Al principio de este curso, un providente me motejó casi sin querer de "rojillo", o izquierdoso. Celebro que el taxónomo tuviera tan claro su marbete, porque yo no lo tengo. En parecidas circunstancias otras veces me han llamado "liberal" y en otras también de ser diestro, esto es, escribir con la derecha. Tras mucho pensarlo, creo que no soy nada, y a lo más que llego es a anarquista sin espoleta, altermundista iluso o paupérrimo ideológico de solemnidad. Pero si una opinión de tan poco valor constructivo puede loarse de aprecio, en este blog cualquiera puede ir a encontrarla, por más que celebrase yo que, más que una opinión, encontrase alguna razón o inspiración o, cuando menos, una distracción. Pero tiene que irla a buscar. Si verdaderamente uno cree en algo, debería ser combativo, supongo, y proclamarlo contra viento y marea; pero yo no albergo ninguna convicción firme, ni siquiera la de ser yo mismo, y esta falta de confianza me inclina a pensar que puedo no ser útil e incluso que puedo ser dañino. Por otra parte, me enclaustra mi propio desaliento, que acaso podría confundirse con temor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario