sábado, 29 de noviembre de 2014

El depravado primo de Alfonso XIII

J. C. García Rodríguez, "Los escabrosos motivos por los que Luis Fernando de Orleans dejó de ser Infante", en ABC, 29/11/2014:

Con la previsible renuncia de la Infanta Doña Cristina a sus derechos dinásticos tras ser doblemente imputada por delito fiscal por la Audiencia de Palma de Mallorca, la hija menor de Don Juan Carlos I perderá sus privilegios como miembro de la Casa Real. Otra cosa sería la pérdida de su condición de Infanta de España cuya legitimidad le viene otorgada por nacimiento. La potestad de retirar la dignidad de Infante compete exclusivamente al Rey, quien está facultado para otorgar y retirar cualquier título nobiliario. Antecedentes no muy lejanos de la pérdida de tan alta condición los encontramos durante el reinado de Alfonso XIII, quien exoneró de este título a sus primos Alfonso y Luis Fernando de Orleans y Borbón, ambos nacidos Infantes de España. Por decreto de fecha 15 de julio de 1909 el Rey retiraba a don Alfonso la dignidad de Infante por haber contraído matrimonio, sin su consentimiento, con la princesa Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha. Tres años más tarde, el leal Alfonso de Orleans, destinado a combatir en Marruecos, sería rehabilitado.

Caso distinto al de Alfonso de Orleans fue el de Luis Fernando. El hijo menor de la Infanta Doña Eulalia, a diferencia de su hermano, jamás volvería a recuperar su condición de Infante de España de la que fue desposeído por real decreto de 9 de octubre de 1924 «en atención a la conducta que viene observando». Alfonso XIII, harto de las depravadas correrías de don Luis, tomaría tan radical decisión al ser informado por su embajador en París, José María Quiñones de León, de un escabroso asunto. Se trataba del fallecimiento de un pobre marinero durante el transcurso de una de las habituales orgías homosexuales organizadas por el infante quien, invocando el privilegio de extraterritorialidad, incluso había intentado deshacerse del cadáver en la legación española. El Infante sería expulsado de Francia de forma inmediata. La respuesta de Luis Fernando a su primo el Rey no deja indiferente a nadie: «Me retiras lo único que no puedes ordenar, pues nuestros títulos son inherentes a nuestras personas. He nacido y moriré Infante de España, como tú has nacido y morirás Rey de España, mucho tiempo después de que tus súbditos te den la patada en el culo que te mereces».

Repudiado por la Infanta Eulalia, éste, tras acceder a su herencia, se establece en el deslumbrante París de la Belle Èpoque donde queda atrapado en la vanidad y la estética de un grupo social envidiado. Derrochando a manos llenas su considerable fortuna, el joven infante será asiduo de las fiestas que se celebran en los salones mundanos del Faubourg Saint-Germain donde se erige en el centro de atención por sus atrevidos disfraces. De los brillantes salones a los tugurios, don Luis, en compañía de Antonio de Vasconcellos, su amante portugués, frecuenta el hotel Marigny, en el que ejerce como relaciones públicas de lujo. En aquel establecimiento de antiguas resonancias literarias, transformado por Albert Le Cuziat en un burdel de placeres homosexuales, sería sorprendido Marcel Proust en compañía de menores.

Si Cuziat sirvió a Proust para su Jupien de «En busca del tiempo perdido», Luis Fernando complementará la personalidad del mecenas y afamado dandi Robert de Montesquiou-Fezensac para que el escritor modele para su novela el retrato de Palamède de Guermantes, barón de Charlus, aquel personaje enloquecido en sus últimos años por sórdidas fantasías eróticas en el sombrío París de la Gran Guerra.

Cuando las rentas son insuficientes para continuar con aquella vida de despilfarro, Luis Fernando no duda en someterse a la puja de una millonaria norteamericana ávida de un título nobiliario, Mabelle Gilman, con quien le será imposible llegar a un acuerdo monetario. Finalmente optará por unirse con la anciana y excéntrica princesa viuda de Broglie, la mujer más rica de Francia, cuyo patrimonio dilapida don Luis en poco más de cuatro años de matrimonio. Abandonado por todos, Luis Fernando fallece en París el 22 de junio de 1945, a la edad de 56 años. Su restos pasarán a la cripta de la iglesia de la Misión Española del Corazón Inmaculado de María, situada en la rue de la Pompe. La retirada de su condición de Infante de España por Alfonso XIII le imposibilitaba el descanso eterno en el Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial como legítimamente le habría correspondido a su cuna.