miércoles, 19 de diciembre de 2012

El tiro por la culata

Burlándose de Góngora, Quevedo escribió aquello de "padeces un magnífico delirio". Por lo visto, la madre del muchacho de la matanza norteamericana era una preparacionista que acumulaba armas y víveres en su casa contra el enemigo exterior. Además pidió una orden de alejamiento de su exmarido. El hijo mayor puso tierra por medio para estudiar lejos y más cerca de su padre. Y apenas se trataba con los vecinos. Quién le iba a decir a esta sonriente ama de casa armada hasta los dientes que el enemigo lo tenía en casa: un hijo formado en todas esas prevenciones misantrópicas que, harto de separarse de los demás, decidió separarse del todo, incluso de su madre y de su propio cuerpo y solitaria vida. Paranoias norteamericanas.