domingo, 17 de julio de 2016

Malos augurios

Vivimos una gran depresión económica que va camino de durar una generación entera, en medio de un planeta que va camino del capitalismo más despiadado, y en el que el segundo poder del mundo lo ejerce la férrea tiranía del nihilismo y de la vulgaridad. Los jóvenes no pueden fundar una familia. Los esposos son abandonados por sus cónyuges. Por si todo esto fuera poco, no hay ningún rincón de nuestras ciudades del siglo XXI en el que, en cualquier momento, no pueda desatarse el infierno más irracional y doloroso. Solo es una cuestión de tiempo el que haya golpes terroristas a escala mucho mayor, un salto cualitativo hacia delante. Antes o después, el terrorismo pasará a otro nivel. Y los medios de comunicación que sermonean a todas horas las conciencias han degenerado hasta lo grotesco: se retransmite a todos los públicos incluso cómo dos mujeres de famosos deportistas se depilan el agujero del culo. Y no es que en España le vayan muy en zaga, pero casi. Solo hay que escuchar la retahíla de estupideces que se recita sin misericordia en los basureros de la "telela" y cómo esta ha abandonado por completo los contenidos didácticos y aun incluso el simple contenido. En el pasado decían los oradores que todo discurso debía prodesse, delectare y movere (enseñar, deleitar y motivar); pues ahora se ha abandonado lo primero porque solo lo otro es lo económico; se confunde al pensamiento con el mero dolor de cabeza y solo se considera racional lo beneficioso a corto plazo, "porque el mundo se va a acabar". Al abandono total de la educación en nuestra sociedad corresponden especularmente (en espejo, para los de la LOGSE) los medios de comunicación, ahora incluso monstruosamente multiplicados por medio de redes sociales y móviles. Y la investigación, algo que beneficia no a gente concreta sino a toda la humanidad, está moribunda, como dice el único Mariano que me interesa, Mariano Barbacid.

Rechazo por completo hacer de profeta y ojalá esté equivocado, pero creo que ya es demasiado tarde para evitarlo: estamos condenados y dentro de poco recogeremos las tempestades de los suspiros que vamos sembrando.