sábado, 20 de agosto de 2016

España hiberna en agosto

España hiberna en agosto, aunque alguno diría que es el año entero. Solo iglesias y tabernáculos andan abiertos por las tardes. El único periódico que hay en estos es La Razón, no por ser mejor, sino el más barato: se ofrece con su lameculos La Tribuna detrás. Es el periódico más vendido. Las conversaciones son por el estilo: el pantuflismo y el futbolismo habituales mamados también de la tele. La masa está tan enchufada al poder como la tele y los otros medios que la trajinan. Los jóvenes, como no tienen donde ir, ni siquiera a la biblioteca, que cierra, van al botellón o a la caza del gamusino / pokemon del día. Muchos de ellos no dan cuentas de nada: no coinciden con sus familiares ni a las horas de comer y, como viven de noche y duermen de día (gracias a quienes no prohíben el botellón), los exámenes de septiembre los van a pillar con el pie cambiado. Su idea de la felicidad es el buen look o trapo que les consiga novia o novio: ese es su sentido de la vida: no hay otro horizonte tras ese. Son profundamente cortoplacistas, como los políticos a los que pronto ni siquiera se molestarán en votar; ¿para qué, si no hay futuro? Ya lo dijo el comandante Tom de David Bowie en su Odisea espacial: "El planeta es blue, y no hay nada que pueda hacer". Nuestros jóvenes no pueden hacer nada; es más, están en paro. Para ellos la frase de Kennedy sobre su tumba, la de hacer algo como sea, no es frase españoide.


La idea de la cultura del español medio es la de los concursos de preguntas de la tele; hasta la abuela de mis hijas dice que son paletos... y no se pierde uno. Sobre todo aquel en que son abducidos. Se nota que han preparado las presentaciones para evitar la sosez, pues lo que más se odia en esta España degenerada es la sosería. Kant, por ejemplo, es un soso para el español medio. La frase más española es "¡arsa pilili!", no una cita del moraco Averroes, del jodío Maimónides o del protestante manchego Juan de Valdés; a moros, judíos y herejes, todos unos sosos, ya nos ocupamos de echarlos fuera a lo largo de la historia, y nos quedamos con el ¡arsa pilili! Es muy blue, muy gris, si hemos de escoger el color en español de lo triste. El color de la cultura que nos queda.

Si Cecilia resucitara creo yo que volvería a componer la misma Mi querida España que entonces compuso. Poco va de la charanga y pandereta de ayer a la de hoy. Y entre esas dos canciones, la de Bowie y la de Evangelina Sobredo, nos hemos quedado, quizá para siempre.