martes, 21 de octubre de 2014

Pedro y Pablo

Sobre Pedro Picapiedra y Pablo Mármol no hay mucho que decir, la verdad, aunque parezca que sobre la piedra del Pesoe se vaya a levantar Iglesias. Que uno pierda la corbata y el otro la gane es anecdótico y trivial; más grave sería que le creciera a Pedro una coleta de cometa o que Pablo segregara una camisa Ike, siendo descamisado natural y no de bote. Pero Periquín es un descaminado y nunca irá "por buen camino"; disimula muy mal ser un lumpen del señor Rajuela-Rajoy, con quien pactará, según dice el divino González, ahora también adivino, mientras que Pablo tiene a su favor a Bam-bam, cuya tranca da tanta leña que podemos decir que pasaremos calientes este invierno. Sin embargo, es pronto para saber si nuestro periquito se quedará aporreando la puerta del vil gobierno a causa de su increibilidad, pero uno aventuraría que sus pedradas de papa del pepoísmo se quedarán cortas ante el alcance de las e-pistolas paulinas, el chanchullamiento andaluz y los círculos cada vez más olímpicos  y estrechos de Podemos, que ha renunciado a la Santísima Trinidad, como en los tiempos del napoleónico Espartero, para asumir todo el poder para los Podemos. Sueña Pedrito con hacer de Podemos un Pudimos y hasta un puding, pero su partido parece eso, partido, con el asunto aún coleteante de Susana y el Viejo: unos dicen una cosa y otros otra, como en el episodio del profeta Daniel. Si al Pesoe le pica la piedra de Pedro, mejor es que, en vez de rascarse, se castre o se deshaga de él o incluso se deshaga simplemente, no eso tan gracioso de refundarse, porque sobre esa piedra se levantaría Iglesias. Un apóstol de los gentiles, esto es, de los no pertenecientes a la casta.