viernes, 19 de mayo de 2017

Santiago Martínez Álvarez, poeta salesiano y residente en Ciudad Real

Copio aquí una autobiografía del poeta y sacerdote salesiano Santiago Martínez Álvarez, largo tiempo residente en Puertollano y Ciudad Real, nacido en Acebes del Páramo (León) el 25 de marzo de 1927.  Forma parte del Grupo Guadiana de Ciudad Real; ha escrito siete libros de poesía y un esbozo autobiográfico que copio a continuación. Es un escritor simpático e interesante que yo no conocía hasta que ha caído por casualidad en mis manos su libro Amor (¡y humor!)  y vida  (2010). Le he compuesto una biobibliografía en la Wikipedia.

El primer balbuceo de vocación se llamaba como yo (*). Era tío de mi amigo Manolo; supe después que era Oblato. El cura de Grisuela, (pueblo natal de su padre, el señor Emiliano, N.de la R.), escribió al Director de los Salesianos para ofrecerle como posibles aspirantes algunos muchachos de dicho pueblo.

El día 6 e abril de 1940 ya estábamos en Astudillo (Palencia).Eran los prolegómenos de la Primera Misa, que continuarían en este seminario, dos años;  en Mohernando, haciendo el noviciado y Filosofía otros cinco. Tres en Atocha, Madrid, dando clase; y cuatro más en Carabanchel estudiando Teología. Allí el 27 de junio de 1954 recibí la ordenación sacerdotal y en Acebes concluí aquella Misa empezada con ilusión el 6 de abril del 40.

El curso 54-55 estuve de Jefe de Estudios y los años 55 a 58 los pasé ya de Administrador de la casa central provincial de Madrid-Atocha. Aquí la labor principal, además de atender a los 1.100 alumnos (300 internos), fue la construcción de la iglesia, en su estructura fundamental.

El año 58 fui nombrado Director del Seminario de Coadjutores (Salesianos no sacerdotes) y el 62, del Colegio Domingo Savio de Madrid. Estos años pusimos en marcha la Asociación de Cooperadores Salesianos y la de María Auxiliadora.

El año 65 ya estaba de Rector en la Institución Sindical Virgen de la Paloma: 2.400 alumnos de Formación Profesional, de las periferias de Madrid, semipensionistas.

Cumplida esta misión, el año 67, en Puertollano (Ciudad Real) fui director de proyectos e ilusiones. Casi medio millar de chicos no pudieron ser admitidos en el colegio y parecía se iban a quedar sin escolarizar en el pueblo. ¿Por qué no hacer otro colegio? El Ayuntamiento nos subvencionó para comprar los terrenos y nos dio las licencias, los Consejos de la casa y de la Inspección aprobaron el proyecto y Construcciones Escolares (el Ministerio) concedió los diez primeros millones para ello. A mi sucesor no le pareció o no se atrevió y todo quedó en el aire, menos los diez millones que se aprovecharon años más tarde para hacer los talleres mejores de Automoción que hoy hay en la provincia, y la finca, que se pudo vender últimamente con buenos beneficios.

El año siguiente, el 68, el periódico Pueblo y su director, Emilio Romero, con una mala jugada, quiso asestar un golpe al Presidente de la Diputación de Madrid y cayó de lleno sobre el Colegio de San Fernando, regentado por los Salesianos desde hacía quince años y que se había encauzado muy bien. Se trataba de un colegio-hospicio de 1.200 alumnos internados y sin familia normal. El caso del periódico Pueblo había conmocionado bastante a la comunidad salesiana y educadores del centro y más al Rector… Era conveniente un cambio y el Provincial consultó, recibió negativas, según él, y me propuso fuera a suplir al Rector de San Fernando. Lo pensé, le recordé los proyectos de Puertollano, pero, ante sus razones, acepté.

El 28 de agosto del 68 era presentado a la comunidad salesiana. Primera consigna privada: “Sacarle jugo al caso” y ¡adelante! Primera propuesta al Presidente de la Diputación y al Visitador del Colegio: Hijos (los chicos) de una madre rica (la Diputación) no tienen por qué sentirse hospicianos… Vestimenta, fines de semana, sus perrillas como familia...  Para ello, presupuesto para esos capítulos cuanto antes.

Luego, en lo posible, implicar a las familias: también se les puede hacer bien. Necesidad de un Gabinete  Psicotécnico: hay chicos con deficiencias que crean problemas e impiden el desarrollo normal…

Una de mis grandes alegrías, al final de seis años de Rector, fue comprobar que todos los alumnos tenían su relación familiar, y los nueve que no, quedaban dados en adopción a familias sin hijos.

Los años 74-75 los pasé en Roma, en la Universidad, descansando y reciclando estudios de espiritualidad y psicología.

Del 76 al 87, párroco de S. Francisco de Sales, en Estecho, Madrid (…). ¡Qué buenos años! Pude editar los libros de poemas “Canciones sobre la arena” y “Semillas de eternidad”, preparados  en Roma y, al fin, “Luz y Cristal”.

El año 87-88, Ciudad Real. Los PP. Jesuitas dejaban un Colegio de Formación Profesional, nosotros el de la Diputación, y aceptamos el suyo. Yo me hice cargo de algunas clases y de la iglesia, muy concurrida, en el centro de la Ciudad.

El año 88 el Director de la Procura de Misiones de Madrid pidió la retirada y me propusieron reemplazarle. Luego me llegó una llamada: “XX quiere seguir”. “¡Estupendo!, le dije yo aliviado”. “No obstante tú eres buen amigo suyo y de la comunidad: convendría que fueras como Vicario”. Y allá me fui.

Al curso siguiente, el Director de la revista Juventud Misionera, por motivos familiares, renunció inesperadamente a seguir dirigiéndola. Me miraron, me indicaron y (¡fue lo más duro de mi vida!) no me quedó más salida que encomendarme al Espíritu Santo y comenzar a componer y manejar el ordenador… Me fui espabilando, escribí a los misioneros y misioneras conocidos, les di el título de “corresponsales” y la revista se mantuvo hasta hoy.  Dos años después comenzó a editarse, para los mayores, la revista Misiones Salesianas (…).Del 92 al 98, el calendario misionero de pared, con una hoja semanal y un articulito misionero de fondo, que de un año para otro iba llenando mis ratos de futuro. (Por estos años lanza la asociación informal de Acebes en Madrid, que cuenta con más de un centenar de paisanos, y fomenta amistad, intercambio de noticias y encuentros, sobre todo en torno a la fiesta de San Tirso. N. de la R.).

El año 92 moría el Delegado de las Asociaciones de María Auxiliadora y pocos días después el Provincial me propone que me haga cargo de esa Delegación Inspectorial. Lo acepté (…).

El año 98 dejaba la Procura y, por tercera vez, volvía a La Mancha y aquí estoy (en Ciudad Real) celebrando Misas, confesando, visitando enfermos y llevando Comuniones: sacerdote sin más limitaciones  que las de los años y, durante los tres primeros cursos, llenando rincones del tiempo con publicaciones de las ediciones de libros de poemas de “A, con, por y para María” y del otro “Versos y vivencias”: los amores de un cura, ambos agotados, se puede decir.

Y dando gracias infinitas a Dios de poder dedicarme al ejercicio sacerdotal como nunca había podido hacerlo, salvo los años de párroco.(**).

==Notas==

(*) Se trata del hermano Santiago Martínez García, O.M.I., estonces en Hispanoamérica. 
     Falleció en Hernani (Guipúzcoa) el 24 de noviembre de 1970.
(**) Quien desee adquirir esos libros de poemas o conectar con este Poeta acebeño, puede  hacerlo a su dirección, que figura en "El Plantel de Acebes" (v. página Religiosidad):           Ramón de Arellano, 1 - 13001 - Ciudad Real (España)