martes, 15 de mayo de 2018

¿Catolicismo o protestantismo?

Josué Ferrer
Publicado en 6 marzo, 2017
https://josueferrer.com/2015/02/18/protestantes/ 

¿El protestantismo favoreció la riqueza y el catolicismo la pobreza?

América del Norte es protestante y rica y la del Sur católica y pobre. En Europa, con sus matices, ocurre igual. Incluso en el Hemisferio Sur; compara Australia con Filipinas. Si consultas la lista de los diez países del mundo con mayor renta per cápita, los diez con mayor bienestar social, los diez más democráticos, los diez más transparentes o los diez menos corruptos, verás que siete u ocho son protestantes. El protestantismo genera libertad y prosperidad. Veamos ahora por qué:

1) EDUCACIÓN. Con la Reforma Protestante del siglo XVI, el teólogo Martín Lutero planteó la necesidad de que la gente leyera la Biblia, y para ello se tuvo que hacer una gran campaña de alfabetización para instruir a un pueblo inculto. Pero en los países católicos con que el cura supiera leer ya era más que suficiente. Así, en el siglo XVIII en Inglaterra y Holanda la alfabetización alcanzaba ya al 70% de la población, mientras que en España o Portugal no llegaba ni siquiera al 10%.

2) CIENCIA. Los países reformados, volcados en la lectura la Biblia, empezaron a interesarse por el estudio del mundo, de la naturaleza y de las estrellas, inspirados sin duda por libros como Génesis, Salmos y otros textos sacros. No es de extrañar que en estas naciones comenzaran a surgir científicos como setas. Pero en los países del sur de Europa la Inquisición quemaba en mitad de la plaza a los científicos por herejes y usaba sus trabajos para engrosar su catálogo de libros prohibidos.

3) MENTIRA. Para los protestantes la mentira es un pecado muy grave ya que se cita en los Diez Mandamientos junto al homicidio, el adulterio o el robo. Así, en Alemania, un político suele dimitir si se demuestra que ha mentido. En Estados Unidos puedes ir a prisión si entregas un cheque sin fondos. Pero en los países católicos, como Italia o Malta, es un pecado venial, un pecadillo, por tanto la mentira inunda la política, la administración y las finanzas y no puedes confiar en nadie.

4) ROBO. En los países reformados se entendió claramente que el robo era muy grave, que todos los hombres eran iguales y que por tanto la propiedad privada era un derecho inalienable de todos los hombres, pero en los países de la Contrarreforma, mucho más apegados al Antiguo Régimen, la propiedad privada era un privilegio de la Corona, la nobleza y la Iglesia Católica. No en vano el comunismo triunfó en la católica Cuba. Nadie habría apoyado a Fidel Castro en Canadá.

5) ÉTICA EN EL TRABAJO. Mientras que en los países católicos el trabajo es un castigo de Dios -al ser expulsado Adán del paraíso- y los oficios manuales tienen menos prestigio que los intelectuales, en los protestantes el trabajo no es malo: de hecho, Adán ya trabajaba en el Huerto del Edén (Génesis 2:15); ser barrendero es tan digno como ser cirujano y trabajar con excelencia y de forma ética también es una forma de honrar al Señor. Max Weber lo resumió: trabajo, ahorro y esfuerzo.

6) CAPITALISMO. Para la Iglesia Católica la riqueza es un estigma y la pobreza un signo de humildad y sencillez. El protestantismo, por su parte, entiende que el problema no es el dinero en sí sino el amor al dinero (1 Timoteo 6:10) y que de hecho ser rico no es incompatible con ser un buen creyente; ahí están los casos de José, Moisés, Daniel o Job, entre otros. No es casualidad que el capitalismo, la banca y los negocios hayan alcanzado sus máxima expresión en los países de la Reforma.

7) DEMOCRACIA. En las naciones protestantes se apostó por la libertad y la democracia, y por una separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Destaca Suiza, con su envidiable democracia directa. Por contra, los países del sur de Europa y las repúblicas iberoamericanas se ahogaron en un sinfín de monarquías absolutistas, fascismos, guerras civiles y golpes de estado que las condenaron a la pobreza y el atraso. El Vaticano es aún hoy la última teocracia de Europa.

8) SEPARACIÓN DE IGLESIA-ESTADO. Mientras que en las naciones protestantes se buscó dividir los poderes para que se contrapesen, la Iglesia Católica trata hasta la fecha de que el poder civil se someta al religioso. Así, Holanda pronto permitió la libertad de culto, en Escandinavia se desarrolló el parlamentarismo y Estados Unidos nació como un estado laico. En cambio, hasta hace muy poco en España se paseaba a Francisco Franco bajo palio y aún hoy en México manda el señor obispo.

9) IMPERIO DE LA LEY. Para el teólogo Juan Calvino la ley -es decir, la Biblia– tenía la primacía pero para los católicos la primacía recaía en una institución (la Iglesia Católica), fuera de la cual no hay salvación y que era la encargada de interpretar la Biblia. Para la Reforma todos los ciudadanos son iguales, mientras que para la Iglesia Católica no sólo todos no eran iguales, sino que había incluso algunos que estaban dispensados de cumplir la ley (por ejemplo, con las famosas bulas).

10) VALORES BÍBLICOS. En resumen, las naciones protestantes se han inclinado por los principios bíblicos y las católicas por tradiciones humanas, muchas de las cuales no sólo son extrabíblicas sino incluso abiertamente antibíblicas. Es el contraste entre los valores del Libro versus los valores de ritos, procesiones e imágenes. Es la bendición que comporta para un pueblo apegarse a la Palabra versus la miseria, la hecatombe y la desolación que siempre aguardan fuera de Dios.

POST SCRIPTUM: Los países católicos son en general pobres y los pocos que son ricos constituyen la excepción que confirma la regla. Y, curiosamente, son los menos católicos de todos. Así pues, Irlanda, Bélgica, Luxemburgo, Liechtenstein o Austria son países muy desarrollados, pero lo son gracias a la influencia de los protestantes estados vecinos. Igualmente, Francia o Mónaco son ricos en gran medida porque la Revolución Francesa y el laicismo limitaron mucho el poder de la Iglesia Católica allí.

jueves, 10 de mayo de 2018

Palabras nuevas de lo viejas que son

De Mar Muñiz, en El Mundo, hoy

30 'palabros' de padre que deberíamos recuperarA aprovechategui no se ha resistido ni el bot del New York Times que publica en Twitter cada palabra que aparece por primera vez en su periódico.

Si cada intervención de Rajoy en la tribuna del Congreso hace reflorecer el lenguaje viejuno como la primavera al campo, qué no haría un padre con un buen altavoz. El lenguaje también es una buena vara de medir las brechas generacionales. Cuando eches un ojo a esta lista de palabros te darás cuenta de que entre tus padres y/o abuelos y tú, más que una brecha, está la mismísima fosa de las Marianas.Cubalibre. Dícese de un ron-cola o similares, es decir, una copa en español de andar por casa. Si una noche te arrimas a una barra vociferando este sustantivo, creerán que no simpatizas con Fidel Castro (origen del 'palabro'), pero no te pondrán ni un vaso de agua.Quintos. No son los que van después de los cuartos. Se trata del grupo de chavales de un pueblo a los que les tocaba cumplir con aquello de la mili. Si ni te suena este concepto, acude a tu padre y / o abuelo. Y coge una silla, porque tienes para rato. Te contarán historias como churros y cuando quieras huir, recuerda que preguntaste tú.Al retortero. Cuando le pides a tu tía las llaves del coche, y previamente, que le dé un manguerazo, y que llene el depósito y que te lo lleve reluciente a la puerta de no sé dónde, en caso de que ella acceda a todas esas peticiones, podría reprocharte que la tienes todo el día de acá para allá, o sea, al retortero.Recogido o curioso. Pueden ser sinónimos. Si un amigo pasa el tercer grado de tu madre, con veredicto positivísimo, quiere decir que ese alguien es recogido o curioso. Para ello, naturalmente, tendrá que llevar el curso al día, currar, ayudar a las ancianitas a cruzar la calle, no fumar, no beber, etc, etc, etc, etc.Albolario. Claramente alguien así no pasa el test materno. No lo busques en el Diccionario de la Rae porque no está. Eres albolario si andas siempre alborotando y vas a tu bola. Aviar. No tiene nada que ver con pollos, ni con un tipo de gripe. Es arreglar algo, y vale para aliñar una ensalada, prepararte para salir y quitar las telarañas de tu cuarto.Rodilla o gamuza. Es un trapo. Una inquietud: ¿cuándo fue la última vez que cogiste uno? Amolar. Este bonito verbo viene a significar fastidiarse. Llanamente.Arroba. Tú serás muy nativo digital y muy todo, pero no, no es sólo @. Es una medida de peso que equivale a 11,5 kilos. Pero como los aragoneses son muy suyos, en esa comunidad una arroba son 12,5 kilos.Cabrillas. No nos ha dado por la cosa bucólica y pastoril. Son marcas rojizas que se quedan en las piernas cuando pasas tiempo cerca del fuego. Claro, con la calefacción, cabrillas, pocas.Azulete. Es un líquido azulado que se usaba para lavar la ropa blanca y dejarla refulgente.De balde. Si después de tomarte unas cervezas y unos pinchos, llega la cuenta y otro saca la cartera, el ágape te ha salido de balde. O sea, gratis, o sea, por la cara.Repente. Dícese de un sustantivo sinónimo de limaquillo o soponcio. Antes, mucha gente no se moría de un infarto, sino de un repente. Ciencia pura.Alcagüés. Pues sí, es un cacahuete. Sorprendente, ¿no?Gulusmero. De alguien que curiosea derivó en aquel que no para en casa y anda permanente de picos pardos. O sea, como cuando tú el jueves vas al cine y luego 'te lías', y llega el viernes y has quedado con 'éstos', y el sábado no comes en casa y el domingo te vuelves a saltar la paella familiar...Lechuzo. Nada que ver con el marido de la lechuza. Para nada. Léase goloso.Servir. Era trabajar de criada en casa de alguien. De ahí, sirviente. Ahora lo llaman 'tener chica'.Cuarto y mitad. Es una medida de peso un tanto sui géneris, pero que el pescadero entiende perfectamente. Más o menos, así a ojo, un puñadito. Se aplica con frecuencia a las gambas y las chirlas que se echan a la paella.Arrevenido. Si son las 12h y no has desayunado. Llegan las 15h y sigues sin comer, a las 17h estás más que arrevenido. El estómago se te ha quedado más pequeño que un euro y estás medio amarillo. Ahora, es empezar y no parar.Falto. Insultar siempre ha tenido su gracia. Significa tonto, alguien a quien le falta un hervor.Muda. No se trata de una señora que no habla. Es la ropa de cambio, pero referida sobre todo a la de las partes pudendas, es decir, bragas/calzoncillos y calcetines. Las madres y las abuelas siempre han recomendado llevar la muda bien limpia, por si te pilla un coche y hay que salir pitando al hospital. Cumplamos esa enseñanza, por favor, que nunca se sabe.Galbana. Lo que te despierta ordenar apuntes. O hacer abdominales en la hora de la siesta. O irte a la biblioteca en semana de exámenes. Es decir: perezón.Gamusino. Es un animal que no existe, inventado, con el que se asustaba a los niños o, directamente, se les mandaba a buscar ejemplares para que le dejaran a uno en paz. Con perdón.Machuna. Mujer estéril. Muy sutil y respetuoso el adjetivo (modo ironía 'on').Zorrera. Cuando han fumado cinco personas en una habitación y no ha habido la ventilación precisa, lo que hay dentro es una zorrera que se puede cortar con un cuchillo. O sea, un humazo insoportable.Romana. Podría parecer una sujeta oriunda de Roma, pero no. Es un instrumento de metal con barras, bandejas y ganchos para pesar alimentos que todavía se puede ver en algún mercadillo. El sistema de medida es indescifrable para alguien que haya nacido a partir de 1980. Ni lo intentes.Regüeldo. Un eructo. No entremos en detalles.Jaspeado. Término complejo de entender. Te dicen que un jersey es jaspeado y será como no decirte nada. Debes saber que tendrá pintas, lo que tampoco aclara mucho las ideas.Zorros. No son los machos de las zorras. Se trata de una tiras de tela o piel unidas a un mango que se usaban para limpiar el polvo. ¿Te suena estar hecho unos zorros?Pegote. Es sinónimo de mucho. Una frase típica era 'Te quiero un pegote'. Algo así como mazo, otro gran 'palabro'

martes, 8 de mayo de 2018

La verdad de lo ocurrido entre Millán Astray y Unamuno

Lo que Unamuno nunca le dijo a Millán Astray
Un historiador salmantino refuta el relato oficial del famoso enfrentamiento del 12 de octubre de 1936 y documenta cómo se construyó el mito sobre el discurso del rector

SERGIO DEL MOLINO

Zaragoza El País, 8 MAY 2018 

“Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”. Según la historia que varias generaciones de españoles han aprendido, así terminó Miguel de Unamuno su interpelación al general José Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Así se redimió el intelectual vasco de su apoyo a los golpistas, y así se convirtió en símbolo de la democracia contra la dictadura, la civilización contra la barbarie y el bien contra el mal. Cómo no emocionarse ante el sabio anciano encarándose contra la bestialidad del general mutilado. Sus palabras son parte de la mitología española, un evangelio de valentía cívica ante el que solo cabe aplaudir con reverencia.

Tal vez los más perspicaces han supuesto siempre que aquel discurso estaba embellecido y retocado para la posteridad. Ha habido biógrafos de Unamuno, como el matrimonio Rabaté, Colette y Jean-Claude, autores de una monografía monumental y canónica, que ya señalaron que el relato de los sucesos del paraninfo se tomaba “muchas libertades” y obedecía “a una voluntad de dramatizar los hechos con todos los ingredientes indispensables para su teatralización”. Los Rabaté identificaron al autor de esta versión popular, quitándole mucho crédito. Ahora, el historiador Severiano Delgado, bibliotecario de la Universidad de Salamanca, ha reconstruido paso a paso cómo se formó esta leyenda y ha dibujado una escena plausible de lo que realmente pudo suceder aquella mañana, basándose en los testimonios de quienes lo presenciaron.

Es imposible reconstruir las palabras de Unamuno porque, aunque el acto se retransmitió por la radio, el rector habló sin micrófono y no se registró su intervención, pero Delgado cree que se pueden acotar los temas que abordó y el tono en que los expuso a partir de tres testimonios presenciales publicados: el de Eugenio Vegas Latapié, dirigente de Renovación Española; el de José Pérez-López Villamil, psiquiatra de Millán Astray, y el de Esteban Madruga, vicerrector (este último, recogido por Emilio Salcedo, el primer biógrafo de Unamuno). Todos se alejan del relato inventado de Luis Portillo.

“MUERA LA INTELECTUALIDAD TRAIDORA”

Basándose en los pocos testigos del acto que escribieron su testimonio, Severiano Delgado ha reconstruido aquel 12 de octubre de 1936. Fue una mención de Unamuno a José Rizal, héroe de la independencia de Filipinas, lo que provocó la ira de Millán Astray, que era veterano de aquella guerra y no soportaba que se citase como ejemplo de hispanidad a quien consideraba un enemigo. “¡Muera la intelectualidad traidora!” fue lo que gritó, según Delgado, a lo que siguió un tumulto de voces entre las que destacó la del profesor Ramón Bermejo, que dijo: “Aquí estamos en la casa de la inteligencia”. Millán Astray zanjó el barullo ordenando a Unamuno que acompañara a la mujer de Franco, Carmen Polo, a la salida. No hubo réplica ni solemnidad, tampoco armas encañonando al rector. La reunión se disolvió entre gritos y fanfarronadas.

Estos testimonios permiten a Delgado afirmar que ni Millán Astray gritó “¡muera la inteligencia!” ni Unamuno le interpeló con prosodia y dignidad: “Fue un acto brutalmente banal, donde se dieron cuatro voces y se despidieron a la salida, un tumulto habitual en discursos y charlas de los años treinta, donde la gente se exaltaba con facilidad. Se ha exagerado muchísimo el dramatismo de lo que sucedió allí”, cuenta. Una posible prueba de que Unamuno no lo vivió como algo trascendente fue que, al terminar, siguió su rutina diaria y apareció por el casino para tomar café después de comer, como siempre. “Allí, algunos contertulios le insultaron y abuchearon —relata el historiador—, produciéndose una situación muy tirante, hasta que su hijo Rafael, avisado telefónicamente por alguien, se presentó en el casino para proteger a su padre y llevarlo a casa. En esos momentos es cuando, probablemente, Unamuno se dio cuenta de que el incidente del paraninfo había tenido más repercusión de la que él pensaba”.

Todo empezó, según Delgado (que lleva años investigando la figura de Unamuno en Salamanca), en 1941, un lustro después del incidente. Luis Portillo era un joven profesor de Salamanca que participó en la guerra en el bando republicano y se exilió en Londres. Había coincidido con Unamuno en la universidad, pero ya no estaba allí el 12 de octubre. Tuvo noticias de lo sucedido a través de la prensa francesa y de la republicana, que refirieron todo de oídas, sin ningún testimonio presencial. Desde enero de 1937 se hablaba de un enfrentamiento épico entre el filósofo y el fascista, en textos tan entusiastas como poco fiables. Mientras, en la prensa franquista, todo era silencio.

En 1941, Portillo colaboraba con el servicio exterior de la BBC, junto a otro español, Arturo Barea, y en contacto con un gran conocedor de España y muy sensible a la causa de los exiliados republicanos, George Orwell. Fue este último quien puso a ambos en contacto con el prestigioso crítico Cyril Connelly, quien a su vez les encargó dos relatos para la revista literaria que dirigía, Horizons. Barea entregó un capítulo de las memorias que estaba escribiendo (que titularía La forja de un rebelde), y Portillo compuso una narración ficticia del acto del 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de Salamanca. Ambas fueron traducidas al inglés por Ilse Barea, la mujer de Arturo. El texto de Portillo se titulaba Unamuno’s Last Lecture. “El relato tiene una clara intención literaria, no historiográfica”, explica Delgado. “Portillo no intenta describir objetivamente el acto del paraninfo, al que no asistió, sino hacer una recreación literaria destinada a subrayar la brutalidad de Millán Astray, con Unamuno en el papel del valiente que se atreve a enfrentarse al infame militar”.

Allí están todos los elementos canónicos: el discurso de Millán Astray con su “¡muera la inteligencia!”, la dignidad soberbia del sabio y la escenografía fascista y asfixiante (un retrato en sepia de Franco presidiendo la sala y el público gritando “España, una, grande y libre”).

“Portillo acomodó la escenografía a la imagen difundida por el cine y la prensa ya concluida la Guerra Civil. En realidad, el paraninfo no estaba presidido por un retrato sepia de Franco, quien había sido elegido jefe del Estado unos días antes, ni se dieron los que en el franquismo se llamaban los gritos de rigor. Y el discurso que Portillo puso en boca de Millán Astray es de su propia invención (de Portillo) de arriba abajo”.

El de Unamuno también es una invención, pero al menos está sostenida por lo que Portillo conocía del personaje, a quien había tratado y leído. Eran cosas que había dicho de alguna u otra forma en otros sitios. Por ejemplo, la frase de “venceréis pero no convenceréis”, que Unamuno pronunció en otras ocasiones y que debió de ser más o menos así: “Tenéis que tener en cuenta que vencer no es convencer y conquistar no es convertir”.

Aquel relato se publicó en una revista literaria, con clara intención literaria, destinada a un público muy minoritario, por lo que apenas nadie se enteró. Sin embargo, en 1953, Cyril Connolly lo volvió a publicar en una antología de los mejores artículos de Horizon, que se tituló The Golden Horizon. Un ejemplar de ese volumen cayó en manos de un joven investigador que estaba escribiendo una monografía sobre la Guerra Civil llamado Hugh Thomas. Su obra se tituló The Spanish Civil War (1961), y en ella incluyó el relato de Portillo prácticamente sin retocar, con retrato en sepia y gritos franquistas incluidos, tomándolo por una crónica veraz.

El libro de Thomas tuvo un éxito enorme, y a él se debe la popularización de la historia de Portillo como narración oficial. “Ese relato ha tenido como consecuencia que todavía en nuestros días se siga considerando el discurso de Unamuno escrito por Luis Portillo como palabras textuales del rector de Salamanca”, lamenta Delgado, quien cree que “es imposible reconstruir la literalidad del discurso pronunciado por Miguel de Unamuno”, en el que, según los testigos citados, el rector criticó que las mujeres salmantinas acudieran a los fusilamientos, entre otras cosas. “La prensa local salmantina del día siguiente no hizo más que vagas referencias a su intervención, aunque reprodujo con amplitud las del resto de los oradores”.

Toda la investigación de Severiano Delgado se basa en documentos digitalizados de acceso gratuito en bibliotecas y archivos, “por lo que cualquiera puede comprobarlo desde su casa”

domingo, 29 de abril de 2018

Blancanieves según la justicia española

Antonio del Moral, magistrado del Tribunal Supremo, participó en la tarde noche del martes en el teatro Liceo de Salamanca en una jornada sobre delitos económicos y responsabilidad penal de las empresas, organizada por Tormes Motor, cuya intervención concluyó con una singular interpretación del cuento de Blancanieves para ejemplificar cómo el exceso legislativo puede hacer que la vida diaria y acciones cotidianas terminen en la Justicia.

Y es que, analizando el popular cuento infantil, el cazador al que la madrastra encargó matar a Blancanieves para que no fuera la más bella del reino fue objeto del delito de inducción al asesinato. Finalmente, como no tuvo valor para hacerlo, la dejó huir y mató a un ciervo para llevar a la madrastra su corazón. Delitos contra la flora y la fauna según el Código Penal español actual.

Blancanieves huyó hasta encontrar una cabaña del bosque, delito contra la ordenación del territorio, pues estaba construida en suelo no urbanizado.

Además, la mera alusión a sus dueños en el título del cuento, enanitos, es peyorativa e indica un menosprecio, “personas de verticalidad limitada”, apostilló el juez para corregir la denominación.

La protagonista del cuento entró en la casa. Por tanto, incurriendo en un delito de allanamiento de morada. Sus inquillinos regresaban a casa cantando, a buen seguro, una canción por la que no pagaban el correspondiente canon a la Sociedad General de Autores de España (SGAE). Al escuchar la historia de Blancanieves se apiadaron de ella y le permitieran quedarse, eso sí, a cambio de realizar las tareas del hogar, como planchar, lavar, coser, hacer la comida, sin remuneración alguna ni contrato ni alta en la Seguridad Social, por tanto, un delito contra los derechos de los trabajadores.

La madrastra descubre que Blancanieves seguía viva y hace que caiga en un sueño profundo tras comer una manzana, delito contra la salud pública por envenenamiento. Letargo del que la protagonista del cuento despierta porque recibe el beso de un príncipe, que, con la ley en la mano, es un delito de agresión sexual al propasarse con una mujer privada de sentido.

Por tanto, de acuerdo al Código Penal, todos los protagonistas del cuento de Blancanieves tendrían cuentas pendientes con la Justicia y a buen seguro hubieran terminado en la cárcel.

martes, 24 de abril de 2018

La muerte de un comunero

Estaba escribiendo sobre una serie de cosas que pasaron a fines del siglo XVIII en el convento de las Terreras, pero el artículo sobre los comuneros de Marcelino y la celebración del día del libro me han impulsado a variar de tema y transcribirles una magnífica poesía desconocida de un escritor ciudarrealeño de comienzos del siglo XIX que fue el mejor periodista manchego de ese siglo, Félix Mejía (1776-1853). Cuando la descubrí me conmovió y sentí que era la mejor que se había escrito sobre el tema. El autor militaba en una sociedad secreta prodemocrática del Trienio Liberal (1820-1823) que tenía el nombre de Confederación de Caballeros Comuneros. Dedicó a Juan de Padilla este poema en un número triple de El Zurriago (67-68 y 69), [octubre] 1822, pp. 7-10:

A LA MUERTE DE JUAN DE PADILLA.

Victrix causa diis placuit, sed victa Catoni, Lucano, Farsalia.

“La causa de los vencedores plugo a los dioses, pero la de los vencidos plugo a Catón”.

Cúbrese el cielo y rompe horrisonante
el rayo su prisión; el ronco trueno
en los cóncavos montes se repite
con tremendo zumbar, áspero silbo
lanza el ábrego airado
y se estremece el orbe consternado.

Ruge el abismo y de su seno arroja
la desgracia y la muerte, y no a su aspecto
hace temblar al justo, que, inmutable,
sigue de la virtud que venerara
el sagrado sendero:
más fuerte el justo es que el orbe entero.

Ciñera España con la regia insignia
de un extranjero la ambiciosa frente,
y él, cual maligna sierpe que devora
al mismo incauto do encontrara abrigo,
ingrato maltratara
la nación que hasta el solio le elevara.

El capricho fue ley; a sus mandatos
tembló la humanidad. De oro sediento
la Iberia saqueó que so la grave
mole del duro trono estremecida,
opresa, quebrantada,
maldijo tarde su elección errada.

Y calló envilecida y ni un suspiro
osó exhalar. ¿Qué fuera de su esfuerzo,
de su antiguo valor? ¿Del gran Pelayo
los belicosos hijos sus cervices
así inclinan al yugo
que imponerles a un déspota le plugo?

Uno sólo se alzó. Sólo Padilla
de libertad el grito penetrante
osara al aire dar. Lo oyó el tirano
y en su solio tembló. Pálido tinte
vierte el miedo en su frente
y mil espectros en su opaca mente.

Empero, luego los rabiosos ojos
gira en torno de sí y a sus legiones
llama a lid fratricida. ¡Y hay soldados
que sostienen al monstruo que, insolente,
hace una befa impía
de un pueblo sin el cual nada sería!

Le obedecen y marchan. Truena el bronce
mil muertes arrojando y, al impulso
del acero español, sangre española
los campos enrojece y… ¡Oh destino!
¡Oh, patria desgraciada,
en Villalar por fin encadenada!

Atroz sonrisa al contemplar su triunfo
baña la faz del déspota ominoso.
Arde ya en sed de sangre. “Muera” –dice–
“el que rebelde a mi mandar se opuso,
y España en su exterminio
a respetar aprenda mi dominio”.

Dice y, bajas las cejas y reunidas,
sus pupilas ocultan. Blanca espuma
vierten los negros labios, humo arroja
por la abierta nariz, convulso tiembla,
le sofoca la ira:
sólo venganza el corazón respira.

Parte el héroe al suplicio. Débil lloro
lanzan los viles que lidiar no osaron.
Los venales traidores que vendieran
a su patria infeliz el pecho sienten
de horrenda angustia lleno,
y él, que marcha a morir, marcha sereno.

“¿Y qué yo he de temblar? ¿Será la muerte
la que pueda espantarme e impetrando
un indigno perdón ante las plantas
de mi opresor caeré? ¿Y él sonrïendo
mirará su victoria,
y mi flaqueza realzará su gloria?

¡Ah! No, nunca será. Tiembla el malvado,
pero no el inocente. Sea Padilla
fuerte en morir cual en lidiar lo fuera,
no se diga temió. Y más no admire
el orbe confundido
a Carlos vencedor que a mí vencido.

¿Será que pueda un bárbaro decreto
cubrir de infamia la virtud honrosa?
Me apellidan traidor, mas dondequiera
que exista un solo pecho de la patria
en amor inflamado,
será mi nombre sin cesar loado.”

Con tan dulce esperanza envanecido
a la muerte camina. Su cabeza
con majestad se alza, y en sus ojos
brilla un fuego de gloria. Firme el paso,
la presencia imponente,
virtud y honor respira solamente.

Parece que va al triunfo. El aparato
ve de su muerte sin temor. Tan sólo
con una tierna lágrima un suspiro
lanzara por su esposa; luego, ufano,
“Adiós” –dice– “Castilla”,
y ofrece el cuello a la feroz cuchilla.

Hay textos muy divertidos y profundos del autor manchego que no se conocen todavía; algunos, como ya descubrí en un artículo más o menos reciente, se esconden en los dos años en que redactó íntegramente el suplemento de El Eco del Comercio al volver de su exilio en Estados Unidos, Guatemala, México y Cuba. Conseguí hacerme con una colección completa de este suplemento que merecería una edición facsímil. Al menos para la historia de las letras manchegas, si es que tal cosa interesa a alguien. Es nuestro mejor escritor del siglo XIX, autor de dramas, obras históricas (la Vida de Fernando VII y los Retratos políticos de la revolución de España) y una de las primeras novelas históricas conocidas en español, el Jicotencal, publicada en Filadelfia en 1826.

lunes, 23 de abril de 2018

Endogamia universitaria

El remeidio es muy sencillo, tan sencillo que nunca ustedes lo verán ni siquiera mencionado y mucho menos en una ley. Que sea extremadamente difícil de demostrar es una cosa y otra que un tribunal decida, antes de iniciarse el concurso, que la plaza la obtenga el candidato de turno, cosa que sospechamos que pasa habitualmente ¡Es un delito como la copa de un pino! Pero aunque sea casi imposible de demostrar, ves los resultados y tienes más que sospechas. La solución es cambiar drástica mente las normas para esos concursos y se puede hacer por supuesto, que los tribunales sean objetivos. El primer paso es volver a las convocatorias nacionales y dejar a un lado los chiringuitos regionales. El sorteo de 3 de los miembros y la inclusión de miembros, presidente y secretario, de universidades extranjeras de muy reconocido prestigio, es un ejemplo y hablaríamos de otra cosa.

La endogamia en la universidad, al descubierto con el máster de Cifuentes
HUGO GARRIDO El Mundo, 23  ABR. 2018 07:11

Cristina Cifuentes, el pasado 4 de abril, en el Pleno de la Asamblea de Madrid convocado para dar explicaciones sobre su máster BERNARDO DÍAZ

El análisis de más de 40 concursos demuestra cómo catedráticos de Derecho Constitucional controlan desde hace años concursos de acceso en la UNED, Granada, Valencia y la URJC

«No es el caso Cristina Cifuentes, es el caso Universidad. Lo de Cifuentes sobresale porque es demasiado grosero, demasiado escandaloso, hasta el extremo de falsificar actas y cambiar calificaciones». Así valora la polémica que rodea a la presidenta madrileña Andrés Betancor, catedrático desde 2003 de Derecho Administrativo en la Universidad Pompeu Fabra. En 2012, Betancor decidió denunciar de forma pública las irregularidades que a su juicio se produjeron cuando optó a una plaza de catedrático, tres años atrás, en la Universidad Carlos III de Madrid. Semanas antes de que se celebrara aquel concurso, el presidente del tribunal le animó a desistir porque ese puesto ya tenía nombre: estaba reservado para un profesor de la casa. Aun así se presentó, con el resultado que le habían anticipado: la plaza fue para el hombre que ya trabajaba en el departamento que la sacaba a concurso.El suyo no es un caso aislado. «La clave está en la composición de las comisiones, el tribunal que juzga el acceso», advierte Betancor, al tiempo que habla de «corrupción» para referirse al sistema de selección de funcionarios (profesores titulares y catedráticos) en las universidades públicas españolas.

ÁNGEL NAVARRETE

El análisis de El MUNDO de más de 40 procesos de selección revela cómo una serie de catedráticos, junto a otros de la universidad que convoca la plaza, ocupan la mayoría de los puestos en los tribunales de acceso a catedráticos del Área de Derecho Constitucional en las universidades de Valencia, Granada, Rey Juan Carlos (Madrid) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Una muestra clara de uno de los grandes males que se atribuyen a la universidad española: la endogamia.«Cada cual elige cómo defenderse y he decidido no hacer declaraciones a ningún medio». Al otro lado del teléfono, la catedrática de Derecho Constitucional en la Universidad de SalamancaÁngela Figueruelo se niega a explicar su vinculación con Enrique Álvarez Conde, suspendido hace unos días como director del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos, el centro en el que Cristina Cifuentes obtuvo un título de máster. La firma de Figueruelo es una de las cinco que habrían sido falsificadas en las actas de convalidación de tres asignaturas de Cifuentes, según publicó eldiario.es. La catedrática sí afirma a EL MUNDO haber «emprendido las acciones legales oportunas», sin dar más detalles.

Por qué triunfan las universidades que no contratan a sus alumnos

Tribunales a medida

Después de más de dos décadas como profesora titular, en 2010, Ángela Figueruelo decidió postularse para la cátedra de Derecho Constitucional que convocó la universidad salmantina. Ganó el concurso. Entre los cinco miembros del comité de acceso, presidido por Enrique Álvarez Conde, se encontraban los catedráticos de la Universidad de Granada Gregorio Cámara (diputado en el Congreso por el PSOE desde 2015) y Francisco Balaguer Callejón, y la de la UNED Yolanda Gómez Sánchez. Meses antes, la Universidad Miguel Hernández, en Elche (Alicante), anunciaba una plaza de profesora titular, que obtuvoRosario Tur Ausina, compañera sentimental de Álvarez Conde, miembro de aquel tribunal, como lo fue del que en 2017 la seleccionó para un puesto de catedrática en el mismo centro. El nombre de Ángela Figueruelo aparece en los dos procesos.

De izquierda a derecha: Ángela Figueruelo, Rosario Tur y Enrique Álvarez junto a Alicia López de los Mozos, Alfredo Allué y Lauro Nuño. Integraban el tribunal que hace unos meses concedió la plaza de profesora titular en la URJC a López de los Mozos

Gabriel Doménech, profesor titular de Derecho administrativo en la Universidad de Valencia, se muestra muy crítico con el sistema de selección de profesorado: «Funciona en dos fases. La primera, de filtro, en la que una agencia nacional (la ANECA) acredita que los profesores cumplen unos requisitos mínimos. A partir de ahí, mandan los departamentos de las universidades, y en la mayoría de los casos acaba ganando el candidato de la casa porque es el que elige al tribunal. La publicación en el BOE es mera formalidad».Sobre el papel, cada centro anuncia las convocatorias en el BOE, donde se incluyen las bases y el nombre de los profesores que formarán las comisiones de acceso: 5 miembros titulares y 5 suplentes que evalúan y seleccionan al candidato que luego nombrará el rector. Constituido el tribunal, este es el que fija los criterios de evaluación en un concurso basado en el mérito y capacidad de los participantes. Eso sobre el papel. La realidad parece otra.El departamento de González-Trevijano y Álvarez CondePedro González-Trevijano -rector de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) entre 2002 y 2013, hasta que fue nombrado magistrado del Tribunal Constitucionala propuesta del Gobierno de Rajoy- y Enrique Álvarez Conde fueron los primeros catedráticos del Área de Derecho Constitucional de la URJC. Hoy, les acompañan otros tres hombres, que ya formaban parte del departamento cuando se convocaron los concursos por los que consiguieron la cátedra. En los tres procedimientos, González-Trevijano presidió la comisión de acceso y Álvarez Conde fue secretario o vocal titular. Coincidieron con Yolanda Gómez Sánchez (UNED), que formó parte de la lista de miembros titulares o suplentes de los tres tribunales. EL MUNDO ha intentado contactar con Álvarez Conde, sin respuesta hasta el momento.

Los catedráticos de la URJC

Enrique Arnaldo Alcubilla

Vocal del CGPJ entre 1996 y 2001, ocupó la presidencia del Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) hasta primeros de año. Fue nombrado durante el mandato que Miguel Cardenal -catedrático en la Rey Juan Carlos- estuvo al frente del Consejo Superior de Deportes (CSD). Aparece en las escuchas a Ignacio González en la Operación Lezo, con el que comenta supuestas maniobras dentro de la Fiscalía General, tal y como publicó La Sexta

José Manuel Vera Santos

González-Trevijano, Álvarez Conde, Yolanda Gómez y Remedio Sánchez Férriz (Universidad de Valencia) ocuparon 4 de los 5 puestos de su comisión de acceso.

David Ortega Pérez

Portavoz de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid en la legislatura 2011-2015, accedió a la cátedra en el año 2012. Entre los cinco titulares del tribunal estaban González-Trevijano, Álvarez-Conde, Vera Santos y Yolanda Gómez

Las conexión con la UNEDEl de Yolanda Gómez Sánchez es otro caso paradigmático. Antes de adquirir la condición de catedrática en la UNEDlo hizo en la Universidad de Valencia (UV), en 2002. Dos concursos en centros diferentes en los que repiten tres de los cinco integrantes de la comisión titular: Remedio Sánchez Férriz, de la UV; Teresa Freixes, de la Universidad Autónoma de Barcelona, y el ya mencionado Gregorio Cámara, de la Universidad de Granada. Una cuarta persona aparece en las dos convocatorias, en una de ellas como suplente: María Luisa Balaguer Callejón, magistrada del Constitucional desde 2017 a propuesta del PSOE y hermana del ya citado Francisco Balaguer Callejón, compañero de departamento de Gregorio Cámara en Granada. Puestos en contacto con Yolanda Álvarez, la profesora no ha respondido a EL MUNDO.

Otra convocatoria de la UNED, en 2016, volvió a reunir caras conocidas. Carlos Vidal Prado, profesor titular en el mismo departamento que Yolanda Gómez, fue nombrado catedrático en un concurso en el que fue el único aspirante y cuya comisión titular la integraban la propia Gómez, Teresa Freixes o Pedro González-Trevijano. Entre los suplentes, Enrique Álvarez Conde, María Luisa Balaguer y Ángela Figueruelo.

Carlos Vidal y Figueruelo volverían a encontrarse un año más tarde, tras ser designados a propuesta de PP y PSOE, respectivamente, como dos de los cinco vocales de la Junta Electoral Central (JEC) nombrados por el Congreso de los Diputados. El candidato de Ciudadanos fue Andrés Betancor. El puesto se retribuye con algo más de 3.300 euros trimestrales a los que se suman 150,25 euros en concepto de dietas por cada sesión, según ha confirmado a El Mundo la JEC.
La familia Freixes en la Autónoma de Barcelona
La catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona Teresa Freixes comparte departamentocon su hija, Nuria Saura Freixes, que trabaja como profesora asociada a tiempo parcial, según consta en la página web.

Además de participar en los dos tribunales de acceso a la cátedra de Yolanda Gómez Sánchez, la vinculación del apellido Freixes con Gómez Sánchez salta entre generaciones: la catedrática de la UNED fue la directora de tesis de Nuria Saura.

Un indicador para medir la endogamia en la universidad es el de profesores que trabajan en la misma institución en la que obtuvieron el doctorado, título necesario para ascender en la carrera académica como docente. El Ministerio de Educación situaba el dato en el 69,8 % para el curso 2014-15, último con información disponible.

Todo queda en casa

En la Universidad de Granada, Francisco Balaguer Callejón supervisó muy de cerca la carrera de sus dos compañeros de departamento Antonio Montilla y José María Porras. Dirigió sus tesis doctorales, presidió los tribunales que les otorgaron las plazas de profesores titulares y estuvo presente en las comisiones de acceso que les dieron las cátedras. En las convocatorias de Montilla, primero para catedrático en Extremadura y tres años más tarde en Granada, el 60 % de los integrantes de las comisiones fueron los mismos. Puestos en contacto con Francisco Balaguer y Antonio Montilla, los profesores no han contestado a EL MUNDO.

El caso de la plaza desierta en Extremadura

Extremadura. Año 2004

La universidad extremeña convoca una plaza que, sorpresivamente, no termina en manos de un profesor local. José Antonio Montilla Martos, profesor titular de Derecho Constitucional en Granada, consigue la cátedra.

Granada. Mayo de 2007

La universidad andaluza publica un puesto para catedrático en el departamento que Montilla Martos abandonó tres años antes. ¿El resultado? José Antonio Montilla vuelve a casa.

Extremadura. Noviembre de 2007

La universidad tiene que cubrir la vacante que deja Montilla. En la comisión de acceso no hay un solo profesor del centro extremeño. Entre los miembros titulares aparecen el propio José Antonio Montilla y sus compañeros en Granada, Gregorio Cámara y Francisco Balaguer, además de Teresa Freixes.

Al mismo tiempo, José María Porras, que ha hecho toda su carrera académico en paralelo a Montilla, sigue sin plaza de catedrático. A finales de abril de 2008, la Universidad de Extremadura anuncia que la plaza queda desierta "no habiendo concurrido ningún candidato".

Granada. Marzo de 2008

Un mes antes de que se conociera el desenlace de la convocatoria extremeña, Granada aprueba otro concurso para catedrático. ¿Quién ganó? José María Porras. La composición de la comisión de acceso titular es idéntica a la de Extremadura. Entre los cinco suplentes repiten los profesores del País Vasco Miguel Ángel García Herrera y Alberto López Basaguren, además de María Luisa Balaguer, de Málaga.

La dinámica se repite en el Departamento de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia (UV), donde es catedrática Remedio Sánchez Férriz. Allí trabajó Enrique Álvarez Conde antes de ir a la Rey Juan Carlos.Tribunales de las características ya descritas han otorgado en los últimos años la cátedra en Derecho Constitucional a al menos cinco profesores titulares del departamento.El pasado verano, la UV sacó tres puestos al mismo tiempo. Los tres terminaron en manos de profesores titulares del departamento. Son los casos de Carlos Flores y Lorenzo Cotino -miembros del Consejo de Transparencia de la Comunidad Valenciana, a propuesta de PP y Ciudadanos, respectivamente- o de Vicente Garrido Mayol, que tuteló la tesis doctoral del expresidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps.

miércoles, 18 de abril de 2018

Los clientes más odiosos para los camareros

LOS CLIENTES QUE MÁS ODIAN LOS CAMAREROS
Pelmazos. Déspotas. Babosos. Enfermos con el culo al aire. Varios camareros hablan de los peores clientes que han tenido que soportar, y sus anécdotas son oro puro.

A estos señores en algún momento les van a tocar las comandas. 

MIGUEL ÁNGEL PALOMO  18/04/2018 - 08:03 CEST

“Jefe, ¿y mi cafelito?”. “¡Oye, pollo, la cuenta!” Cuando hay que insultar a España, se nos reduce a un país de camareros, pero uno de los gremios más desprestigiados aguanta estoico el peso de la rutina diaria. El primer carajillo del día, la comunión de la niña, el desfase nocturno, la comida de empresa, la despedida de soltero. El horror. Detrás de cada representación de esparcimiento hay un camarero sudando la gota gorda. Y frente a él, un cliente: el plasta, el borrachuzo, el intenso, el agonías, el gritón, el indeciso, el impaciente, el grosero y hasta el ladrón.

Si no reparamos en nuestra actitud como clientes, tampoco en la santa paciencia que estos currelas acumulan, en las toneladas de bilis que tragan o en el equilibrismo circense que demuestran al desfilar con una bandeja a pulso llena de peligros. Lidian con jornadas interminables, les obligan a veces a cobrar en negro y, de premio, han de memorizar comandas imposibles y sufrir la liberación ociosa del cuñadismo. Nos olvidamos de que trabajar en un chiringuito de playa equivale a muchos másteres de Cifuentes y derretirse con la pajarita anudada convalida una tesis doctoral en antropología cañí, donde la firma en el aire para pedir la cuenta es la marca del zorro del biotipo español.

Caballeros adormilados y argentinas que se embadurnan la cara con jamón. Chalados con el culo al aire y tuppers de pil-pil en la disco. Hasta fiestas salvajes de swingers, aunque esa sea una historia bajo secreto de sumario. Nos quejamos mucho de los camareros; que si no son profesionales, que si son bordes. Pero ¿cómo somos los que permanecemos al otro lado de la barra? Ellos nos retratan con su testimonio: necesitan desahogarse, porque el cliente no siempre tiene la razón.

El cliente plasta/impaciente/insufrible vs listillo

“Con los clientes pesados desarrollas un filtro que te permite apagar la frecuencia en la que emiten para centrarte en tu trabajo mientras contestas amable y mecánicamente con monosílabos”, se arranca Carmelo, un joven aunque ya experto camarero de un bar de tapeo del madrileño barrio de Conde Duque.

La tralla de 30 años como camarero, 24 de ellos dentro de uno de los locales imprescindibles en la noche bilbaína, explica el expediente de alguien como Íñigo que lo ha visto casi todo y que se las sabe todas. Sin el casi. “No soporto al impaciente. Es muy típico el que te dice que lleva media hora y acaba de llegar”, dispara Íñigo, que reconoce detectar a este tipo de listillo “a kilómetros”. El responsable del bar admite que “normalmente los camareros sabemos quién va a intentar irse sin pagar. Lo lleva escrito. Por su lenguaje corporal está diciendo te la voy a liar. Los fines de semana fuerzas para que te paguen al instante porque hay un tipo de cliente que parece estar mirando a la luna”. A Íñigo también le irrita el cagaprisas: “Podría entender más impaciencia en un sitio de menú del día, pero si vas a pasar la noche en el bar… ¿Qué prisa tienes?”; y los pesados: “Los que creen que en el precio está incluido el camarero psicólogo, los que te dan la chapa y tú te tienes que aguantar”. El plasta de diván, un clásico.

Una versión alternativa del cliente fatigoso es con la que suele lidiar Óscar, desde los 16 años trabajando en el restaurante familiar, en una localidad playera del norte del país, y hoy ya propietario. Por su cercanía con un hospital, al restaurante “vienen muchos médicos que son un poco altivos. Siempre tienen prisa y quieren que les atiendas rápido”, nos pone en antecedentes. “Y luego se tiran cuatro horas hablando en la mesa y quieren que les saques chupitos”, sentencia Óscar algo amargado.


"No soy fan de oír lo que la gente tiene que decir". EZGIF.COM
El cliente tostado

“Un día abro el bar a las diez de la mañana y se me cuela un tío todo pedo”, da comienzo a su vibrante relato una camarera de un bar de Alonso Martínez, en Madrid. “Como soy tan buena, le serví lo que me pidió, creo que un whisky, y se puso a darme la chapa. El pavo era un faltoso. Empezó a decir bobadas”, recuerda. “Me dijo: ‘¿No crees que el papel de las camareras es el de dar coba al cliente?’ Yo le dije que no pero él soltó: ‘pues haberte dedicado a otra cosa’. Ahí ya fue cuando le dije que se pirara”.

No quedó ahí la cosa: “Lejos de hacerlo se acomodó en una mesa. Entonces amenacé con llamar a la policía, pero al tío le daba igual. Al final me vio bastante cabreada y se piró”. Un valiente, “un tonto”, en su retrato robot de este cliente que no pasaría de los treinta y pico. “El tío ya me estaba tocando la vaina como mujer”, continúa, “además de como persona. Estábamos solos en el bar y se me subió a la chepa.”

Es su peor vez, aunque no la primera: “Nada más abrir la gente ya quiere entrar en el bar. Me preguntan: ‘Oye, ¿ponéis música y servís?’ No sirvo alcohol hasta una hora para que no se metan los del after”, puntualiza. Otro trance de dudoso gusto fue con “un cliente que ya había venido el día anterior. Me había quedado con su cara, era como raruno. Estaba sin dormir o algo así, y me pidió vino. Se sentó y el tío se quedaba sopa. ¡Por la mañana!”, grita la pobre sin dar crédito. “Yo le decía: ‘Perdona, es que te estás quedando dormido’. Da una imagen bastante chunga. Y él: ‘Sí, lo siento’. Fui como tres veces a decírselo. La última me dijo: ‘Ay, es que se está tan a gusto aquí, con la musiquita… Si ves que me duermo, vienes y me lo dices’. Otro le hubiera echado, pero yo aguanté el chaparrón. Tampoco me estaba faltando al respeto”, acaba reconociendo.

Menos desagradable fue para Carmelo la siguiente situación kafkiana: “Tuve que convencer a un cliente, que llevaba una merluza importante, de que ya me había pagado y que no hacía falta que me diese otros 500 euros. Casi una hora enseñándole el recibo de la tarjeta con su propia firma y que él no reconocía. Cada mes te pasan de media dos bizarradas parecidas”.


El gorila que lo quiere todo 
El cliente provecto

También el restaurante de Óscar se nutre de “gente mayor que se ha pasado el día con su familiar en el hospital y te quieren contar su vida”. Retrata así a esa tercera edad que “por el mero hecho de ser mayor piensa que tiene derecho a todo”. Pone un ejemplo ilustrativo: “Un señor que ya conozco y con el que tengo mucha paciencia estaba comiendo en una mesa y me llama:

– Oye, tú, ¡capullo! Este rabo estofado es el más rico que me he comido en mi vida. ¿Me puedes poner lo que sobra para llevar?

– Claro, pero ¿por eso me tiene que llamar capullo? ¿Era necesario?” El perfil mezcla edad vetusta y espíritu impertinente, véase a continuación.

El cliente faltón

Al actual responsable de la restauración de un grupo hotelero en Granada, con otros 4 años más de experiencia en un hotel de lujo en Ibiza, casi tuvimos que taparle la boca. “Los peores son los maleducados”, arremete José sin esperar a los preliminares. Una última “movida” en la que unas chicas reservaron un cumpleaños en el restaurante y le “montaron un pollo que no veas”, le sirve para defender que “el cliente muchas veces no lleva la razón”.

A tumba abierta, rememora alguna jugarreta sonada. “En Ibiza tuvimos un grupo de 300 judíos franceses celebrando la Semana Santa judía y fue la peor experiencia de mi vida laboral”, nos cuenta. “Las personas más maleducadas, exigentes y sinvergüenzas que te puedes echar a la cara. Te dan ganas de pelearte con el cliente: usted me revienta, yo le reviento… Alucinante”. Glups. José sigue con aquel infierno: “Tiraban los cubiertos al suelo para que los recogiéramos, como si fuéramos sus esclavos. Lo camareros hicimos un motín en mitad del restaurante para no servirles nada más hasta que la organización nos pidió perdón”.

“Aquí gozamos de un 95% de clientela de calidad”, nos cuenta al otro lado de la barra un camarero venezolano. Nótese que gradúa al público como lo haría con sus pócimas alcohólicas en un bar que prepara sus propios macerados. “No tenemos gente pesada, tenemos muy buenos clientes”, continúa con la sana publicidad. Habrá que quedarse entonces con el 5% restante. ¿Qué es lo que más odias de un cliente?, ataco. “Más que la indecisión, es la forma de hablar”, nos dice. Venden un tipo de alcohol distinto y al explicar de qué se trata “ese 5% suele ser un poco arrogante”. ¿En plan yo sé más que tú?, pregunto. “¡Sí!”, responde conciso. Bingo, nos suena de algo esa gente.

“Tengo un restaurante de menú y doy con gente que se las da de millonario”, nos cuenta Óscar. “El típico que te da palmaditas o que te chista, gente muy maleducada que luego resulta ser la más miserable. Gente que te pide que le hagas descuento por cualquier razón. Y si no, se lleva las naranjas, las manzanas o las botellas de agua”. A José le silban no por piropearle sino para pedirle la cuenta. “Yo me acerco educadamente”, recrea el camarero andaluz, “y le digo: disculpe caballero, no veo ningún perro por aquí”.

El cliente guiri

Además de explicarnos la extraña manera de pedir la cuenta que tienen los japoneses, “haciendo una cruz con los dedos”, al tirar de anecdotario profesional Carmelo se acuerda de una clienta argentina “a la que le habían dicho que la grasa del jamón era buena para la piel, por lo que se frotó una ración de jamón ibérico por los brazos y la cara ante la atónita mirada del personal del bar”. Un testimonio espeluznante que merecería sin duda engrosar asimismo la categoría de cliente rarito.

Sin embargo, si para la joven camarera de Alonso Martínez, la “gente borde, desagradable y maleducada es el pan de cada día”, coincide con el camarero venezolano en su análisis del cliente español, al que según él le falta “un poquito a la hora de pedir por favor, dar las gracias, entrar y decir buenos días, buenas tardes”.

 El cliente rencoroso y cibernauta

Nuestro Óscar no evita tocar un tema espinoso: TripAdvisor. “Un señor me había reservado una mesa en pleno verano, un sábado a las tres. Eran las tres menos cinco y el señor muy nervioso. A las tres y tres minutos tenía la mesa lista, pero con sus santos cojones me puso en TripAdvisor un pésimo como una catedral. Tiempo después, el hombre volvió. Me dijo que lo sentía, que se había equivocado. Pero con sus santos cojones no rectificó en TripAdvisor”, concluye demostrando que lo tiene superado. “Otro vino con una familia de ocho personas sin reserva en pleno verano”, prosigue un Óscar lanzado. “Les hice esperar un poco, obviamente, pero les puse una mesa y quedaron todos encantados. Menos este tocahuevos que me plantó una nota negativa en Tripadvisor diciendo que no iba a volver. La familia sigue viniendo y él también. Sé que es él, pero no le he dicho nada”, revela resignado.

“Tienes que tragar ahora con demasiadas cosas para no recibir una mala crítica”, admite. “Te dicen que has tardado más de la cuenta, que no les gusta como está decorado el local, que el papel del baño les raspa el culo. Me parece injustísimo”, se queja Óscar antes de brindarnos el extra de un bonito simpa: “Un matrimonio se levantó, dijeron que se iban a fumar un cigarro y se piraron”.

El cliente rarito

“Das con cada loco que alucinas”, conviene el mismo Óscar. “Me ha llegado a salir un tipo del hospital con la bata y el culo al aire a tomarse chupitos porque le iban a dar una mala noticia y venir luego a buscarle los enfermeros”.

El pozo inagotable de batallitas que es José comparte su recuerdo más álgido. “Lo más gracioso que me ha pasado fue en Ibiza cuando tuvimos a un grupo de 400 swingers”, recuerda divertido. Ante mi estupor por la impresionante cifra y mi consiguiente avidez de detalles, José sólo nos contó que “un hombre se acercó a la barra a pedir un cóctel fuerte porque su mujer se estaba cepillando a otro enfrente de él”. Mal de Amores, se llamaba el cóctel. Un contrato de confidencialidad le impide hacer más sangre de aquello.

El cliente comidista

Un bar como el de Íñigo ha visto pasar varias generaciones de clientes fieles, por lo que su anecdotario tiene mucho de inconfesable. Para compensar nos regala un par de chascarrillos que rebosan espíritu 100% Comidista. “Las cosas gastronómicas más raras que nos hemos encontrado en el bar…”, anticipa. “¡A una señora se le cayó un tupper con bacalao al pil-pil a las cinco de la mañana!”, clama todavía pasmado. Cosas de Bilbao. “Hace un par de semanas a una señora”, otra distinta, suponemos, “se le cayó una botella de aceite de oliva. Imagina la que lías en un bar, ¡cómo patina!” La gente viene a tu bar con cosas muy raras, hacemos ver a Íñigo. “Sí, ese es el rollo”, y se parte la caja. “Y un tío, del que nunca supimos nada”, insiste a modo de colofón, “se dejó una paella de metro y medio de diámetro. Nunca volvió. Vendría de un txoko, iría muy pedo, no sé… ¿Por qué vas con una paella de metro y medio? En aquella época no debíamos tener portero”, apunta intentando hacer memoria. Está claro: la noche es infinita. Y más en Bilbao.

E·l buen maestro

Olivier Ayache-Vidal: "No por ser más serio eres más inteligente"
ENTREVISTA
JAVIER ESTRADA

14 ABR. 2018 16:58

El director parisino debuta como realizador de largometrajes con un drama con toques de comedia que reivindica la educación pública a través de la figura de un profesor que lucha contra las injusticias

Crítica de la película: 'Educación pública o nada', por Luis Martínez

Un profesor inflexible con sus alumnos, un instituto de los suburbios de París repleto de alumnos rebeldes y todo un curso por delante. El cóctel que presenta El buen maestro, el debut como realizador de Olivier Ayache-Vidal (París, 1965), no puede ser más propicio para un drama. Pero, en manos de Ayache-Vidal, la cinta contiene momentos cómicos gracias a situaciones, la mayoría de ellas inspiradas en hechos reales, que surgen a partir de la convivencia entre François Foucault (Denis Podalydès, De Nicolas a Sarkozy, Monsieur Chocolat) y sus jóvenes alumnos, así como con el resto de profesores que sufren en sus carnes los problemas de todo educador hoy en día.

¿Fue complicado encontrar el colegio en el que rodar y los alumnos idóneos para aparecer en pantalla?

La verdad es que, cuando me puse a pensar dónde grabaría la película, tuve muchas dudas. Pero enseguida cambié mis ideas sobre lo que es hoy una escuela llena de jóvenes. Por ejemplo, que en ellas no siempre se dan las mejores condiciones para educar. Todo vino poco a poco y, por suerte, profesores y alumnos acogieron la idea con entusiasmo. En el caso de los maestros, les ilusionaba que alguien viniera de fuera a contar la verdad.

¿Puede que esos profesores vieran en ti, como director, una persona que comparte ideales con ellos?

Puede que sí (risas). Como dices, nuestras profesiones tienen bastantes puntos en común. Y hasta el protagonista de esta película se parece mucho a mí. No en la parte intelectual, pero sí en cómo se comporta con sus nuevos alumnos y en sus ganas de descubrir cosas.

¿Y cómo te has visto al lado de tanto joven sin experiencia previa ante las cámaras?

Eso ha sido muy curioso. No quise contar con actores profesionales, sino que decidí que aparecieran los mismos chicos que estudian en el colegio donde se ha rodado todo. Ahí me di cuenta de lo difícil que es ser profesor. Cuando iba a un chaval y le decía "tienes que hacer esto, colocarte ahí, etc...", muchas veces me encontraba con caras de enfado. Fue paradójico verme como un profesor intentando generar interés en adolescentes que, en apariencia no lo tenían. Y llegué a la conclusión de que no vale de nada hablarles mal y enfadarse. Es mejor dialogar y ser "un buen profesor". Pero entiendo que éstos pierdan los nervios. Al fin y al cabo, tratan con niños que están en camino de convertirse en adultos.

¿Y cómo recibió Denis Podalydès, con una amplia experiencia actoral, la idea de trabajar con tantos jóvenes?

¡Muy bien! Estaba muy animado y se alegró cuando se lo propuse. Él me dijo que, cuando era joven, soñaba con ser profesor. Al fin y al cabo, su madre lo fue. Así que, de alguna manera, ha cumplido su objetivo con esta película. Encima, ¡con estudiantes de verdad! Él se ajustó al guion cuando fue necesario, pero también improvisó mucho para que todo resultara más real. Es decir, se convirtió en profesor.

No es la primera cinta que viene de Francia y retrata a un profesor que debe aprender a tratar con sus alumnos. ¿Que crees que hace tu filme diferente a otros?

El sentido del humor. Para mí, la vida es una comedia. Ya tenemos suficientes problemas graves y afrontamos situaciones duras en nuestras existencias como para ponernos serios. Ojalá nos divirtiéramos todos en nuestros trabajos tanto como cuando estudiábamos en el instituto. Cuando me puse a escribir esta película vi que, pese a que retrata un asunto serio, se muestra multitud de emociones por parte de los personajes que aparecen en la historia. Así que, para conmover, debes reflejar la realidad. Y hacerlo con humor y de una manera divertida. Siempre he pensado que no por ser más serio eres más inteligente. Ni más profundo.

Por cierto, ¿cómo se han visto esos alumnos cuando les mostraste la cinta ya terminada?

Fue un momento muy bonito y mágico. Me sentía como si fuera su profesor. Me cuesta decirlo, pero he de admitir que ha sido una experiencia única en mi carrera. Y, a ellos, participar en este filme les ha hecho madurar. Todavía hoy coincidimos en festivales y charlas a las que acudimos para presentar el largometraje. Para esos chicos, viajar y hablar en público significa mucho. La mayoría nunca antes habían salido por ahí. Ni siquiera de su barrio...

¿Cree que el público adulto agradecerá ver lo que ocurre, aunque sea en la ficción, en el interior de una escuela?

Puede que sí. No todo el mundo puede ver lo que pasa hoy en día en clase. Pero, más que eso, a mí me ha sorprendido la reacción que tienen espectadores de la misma edad que los alumnos que aparecen en esta historia. Mi propio hijo, por poner un ejemplo. Y yo que pensaba que era una historia que sólo iba a resultar interesante a los adultos... (risas).

¿Ha podido conocer la opinión de algún profesor que la haya visto?

Sí. Y, por suerte para mí, les ha encantado. Me han señalado que les agrada que haya incluido a buenos profesores tanto como a otros que no lo son tanto. Casi como ocurre en la vida real. Esa opinión me deja mucho más tranquilo. Pensaba que, tras rodarla, muchos estarían cabreados conmigo... 

El buen maestro
Género: Comedia

Cada vez que Francia nos envía una película sobre la educación necesariamente laica y pública (ni privada ni concertada) se nos saltan las lágrimas. No es tanto envidia, que también, como estupor. ¿Por qué les preocupa tanto algo que nosotros o ignoramos o simplemente despreciamos? Desde Cero en conducta a La clase pasando por Adiós muchachos, la tradición les asiste. La tradición, el gusto y la capacidad para abrir un espacio de libertad en el territorio siempre inexplorado de la infancia o primera juventud. El buen maestro, de Olivier Ayache-Vidal, es otra cosa. Mucho más obvia, por predecible, la cinta se limita a reproducir, con sencillez y buen tono, el patrón anglosajón del maestro que, de repente, descubre que las reglas, las de siempre, no sirven. Piensen en Rebelión en las aulas. Y sin embargo, cuesta ponerse en contra. Todo es evidente, sí; pero oportuno. Y aquí, de nuevo, la envidia.

Un profesor de Literatura encarnado por el siempre convincente Denis Podalydès es trasladado de un instituto de élite en el centro de París a lo más profundo de la banlieue de extrarradio. De nuevo, como en la recientemente estrenada Una razón brillante, se trata de enfrentar a las dos "francias", a la privilegiada y a la condenada. Lo que sigue no está pensado para sorprender. Y pese a ello, qué placer. La consciencia de una educación pública, republicana, universal y no segregadora se impone con la claridad del que se sabe poseedor de una verdad cada vez más interesadamente discutida y, por ello, más necesaria y reivindicable.

Cuando los políticos no son creíbles, cualquier populista puede serlo

La periodista de la Cadena Ser Pepa Bueno ha recurrido a una afirmación del presidente de Francia, Emmanuel Macron, para lanzar una contundente advertencia al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tras la renuncia de la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, a su máster fantasma en la Universidad Rey Juan Carlos.

"Dice Macron que las democracias europeas deben escuchar la cólera del pueblo para evitar que caigan en brazos de los populismos autoritarios", ha comenzado su reflexión Bueno, antes de avisar a Rajoy de que "ese aviso de la cólera debería obligar a reflexionar a Mariano Rajoy".

"La presidenta de la Comunidad de Madrid sigue huyendo de su máster y no ha encontrado ya mejor manera de hacerlo que renunciar a un título que tiene bajo sospecha", ha continuado la periodista, quien ha matizado que "no se sabe muy bien a qué renuncia Cifuentes".

En este punto, Bueno ha recalcado "el hartazgo, la cólera que provoca una manera de actuar tan repetida en el PP: primero negar la evidencia, después de esparcir basura alrededor, y por último, quizás al borde de perder el poder, entonces ya sí dejarla caer".

Según Bueno, con este modo de proceder, los populares "se llevan por delante lo que sea menester, la dignidad y el respeto a instituciones como la Presidencia regional o la universidad pública y la propia credibilidad de los políticos".

Sentencia Bueno: "Cuando los políticos no son creíbles, cualquier populista puede serlo".

jueves, 5 de abril de 2018

El método Froilán

El Quijote es obra pesimista. "Cada uno es como Dios lo hizo, y aun peor muchas veces", dijo el gobernador de gobernadores Sancho Panza. Hogaño vemos incluso cómo una política al parecer impodructa y nada fangosa, doña Cristina Cifuentes, recurre al método pedagógico Froilán, infalible para que niñatos bitongos y descerebrados alcancen rango académico, a fin de pasar un grado que nombran máster. Pero hay quien dice, y yo lo creo, que doña Cristina no es rubia tonta, ni una Pajín, aunque se haga pasar por tal en un partido tan entero y aun entérico como el suyo, así que el hecho resulta tanto y más inexplicable. A lo mejor es que padece un trastorno por déficit de atención, un comienzo de alzhéimer, y se le olvida presentarse a los exámenes o presentar trabajos. Pero quia, no hay tal: no se le olvidó presentarse en las listas o cobrar la suculenta nómina. Ni siquiera olvida las palabras o la lógica como su jefe, que es el modelo de desmemoria de su partido, aunque por lo menos empieza ya a asimilar el narcinismo de la missing Esperanza Aguirre, que era de aguírrete y no te menees. Todos los poderosos terminan pareciéndose entre sí, como si los hubiera parido el mismo gilipollas ancestral.

Tal vez se trate en el fondo de El Método Grönholm de Jordi Galceran (2003), donde se demuestra que la competencia por los puestos cría no precisamente a gente eficaz para resolver los problemas, sino a psicópatas maestros en el arte de aislarse de un sufrimiento que necesitan para perpetuarse en el poder.

Quizá el extraño trastorno de la señorita Cristina Cifuentes se curara con una dimisión. Pero este procedimiento sanador es propio de épocas oscuras y de moralidad primitiva y bárbara. Además de muy embarazoso: en tiempos más democráticos, incluso se recurría a motoristas para producirlo o a jubilaciones emeritadoras. Pero como una reina de la colmena debe estar rodeada de pieles y mieles y no de hieles, de obreros obedientes y de soldados cumplidores, no se le puede imponer algo que no se impone siquiera don Marrano Rayado. Lo suyo es poner huevos para que los fecunden los zánganos de su monárquica colmena, donde ya solo cabe esperar que le den, ahora que ha demostrado sin género de dudas que también es corrupta,  fuera de la cera necesaria para los cirios que proclaman su santidad, una patada hacia arriba por el estilo de la que dieron a la aromática, o según algunos, pestífera Rosa Romero, repelenta niña Vicenta.

Pero tardaremos en ver algo así, ya que aquí nunca pasa nada para que todo siga igual... o peor, como dice ese antepasado del señor Murphy, Sancho Panza.

martes, 3 de abril de 2018

50 años de los Novísimos

Antonio Lucas, en El Mundo, 1 de abril de 2018: "50 años de los novísimos: la última tormenta de la poesía española":

Una nueva estética sacudió el final de los 60. Gimferrer, Félix de Azúa, Carnero, Vázquez Montalbán, Panero, Martínez Sarrión... rompieron amarras y tripularon la modernidad en tiempo de miseria

Cuando Mayo del 68 en París, algunos de los poetas españoles que forzarían un cambio de agujas en la literatura del final de la dictadura no habían publicado aún su primer libro. Estaban haciéndose a su manera y mirando a los predecesores con recelo aniquilador. Varios de aquellos pimpollos dieron cuerpo algo después, en 1970, a la antología firmada por el crítico Josep Maria Castellet, Nueve novísimos poetas españoles (Seix Barral). No fue el único trabajo de la época que intentó acuñar un relevo de juventud en la poesía. (Antes lo apuntaron José-Miguel Ullán en la revista malagueña Caracola; la selección de nuevos poetas en la revista leonesa Claraboya; o las ediciones de Enrique Martín Pardo y de Francisco J. Carrillo en la colección El Bardo). Pero la de Castellet levantó más ruido, más estímulo y más animadversión. Fue el trabajo que determinó que algo mudaba de nuevo en la poesía. Y no sólo anunciaba un cambio modal, sino de espíritu. Los Nueve novísimos (y Castellet como zahorí) apostaban por fundar una nueva astronomía con la potencia del que busca inaugurar su sitio. En sólo unos meses la antología vendió los 5.000 ejemplares de la primera edición, una cifra insólita para el momento y, sobre todo, para la poesía de un grupo de jóvenes aún por descubrir.Los escogidos eran ocho hombres y una mujer: Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pedro (hoy Pere) Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. Habían nacido entre 1939 y 1948. Tenían Barcelona y Madrid como sedes comerciales. Casi todo sucedía entre las dos ciudades, infestadas de franquismo. Ellos ondeaban contra la dictadura un fuerte desprecio. «Aunque no todos podíamos ser considerados activistas de izquierdas. Y los cambios políticos y culturales no empezaron en este país ni en 1968 ni en 1970. En ese mismo año, por ejemplo, ocurre el Proceso de Burgos. Y en 1974 el asesinato de Puig Antich», apunta Gimferrer. Eran días de soflamas en medio mundo. De apetito por lo nuevo. En España existía la censura, dominaba el ambiente un nacionalcatolicismo paralizante, la mojigatería sexual y una moral cuartelera y casposa. Aquellos jóvenes buscaban otras tradiciones literarias fuera de este terruño, que a la vez mostraba algunos síntomas postizos de evolución en el ámbito del arte: el informalismo español se había desplegado en la Bienal de Venecia de 1958 y algunos de esos creadores protagonizaron en 1960 la exposición New Spanish Painting and Sculpture en el MoMA de Nueva York. Aún así, la cutrez medioambiental todavía tiznaba como el monóxido. Los poetas de la Generación del 68 (término acuñado, entre otros, por el profesor Juan José Lanz) acumulaban referentes mundanos que extraían del cine europeo y norteamericano («verdadero aglutinante del grupo», según Molina Foix), de la música, del pensamiento, del arte. Lo sugerente venía para ellos de cualquier lugar que no fuese este. Rechazaban el intimismo primario y el realismo social que habían sido seña de identidad de generaciones anteriores. Su desafecto era el correlato estético de una corriente de cambio social y político. Mantenían, de algún modo, afinidad con el espíritu volatinero que impulsaron los hombres y mujeres del 27, rebanado pronto por la Guerra Civil. Los jóvenes poetas que dieron sentido a la Generación del 68 tomaron el testigo contra todo lo demás. Contra todos los demás. «Éramos gente culta y muy exhibicionista», subraya Martínez Sarrión. Algunos de sus primeros libros pasaron a ser casi manifiestos fundacionales de lo por venir: Teatro de operaciones (1967), de Martínez Sarrión; Museo de cera (1978), de José María Álvarez; La muerte en Beverly Hills (1968), de Gimferrer; Dibujo de la muerte (1967), de Guillermo Carnero; Baladas del dulce Jim (1969), de Ana María Moix; Así se fundó Carnaby Street (1970), de Leopoldo María Panero.Castellet tomó la idea de su antología de aquella otra que Einaudi publicó en Italia, I novíssimi (1961). El grupo que confeccionó el crítico catalán, con Gimferrer de consejero áulico, no tenía vocación generacional, pero sí articulaba una promoción. Tampoco practicaban una estética común, aunque sí cómplice. No todos eran amigos. Y entre los mayores y los más jóvenes existía una cierta distancia emocional. Pero la propuesta funcionó. Medio siglo después de aquella aventura, seis de los protagonistas (tres han fallecido) repasan aquel tiempo que algunos de ellos han fijado en libros de memorias, en textos misceláneos o en novelas documentales. Medio siglo después, mantienen impresiones dispares sobre lo que entonces sucedía. Lo único más o menos claro es esto: unos jóvenes vinieron a postularse como recambio de la poesía española. Aunque algunos de esos jóvenes (con otros que quedaron fuera de la antología tutelar) se dispersaron después por distintas sendas (todas literarias). España estaba revolviéndose contra el bozal de otro modo. Y el hombre, entretanto, ensayaba saltitos para pisar la Luna.

MAYO DEL 68 ESTABA IMPLÍCITO EN EL ÁNIMO DE MATAR A TODOS LOS PADRES POSIBLES Y EN EL INTENTO DE ESCRIBIR DE OTRO MODO. EN NUESTRA POESÍA Y EN NUESTRA INTENCIÓN
VICENTE MOLINA FOIX

¿Qué significó Mayo del 68 para los poetas novísimos? Antonio Martínez Sarrión dispara: «Influyó, pero creo que de una manera bastante oblicua. Por mandato de las autoridades fascistas, la prensa obvió menciones sobre el asunto que pudieran perjudicar a la dictadura. Algunos pudimos ir a París y a Londres, donde vimos mucho cine y comprábamos libros que en España no se encontraban. En los que teníamos la suerte de poder salir, Mayo del 68 sí influyó de algún modo». Félix de Azúa no cree, sin embargo, que aquello dejara huella clara en lo que fueron los Novísimos: «Poco o casi nada. Se cabrearon los poetas del Régimen y también los del Partido Comunista. Hubo críticas histéricas y comentarios soeces, pero ni un sólo artículo serio. Típico». Guillermo Carnero sí encuentra algún eco favorable: «Entre el Mayo de 1968 en París y la resistencia antifranquista de los 60 hay semejanzas y analogías que los historiadores y los sociólogos conocen mejor que nadie. Para quienes éramos jóvenes entonces, aquel tiempo significó el descubrimiento de la lectura, del cine, del sexo y de la escritura en una Barcelona que fue enormemente generosa con nosotros. Viva moneda que nunca se volverá a repetir». Y Vicente Molina Foix detecta algún vaso comunicante entre lo que ocurrió en París y ellos: «El espíritu de Mayo del 68 estaba implícito en el ánimo de matar a todos los padres posibles (salvando a Luis Cernuda, Vicente Aleixandre y algunos autores extranjeros) y en el intento de escribir de otro modo. Eso estaba en nuestra poesía y en nuestra intención. Era una lucha pública y privada a la vez».Junto a los Novísimos había también otros poetas que buscaban senda nueva de expresión y completaban la Generación del 68: Antonio Colinas, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Carvajal, Marcos-Ricardo Barnatán, Diego Jesús Jiménez, José-Miguel Ullán... La aparición de Arde el mar de Pere Gimferrer, en 1966, fue un acontecimiento que comenzó de algún modo el principio de desalojo. Preferían a autores como Ezra Pound, T.S. Eliot y ee cummings frente a Celaya, Blas de Otero o José Hierro. Respetaban a Valente y a Gil de Biedma, pero arremetían contra el realismo social con más desinterés que esfuerzo. Rescataban a autores coetáneos. «Uno de los que más me interesan de los mayores es Carlos Edmundo de Ory, que vivió una suerte de olvido quizá porque pasó más de la mitad de su vida en Francia. No tenía nada que ver con nadie», recuerda Gimferrer. Carnero también echó la vista a los poetas del Grupo Cántico. La poesía que entonces circulaba era de alta gradación masculina. Los referentes también buscaban otros espacios distintos: cine, jazz, el barroco, lo camp. El poema asumía una condición collage y los estímulos eran múltiples y lejos de cualquier sentimentalismo. Su escritura significaba un ventarrón necesario. Les asestaron el título de venecianos (por la Oda a Venecia ante el mar de los teatros, de Gimferrer) y culturalistas. La suya era una militancia cultural que apostaba por romper costuras en todas direcciones. Incordiaban y eso les seducía. Aunque hoy no se ponen de acuerdo en concretar si eran o no una generación, a la manera del 27. Gimferrer lo plantea así: «Más que una generación fuimos un momento y un movimiento respecto a otras poesías. Estábamos menos configurados que los poetas del 27 cuando aparecen en la antología de Gerardo Diego de 1931. Luego hay quien afirmó que los Novísimos fueron la última manifestación sociológica del franquismo, que suena paradójico». Molina Foix también descarta la vitola generacional: «Compartíamos intereses, nos leíamos, pero no teníamos ese espíritu. Predominaba una mezcla de lo político con lo pop, igual que un extremo esteticismo con un cierto desgarro de lo popular en algunos. Fueron los detractores que nos salieron al paso los que hicieron de los Novísimos una generación, no nosotros». Carnero carga con distinta pólvora: «No éramos un grupo cohesionado. Castellet hizo una apuesta con gran riesgo, y sólo en parte acertó. La antología se limitaba a los poetas, y varios de los nueve no habían demostrado serlo entonces, ni lo han demostrado después, aunque hayan destacado en novela o ensayo. La antología era sólo una parte, prematuramente configurada, de la generación, si bien algunos habíamos publicado libros que permitían presentir un fenómeno colectivo. Pero creo que sí nos considerábamos generación».

NO ÉRAMOS NI GRUPO NI NADA. GOZÁBAMOS DE LA BOBERÍA PROPIA DE LA EDAD Y TENÍAMOS FOBIAS COMUNES, PERO DESDE LA INDIFERENCIA DE LOS SOMETIDOS A LA DICTADURA 
FÉLIX DE AZÚA

Y Félix de Azúa huye al galope de esa acepción: «No éramos ni grupo ni nada. Algunos teníamos amistad, pero no todos. Y aunque inusualmente leídos, gozábamos de la bobería propia de la edad. Eso de las generaciones nos daba más bien un poco de risa. Teníamos algunas fobias comunes, pero más bien veíamos el panorama con la indiferencia de los sometidos a la dictadura. Con el humor negro de los pobres súbditos soviéticos».El caso es que Nueve novísimos se hizo con el centro de la poesía española de los años 70 y fue uno de los pernios en los que apoyó la hoja de ventana que se abría. Los 80 tuvieron a su grupo opositor, La nueva sentimentalidad o llamada a lo bruto poesía de la experiencia, pero esa es otra historia: guerrillas poéticas que hoy nada dicen. La herencia de la estética novísima tiene su rastro en algunos poetas (mujeres y hombres) de las últimas promociones. Sigue pesando su apuesta. Quizá no fuesen lo que pareció, pero dentro de aquella antología estaba el destello de algo distinto, de una nueva posibilidad de expresión poética por desencofrar. Medio siglo después de la que se denominó (años más tarde) Generación del 68, la poesía española les debe la apertura de compuertas hacia una expresión más libre, más abierta, más dispersa. Un mejor cuarto final de siglo XX.
Gimferrer, la mano que armó a los 'novísimos'

En marzo de 2001 la editorial Península reeditó 'Nueve novísimos'. Se cumplía poco más de 30 años de la antología armada por Josep Maria Castellet. Y de nuevo volvió el bullebulle de lo que supuso la aparición de aquel volumen en el proceloso mundo de la poesía española. Muchos de los convocados volvieron a apuntar a Pere Gimferrer como hacedor en la sombra de la sonora escudería. Él no niega intervención, pero rebaja la leyenda. "Sólo sugerí algunos nombres y di información". El resultado fue un pleno acierto. La poesía tuvo una boya nueva. Castellet le debe mucho (en este caso) a su informante.

miércoles, 28 de marzo de 2018

La sensatez no se oye. Entrevista a Emilio Lledó.

Antonio Lucas entrevista a Emilio Lledó: "Sin las humanidades, nada es posible". El Mundo, 28 MAR. 2018:

Este ilustre profesor que ha enseñado Filosofía durante décadas publica ahora 'Sobre la educación', y del libro y de lo que ahora nos acontece (Universidad, posverdad, nacionalismo, Humanidades) habla aquí

Antes de nada, Emilio Lledó (Sevilla, 1925) es el profesor que no ha perdido la vocación de las aulas, que no ha desfibrado su entusiasmo por enseñar. En Valladolid, en Heildelberg (Alemania), en La Laguna, en Barcelona, en Madrid. En institutos y universidades. Lledó es de esos hombres honestos y satisfechos que han desplegado Filosofía en miles de alumnos, generando gratitudes y una irremediable vocación de pensar. El lenguaje es otra de sus jurisdicciones razonadas. Y todo se concreta en un humanismo claro, desenvuelto, provisto de la lucidez de saber mirar al otro. Lledó no juega a impostar modales de posmodernidad, sabe que la lucidez de su pensamiento tiene mucho de plena vigencia. Como aprende en Platón, Aristóteles, Kant y Nietzsche. La verdad es lo sencillo. Este hombre habla acumulando sentido en lo que dice. El último de sus libros de ensayos y artículos es Sobre la educación (Taurus), donde insiste en algunos de los temas principales de su ideario: la necesidad de la literatura y la vigencia del pensamiento. Por dentro de estos textos asoman igual Juan de Mairena y Clineas, Schiller y Ortega.

La cultura, el saber, es una de las últimas coartadas sociales para la multitud. De ahí el desafío de este conjunto de ensayos. De ahí la palabra de Lledó.

Pero este libro no nace con afán de desafío. Es sólo el resultado de mi experiencia como profesor, que suma más de 50 años. La escritura de estos textos ha sido una tarea espontánea a lo largo del tiempo. Me alegra dejar testimonio de una vida, aunque parezca un desafío cuando tendría que ser una normalidad.

La tecnología va tomando cada vez más espacios de realidad, algo que de algún modo colisiona con los propósitos del Humanismo que usted reivindica, fomenta y defiende. ¿Los pone en peligro?

Ya lo están. Y no es fácil especular hasta dónde aguantará la filosofía y la literatura, tan necesarias sin embargo, en los planes de estudio y en la sociedad. Yo no me encuentro muy cómodo en este presente. Es nuestro mundo, lo sé, aunque también sospecho que estamos cometiendo entre todos un grave error.

¿Cuál?

Creer que las Humanidades son algo secundario de la vida humana. Es cierto que el aspecto utilitario en las Humanidades no parece inmediato como el de la tecnología, pero sin ellas no es posible nada. Nos aportan conocimiento y capacidad de reflexión crítica. La importancia y necesidad de los grandes conceptos (Justicia, Bien, Verdad) es algo que aprendemos de leer filosofía, de leer literatura.

Y en el auge de la confusión irrumpe el concepto de «posverdad».

Ese término me inquieta mucho. No sé qué significa exactamente: quizá sea el suplemento de pasión que ponemos en lo que creemos verdad y luego no lo es. La posverdad desfigura aquello que intentamos interpretar. Es un grave error de la política educativa el que se pueda tener en cuenta la posibilidad, aunque sea de un modo solapado, de abandonar lo que se llama Humanidades. En ellas reside la esencia misma de los seres humanos: la literatura, el lenguaje, el sentido exacto de las palabras para poder detectar quién nos manipula y para qué nos manipulan.

Y a la vez se estrecha la idea de libertad individual.

Naturalmente, la libertad es la libertad de poder cambiar, de poder pensar, de poder mejorar. Y para mejorar hay que ser libre. Si estás atado a unos conceptos que no tienen futuro en tu mente no eres libre, estás esclavizado. La libertad es fluencia y, a la vez, una manera de aprender cómo hay que vivir. Cómo es la vida colectiva, no sólo la individual. Por eso me sorprende tanto el resurgir del nacionalismo.

Que va a más.

El nacionalismo es un error, más cuando lo que necesitamos urgentemente es globalizar algunos sentimientos humanos.

Y razonarlos, ¿no hay un cierto miedo a razonar?

Lo hay. Y es muy desalentador. Hemos aceptado el que sean otros los que nos resuelvan el pensamiento, los que razonen por nosotros. En este sentido, la tecnología también tiene una gran responsabilidad.

Y la política también, que se ha ido vaciando de referentes vitales.

Eso es tremendo. Tiene que ver con la pérdida generalizada de sentido crítico. La cantidad de medios de comunicación que tenemos facilita resbalar si no se tiene una mínima base de comprensión. De ahí que sea tan importante que los chicos y chicas se acostumbren a leer desde temprano, que se familiaricen con la riqueza del lenguaje y con la posibilidad de impregnar de libertad las palabras.

Defiende también el lenguaje como uno de los rasgos constitutivos de la identidad de los individuos.

Lo creo plenamente. Lo más difícil, ya lo decía la tradición griega, es conocerse a uno mismo. Y a esa posibilidad sólo se accede desde el lenguaje. Con un lenguaje lleno de humanidad, de sentimientos, de ideas. No vale sólo patinar por el lenguaje que se nos entrega, sino que hay que profundizar en él.

Las últimas noticias sobre una de las universidades públicas de la Comunidad de Madrid no son muy alentadoras sobre esto que habla, parece que la inmundicia de cierta forma de entender la política se ha instalado en ella.

La Universidad es una apertura, nada tiene que ver con esa inmundicia a la que algunos y algunas la someten. La Universidad ha sido mi vida, así que sé bien de lo que hablo. Al releer estos textos veo que reúnen algunas de mis preocupaciones esenciales, que vienen directamente de la experiencia.

De ahí esa defensa sin fisuras del educador.

Claro. Frente a esos políticos que piden un ordenador por cada alumno, yo reivindico más profesores para más alumnos. Los ordenadores, sin alguien que los llene de sentido, te atropellan.