viernes, 4 de noviembre de 2016

El español y los impuestos

Palabra del Gran Wyoming:

Amigos, en los últimos días hemos descubierto que Mario Conde tenía ocultos fuera de España más de 13 millones de euros. También hemos descubierto que durante años, algunas de las personas más adineradas de este país, incluyendo miembros de la Familia Real como Pilar de Borbón, mantenían empresas ocultas en paraísos fiscales para pagar menos impuestos.

La pregunta es clara: ¿cuánto tiempo más vamos a soportar este nivel de evasión fiscal? ¿Qué se nos acabará antes a los españoles, el dinero o la paciencia? A mí se me acabará antes la paciencia, por supuesto, pero no os preocupéis, tengo dinero para comprar la vuestra. En fin, parece que nuestro país es una democracia en todo excepto a la hora de pagar impuestos.

Ahí tenemos ciudadanos de primera y de segunda clase. De un lado, los que pueden pagarse asesores y abogados que les permiten evadirse el pago de sus obligaciones fiscales. Y de otro, los que no pueden pagar a este tipo de profesionales y soportan en mayor medida sobre sus hombros el mantenimiento del Estado. Y en los que, además, en los últimos años recae el peso de la crisis. Una vez más, hay dos Españas, la que tiene que pagar aunque no pueda y la que puede pagar pero no quiere. Bueno, hay una tercera España.

Pero esa nos avergüenza a todos: la que echa aceitunas a la paella. Y lo peor de todo es que estos escándalos sólo son la punta del iceberg de la evasión fiscal. Como bien recordaba ayer el periodista Xavier Vidal Folch en el diario El País, los casos que conocemos son tan sólo una ínfima parte de los 130.000 millones que el fraude fiscal de los ricos cuesta a los Estados. Y peor todavía, todo este dinero es una minucia si lo comparamos con los, escuchemos bien, 864.000 millones de euros que las grandes multinacionales evitan pagar sólo en la UE aprovechando los resquicios legales.

Bien, parece que en los últimos años el ciudadano de a pie se ha quedado solo frente a unas élites que opinan que el pago de los impuestos es una carga a la que no están dispuestos a contribuir. Amigos ricos, os hablo como uno de vosotros: es necesario que paguemos impuestos. Hacen falta para financiar los hospitales, las escuelas y lo más importante, las carreteras para poder pasear nuestros Lamborghinis. Sí, amigos. Si los dejamos en el garaje, ¿cómo vamos a poder ligar los que tenemos el pene pequeño?