martes, 9 de mayo de 2017

Asexualidad, por Lucía Etxeberría

LUCÍA ETXEBARRIA, No me apetece follar, ¿pasa algo?, en El Periódico de Cataluña, 26-III-2017:

Años 70. Mi tía Fernanda pierde a su marido. Aún no había cumplido los 30 años y cuidó sola a sus dos hijos. Nunca hubo otro hombre en su vida. Entre familiares y amigos su caso despertaba admiración.

En el 76 la madre de mi amigo Luis se separa de su esposo que la maltrataba, e inicia una relación con otro hombre. Los compañeros de Luis le hacen 'bullying' al niño porquesu madre «es una puta», que era la opinión general en el contexto de la época.

Mi amiga Sonia pierde a su novio en un accidente a los 25, con la fecha de boda fijada, tras 10 años de relación. No vuelve a tener otra pareja. Hoy tiene 40 años y la llaman traumada. Su vida suscita compasión, a veces desprecio.

Eme me dice que mantiene tres relaciones a la vez, pero que está deprimidísimo. Le digo que quizá si dedicara más tiempo a crear relaciones más profundas y significativas, con amigos, o incluso consigo mismo, se sentiría mejor. Me dice que él tiene «que cubrir sus necesidades».

Una amiga me deja plantada en una cita que habíamos acordado con antelación. Al día siguiente envía un mensaje de Whatsapp en el que dice: «Por fin he tenido sexo después de dos meses a pan y agua, por eso no fui. Lo entiendes ¿ verdad?». Les dice a las amigas comunes que no comprende por qué dejé de hablarle.

En 40 años hemos pasado de pensar que la persona que tiene sexo fuera del matrimonio es una desviada y una enferma a pensar que es una enferma la que no tiene sexo. Y hemos pasado de ver el sexo sin compromiso como un pecado o un vicio a ver el sexo como una necesidad. Pero el sexo no es una necesidad del individuo. Las necesidades del individuo son la comida, el agua, el refugio y la pertenencia a un grupo. Si no las cubre, muere.

El sexo es una necesidad de la especie y no del individuo. Si algunos individuos de la especie no se reproducen, la especie se extingue. Pero no hace falta que lo hagan todos.

El sexo no es una necesidad del individuo. Lo es la comida, el agua, el refugio y pertenecer a un grupo

En muchas especies se da el altruismo reproductivo: prefieren beneficiar la reproducción de otros en perjuicio propio. Este altruismo en un principio parecía refutar la teoría de la evolución de Darwin, pero William Donald Hamilton demostró que el motivo de esta renuncia a favor de sus familiares es para aumentar la supervivencia de la especie a través de sus congéneres. El altruismo reproductivo se da en abejas, himenópteros, termitas, hormigas, ratas topo… y humanos, entre otros.

Parece una verdad absoluta, un dogma de nuestra sociedad moderna, que el sexo para un humano «es una necesidad» que debe ser satisfecha a toda costa.

¿Por qué? Para que consumamos. Porque se da por hecho que para tener vida sexual hay que tener un cuerpo determinado.

Obsceno significa etimológicamente «lo que está fuera de la escena». Ahora no es obsceno ver un cuerpo desnudo o una escena sexual explícita, lo vemos a diario en publicidad, series y películas. Lo obsceno es ver un cuerpo gordo o anciano, máxime si lo vemos practicando sexo. Eso no lo vemos nunca. Nos enseñan que tener michelines, celulitis, vello, flacidez o arrugas es inaceptable. Porque debemos tener sexo y no lo vamos a tener si no tenemos un cuerpo normativo.

Y así gastamos en cremas, cirugía, gimnasios, dietas proteicas, depilación y un sinfín de productos y métodos que se nos ofrecen para mantener el cuerpo ideal.

Decía san Agustín, por experiencia propia -había tenido una vida intensísima y luego devino célibe- que «el deseo carnal consentido se vuelve hábito; el hábito no combatido se vuelve necesidad».

El sexo no es una necesidad -nadie se muere por no tener sexo-, pero en nuestra sociedad se estimula, se consiente y alimenta continuamente.

Según los estudios del sexólogo Anthony F. Bogaert, un 1% de la población, unos 70 millones de personas en todo el mundo, son totalmente asexuales. También existen los demisexuales, que pueden experimentar atracción sexual solamente cuando hay un lazo emocional. O los grisexuales que, en determinadas situaciones, sí que llegan a sentir deseo esporádico.

En una sociedad hipersexualizada, a veces nos cuesta darnos cuenta de que el problema no lo tienen ellos, sino la sociedad, que utiliza el sexo hasta para vender un espray antigrasa.

Y para tenernos aborregados en la sociedad de consumo