martes, 21 de abril de 2015

Alimentos para el espíritu

1. El albergue del Serafín, por "Los muertos pueden bailar", partitura de Mark Isham para los últimos minutos de La niebla de Stephen King / Gus van Sant. Su intención era componer un requiem para la Humanidad. Por si necesitáis un argumento para la mística.

2. Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, de Ralph Vaughan Williams. Soledad. 

3. Vide cor meum, de Patrick Cassidy.

4. Vísperas, op. 37, una de las obras maestras vocales del posromántico Rachmaninoff. Pura elevación.

5. La Pasión según San Mateo y La Pasión según San Juan de Bach cumbres de la música de todos los tiempos.

6. Obertura Las Hébridas, de Felix Mendelssohn: cuando todavía había fe en el hombre.

7. Stabat mater de Pergolesi. Cuánto patetismo cabe en un par de voces.

8. El mundo en guerra de Carl Davis, la miseria y el sufrimiento de la humanidad.

9. I put a spell on you, de Nina Simone. El blues.

10. Scarlet rose, de Alexa Khan. Una de las canciones de cuna más bellas del mundo.

11. Tristán e Isolda, de Wagner, según Mahler la más hermosa música de amor de todos los tiempos.

12. Los preludios, de Listz. Escalera al cielo.

De nada.