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lunes, 25 de agosto de 2014

Se publica el Cancionero a Mascha Diakovski de Ganivet

José María Rondón, "Cancionero a Mascha Diakosky. Ganivet, loco enamorado. El escritor, precursor de la Generación del 98, dedicó ardientes versos de amor en francés a su profesora de idiomas en Helsinki", en El Mundo, 25/08/2014:

"Mis caricias son fuertes y tan frágil / es tu cuerpo, que vivo con el miedo / de que hacerte feliz completamente / será hacerte morir entre mis brazos", escribe Ángel Ganivet a Marie Sophie Diakovsky, Mascha, su profesora de idiomas en Helsinki, uno de los destinos diplomáticos del granadino. El erudito, el intelectual Ganivet, se enamoró profundamente de la joven y, como el adolescente que escribe a su compañera de pupitre para decirle que la ama, trató de conquistarla con versos llenos de seducción, combate y desahogo.

El amor fue breve, ardiente, tormentoso. De ello hay testimonios sobrados en las cartas del granadino a sus amigos y a la propia Mascha, pero, muy especialmente, en los poemas -la mayoría en francés, pero también en español y alemán- que el pensador escribe a su exótica amiga. Los versos, que sólo se conocían parcialmente, han sido ahora reunidos, ordenados y traducidos por el poeta Manuel García en un volumen, Cancionero a Mascha Diakovsky, que verá la luz en septiembre en la editorial Point de Lunettes.

El libro es el relato de una historia de amor, del deslumbramiento inicial a la dolorosa ruptura. Se trata de todos los poemas que dedicó Ganivet a Marie Sophie entre marzo y agosto de 1896. Por entonces, él tenía 31 años; ella, 24. Él ocupaba un puesto diplomático en Helsingfors (Helsinki), entonces capital del Gran Ducado de Finlandia, provincia del Imperio Ruso. Ella era una joven viuda de 24 años, independiente y de refinada educación, que dominaba con soltura varios idiomas, tocaba el piano de forma profesional y escribía poemas y piezas teatrales.

Ángel Ganivet conoce a Mascha al poco de tomar posesión en su nuevo destino, a finales de febrero o comienzos de marzo de 1896, por un anuncio en un periódico: «Clases prácticas de alemán, inglés y ruso, a cargo de M. Bergmann, de soltera Djakoffsky, Brunnsparken 22, llamadas entre las 4 y las 5 de la tarde». El granadino no tarda en perder la cabeza por su profesora de idiomas, como desliza entonces por carta a un amigo: «A todo esto, el sueco marcha y la polaca resulta una hembrita que para amiga sólo no tiene precio».

Marie Sophie Diakovsky, retratada por Albert Edelfelt. Marie Sophie Diakovsky, retratada por Albert Edelfelt.
En una apuesta insólita en toda su producción, Ganivet acude a la poesía más confesional para conquistar a Mascha. De ahí que quede «la idea de un escritor enamoradizo y caprichoso, violento y extravagante, y por tanto alejado de la imagen sesuda y preocupada en cuestiones trascendentales y patrióticas, como precursor de la Generación del 98, que se quiso difundir de Ganivet», explica García. Esta contradicción quizás explica la escasa o nula relevancia dada al episodio en las biografías canónicas del autor del Idearium español.

«Frente a la lógica y el raciocinio que preside gran parte de la obra de Ganivet, esta poesía surge de un impulso sentimental de irrefrenable confesión y descarga sentimental. El no sé qué, las musas, la inspiración, el concepto 'platónico' y genial del artista, el impulso creador surgido del yo por encima de lo racional, la catarsis, el idealismo más puro preside estos versos. Ganivet se enamoró y empezó a escribir versos como un adolescente sin saber cómo ni por qué», recalca García.

Pero, ¿por qué escribir estos versos de amor en francés? Para conquistar a la joven Mascha, Ganivet acude al idioma que ambos compartían, en la que se comunicaban durante sus clases de sueco y en la que el granadino era lo suficientemente solvente para hacer versos. Hay en el libro dos bloques notables: los Pensamientos melancólicos y salvajes y los Cantares andaluces. Los primeros están llenos de fogonazos irracionales y revelan una importante tensión erótica. Los segundos trasladan al francés las letras del flamenco.

Para que no le faltara nada a esta historia de amor también tuvo su episodio de celos, hecho que a la postre pondría fin a la aventura amorosa. Cuando Ángel Ganivet cae enamorado de Mascha, él ya tiene una relación estable con Amelia Roldán, una española de Cuba con la que acababa de tener a su segundo hijo. Durante una de sus estancias en Helsinki, Amelia descubre un retrato de la joven profesora de idiomas y estalla de celos, con ataque incluido, hecho que provoca el alejamiento definitivo de los enamorados.

Gracias a estos poemas sabemos qué sintió Ganivet por Mascha. Ignoramos, en cambio, qué sintió Mascha por él. «Muy posiblemente, ella compartió el amor que Ganivet le manifestó en versos, pero su espíritu práctico e independiente le desaconsejó insistir en el tema, dadas las dificultades sobre el terreno», concluye Manuel García, quien recuerda cómo el granadino recordaría a Mascha en una de sus últimas novelas, Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, con una escena de amor de ensueño: «Sus ojos estaban llenos de lágrimas y su corazón de ansias temblorosas e inexplicables».

Algunos de los amores de Lorca

Luis Antonio de Villena, "Los novios de Federico", en El Mundo, 25/08/2014:

Tuve la suerte de tener mucha y buena amistad con dos personas que fueron amigos íntimos de García Lorca: Vicente Aleixandre y Rafael Martínez Nadal. Puedo decir que tanto yo como otros muy contados amigos, sabemos hasta intimidades de la sexualidad lorquiana, de la sexualidad gay de Federico, porque ellos nunca le llamaron de otro modo.

Ambos (que no se llevaban bien entre sí) coincidían en esto: el gran amor imposible de Federico fue Emilio Aladrén. Un chico guapo, de vagos rasgos orientales, que fue escultor de alguna notoriedad antes de morir en los años 40.

Aladrén era bisexual y tuvo relaciones físicas con Federico, pero el "amor" (ese amor que a Lorca se le resistió tanto) no llegó o no llegaba. Para huir de ese duro desamor, Lorca se fue a Nueva York -lo de aprender inglés era secundario- y allí tuvo muchos amoríos, con negros entre otros. Aleixandre desaprobaba amistosamente esa veta de Federico, pero la hubo: los amores venales, no escasos. El "amor de los marineros" en La Habana o en Buenos Aires (una vez lo acompañó al puerto Manuel Mujica Láinez) o con maletillas y similares en España. Federico fue más bien promiscuo en esa venalidad, pero él -siempre con temor a la familia- buscaba otra cosa...

El gran escritor gallego Eduardo Blanco-Amor me contó que hubo un muchacho gallego en La Barraca, para el que Federico (ayudado por Blanco-Amor) escribió los curiosos 'Seis poemas galegos'.

Parece que también hubo allí mucha pasión y una idea de futuro que se truncó. Según Martínez Nadal, el drama básico de Federico en lo amoroso, es que le gustaban chicos bisexuales, que accedían a la cama (ocasionalmente, a veces) pero no iban más lejos.

De ahí el drama erótico que se percibe en tantas obras de Lorca, empezando por la 'Oda a Walt Whitman' que se publicó en una 'plaquette' en 1935, antes que el libro al que pertenecía. Rafael Rodríguez Rapún ("las tres Erres") fue, según todos, el último amor de Federico y para quien empezó a escribir -según Aleixandre era una obra sin terminar- los 'Sonetos del amor oscuro'.

Oscuro no por homosexual, sino por doliente, por difícil. A él le leyó esos sonetos y Vicente no echó de menos ninguno, cuando al fin salieron. Pero es que tampoco en esta relación (que rompió la guerra) dejó de haber problemas.

'La piedra oscura' -aparte de la obra de Conejero- es un drama que Federico pensó escribir para su amigo. Según Aleixandre de nuevo, era costumbre de Federico hablar como de conclusos de libros que estaba apenas iniciando. Rasgo de optimismo. Puede haberse perdido o pudo -más fácil- no haber llegado a existir nunca.

Hubo mucho silencio sobre la privacidad de Lorca. Lo fomentaron sus hermanos primero y luego esos amigos íntimos que hablaron en intimidad, pero jamás en público.

Yo he tenido en la mano una carta de Federico a Martínez Nadal, desde Nueva York, donde hablaba de una orgía con negros, la noche antes. Al final decía: "Cuando la leas, rómpela". Pero -en 1981- Rafael no la había roto.

¿Y ahora, ya muerto él? Su mujer Jacinta Castillejos y sus hijos, ¿qué habrán hecho? Lo ignoro.

Queda mucho por hacer fuera de la ficción, bienvenida cuando no falsea lo esencial. Federico (coincidían sus amigos) no tuvo problemas con su propia homosexualidad, muy vivida, sino con el amor único, el verdadero amor, diríamos, que se resistía entre cordiales amigos bisexuales.

Eso es lo que me contaron (con muchos detalles) y yo lo repito. Porque no hay de qué ocultarse. ¿Es tarde ya? Se habrá perdido mucho, pero conviene comentarlo.