domingo, 30 de octubre de 2016

Brujas manchegas

M. Cebrián, "Brujas, haberlas haylas en Castilla-La Mancha. Con la cercanía de Halloween y el Día de los Difuntos, la historiadora guadalajareña María Lara habla con ABC de su nuevo libro, «Pasaporte de bruja»", en Abc de Toledo, 30/10/2016:

Brujas, haberlas haylas. Y no hace falta irse a Galicia o al valle navarro de Baztán para encontrar su rastro. De hecho, en el territorio que hoy ocupa Castilla-La Mancha se han registrado numerosos casos de brujería. Esto es lo que asegura María Lara Martínez, joven y prestigiosa historiadora y escritora guadalajareña, en su nuevo libro, «Pasaporte de bruja. Volando en escoba, de España a América, en el tiempo de Cervantes» (Editorial Alderabán).

Lo que el lector se va encontrar en este libro, explica la autora, «es una aventura en el tiempo, un viaje al Siglo de Oro para conocer su faceta más mágica y también para desvelar enigmas desconocidos por muchos. Unos enigmas que ayudan a contradecir ingredientes de la leyenda negra que las potencias europeas contrincantes vertieron contra España en los siglos XVI y XVII».

En este sentido, María Lara aclara que la caza de brujas venía desde tiempo atrás. Si atendemos a las cifras, en Europa central perecieron en la hoguera unas 25.000 personas acusadas de brujería; en Castilla, con un censo de 8 millones de habitantes, hubo unas 300 hogueras y en el territorio que hoy ocupa Castilla-La Mancha encendieron unas 50 hogueras, en las que ardieron brujas, magos y hechiceros.

Más allá de las cifras, «Pasaporte de bruja» pretende acercar a los lectores un relato protagonizado por brujas, hechiceras y magos que existieron de verdad en España y Latinoamérica desde la Baja Edad Media, a los que la investigadora les he seguido la pista mediante una ardua documentación y manuscritos, gran parte de ellos encontrados en los archivos de la Inquisición. El reparto está integrado además por los seres de ficción del Siglo de Oro que aparecen en las obras literarias, como la celestina, el vidente, la curandera, el pícaro, el aficionado a las novelas de caballería, el embaucador y el astrólogo.

Muchas de estas personas fueron temidas y perseguidas, e incluso hay localidades que presumen de ser el pueblo de las brujas, como es el caso de Daimiel, en Ciudad Real, donde sobresale el caso de Juana Ruiz. El 10 de junio de 1541, el Tribunal de la Santa Inquisición la absolvió de las acusaciones que pesaban sobre ella. Durante su proceso, los testigos contaban que salía de noche por la chimenea de su casa y que robaba huesos de los cadáveres del cementerio. En su defensa alegó que los quería para practicar un conjuro con el que salvar a su hija enferma.

Su caso fue uno de los seis sobre los que existe constancia escrita en los archivos del Tribunal de Toledo entre los siglos XV y XVI. Los de Apolonia «La Forastera», Isabel de la Higuera o Ana Díaz fueron otros: «Fabricaban pociones y ungüentos con los que decían curar enfermedades mientras pronunciaban oraciones en las que invocaban al demonio o convocaban aquelarres a la luz de la luna».

Pero esta no es la única localidad castellano-manchega que tiene esta fama. En la provincia de Guadalajara también destaca Pareja, donde se dieron casos de brujas perversas, conocidas como Las Morillas. Allí, cuenta la escritora, los vecinos fueron conscientes del problema que suponía la actuación de estas mujeres que cometían delitos y llamaron al inquisidor del Obispado de Cuenca, ya que el pueblo era la residencia de verano del obispo conquense.

También, entre las provincias de Guadalajara y Cuenca, en la zona limítrofe de los pantanos de Entrepeñas y Buendía, localidades como Sacedón, Alcocer, Buendía o Tinajas eran puntos donde existieron algunos casos en el siglo XVI y XVII, según ha podido comprobar María Lara en documentos de la época. Así, por ejemplo, en Tinajas, uno de los delatores afirmaba haber visto vestidas de bruja a las hermanas Juliana, Ana y Catalina de León, que iban con el cabello suelto, la cara y los brazos untados con señales negras, y bailaban con un panderillo y con una luz en la mano.

Relación con Cervantes

En la provincia de Cuenca, existieron también episodios de brujería en todas las comarcas (Mancha, Manchuela, Alcarria y Serranía). También es digno de reseñar cómo Miguel de Cervantes –a quien está dedicada la tercera parte del libro, «Los encantadores del viejo hidalgo»- habla en una de sus novelas ejemplares, «El coloquio de los perros», de tres brujas: la Camacha, la Montiela y la Cañizares.

Estas tres mujeres eran rivales entre sí y, tal y como asegura María Lara, la última de ellas toma su nombre de la localidad conquense de Cañizares, donde el yerno de Cervantes, Luis de Molina, tenía arrendada una finca en las inmediaciones, en la Herrería de Santa Cristina. Allí existió una bruja de verdad llamada María Bodoca, una de las brujas más malévolas de la provincia, que vivió a finales del siglo XVI y principios del XVII.

En La Manchuela está constatada la existencia de otra bruja, Juana García, natural de Sisante. La Inquisición abrió un proceso contra ella en 1625 por brujería, acusándola de intentar envenenar a su yerno, Fernán López, quien había intentado obtener la herencia al poco de casarse viviendo aún su suegra.

La investigadora también cuenta que en la Alcarria conquense, concretamente en Villar del Águila, vivía una de las brujas místicas más aclamadas en Cuenca, Isabel María Herráiz. Tanto era así que sus vecinos la llevaban en hombros a la iglesia y le encendían velas, al creer que tenía una unión mística con Cristo. Algo que ella afirmaba y que le valió la pena capital.

Además de brujas, María Lara habla de la existencia de magos como Eugenio Torralba, el más famoso del Renacimiento español, nacido en el barrio conquense de San Martín. A Torralba lo utilizaron el Gran Capitán y el arzobispo de Bari como astrólogo para que adivinara el desenlace de las batallas. Además, presagió el saqueo de Roma de 1527 por las tropas de Carlos V, hizo un vuelo astral de Valladolid a Roma y lo cita Cervantes en El Quijote.

Y, como no podía ser de otro modo, también destaca Toledo –famosa otrora por su escuela de nigromancia y por la mezcla de culturas y saberes-. María Lara relata que en 1524 el Tribunal de la Inquisición dictó la pena de garrote y hoguera para la Manjirona, una hechicera de La Puebla de Montalbán que causaba el mal mediante fetiches y filtros amorosos.

Sin embargo, la Manjirona se libró, debido a su vejez, de ser ejecutada en la plaza de Zocodover, escenario donde se celebraban los autos de fe y donde hubo episodios de derramamiento de sangre como, por ejemplo, el de Catalina Tapia, una alcahueta a la que se definía como «experta en amansar maridos» y que fue ajusticiada en 1534.

De este modo, más allá de la imagen de la anciana haciendo pócimas o subida a una escoba, lo que queda claro es que a lo largo de la historia ha habido mujeres y hombres conocedores de los saberes de la naturaleza y de la buenaventura. Pero, aparte de estos, también están los farsantes y embaucadores, al igual que la magia negra o el vudú, que siguen existiendo, así que ándense con ojo y más en estos días.

Tradiciones en torno a la muerte en la región

Otro de los asuntos que trata María Lara en su libro, ahora que se acerca el Día de Todos los Santos o Halloween, son los distintos acercamientos a la muerte de cada territorio y de cada localidad. En esta festividad, aparte de la tradición solemne de las velas y las flores, existían algunas costumbres más profanas como los bailes, la gastronomía o las colectas, como los pozos de nieve, una especie de neveras para donaciones que custodiaban algunas cofradías de ánimas de algún pueblo.

Entre las localidades castellano-manchegas donde hay rastro de brujería y de estas costumbres, destaca Campillo de Altobuey (Cuenca), donde la Cofradía de Ánimas del Purgatorio controlaba el pozo de nieve empleado con fines terapéuticos o conservar víveres y también un alambique para destilar licores. Esta hermandad también recaudaba dinero en torno al 31 de octubre y 1 de noviembre para pagar el entierro de pobres o misas que pedían por las almas del purgatorio a través de la celebración de festejos taurinos, bailes o juegos de pelota y mediante sorteo de dulces, buñuelos y bizcochos.

En la Alcarria conquense también sobresale la tradición gastronómica de los puches en las noches que van del 31 de octubre al 2 de noviembre, en las que los mozos esparcen esta especie de gachas en las cerraduras de las puertas de las casas de las mujeres jóvenes casaderas. Entre las localidades de esta comarca que sigue vigente esta costumbre, están Villaconejos de Trabaque y Albalate de las Nogueras.