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viernes, 20 de febrero de 2026

Humoristas literarios

El País ha publicado un listín con libros clásicos de humor que, más que para divertir, parece indicado para pegarse un tiro, salvo algunas excepciones, como la de José Esteban, Mark Twain y así. Se titula el bodrio "Carcajadas en la literatura. Para hacer el humor con nuestra lengua", y habría que incluir en esa lista, en una lista por descontado incompleta, Plauto, Horacio, Petronio, una buena colección de relatos milesios, Marcial, casi todas las obras de Luciano de Samosata, Juan Ruiz, algunas canciones goliardescas, Boccaccio, Alfonso Martínez de Toledo, Rabelais, el Don Quijote, una buena selección de entremesistas y comediógrafos del Siglo de Oro, el Buscón y los Sueños de Quevedo, y ya a partir del XVIII la nómina es tan amplia que hay que seleccionar: La novela de un novelista de Armando Palacio Valdés,uno de los miembros del asturiano Bilis club; mi inefable P. G. Wodehouse, su impotente discípulo Alfonso Ussía,  Jerome K. Jerome y sus ingleses de té de las cinco en una barca, George Mikes, el extranjero de todas partes; un par de judíos: Ephraim Kishon y su Mi familia al derecho y al revés, y Woody Allen por sus artículos, cuentos y teatro (podríamos añadir a los hermanos Cohen con Un hombre serio, pero eso es cine);  Paul Reboux con sus pastiches, y su discípulo el genial Conrado Nalé Roxlo, con sus Antologías apócrifasCarlos Arniches , con sus sainetes y comedias; Giovanni Guareschi, con sus Don Camilos y sus libros de cuentos sobre costumbres italianas; Tomás Salvador, con sus cuentos sobre Manolo y sus pastiches; Ramón Ayerra, con, entre otros, Las amables veladas con CeciliaAlfredo Bryce Echenique... con sus memorias o su peruano cagándose en el Museo del Prado; Douglas Adams y su serie del Autoestopista galáctico. Y, por supuesto, David Foster Wallace y su Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (en inglés: A Supposedly Fun Thing I'll Never Do Again). 

Toda esta gente me ha hecho pasar ratos desternillantes; cualquiera de ellos hace que uno crea que es bueno vivir y puede alegrarle el día al más serio de todos los Clint Eastwood de este mundo. Los libros que trae el artículo de El País son estos:

1. En lengua española:

José Esteban: El epigrama español, una antología. Espuela de Plata, 2008.

Juan Villoro: Los culpables. Anagrama, 2008.

Jorge Ibargüengoitia: Revolución en el jardín. Reino de Redonda, 2008.

Marcelo Birmajer: Historia de una mujer. Seix Barral, 2008.

Kalman Barsy: Los veinticuatro días. Pre-Textos, 2009.

Manuel Vilas: Aire nuestro. Alfaguara, 2009.

Ignacio Padilla: La vida íntima de los encendedores. Páginas de Espuma, 2009.

Pola Oloixarac: Las teorías salvajes. Alpha Decay, 2010.

Guillermo Cabrera Infante: Cuerpos divinos. Galaxia Gutenberg, 2010.

Felipe Benítez Reyes: Formulaciones tautológicas, Zut, 2010

2. Para hacer el humor con otras lenguas:

Hilary Mantel: Tras la sombra. Global Rhythm, 2007.

G. K. Chesterton: La superstición del divorcio. Los Papeles del Sitio, 2008.

Eça de Queiros: El conde de Abraños. Espuela de Plata, 2008.

S. Ortoli & M. Eltchaninoff: Manual de supervivencia en cenas urbanas. Salamandra, 2008.

Yasutaka Tsutsui: Hombres salmonela en el planeta porno. Atalanta, 2008.


Thomas Bernhard: Mis premios. Alianza, 2009.

Julian Barnes: Nada que temer. Anagrama, 2010.


J. M. Coetzee: Verano. Mondadori, 2010

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