lunes, 18 de mayo de 2015

Desahucio de una enferma desahuciada

Las fotos de este desastre humano son impresionantes, en el enlace que pongo:


Una mujer, una dolencia grave, un desahucio. María Goretti Guisande ha perdido su piso esta mañana y ha ingresado en un centro de alojamiento temporal municipal. La hemos acompañado.

“Han forzado mi puerta”. María Goretti Guisande dormía cuando esta mañana un taladro ha perforado el cerrojo de su casa. La ha despertado la luz de la habitación al encenderse. Ha abierto los ojos y ha visto a mucha gente. Incapaz de moverse, lo único que ha podido hacer es mandar con el móvil dos mensajes de urgencia: a la asociación antidesahucios 500X20 y a Genoveva Seydoux, otra enferma, como ella misma, de las enfermedades de los síndromes de sensibilización central (SSC), cuyo día internacional se celebra mañana.

Me están desalojando, les ha dicho.

La comitiva judicial ha entrado en su casa. Agentes de la policía catalana, trabajadores de servicios sociales y del servicio de emergencias médicas (SEM). La han sentado en una silla, la han bajado en el ascensor, la han metido en una ambulancia y se la han llevado. Detrás ha quedado una puerta rota, sus muebles, sus cosas, sus recuerdos y las pocas cajas que había podido empezar a embalar.

Goretti Guisande ha perdido su piso, que para ella era mucho más que su hogar: era su hospital y la burbuja donde vivía protegida de los tóxicos del exterior.

“Creo que estoy en un estado de choque y de autoengaño. Creo que saldré de aquí y volveré a mi casa”, repetía esta mañana, desesperada, en un box de urgencias del hospital de Sant Pau, donde la han trasladado por orden del médico forense que el juez había convocado al desahucio. Afectada de sensibilidad química múltiple severa tiene también fibromialgia y síndrome de fatiga crónica, cualquier químico puede causarle transtornos graves, por eso se ha resistido hasta el final a mudarse a un centro de alojamiento temporal, la alternativa de vivienda que le ofrecía el Ayuntamiento. Por eso tampoco quería hoy estar en el servicio de urgencias del hospital barcelonés.

La pesadilla empezó en otoño de 2013, cuando, incapacitada para trabajar prácticamente no puede moverse, dejó de tener ingresos y ya no pudo seguir pagando el alquiler. En 2014 recibió tres notificaciones de desahucio, que sus abogados asignados de oficio consiguieron paralizar a causa de su enfermedad. El propietario ofreció condonarle la deuda si se iba en quince días, pero en su situación eso no era factible. No fue hasta principios de febrero pasado cuando se intentó ejecutar el desalojo, aunque un grupo de activistas de laasociación 500X20 y la PAH consiguieron pararlo. El 13 de abril, el juez decretó el lanzamiento abierto, es decir, que podía ser desalojada sin notificación previa. Goretti vivía desde entonces con la angustia de perder su piso en cualquier momento.

No solo a ella, tampoco a su abogada la habían advertido de que el desahucio sería hoy. “El alzamiento abierto es una medida para evitar que lo paren, como en la ocasión anterior. Es muy perjudicial, y más en el caso de una mujer tan enferma como ella”, afirma Laia Caralt, letrada del despacho que fue designado de oficio para representarla. El hecho de que haya acudido un médico forense y el SEM muestra que era un desalojo especial y que el juez era consciente de la gravedad de su estado. Estaba bien documentado. Para Clara Valverde, enferma y presidenta de la Liga Síndrome de Fatiga Crónica, su caso abre un precedente “muy peligroso” para otras enfermas de SSC. “Hay muchas enfermas amenazadas de desahucio. Hay muchas enfermas que están sin ingresos y sin pensiones. Hay muchas Gorettis”, denuncia.

Su invalidez, ha dejado a Goretti impotente y sin opciones. Si fuera por ella, decía entre sollozos este mediodía en Sant Pau, agarraría la puerta y se iría por las buenas del hospital. Pero ni tenía su silla de ruedas ahí, ni sitio a donde ir. Originaria de Galicia, de 37 años, está sola y tiene a su familia lejos. La atienden los servicios sociales de su distrito y una trabajadora social desde hace tiempo.

Goretti no ha podido salir del centro sanitario hasta primera hora de la tarde, cuando la han dado el alta tras hacerle una analítica y visitarla los médicos de urgencias y un psiquiatra. Una ambulancia la ha vuelto a trasladar, esta vez al centro de alojamiento temporal Hort de la Vila, un recurso municipal abierto hace dos años en el barrio de Sarrià para ofrecer techo a víctimas de desahucios y a personas con dificultades para acceder a una vivienda.

El Ayuntamiento de Barcelona asegura que el centro, que gestiona la orden hospitalaria de Sant Joan de Déu, está preparado para acogerla. Le han dispuesto una habitación individual pintada con pintura ecológica, y sábanas y toallas especiales. Su abogada discrepa: el informe que presentaron los servicios sociales al juzgado, sostiene, alertaba que los espacios comunes baño, comedor se limpian a diario con productos convencionales y que la alimentación es una dieta común, no ecológica. “Servicios sociales dijo que su situación de salud es extrema, pero que era lo único que le podían ofrecer”, dice.

Cuando ha llegado al centro, a Goretti se le ha caído el alma a los pies. Su habitación es pequeña pero luminosa, pero huele todavía a recién pintado y las ventanas no consiguen apagar el ruido del intenso tráfico de la avenida Via Augusta, dos plantas más abajo, y a ella cualquier estímulo puede provocarle una crisis de dolor paralizante. El baño común, situado justo enfrente de su puerta, desprende un intenso olor a desinfectante. Única cosa positiva en esta carrera de obstáculos: le han comprado productos de alimentación ecológica, y podrá mantener su dieta aunque no comer a las horas que suele hacerlo ella, que come solo cuando tiene fuerzas y tiene el reloj interno estropeado.

La puerta de la habitación es estrecha, y se derrumba cuando le cuesta entrar con la silla de ruedas. Llora. Calla. En la habitación, un escritorio de madera, un armario, una cama, un espejo y un lavamanos. Servicios sociales le ha traído algunas de sus pertenencias: una caja de cartón con su televisor, otra con libros, unas cuantas bolsas llenas, dos maletas. Goretti cuenta que esta mañana las han preparado rápido y que casi no ha podido elegir qué llevarse. Las abre y mira: ropa que no usa, cajas vacías de medicamentos, una caja con joyas que no necesita. Pero, sobre todo, le faltan su colchón y su almohada, los únicos con los que el dolor le da una tregua. “Se lo pedí a servicios sociales, que si me echaban me los trajeran”, murmura.

El futuro de Goretti pende de un hilo. La enfermedad la ha incapacitado para trabajar y ganarse la vida su último empleo remunerado fue en 2009 pero la Seguridad Social y el Institut Català d’Avaluacions Mèdiques i Sanitàries (ICAMSS) le denegaron la petición de invalidez. Servicios sociales le está tramitando una renda mínima de inserción. Es la única manera, dicen desde el Ayuntamiento, de que pueda acceder a un piso de emergencia social. Mientras tanto, tendrá que quedarse en el Hort de la Vila. Mientras tanto, promete el consistorio, le guardarán todas sus cosas en un depósito municipal.

Su situación es tan compleja como su enfermedad. El mientras tanto puede durar. Goretti se desespera. Su piso era su hospital. Tiene sensibilidad química múltiple y cualquier estímulo puede desencadenarle una crisis. Por la tarde, Goretti es dada de alta en Sant Pau. Le han hecho una analítica y la han visitado médicos de urgencias y un psiquiatra. Una ambulancia la traslada a un centro de alojamiento temporal municipal. No tiene otra opción a su alcance. Goretti llega al centro, en Sarrià, donde ha de vivir hasta que pueda acceder a un piso de emergencia social. La habitación huele a recién pintado. Se oye el ruido del intenso tráfico de la ciudad. Goretti teme que le desencadene una crisis de dolor. Destrozada y agotada. Su futuro es incierto. Querría dormir, despertarse y estar de vuelta a su casa. Los servicios sociales le han llevado unas cuantas pertenencias a la habitación. El resto se lo guardarán en un depósito municipal. Durante el desahucio, Goretti no ha podido elegir qué llevarse. Le faltan su colchón y su almohada, los únicos que le permiten dormir pese al dolor.

Ante la ventana de su nueva habitación. Sin saber qué le deparará el futuro.
http://districte15.info/desalojo-de-una-enferma/

Fuente: http://afaramos.blogspot.com.es/2015/05/desalojo-de-una-enferma.html