jueves, 26 de mayo de 2016

Ante la ley

Mi vida es monótona desde que estoy de baja. Como no hay apenas diferencias de un día a otro parece que el tiempo marcha más rápido: parece que solo pasa el mismo día. Pero no es así. O no debería. La desgana me impide acometer las tareas que me impuse anteriormente, pero me meto en otras nuevas a fin de conocer gente y quiero creer también que es porque estoy convencido medianamente de la bondad de sus fines. Ayudar a la difusión de algunas ideas, por ejemplo. Empiezo a recuperarme de mi enfermedad, si es que uno puede recuperarse de algo así, de la vehemencia que me caracteriza, de la entrega total una ciega consagración a algunas cosas que me absorben la vida. Esto reduce sin duda las posibilidades de apreciar algunas otras que, sin duda, me estoy perdiendo. Las veo pasar al margen del camino, sé que debo desviarme y seguirlas... y sigo con mis viejas rutinas y obsesiones. Video meliora proboque, deteriora sequor. Qué apropiado el adagio de Ovidio, y qué adecuado su contexto: alguien que no puede cambiar en el libro de las Metamorfosis.

Hace tiempo que no hablo al papel. Y también que no viajo. Debo hacer ambas cosas, si quiero conservar alguna frescura. Imponerme tareas que sean nuevas y dejar de refrescar el pasado. Ser otra vez joven, esto es, no serlo otra vez o al menos como antes a mis cincuenta y cuatro años, porque dentro de poco ya no podré ser nada y se me cerrarán todas las puertas en las cuantiosas narices del que se muere ante la ley kafkiana.