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viernes, 17 de abril de 2026

La orientación imposible

 Todo el mundo, o al menos el educado por Barrio Sésamo, se considera situado y consciente de qué es arriba y abajo, izquierda y derecha y dentro y fuera hasta que le cuentan el problema Ozma. Consiste en la dificultad para comunicar con palabras la diferencia entre izquierda y derecha cuando a dos comunicantes (por ejemplo, un terrestre y un extraterrestre) no les es posible ver ningún objeto en común. El universo es, simplemente, ambidextro (salvo por las no visibles violación de la paridad subatómica y la quiralidad química); es más, marea y lo transforma todo en un vomitorio de materia y energía. Ya lo dijo Cristo en el Evangelio de Tomás: "Cuando hagáis del dos uno, y hagáis el interior como el exterior y el exterior como el interior, y lo de arriba como lo de abajo... entonces entraréis en el Reino". O como Hermes Trimegisto: "Como adentro es afuera". La verdad no solo está ahí fuera.

El problema lo planteó por vez primera Immanuel Kant en su discusión sobre la izquierda y la derecha, y William James lo mencionó en su capítulo sobre "La percepción del espacio" en sus Principios de psicología (1890). Y es un problema importante también a escala científica, a la hora de considerar el espacio-tiempo y la simetría-asimetría del universo, suponiendo que exista o que exista uno solo.

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