jueves, 8 de junio de 2017

Nicolás Gómez Dávila

No poco del pensamiento reaccionario es absolutamente despreciable, con pocas excepciones; una de ellas es la de Nicolás Gómez Dávila.

He aquí una selección de sus aforismos tomada de Escolios a un texto implícito (Atalanta, 2009):


La originalidad de una obra depende a veces de lo que su autor no sabe hacer. Hay una impotencia creativa.



La inteligencia no aspira a liberarse, sino a someterse. La verdad es el resplandor de la necesidad.



Burguesía es todo conjunto de individuos inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son.




La sabiduría consiste en resignarse a lo único posible sin proclamarlo lo único necesario.



Ser joven es temer que nos crean estúpidos; madurar es temer serlo.



Cuando cobra total seriedad, la meditación metafísica culmina en relato autobiográfico.



El discípulo no es dueño ni de una solución ni de un problema, sino de un vocabulario. Su función se limita a formular banalidades en el léxico de su maestro.




Que el ser amado sea la tierra de nuestras raíces destrozadas.



El amor ama la inefabilidad del individuo.



El progresista cree que todo se torna pronto obsoleto, salvo sus ideas.



Una vocación genuina lleva al escritor a escribir solo para sí mismo: primero por orgullo, después por humildad.



La literatura que divierte al que la hace aburre al que la lee.




El primer paso de la sabiduría está en admitir, con buen humor, que nuestras ideas no tienen por qué interesar a nadie.



El político tal vez no sea capaz de pensar cualquier estupidez, pero siempre es capaz de decirla.



Madurar no consiste en renunciar a nuestros anhelos, sino en admitir que el mundo no está obligado a colmarlos.



La dialéctica es la simulación de un diálogo dentro de un soliloquio.



Quien tenga curiosidad de medir su estupidez, que cuente el número de cosas que le parecen obvias.




El tema del escritor auténtico son sus problemas; el del espurio, los de sus lectores.

Otros entre algunos de los que más le gustan a Fernando Savater:

"Lo contrario de lo absurdo no es la razón, sino la dicha".

"El bárbaro o totalmente afirma o totalmente venera. La civilización es sonrisa que mezcla discretamente ironía y respeto" 

Según Savater, "entronca con un comentario muy parecido de Isaiah Berlin, quien señaló en oposición al fanatismo del bárbaro que la persona civilizada está dispuesta a luchar e incluso morir por ideas en las que no cree del todo", esto es, la frase atribuida a Voltaire.

Otros más:


Nada más peligroso que resolver problemas transitorios con soluciones permanentes.


La inteligencia no consiste en encontrar soluciones sino en no perder de vista los problemas.


Nunca es demasiado tarde para nada verdaderamente importante.



Cuando se deje de luchar por la posesión de la propiedad privada se luchará por el usufructo de la propiedad colectiva.

Patrocinar al pobre ha sido siempre, en política, el más seguro medio de enriquecerse.

La actitud revolucionaria de la juventud moderna es inequívoca prueba de aptitud para la carrera administrativa.


Las revoluciones son perfectas incubadoras de burócratas.

Demagogia es el vocablo que emplean los demócratas cuando la democracia los asusta.

La política sabia es el arte de vigorizar la sociedad y de debilitar el Estado.

¿La tragedia de la izquierda? -Diagnosticar la enfermedad correctamente, pero agravarla con su terapéutica.

Ayer el progresismo capturaba incautos ofreciéndoles la libertad; hoy le basta ofrecerles la alimentación.


El pueblo no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga.

En el Estado moderno las clases con intereses opuestos no son tanto la burguesía y el proletariado como la clase que paga impuestos y la clase que vive de ellos.

Cuando las codicias individuales se agrupan, acostumbramos bautizarlas nobles anhelos populares.

Ante el hombre inteligente que se vuelve marxista sentimos lo mismo que el incrédulo ante la niña bonita que entra al convento.

Las decisiones despóticas del Estado moderno las toma finalmente un burócrata anónimo, subalterno, pusilánime, y probablemente cornudo.

Mientras más grave sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos.

La salvación social se aproxima cuando cada cual confiesa que solo puede salvarse a sí mismo.

La sociedad se salva cuando sus presuntos salvadores desesperan.

Reformar la sociedad por medio de leyes es el sueño del ciudadano incauto y el preámbulo discreto de toda tiranía.

La ley es forma jurídica de la costumbre o atropello de la libertad.

El auténtico revolucionario se subleva para abolir la sociedad que odia, el revolucionario actual se insurge para heredar una que envidia.

La pasión igualitaria es una perversión del sentido crítico: atrofia de la facultad de distinguir.

Nunca podemos contar con el que no se mira a sí mismo con mirada de entomólogo

No reprobamos el capitalismo porque fomente la desigualdad, sino porque favorece el ascenso de tipos humanos inferiores

Toda idea acaba de prostituta

La urbe moderna no es una ciudad; es una enfermedad

La jerarquías son celestes. En el infierno todos son iguales

Haber estado enamorado basta para refutar todo realismo epistemológico

Sólo la muerte es demócrata

La medida del éxito o el fracaso de la existencia es únicamente interior

Hasta el ateísmo es una definición de Dios

La ciencia se ha revelado capaz de enseñarnos cómo se hacen las cosas, pero incapaz de decirnos lo que debemos hacer.

La mejor crítica de la colonización española son las repúblicas sudamericanas.

Ni la religión se originó en la urgencia de asegurar la solidaridad social, ni las catedrales fueron construidas para fomentar el turismo

Gastamos una vida en comprender lo que un extraño comprende de un vistazo: que somos tan insignificantes como los demás.

Los problemas metafísicos no acosan al hombre para que los resuelva, sino para que los viva.

El hombre es un problema sin solución humana.

La muerte de Dios es opinión interesante, pero que no afecta a Dios.

La fealdad de un objeto es condición previa de su multiplicación industrial.

Toda civilización es un diálogo con la muerte.

Cada día resulta más fácil saber lo que debemos despreciar: lo que el moderno admira y el periodista elogia.

Las extravagancias del arte moderno están enseñándonos a apreciar debidamente las insipideces del arte clásico.

Culpo a este siglo de inventar el pedantismo de la obscenidad.

De los seres que amamos su existencia nos basta.

La verdadera religión es monástica, ascética, autoritaria, jerárquica.

¿Cómo soportar este mundo moderno si no oyéramos ya un lejano rumor de agonía?

Lo que despierta nuestra antipatía es siempre una carencia.

Para el hombre moderno las catástrofes no son enseñanzas, sino insolencias del universo.

Lo que se piensa contra la Iglesia, si no se piensa desde la Iglesia, carece de interés.

Escribir corto, para concluir antes de hastiar.

Para excusar sus atentados contra el mundo, el hombre resolvió que la materia es inerte.

La única cosa de la cual nunca he dudado: la existencia de Dios.

El que habla de su ‘generación’ se confiesa parte de un rebaño.

El mundo moderno no será castigado. Es el castigo.

El imbécil no descubre la radical miseria de nuestra condición sino cuando está enfermo, pobre o viejo.

Serio es lo que los hombres serios creen juego.

Ideario del hombre moderno: comprar el mayor número de objetos; hacer el mayor número de viajes; copular el mayor número de veces.

La sociedad moderna no aventaja a las sociedades pretéritas sino en dos cosas: la vulgaridad y la técnica

No debemos pensar para nuestro tiempo o contra nuestro tiempo, sino fuera de nuestro tiempo

Toda ciencia se nutre de las convicciones que estrangula.

Aducir la belleza de una cosa en su defensa, irrita al alma plebeya.

Tener razón es una razón de más para no lograr ningún éxito.

El tirano no es veleidoso, sino sistemático. El tirano no se desparrama en caprichos, sino se concentra en una idea. El tirano es hombre de principios.

Que ‘rutinario’ sea hoy un insulto comprueba nuestra ignorancia en el arte de vivir.

El tonto se duele de lo que no tiene, el inteligente de lo que posee.

Las revoluciones espantan, pero las campañas electorales asquean.

La religión no se demuestra, se contagia.

La promiscuidad sexual es la propina con la que la sociedad aquieta a sus esclavos.

El tiempo es menos temible porque mata que porque desenmascara.

Cuando hoy nos dicen que alguien carece de personalidad, sabemos que se trata de un ser sencillo, probo, recto.

Sólo las letras antiguas curan la sarna moderna.

La vulgaridad consiste en pretender ser lo que no somos.

Nuestra civilización es un palacio barroco invadido por una muchedumbre greñuda.

Cualquier experiencia compartida termina en simulacro de religión.

Todo necesita justificar su existencia, salvo la obra de arte.

Las reivindicaciones libertarias del ciudadano moderno se limitan a reclamar el derecho de copular sin trabas en el ergástulo donde lo encierran.

A ninguno se nos dificulta amar al prójimo que nos parece inferior. Pero amar al que sabemos superior es otra cosa.

El placer es el relámpago irrisorio del contacto entre el deseo y la nostalgia.

El místico es el único ambicioso serio.

El escritor bien educado trata de ser claro. Pero no achaquemos siempre nuestra ineptitud a su mala educación. Explicar, en vez de aludir, supone desprecio al lector.

El alma crece hacia adentro.

Ningún trabajo deshonra, pero todos degradan.

Cada individuo llama ‘cultura’ la suma de cosas que mira con aburrición respetuosa.

La mayor astucia del mal es su mudanza en dios doméstico y discreto, cuya hogareña presencia reconforta.

Para volverse persona el individuo necesita que exista una norma rígida y, a la vez, que su cumplimiento sea libre. Donde no exista norma rígida el individuo se vuelve masa tan fácilmente como donde su cumplimiento no es libre.

No vale la pena escuchar a quien no pueda prometer un presente eterno.

Clérigos y periodistas han embadurnado de tanto sentimentalismo el vocablo ‘amor’ que su solo eco hiede.

La retórica, la inocencia, la gracia de la juventud, son productos que ciertas sociedades astutas elaboran.

Todo lo superior nos incomoda: la belleza o la bondad, el genio o Dios. 

La noción de ideología es invento ideológico del empeño de humillar lo grande.

La única ejecutoria de nobleza, en nuestro tiempo, es la derrota

Tan sólo entre amigos no hay rangos

Lo ritual es vehículo de lo sagrado. Toda innovación profana.

Gran escritor es el que moja en tinta infernal la pluma que arranca al remo de un arcángel.

De los modernos sucedáneos de la religión probablemente el menos abyecto es el vicio

Los argumentos con que justificamos nuestra conducta suelen ser más estúpidos que nuestra conducta misma.

Es más llevadero ver vivir a los hombres que oírlos opinar

El misterio inquieta menos que la fatua tentativa de excluirlo mediante explicaciones estúpidas.

Frente a tanto intelectual soso, a tanto artista sin talento, a tanto revolucionario estereotipado, un burgués sin pretensiones parece una estatua griega.

La ausencia del hombre es la condición última de la perfección de toda cosa.

La rebelión contra Dios es demente, pero no estulta. Ante un universo impasible, resignación y rebeldía son igualmente necias.

El episodio más patético es el de la indiferencia con que la mera juventud finalmente mira a la vejez más ilustre.

Nadie carece totalmente de cualidades capaces de despertar nuestro respeto, nuestra admiración o nuestra envidia. Quien parezca incapaz de darnos ejemplo ha sido negligentemente observado.

Nada me seduce tanto en el cristianismo, como la maravillosa inocencia de sus doctrinas.

La ausencia de vida contemplativa convierte la vida activa de una sociedad en un tumulto de ratas pestilentes.

En un siglo en el que los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el ser culto no se define por lo que se sabe sino por lo que se ignora.

Aun cuando no existan recetas infalibles, ni siquiera para fracasar, el propósito de hacer algo excelente, en lugar de pretender tan solo hacer bien lo que hacemos, es sin embargo un abortivo eficaz.

Sólo las educaciones austeras forman almas delicadas y finas.

No es el origen de las religiones, o su causa, lo que requiere explicación, sino la causa y el origen de su oscurecimiento y de su olvido.

Lo eficaz no es denunciar la vileza de lo vil, sino mostrar la nobleza de lo noble.

No hay que esperar nada de nadie, ni desdeñar nada de nadie.

La sabiduría de este siglo se reduce a observar el mundo con la mirada amarga y sucia de un adolescente depravado.

Otras épocas quizá fueron vulgares como la nuestra, pero ninguna tuvo la fabulosa caja de resonancia, el amplificador inexorable, de la industria moderna.

Envejecer es catástrofe del cuerpo que nuestra cobardía convierte en catástrofe del alma.

El futuro próximo traerá probablemente extravagantes catástrofes, pero lo que más seguramente amenaza al mundo no es la violencia de muchedumbres famélicas, sino el hartazgo de masas tediosas.

El rango de nuestro adversario nos sitúa: ser vencedor o vencido es subalterno.

El odio al pasado es síntoma inequívoco de una sociedad que se aplebeya

Todo el mundo se siente superior a lo que hace, porque se cree superior a lo que es. Nadie cree ser lo poco que es en realidad.

El ‘político’ de conciencia más delicada apenas alcanza a ser una puta púdica

La perfección es el punto donde coinciden lo que podemos hacer y lo que queremos hacer con lo que debemos hacer.

¿Cómo no despreciar al pueblo? Basta que se ablanden las normas que nos civilizan, para que el pueblo sometido que gruñe en cada uno de nosotros desencadene sus torvos apetitos.

Ante el esplendor de las civilizaciones el hombre que conoce al hombre siente menos orgullo que sorpresa.

Un solo tipo de sociedad tuvo un contrato social por raíz histórica y por resorte ético: el feudalismo.

El demonio, actualmente, tiene forma geométrica.


Para la defensa de la libertad basta un soldado; la igualdad, para imponerse, necesita un escuadrón de policías.

¿Hoy quién puede creer en las actuales profecías, puesto que somos ese espléndido porvenir de ayer?

El mundo moderno parece invencible. Como los saurios desaparecidos

La sociedad industrial está condenada al progreso forzado a perpetuidad.

Verdadero aristócrata es el que tiene vida interior. Cualquiera que sea su origen, su rango o su fortuna.

Cuando todos quieren ser algo sólo es decente no ser nada.

Recordando las pifias de sus colegas de ayer, los críticos contemporáneos prodigan el incienso, sin advertir que más grave que ignorar a un gran artista es pasmarse ante un mediocre.

El proletariado no detesta en la burguesía sino la dificultad económica de imitarla.

Sólo hemos visto un urbanista genial: el tiempo.

Por mezquina y pobre que sea, toda vida tiene instantes dignos de eternidad.

No hay victoria espiritual que no sea necesario ganar cada día nuevamente.


El mundo moderno no tiene más solución que el juicio final. Que cierren esto