jueves, 27 de diciembre de 2012

Loquillo. Retorno a Brideshead



Loquillo:

Retorno a Brideshead

Si escucho la banda sonora de Geoffrey Burgon me da un vuelco el corazón. Viajo en el tiempo hasta aquel pequeño apartamento, al abordaje de tus apenas 20 años, días cargados de esperanza, de fiebre de vivir, cuando nada podía pararnos, los dos, tú y yo, contra mundum.

Te sentabas en el suelo frente al televisor apoyada en un sofá que ahora llamarían vintage y no te perdías un episodio de un joven Jeremy Irons mientras a mí se me escapaban los improperios de rigor ante la dudosa relación de dos jóvenes decadentes británicos en un mundo que a pesar de la diferencia en el tiempo y a semejanza del que nos tocó vivir a los dos, ya no existe.

Aquella España de los primeros 80 se desprendía de la faja de franquismo, de las barbas de los progres, abrazaba la libertad sexual y el divorcio y golpeaba las puertas de Europa. Madrid era una fiesta, quizás por eso nunca una serie reflejó sin quererlo el sentir de una generación que lo único que pretendía era vivir lo que sus hermanos mayores y sus padres jamas imaginaron, ser su némesis. Relegando la lucha política al desván de la Historia.

Hace 30 años del estreno en España de la adaptación a TV de la novela de Evelyn Waugh, 'Retorno a Brideshead' y sigue viviendo en la memoria de nuestra generación, añorando una época y un lugar que nunca vivió, pero casi.

Una vez escuché a Luis Alberto de Cuenca referirse a los "felices ochenta" como una oda a los 20, el paralelismo existe, el hedonismo de los 20 con los Bright Young People fue la respuesta a una sangrienta Guerra Mundial y los 80 con 'la Movida' en España a 40 años de dictadura, las cosas nunca son por casualidad, dicen. También dicen que todo está escrito, así que esto ya lo han escrito antes.

La España cargada de esperanza que nos tocó vivir queda muy lejos de hoy, las cosas no salieron bien, la volvimos a joder, siempre que la Historia nos ofrece una oportunidad metemos la pata y volvemos a la casilla de origen. Ahora ser joven no es ninguna ganga, será una generación perdida que nunca supo de 'Retorno a Brideshead', una generación que escuchó que una vez, por un escaso espacio de tiempo, en este país ser joven era ser el futuro, una llamarada que abarcó desde el intento de golpe de Estado del 81 hasta la llegada del sida.

Ahora revisito nuestro Brideshead, el lugar mas hermoso, recorro cada una de sus estancias, las personas que tratamos, los instantes compartidos, las decisiones tomadas, los guiones nunca escritos, las adicciones privadas, el tiempo que perdimos, los bares que cerramos, los amigos proscritos, los valores denostados, el mundo que conocimos, cuando siempre era verano con la fruta siempre madura y Aloysius de buen humor.