martes, 1 de enero de 2013

Romance alusivo a La Mancha


Curioseando mis libros hallo un pasaje referido a La Mancha en el clásico romance de Juan Rufo "El Veinticuatro y los Comendadores de Córdoba", en Agustín Durán, Romancero General o Colección de Romances Castellanos Anteriores al Siglo XVIII. Madrid: Imprenta Publicidad, 1851, II, p. 73:


    Pasa la puente del Tajo,

celebrado y dulce río;
llega a Orgaz, villa nombrada
por el temple de los silos;
luego a Yébenes, que es pueblo
partido en dos señoríos.
De aquí vino a Malagón, 
la del refrán bien sabido; 
después pasó a Guadïana, 
silvestre y amargo río, 
cuyas aguas son saladas 
y el pescado desabrido, 
dejando atrás los oteros 
del funesto Peralvillo, 
donde la horrible memoria 
de los atroces delitos 
vive en tristes cuerpos muertos 
mostrando ejemplar castigo. 
    Poco más anduvo, cuando 
pasó este andante afligido 
la antigua Ciudad Real, 
lugar sano y bastecido 
de süave y blanco pan, 
dulces carnes y buen vino. 
Prosiguiendo su vïaje, 
para acabar su camino 
llegó a Almodóvar del Campo, 
próspera de vellocinos, 
y de todo cuanto importa 
al muy útil lanificio; 
ricos campos ara y siembra , 
y valles pace floridos 
y alegres. Sierra Morena 
muestra sus cerros erguidos, 
abrigo del frío invierno, 
sombra del ardiente estío 
y, al fin, regalo ordinario 
de cualquiera peregrino. 
    Por aquí va, pues, Fernando, 
lanzando ardientes suspiros,
y era en el tiempo que Febo
de Aries había salido,
cuando la naturaleza
restaura lo que ha perdido
al árbol vuelve la hoja
que le quitó el yerto frío
y los prados reverdecen,
las mieses hacen lo mismo
y los animales fieros
de amores andan heridos.
Las aves en las florestas
fabrican sus dulces nidos,
los peces pueblan las aguas
de hijos no conocidos,
las solícitas abejas
con el blando susurrio
sacaban dulces licores
de romerales floridos.
El aire sano y templado
consolara a cualquier vivo
si no a aquel a quien Fortuna
tenía tanto ofendido.
Pasando por Adamuz
de muchos fue conocido,
aunque, de pura tristeza,
quiso pasar escondido.
Después que salió de allí,
por el torcido camino
vio desde un alto collado
el asiento esclarecido
de ti, Córdoba famosa,
de sabios ilustre nido,
y vio lo que Tolomeo
para bien pintarte dijo:
"Tu cuerpo llano, apacible,
con admirable atavío;
tu cabeza, que es la sierra,
tocada de un Paraíso;
tu cinta rica, preciosa
es el caudaloso río
y otros ricos ornamentos
y ropas de tu vestido
son las fértiles campañas,
las dehesas y baldíos,
frescas huertas y jardines
de naranjales y olivos".