sábado, 10 de enero de 2015

Cuestiones para toda cuestión.

Iremos de definiciones: ¿qué es el PP? La cueva de Alí Babá o, si lo prefieren, los establos de Augías. ¿Qué el Pepoe? El único gobierno que ha habido desde, no diré la caída, sino el rebote o rebrote del franquismo, esto es, la casta porfirogéneta praeter- o posfranquista, una mera colecta de nihilistas o los mandarines en la novela de Miguel Espinosa Escuela de mandarines, profranquista en el sentido de que que "pro" significa "en lugar de"; la mano larga y sucia de la España negra, en suma. ¿Qué era, es y seguirá siendo el PSOE por más que disimule? La mano izquierda del PP (cuando el PP roba demasiado y le pica la espalda, al no poder rascarse con la derecha, viene el PSOE, rasca y la cosa se calma). Que se camufle como quiera: eso es y mucho le costará demostrar que no, pues aunque el asesino de Río Verde prometa que será buen chico nadie apostará por ello a vista de su currículum; como el tiburón Bruce de Buscando a Nemo, o sea. El PP no ha sido nada sin el PSOE, ni el PSOE es nada, valga Amaral, sin el PP; son las mitades simétricas de una pseudorrealidad que se ha vendido demasiado para encubrir una explotación "castista" o de elite extractiva.

¿Qué es Podemos? Los Indignados, esos que, decían, no tenían expresión política: el futuro, y nada da más miedo que eso. ¿Y el miedo? La cagalera que padecen los viejos y empieza a periclitar en España, abundosa hoy de jóvenes hartos de hambre y de generacion tapón; en todo caso, dijo Shakespeare, tienen miedo del miedo que tienen los demás. ¿El ejército? El bastión del retorno del rey Felipe VI el Preparado, jedari como su padre y el lord protector gallego Sauron. ¿La Constitución? Una reescritura del viejo Fuero de los españoles, simple carta otorgada que no desautoriza la anterior, lo que los juristas llaman una "constitución semántica" y potencial, una campaña de imagen memocrática, un lavatorio de jeta frente a Europa, al servicio de unos intereses que son solo eso, intereses y compuesta por la casta al servicio de la casta, votada sin alternativa ni fecha de reforma y con tan poco consenso que dio lugar a la hidra fea del nacionalismo, del terrorismo y de la corrupción, gracias a los cuales el neorrey ha sido "elegido" por el ejército y la inercia. 

La generación del setenta, o del mayo francés, quería cambiar el mundo; no lo cambió, pero creó un instrumento para hacerlo, creó un mundo nuevo, Internet, de estructura horizontal y anárquica que hizo a la información infinitamente contrastable e incontrolable (Wikileaks, Rebelión, etc.) y eso, desde luego, puede facilitar la evolución social y política en países donde todavía la gente sepa leer y escribir y tenga suficiente renta para "conectarse", algo que el capitalismo está empeñado en destruir para llegar a su segunda fase, la esclavitud. El peligro, según un posible análisis, para la "democracia deliberativa" que soñamos los parias de la tierra, idea que excluye la propiedad intelectual, es que, inversamente, Internet puede crear también dictaduras de "presidium", donde un poder sin cara ni humanidad, al estilo de la Wikipedia, que se rige por consejillos tecnocráticos y círculos conspiranoicos de café (y tan falsa que, pretendiendo ser universal, se rige por leyes estadounidenses nada universales (expulsó a Rebelión, por ejemplo) pueda crear de nuevo campos de concentración, muros de Berlín y autonomías mendaces y corruptas. Esto es, el nuevo mundo corre el riesgo de identificarse con un propietariado ideológico de izquierdas o derechas más que con la ética universal que propugna como sus valores supremos el bien común, la vida y la libertad. Y para preservar estos valores es fundamental evitar el mangoneo de los sistemas de información, proposición y votación; en eso consiste la verdadera democracia. El "no dejar que se manifieste", el ostracismo y el ninguneo es el peligro fundamental de esta política, de la que solo se puede excluir el insulto y la pasión, nunca el razonamiento y la comunicación, valores universales. Un ejemplo es lo que se ha hecho con el aborto, cuestión difícil para la cual ni siquiera se han planteado un referéndum cuya información, preguntas y respuestas sean tan complejas como la misma cuestión (más bien cuestiones) que se proponen. De nuevo el cruel, estúpido y simplificador mundo antiguo.

Para Habermas, la validez del conocimiento está en su comunicación; no se puede poner precio al lenguaje que nos une. Por eso solo son dignas de propiedad intelectual las ideas estúpidas; en un mundo formado incluso físicamente por filamentos y redes, esto es, por información, algo que ha venido a reemplazar a la materia como sustancia del mundo, es esta la única filosofía que tiene un sentido abierto e inconcluso.