viernes, 25 de marzo de 2016

Jornadas de Felipe IV en La Mancha, contadas por Quevedo.

Jornadas del rey Felipe IV en La Mancha en compañía de Francisco de Quevedo, Antonio Hurtado de Mendoza y toda su Corte. 

Lo cuenta Quevedo en una carta llena de tópicos, nada más: lo mucho que bebieron, comieron y se divirtieron.

Su Majestad es tan alentado que los más días se pone a caballo y no le retiran nieves ni granizos. En Tembleque, recibió aquel Concejo a Su Majestad con una fiesta de toros, a dicho de alarifes de rejón, valentísimos toreadores de riesgo y alguno acertado. Bonifaz lo miraba y de nada se dolía. Tuvieron fuegos a propósito y bien ejecutados. Mató su Majestad de un arcabuzazo un toro que no pudieron dejarretar. Y apareciéndosenos en la mesa del Almirante, Bonifaz, caballerizo de los chistes del rey y guadaña de los guisados.

El día siguiente fuimos a Madridejos, donde Bonifaz se nos apareció entre los platos y las tazas, diciendo: «Yo soy Bonifacio, que todas las cosas masco».

Salimos para La Membrilla; y a ruego de los regidores de Manzanares, por consolar aquellos vasallos, pasó Su Majestad por su encomienda de V. Exª. y a todos pareció muy bien el lugar.

Bajamos a La Membrilla, donde el sueño se midió por azumbres, y hubo montería de jarros, donde los gaznates corrieron zorras, hubo pendencias y descuidos de ropa.

Emperezose el madrugar, y partimos para mi Torre de Juan Abad, donde para poder Su Majestad dormir, derribó la casa que le repartieron; tal era, que fue de más provecho derribada. Aquí el Caballero de la Tenaza se recató de todos. Era de ver a don Miguel de Cárdenas con un hacha de paja en las manos, hecho cometa barbinegro, andar por los caminos como alcalde en pena, dando gritos.