martes, 28 de abril de 2015

Teratología barroca

Siempre he sentido curiosidad por lo oscuro, fantástico y anormal. En el barroco, periodo ya de por sí susceptible de deformidades, muchas relaciones de sucesos se espantan ante diversos prodigios, por lo general partos monstruosos o alimañas verosímiles como el lagarto de Jaén, posiblemente un caimán que algún avispado colono se trajo de América de pequeño para ver si lograba reproducirlos y vivir del hermoso cuero que producen estos animales. Muchos de estos personajes fetiches, para los que han inventado incluso una pseudociencia, la criptozoología, pueden explicarse por fenómenos perfectamente estudiados como el hibridismo, como el chupacabras, que es una mezcla de coyote y chacal, pese a lo cual todavía algunos siguen figurándoselo esotéricamente como si fuera una especie de alien animal. No me extrañaría que al primer europeo que viese una jirafa terminase por hablar de un cordero bicornudo con cabeza de dos metros. O un dragón chino o quilín; los chinos se figuraban al león como si fuera un perrito pequinés.

El libro de Ana Mancera Rueda y Jaime Galbarro García Las relaciones de sucesos sobre seres monstruosos durante los reinados de Felipe III y Felipe IV (1598-1665). Análisis discursivo y edición. Berna: Peter Lang (Colección: European University Studies, 93), 2015, recoge y transcribe algunos casos falsos o de dudosa veracidad acaecidos en la época y divulgados por medio de relaciones de sucesos: el parto de Hernando de la Haba, el ferocísimo Corlisango, el peje Nicolao, el monstruo profeta de Bengala, el niño de Bayona, los hermanos Coloreto de Génova, la fiera asesina de Tralos montes, el pez del reino de Polonia, el niño nacido en Ostraviza, el niño monstruoso de Lisboa, los siete hijos de Brunete, los siameses de Tortosa, el grifo de Loyes y el heptacéfalo del Ampurdán, casos todos que podrían haber aparecido en el Jardín de flores curiosas, la miscelánea de Antonio de Torquemada que tanto espantaba a Cervantes.