viernes, 21 de noviembre de 2014

Matanza

Por estas fechas hay que escribir una matanza, una general limpia de gorrinos, el "lavatorio del cerdo" que decía Miguel Agustín Príncipe, fabulista decimonónico, pero usando el cuchillo y no el jabón, que, por cierto, se hace en algunos medios con grasa de puerco por mejor alabar / alavar al corrupto. Por doquier rabos y pescuezos, chillidos de pánico y chorizo líquido, jamones de soborno, morros y panceta, cagaleras, degüello y resuellos de muerte. Una especie de comité de salud pública, de Terror jacobino y porcino y manchino. Porque su dios es su vientre y hozan mascando merdosidad y corrupción, cerdos orwellianos que son:

En agua de Colonia
bañaba a su marrano doña Antonia
con empeño ya tal, que daba en terco;
pero a pesar de afán tan obstinado,
no consiguió jamás verle aseado,
y el marrano en cuestión fue siempre puerco.

Es luchar contra el sino
con que vienen al mundo ciertas gentes
querer hacerlas pulcras y decentes:
el que nace lechón, muere cochino.

A los cerdos / políticos llaman en Portugal "presuntos", y mucho "presunto" hay entre tanto aforado aforrado con nuestros ahorros. No son cajas, son pocilgas o zahúrdas donde marranan con su jeta y tarjeta. Porque se llama jeta en limpísimo español al morro del cerdo. Hay cerdos negros como hay tarjetas negras y cisnes negros; pero el canto del cerdo al morir no tiene nada de la bella palinodia cígnica: es un chillido como de Monagrillo o un silencio culposo y galaicoso como el de Rajuela. Leemos de cerdos, cerdas y gurriatos rosa en el Hola y demás, vestidos por lujosos traperos, pero aunque los cerdos se vistan de seda, cerdos se quedan. Y nosotros sin comer cerdo, como si fuéramos judíos y moros, aunque mejor así: sus triquiñuelas nos darían una triquinosis que ya. Los tres cerditos eran uno noble, otro clérigo y otro plebeyo; el escuálido plebeyo tenía que salvarles el jamón a los otros dos, que le llenaban la casa de grasa. Pero él, albañil a sueldo del constructor y del bendictor, ya no podía construir casas de ladrillo porque estaba en paro a causa de la vagancia y cicatería de los otros. Y a todos se los comió el lobo, provisto de una sierra eléctrica al estilo matanza de Texas.