jueves, 23 de abril de 2015

Cómo se ve o lo veo

El Pepé es fraguista y viejuno y se gobierna por cacicazgo. Paga las cuentas pero hipoteca el país por un billón de euros para la Merkel que solo podremos devolver endeudándonos más todavía y en euros, que es peor. Aunque no echa la casa por la ventana, echa por la ventana a la gente y después roba lo que hay en ella y quiere venderla, pero no puede porque el único interesado ya no interesa. Porque la gente es para ellos de usar y tirar... después de haberle sacado los cuartos, los quintos y lo que tercie, con comisión añadida y en negro. También es un partido con obsolescencia programada: los jóvenes no lo quieren ni lo votan. Exportan chorizos a Suiza y viven de abuelos cebolleta con pensión y tensión altas. Era un partido de herederos y niñatos y ahora lo es de jubilatas y corrutos. En cuanto a su política educativa, solo hay dos cosas positivas en ella: que introduce el inglés como lengua vehicular y que se preocupa por los alumnos capaces: el resto es discutible o errado.

El Pesoe quiere ser ahora lo que ha ido dejando de ser durante toda la que llaman "democracia", que hubiera podido ser distinta si entonces se hubiera "distintado"; se ha vuelto una socialdemocracia falsa y hueca que no ha sabido ni querido imitar a sus homólogas nórdicas, esas que tanto elogiaba Felipillo y de las que se ha olvidado ahora completamente él sabe por qué. Como el Pepé, ha corrompido absolutamente al poder judicial y ha destruido la enseñanza; peor, ha corrompido a los sindicatos. En Andalucía y otras regiones es caciquil, como en otras regiones el Pepé. Tras su vaciamiento de éticas e ideales se ha convertido en un partido tan dinástico y viejuno como el otro y espera a que Podemos y Ciudadanos le hagan el trabajo sucio para luego pactar con el que les permita prolongar sus chanchullos y corrupciones, mejor disimuladas que las del Pepé, del que es marca blanca. Posee sus propios pijos, momias y abuelos cebolleta (por ejemplo, González, Bono y otros; en provincias, igual). Y sabe que por su posición tiene la llave de la gobernabilidad, pero no ha sido, no es, no será de fiar al ser mera garantía de mentira y continuismo hacia el endeudamiento, la trapisonda y la Merkel. Entre ellos hay menos tontolhabas que en el Pepé, pero los hay, tan superficiales que flotan como la mierda y el principio de Peter, con alergia a los procedimientos democráticos y sin ganas de abrir el melón constitucional. En realidad, Pepé y Pesoe forman una sola y gran coalición sadomasoca a la que podemos llamar meridianamente Posfranquismo.

Ciudadanos es un programa económico coherente que puede funcionar o no, pero se nota ha sido currado. Es de sesgo liberal y laico y propone recetas osadas e interesantes. Su problema es cómo conjugar esa inteligente imaginación con la realidad de una burguesía española mediocre, ignorante y paleta, algo que han deteriorado más las políticas educativas del Posfranquismo. Parece que han pasado (y además quieren pasar) la prueba ética del algodón; ya veremos si la del gobierno en alguna región. Su crecimiento es exponencial porque sorbe la juventud y el futuro al Pepé, a Upeidé, al Pesoe y hasta a Podemos. No pactan ni se dejan engañar por los nacionalistas, como ha hecho siempre la coalición posfranquista; eso ya es garantía. Poseen al líder más político y seductor del mercado, que cuida mucho su imagen de marca.

Podemos, partido con el que simpatizo, es trotskista / indignado. Su ética es formal,  no material,  y por eso quiere hacerse mero instrumento sin ideología de los ciudadanos precisamente por ser partido de los indignados, pero su raíz fundamental no es chavista, sino trotskista (les horroriza esta segunda palabra, pero eso es lo que son). Lo poco que se conoce de su programa económico ha parecido por ahí inviable, improvisado, impreciso, oculto... Aunque existe, al parecer. Pretende gobernarse y administrarse mediante Internet, algo simplemente absurdo, y se han dado cuenta de ello bastante tarde. Se va articulando lentamente, quizá con solidez. Aunque le faltan reflejos y experiencia en las bases, ha conseguido reunir gran parte de la decencia y la juventud de este país y algunos viejos muy quemados y correosos; el miedo es que se desilusionen con la lentitud de sus estrategias y la lluvia fina de los partidos continuistas. La enorme mediocridad y estupidez de los políticos les ha abonado el terreno para crecer (solo hace unos meses se decía que "los indignados carecen de expresión política"). Quieren verlos como un partido necesario para controlar conductas chulescas, corrupciones y cuentas, las tres ces, pero intimida saber que no posee soluciones al paro, a los problemas cotidianos y a la deuda galopante que está acumulando el país, y ni siquiera un modo de tratar con la cobarde clase media española y los temerosos socios europeos. Esa falta de recetas lo va desinflando frente a, por ejemplo, Ciudadanos, que crece con firmeza poco a poco. La limpieza y transparencia de Podemos produce, paradójicamente, que no sean "percibidos" como solución "real"; esa "invisibilidad" inquieta y se confunde con falta de programa y, aunque la gente está dispuesta a perdonar su financiación irregular, parece que no perdonará mucho más tiempo su ya característica falta de sustancia.