viernes, 14 de marzo de 2014

Parábola del payaso

Es una alegoría escrita por Sören Kierkegaard.

Sucedió una vez que se declaró un incendio entre bastidores en un circo que actuaba en un poblado. El circo rebosaba de aldeanos. El mejor payaso salió al escenario a informar al público. ¡Fuego! ¡Todos fuera, deprisa, que se hunde todo esto! Creyeron que era un chiste y aplaudieron. Repitió el aviso y aplaudieron. Insistió alarmado, y aplaudieron más fuerte, aún más jubilosos, muertos de risa. El circo se vino abajo. Gran desastre. Sentencia el gran filósofo danés: “El mundo se acabará en medio de los aplausos de todos los graciosos que se creerán que es una broma”.

El payaso fracasa estrepitosamente. No logra comunicar su mensaje porque la forma le traiciona. Lo intenta una y otra vez y se entrega con pasión, pero no lo consigue. Si hubiera perdido un poco de tiempo en cambiar de ropa, habría sido más creíble y los aldeanos se habrían dado cuenta de que el mensaje iba en serio. Sin embargo, en boca de un payaso, el mensaje, por muy verdadero que fuera, no tenía credibilidad en sus oídos.