jueves, 12 de octubre de 2017

Antígona, no Cataluña

Íñigo Méndez de Vigo dice que hay adoctrinamiento ideológico en las escuelas catalanas. Pero una vergüenza que tolera durante cuarenta años no es vergüenza, es relajamiento y al fin depravación. No sé qué diría si me pusiera a explicar en Literatura Universal la Antígona de Sófocles y adoctrinara diciendo que es un precepto del derecho natural (ese que dice que todos somos iguales en poseer unos mismos derechos inalienables) enterrar a los muertos, porque por aquí 111.000 siguen en las cunetas gracias a un Creonte que milita en su partido. Es lo que tienen los clásicos: se aplican a cualquier época, son universales, no nacionalistas. Que ya los griegos se burlaban de los que creían que la luna de Corinto era mejor que la de Atenas.



Si se ahorró en entierros porque había que pagar con nuestros dineros a Merkel los agujeros que en los bancos han hecho los políticos, bien está; pero no han ahorrado en otras partidas, por ejemplo en la de corrupción (lo mismo da PP, PSOE o Convergencia).  Acaso es porque lo que prima en España es el derecho positivo, tan prestigiado aquí por el fascismo y el Opus que se ha adueñado de la judicatura, qué se le va a hacer: el derecho del que manda y roba porque puede hacerlo: por eso es el que manda. El derecho al mangoneo. Ese es el derecho que se hace en España. Ahora dicen los predemócratas y posfascistas que van a reformar la Constitución, fíjense: no hacer una nueva, ni siquiera hacer un referéndum sobre elegir la forma del estado o cómo hay que reformarla o si hay que hacer una nueva. Ni siquiera comunican qué es lo que han pactado en secreto reformar, y lo que es peor, qué es lo que no han pactado reformar (Rajoy declaró que solo reformaría la Constitución sabiendo hacia dónde se iba). Mucho me temo que urdirán todo tipo de estrategias y torcedores para evitar la intervención del pueblo, de todo el pueblo, y no solo de los de siempre, en ese proceso de reforma que yo llamo de restauración (el pueblo se lo ha ganado tras cuarenta años de soportar gilipolleces, senadores y mangantes autonómicos, con toda la bendición de los diez mil aforadores). Porque una constitución afecta a todo el mundo, y no solo a los que se quieren repartir las prebendas. Cuánto nos vamos a reír... perdón, cuánto vamos a sufrir.



No querría hablar más de política: no me gusta este tipo de espectáculos, semejante al circo romano, ni siquiera con la vaga sonrisa de Cela, donde siempre se tira a los leones a los indefensos mientras los demás hacen apuestas y exhiben sus últimos modelitos de prebendas. Para algunos será divertido, no lo dudo; pero el espectáculo puede verse por otro sitio: la porta libitinaria. Por allí sacaban los cadáveres de las víctimas, de los débiles, de las personas y animales indefensas del Coliseo. Todos aquellos que padecen recortes en educación, sanidad, ciencia, decencia, justicia. Todavía hoy, ved la foto, no hay nada suntuario o grandioso o geopolítico en ella.

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