lunes, 9 de enero de 2017

Ahores y arpagos

Ahores era el nombre que daban los antiguos griegos a los niños muertos de menos de 14 años, del griego “αωρος” (aōros), que significa el que no ve la luz, forma agente de “αορια” (aoria) tiniebla, compuesto por el prefijo privativo griego “α” y de “ορια” (oria) simetría de “οραω” (oraō) yo veo. Los arpagos, (de arpago, "yo arrebato") entre los latinos, era más o menos lo mismo: bebés demasiado jóvenes para morir. En ambos casos no se les hacía funeral, ni se les erigía tumba ni epitafio sino hasta el momento en que saliera el Sol, porque se pensaba que los arrebataba la diosa Eos (Aurora); su alma permanecía errante hasta que alcanzaban la edad en que hipotéticamente debían haber muerto, y entonces acudían a su destino en el báratro.