miércoles, 26 de octubre de 2016

He comprado algunos libros de Emilio Morote Esquivel

He tenido suerte y en la librería de viejo a la que suelo acudir regularmente había una buena remesa nueva formada por algunos de los libros de mi amigo el novelista Emilio Morote Esquivel. Me dijo que los regalaría a la misma y he visto que ya los ha traído. En los 29 que he adquirido reconozco su humor y sus intereses en los subrayados, así como su letra en los comentarios que traen algunos. Incluso se olvidó un antiguo carnet de lector de la Biblioteca Municipal de Ciudad Real dentro de una traducción del Fausto de Goethe; es la cara del jovencito hiperdespierto que era en 1993, con el número 104.465 (yo tenía el 508 hasta que cambiaron la numeración). Otras veces usa como marcapáginas calendarios del año en curso, tarjetas de visita, citas con el estomatólogo o el mismo papel de lo que ha costado; además hay algunos textos extraviados, como una carta que debía enviarse a un concurso de cuentos en que pedía que devolvieran el suyo, incluida en la Cronología universal de Espasa. La selección de algunos textos técnicos indica que es un escritor profesional, consagrado a su oficio. Le molestan que no veas los errores ortográficos y las impropiedades. Sus comentarios más sabrosos los escribe en las páginas iniciales, en las que anota los números de página con las citas de lo que más lo ha sugestionado, cabreado o divertido. Son especialmente interesantes los que dedica a Vidas escritas de Javier Marías o a Escritores ante el espejo. Otras veces se explica por qué se deshizo del libro: de los Cuentos reunidos de Saúl Bellow escribe que "no valen ni para tomar por culo", y hay que darle un crédito cierto, porque Emilio Morote es un gran narrador, que domina la historia corta; también posee una paciencia morrocotuda; cuando se atreve con Volverás a Región de Juan Benet, anota con esmero sus galimatías, inconsecuencias y meteduras de pata y desiste en la página 184 con un "hasta aquí hemos llegado" y "¡menudo leño!" Curioso es observar también su curiosidad por las matemáticas (hay algunos rarísimos de la editorial Mir de Moscú, que editaba en castellano) y su amor por la obra completa de Emil Cioran, anotadísima.