tipografía del Rosario de Almagro.

Las dificultades económicas de la década de los años treinta del siglo XX, como consecuencia de la gran depresión, y la posterior guerra civil acabaron trágicamente con este resurgir científico, educativo y literario del convento de los dominicos de Almagro. En su nueva etapa y tras los desastres humanos y materiales, el convento de Almagro no llegaría a recobrar su esplendor científico e intelectual.