martes, 8 de abril de 2014

Que les den, que les gusta.

Tienen los políticos españoles actuales la impronta de cansar el vituperio; solo eso, o una mezquindad fuera de madre explica la benevolencia con que los trata la prensa menesterosa y oprimida, la sociedad disociada y la para algunos justicia, cuyos caros brazos caídos han abandonado espada mellada y balanza con truco para acoger a un sobrecogedor montón de aforados aforrados y judíos con vitola en el capullo y, eso sí, cincuenta millones de guiris cada verano, mientras que de moros saltarines nada, que también vienen, la mayoría de paso y curioseo, aunque a veces les hagan acoger una tercera pelota entre las ambas. 

Más que una monarquía vivimos en una arquimona borracha de niñatos bitongos, sesentones y biemparidos (porfirogénetas en novísimo) y una reypública donde el pedo, desde el rey al botellonero, habla sin énfasis ni sentido y la fetidez más palúdica invade los medios de pitorreo. El tambaleante gerontócrata mayor se obstina en no matar el elefante de la transición, que también trae trompa, cuando hasta su mismo conductor se ha muerto sin recordarla. Ni siquiera se arrisca a un proceso reconstitucional, sino que sueña vivir cuanto Castro el Campanudo y morir en la cama con todo atado y bien atado, como Fernando VII y su padrino, el hijo del regimiento. Es más, La Casa Real se escandaliza de que Pilar Urbano conspire para sugerir que era el rey el elefante blanco y trompudo de la conspiración del 23-F, cuando el mismo rey se embarcó en una conspiración para rebautizar el franquismo de juancarlismo y ponerle una cruz monumental al vampiro para que no se escapara de ese cementerio, donde yace rodeado de esclavos muertos, serviles o no, como un faraón.

No hay documento en La Zarzuela que justifique que el rey ha pagado impuestos y el Principito de Maquiavelo and reality family se apresta a recibir la inocencia sin habérsela ganado con lentejas ni mucho menos la primogenitura en las aguas del Jordán, volviéndose aforado y más igual que sus iguales, los granujas porcinos de la granja orwelliana. No me extraña que algunos españoles los quieran porculizar, porque medidas como estas se aprueban sin el preceptivo escándalo ni mucho menos referéndum mientras, por ejemplo, Alfonso Villagómez escribe un artículo ejemplar sobre el absurdo que supone el megaforamiento de los politicastros y antijueces españoles, incluso en derecho comparado, solo emparentable con el de la reforma de la justicia universal, que ha liberado ya a un violador en serie que ha vuelto, como era previsible, a delinquir, y que liberará dentro de poco a una auténtica selección universal de traficantes de drogas y otros mafiosos de alto pelaje, solo porque a China le pica el culo y nadie se atreve a porculizarlos a ellos. ¿De qué tienen tanto caguelo los políticos españoles que se aforan más que ningún otro país, incluidas dictaduras? ¿De qué tienen miedo? ¿Como puede un ladrón temer a los de su condición?

Pero lo que nos debe importar más que todo eso es esto: hay una generación perdida y muy cualificada que terminará sin trabajo, sin pensión y sin hijos, bien porque los abortará o porque tendrán un futuro similar al suyo; si se atreve a tenerlos, los tendrá en el extranjero, como quieren tenerlos los que pasan el estrecho desnudos, pero con una carga de ingenuidad y ambición tan desmesurada como la que se presupone a cualquier neonato. Porque se han hecho sacas de la prisión del paro para una tropa de zombis sumergidos, mientras algunos pierden la vergüenza cada vez que ganan el mismo pelotazo especulando en las playas que otros albergan en los cojones del alma, para sembrar ladrillos y dar a luz más ladrillos y ladrillos, incluso ladrillos con forma humana. Por eso, que les den... dinero, que además les gusta, y que se relajen y disfruten, porque otra cosa no les van a dar.