lunes, 28 de enero de 2013

Enseñar al que no sabe

Para enseñar hay que tener algo. En España, cada vez hay menos... de lo que sea. Un señor llamado Tomás de Iriarte, que se murió de asco a fines del siglo XVIII y a quien algunos llaman fabulista, aunque no por escribir fábulas, lo que es sola una manera de reducir sus méritos de escritor (el jibarismo de la cultura de masas es lo que tiene) ya lo dijo, como ahora podríamos:


¡Oh mi Dalmiro! El lamentable estado
de la sabiduría en esta corte, 
dos siglos ha maestra de las ciencias
y en el nuestro aprendiz de las del Norte, 
la causa de este mal, sus consecuencias 
a referirte voy. Permite, amigo, 
que desahogue mi pesar contigo: 
la mala educación echó raíces; 
los niños, que de escuela carecieron 
en sus primeros años infelices, 
ya son hombres idiotas que subieron 
a ocupar los empleos de importancia, 
en que es leve defecto la ignorancia. 
¿Quién te ha dicho que, aquí, desacredita 
a un racional el ver que no ejercita 
la parte intelectual de su individuo? 
Comen, duermen, se adornan, se pasean 
y del día el residuo 
en total ocio u en el juego emplean. 
Gastan dinero, tren, tiempo en visitas, 
las paciencias de todos (que aun no bastan) 
y solo sus potencias jamás gastan, 
que al morir se las dejan nuevecitas. (Epístola I,  11 de noviembre de 1774)

Cojo las tijeras y recorto un pasajito del editorial de El País de esta mañana, que dice así (pongo religión con mayúscula, porque en el original no viene, y alivio alguna que otra desmesura ortográfica):

Mientras en España se suprime Educación para la ciudadanía, se favorece la enseñanza de la Religión y se apuesta por las materias troncales y por los ciclos superiores, en Francia se refuerza la educación infantil, la educación cívica laica y las materias culturales que permiten una formación más humanista. El objetivo es que los alumnos tengan más conocimientos, más competencia, pero también más cultura. El sistema de reválidas que se quiere implantar aquí tal vez pueda lograr que los escolares tengan más conocimientos, pero la educación es algo más.

Sumen ambas cosas (sin usar los dedos de las manos); tal y como van las marchas y las testas, igual terminamos confundiendo un pensamiento con un dolor de cabeza, pues hay que sacar la etiqueja ¿o no?