jueves, 2 de abril de 2015

El Infierno tan temido (I)

I



PEDRO BOTERO:


Señor Jesús Gil, esta es la parrilla que le ha tocado. Póngase encima.


SANTIAGO BERNABEU (haciendo un chiste malo)


Dame la vuelta, que por este lado ya estoy hecho.


PEDRO BOTERO (sorprendido)

Se ve que usted ha leído vidas de santos, ¿no?


SANTIAGO BERNABEU


Mis padres ne educaron en el Colegio del Pilar... ¿Quién es ese?


JESÚS GIL (incómodo)


¡Ay, ay, ay!

SANTIAGO BERNABEU (reconociéndolo)

¡Hombre! ¡Ya tenía yo ganas de verte por aquí! Las fotos no te hacen justicia. Al menos las del Morning's Hell

GIL

Tampoco me la hacen los jueces. Ya me imaginaba yo que andarías por aquí.

BERNABEU (con tristeza)

Sí. Me acusan de falso profeta, de haber fundado una religión pagana y de haber ganado varias ligas con inusitada ayuda arbitral. Sin embargo, todo hay que decirlo, creo que todos sabíamos que también vendrías a parar aquí.


GIL

Pues yo creía que iría al Cielo.


BERNABEU (con ironía)


Es que a los del Atlético siempre os pasan cosas raras.

GIL


Y que lo digas. ¡Mira que entablarme un proceso a mí, sólo por ser alcalde de Marbella, el ayuntamiento más limpio de España! ¡Hay que joderse!

BERNABEU (con tono de chufla)

Pues hay quien dice que era cosa natural ese cortocircuito, habida cuenta de la cantidad de ladrones que había chupando de tus enchufes.

GIL


¡Eso es una mentira y puedo demostrarlo!

BERNABEU



Lo único que has demostrado, diría yo, es una increíble capacidad para montar el lío padre... Diste trabajo a diez bufetes de abogados para aclarar los chanchullos en que te metiste tú solo para defraudar a Hacienda y a otros diez para que te aliviaran algo los cientos de pleitos que te caen encima por bocazas... Hasta Ruiz Mateos ha aprendido algo de ti. Oh, ¡y la cosa de Marbella! Ahora la llaman Marfea


GIL


¡Que me quiten lo bailao! ¿Quién, sino yo, habría podido levantar un imperio sin haber acabado la carrera de Económicas?

PEDRO BOTERO (acercándose)

Señor Bernabéu, ha terminado su condena en este lugar. Coja sus huesos y sígame.


BERNABEU


¿Cómo? ¿No están condenados aquí todos los reos a perpetuidad?


PEDRO BOTERO


Es que estamos algo faltos de espacio, y el Bajísimo ha llegado a un acuerdo con el arcángel Gabriel para que pasen algunos reclusos al Purgatorio en régimen de condena semieterna.

GIL


¡Yo también quiero ir!


PEDRO BOTERO (poniéndose las gafas que lleva tras los cuernos y haciendo como si leyera, azorado)

No... Su nombre no figura en la lista.


GIL


¡Ya sabía yo! ¡Si es que todos los del Madrid son unos corruptos y unos sinvergüenzas! ¡Seguro que han comprado a los jueces del infierno! ¡Seguro que son madridistas!


PEDRO BOTERO (escaqueándose)

Venga, don Emilio. ¡Dese prisa!


BERNABEU (alegremente)


Hasta siempre, Moby Gil.

JESUS GIL (cabreadísimo)


¡Enchufado!



II


LEOPOLDO II:


No me lo puedo creer

DEMONIO:

Aquí eso de creer ya da igual. Lo único que se hace es arder. Interminablemente.

LEOPOLDO II:


No es lugar para reyes.

DEMONIO:

¿Cómo que no? La forma de gobierno del Infierno es la monarquía.Y tenemos un rey. ¡Y vaya si manda! Este sí que es absoluto, y no Luis XIV. Ni en mil horas terminaría un lacayo de anunciar a su larguísima Corte. Hasta esos grimorios de ustedes, la Clavicula Salomonis, el Legemeton y el Ciprianillo, se han quedado cortos. Preferimos leer al padre José Antonio Fortea. Ese sí que sabe.

LEOPOLDO II:


Pues, si hay un rey, supongo que podrá darme un puesto en su Corte...


DEMONIO:


Repare en que aquí usted ni siquiera es un siervo de la gleba, sino un tipo de combustible. El décimo, en concreto. Pero de gran calidad: ¡cuán formidable currículum...! ¡Dos millones de negros del Congo explotados hasta la muerte! ¡Ocho millones de vidas destrozadas! ¡Cientos de miles con brazos amputados...! ¡Pobreza en el país más rico de África...! ¡Qué maravilla! ¡Solo para hacerse rico cosechando caucho, un producto que, encima, es cancerígeno! ¡Ni siquiera por odio! ¡Solamente por codicia! ¡Maravilloso!

LEOPOLDO II:


¡El negocio no se reconoce entre los Diez mandamientos como infracción!


DEMONIO:


No me cambie la palabra, gilipuertas. Dije "codicia"; ni siquiera ha tenido paciencia para leerse el Decálogo hasta el final. La codicia es el décimo pecado, y aun parece incluso que se repite dos veces, porque se encuentra ya implícito en el octavo. Y es muy productivo: causa todos los demás. En las cifras de facturación de este año, casi el noventa por ciento del "negocio" infernal nace de él. Y no figura solo en el Decálogo dos veces, sino que aparece en la más reducida lista de los Siete pecados capitales (antes eran ocho hasta que el Papa quitó el que más cometían los clérigos; por cierto que lo tenemos aquí sufriendo).


LEOPOLDO II:


Yo no hice nada de lo que se me acusa: estuve siempre en Bélgica.


DEMONIO:


La modestia es una virtud que solo se reconoce allá arriba. Ninguno de los que asolaron el Congo habría estado allí si usted no se hubiese propuesto convertir a un país en una empresa para su lucro personal. Abrió el camino, señaló la senda, creó el modelo de todos los imperialismos que vinieron después, hasta que ese grotesco Joseph Conrad lo denunció. Por demás, nos encanta su país; uno de nuestros reclusos favoritos es de allí: se llama Mark Dutroux. Por cierto que me han ordenado llevarle a su olla para que le dé por culo, le corte las criadillas, le arranque los ojos y le traspase los oídos, pero lo dejaré pasar por el momento, porque estoy disfrutando mucho con esta conversación, que ya no volveremos a tener. Verá, aquí hay mucha gente que está no por lo que hizo, sino por lo que dejó de hacer o impulsó a hacer a otros. La responsabilidad individual es solo un eslabón más de una larga cadena de iniquidad o de bendición. ¿Sabe usted cuantos años han durado las consecuencias de lo que hizo? ¿Que la más larga guerra civil del mundo, del Congo es, en el fondo, un fruto de lo que hizo?¿Puede calcular cuántas lágrimas ha provocado su infernal amor al oro y a sus semejantes? ¿No? Pues aquí llevamos la contabilidad, y basta la sola destrucción de una vida humana para hacer su peso infinito. Aquí no nos andamos con zarandajas con el karma: va a recibir todo lo que ha dado.



III


AGUSTÍN DE CASTRO:


Esto no es real



DEMONIO:


Pues bien que lo aseverabas en tus sermones allá arriba, gordo asqueroso.


AGUSTÍN DE CASTRO:


Pues que me pongan con los demás agustinos.


DEMONIO:


Gacetero malvado, no estás en disposición ya de querer ni exigir nada. Los que están aquí no quieren sufrirte y los que están allá ni siquiera se acuerdan de ti. Ahora lo único que eres es más combustible para este lugar.


AGUSTÍN DE CASTRO:


Usted es cruel

DEMONIO:


Es mi oficio.

AGUSTÍN DE CASTRO:


Yo creía que mi hábito, mis rezos y mis devociones serían una garantía para el Más Allá.

DEMONIO:


Eso me suena; creo que lo he leído en alguna página del marqués de Sade. ¿Qué hace un agustino citando a nuestro querido marqués? En fin, la respuesta es que aquí solo se miran los hechos: "Por sus frutos los conoceréis", dijo el mandamás. La verdad es que te estamos muy agradecidos. Gracias a tus desvelos fue falsamente denunciada la Constitución de Cádiz. Gracias a las soflamas de tu Atalaya de La Mancha en Madrid se restableció la Inquisición. Gracias a ti fue quemado Cayetano Ripoll, el inofensivo maestro de Ruzafa.

AGUSTÍN DE CASTRO:


¿Es que no es esto una Inquisición?

DEMONIO:


¿Es que tenía que ser un Infierno vivir allá arriba?


AGUSTÍN DE CASTRO:


¡Ay, ay, que me quemo!


DEMONIO:


Este es el fuego que tú mismo encendiste. Caliéntate con él, estúpido. Recibe la crueldad que dispensaste. ¿Qué, te arden bien los cojones?



IV




MENDIZÁBAL

Oye tú, diablo, sácame de aquí.


DEMONIO:

No se hacen tratos en el Infierno, y menos con un agiotista como tú.


MENDIZÁBAL


Podría hacer más mal allá arriba si me dejases vivir.


DEMONIO:


Aprecio tu oferta, pero dejaste tanta admiración y discípulos que ya no te necesitamos. Para actualizarte, además, necesitarías hacer demasiados cursillos de maldad. Pero te estamos muy agradecidos.


MENDIZÁBAL:


¿Agradecidos? ¿Por qué?



DEMONIO:


Creaste tal desigualdad social en el reparto de la riqueza en España que tú solito fuiste la causa directa de tres guerras civiles carlistas y otra en el siglo XX justo cien años después de tu obra maestra, la Desamortización de 1836. El mismo Lucifer quedó espantado de tu maravilloso trabajo político en el Partido Progresista y nos recomendó que lo estudiásemos con atención para el futuro. No veas el parque temático que hemos construido para divertirnos con tu tormento; te aseguro que tenemos al menos para tres o cuatro eternidades. Pedro Botero incluso ha creado una condecoración que lleva tu nombre, para premiar al político más nefasto.


MENDIZÁBAL:


¡Este lugar no me corresponde! ¡Yo soy judío!

DEMONIO:


¿Judío, dices? Lo serías si no te hubieses cambiado el apellido Méndez al vasco Mendizábal, para disimularlo. Entonces, so vergonzoso, no quisiste ser judío; ahora tampoco deberías. Por demás, este es un infierno universal y también aquí "es el llanto y el crujir de dientes".


MENDIZÁBAL:


¡AY! ¡AY! ¡AY!

DEMONIO:


Eres más flojo que el pedo de un marica. ¡Empieza a gritar de verdad!


V


JUAN MARCH:

¡Oiga, joven!

DEMONIO:

¿Es a mí?


JUAN MARCH:

Sí, sí, usted, el de los cuernos ebúrneos...

DEMONIO:

Qué vocabulario. Usted debe ser de los del bachillerato antiguo, ¿no?

JUAN MARCH:


Digamos que de otro tiempo. Querría hacerle una proposición.


DEMONIO:

No está usted en situación de proponer nada.


JUAN MARCH

Yo creo que sí. Verá, me he fijado en que en las calderas hay menos azufre que hace dos eternidades y me preguntaba si...

DEMONIO:


¡Calle, calle!

JUAN MARCH


Sí señor; lo he comprobado. Alguien, no sé quién, y por supuesto no me refiero a usted, debe estar llevándose algo de azufre para hacer contrabando.


DEMONIO:


Eso es absurdo. En el Infierno no hay corrupción, solo justicia.


JUAN MARCH:

¿Quiere usted decir que aquí todos los demonios poseen el mismo salario?

DEMONIO:


Sí. Así lo impuso el jefe..


JUAN MARCH:

Me suena. Creo que oí algo parecido cuando ingresé en un partido político republicano de izquierdas. Pero, entonces, ¿por qué lleva usted unos cuernos más lustrosos y de mejor calidad? He estado atando cabos y...


DEMONIO:


¡Calle, calle!

JUAN MARCH:

Yo soy un réprobo honrado; la Diablatura Suprema estaría interesada en...

DEMONIO:


¡Cállese de una vez!


JUAN MARCH:


Verá, si me cambiasen a un lugar más fresco, cerca del círculo superior, el Limbo...


DEMONIO:


¡No puedo! ¡Financió una guerra civil! ¡Hay quien dice que asesinó a un hombre! Y lo que es peor, ¡su fundación financia exposiciones de arte moderno! ¡Es imperdonable!


JUAN MARCH:


Pero hay quien dice que Santiago Bernabeu...

DEMONIO:


¿Qué? ¿Santiago Bernabeu?

JUAN MARCH:


Sí; que Santiago Bernabeu ha, digamos, mejorado de posición.


DEMONIO:


¡Es imposible! ¡Hay demasiados controles de calidad!


JUAN MARCH:

No debe de haber tantos cuando en el mismo Cielo se le rebelaron los ángeles a Dios padre ¿no?

DEMONIO:

¡Lo que hay que aguantar aquí!