Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Piketty. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Piketty. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de abril de 2026

Los ultrarricos deben pagar más impuestos. Entrevista a Stiglitz

 I

 Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía: “La ideología de los millonarios tiene actualmente un grado de egoísmo alucinante”, en El País, Francisco de Zárate, Madrid - 19 abr 2026:

El economista y profesor estadounidense denuncia que nunca ha habido un ataque a la democracia como el que se produce ahora bajo el mandato de Donald Trump y el grupo de oligarcas que lo sostienen

La desigualdad actual es peor que la que Estados Unidos vivió durante la Gilded Age de finales del siglo XIX, dice Joseph Stiglitz. “La persona más rica de aquella época era John Rockefeller, pero su fortuna no era comparable a la de Elon Musk, Larry Ellison o Jeff Bezos”, explica por teléfono el economista, laureado en 2001 con el Nobel de Economía. “Su influencia política bajo el mandato de Donald Trump tampoco tiene precedentes, con Musk como el ejemplo más claro”.

Para Stiglitz (83 años, Gary, Indiana, EE UU), el sentido de la responsabilidad social que se aprecia en muchos de los magnates de la Gilded Age, que contribuían al bien público apoyando la creación de bibliotecas, universidades y centros de investigación, también representa un contraste radical con la ideología libertaria que exhiben hoy tantas personas de Silicon Valley, “una versión radical del ‘esto lo hice yo solo, déjame en paz’, una ideología con un grado de egoísmo alucinante porque lo cierto es que no han hecho nada por su cuenta, ha sido la investigación del Gobierno la que trajo internet y gran parte de las innovaciones con las que ellos ahora ganan dinero”.

Pregunta. Mucha gente esperaba que las instituciones modernas resistieran mejor que las del siglo XIX a la presión de las personas con poder económico, ¿no ha sido así?

Respuesta. Es cierto que el Congreso de finales del siglo XIX era bastante corrupto, pero nunca ha habido un ataque a la democracia como el que está ocurriendo bajo el mandato de Donald Trump y los oligarcas que lo sostienen. Hay aspectos muy preocupantes, como la supresión de la libertad de prensa tras la adquisición de la CBS por parte de Larry Ellison y el intento de retirar de la parrilla programas críticos con Trump, pero rentables, como el de Stephen Colbert. Esto es algo que nunca vimos en la Gilded Age. No sabría decir si nuestras instituciones son más fuertes o más débiles, lo que sí sé es que no están siendo lo suficientemente fuertes.

P. Usted está contribuyendo a la creación de un Panel Internacional sobre la Desigualdad para mejorar la información sobre la concentración de la riqueza, ¿falta información?

R. Igual que la información fiable del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sienta las bases para políticas más urgentes, mejor orientadas y diseñadas. Aspiramos a conseguir lo mismo con el Panel Internacional sobre la Desigualdad. Una cifra en nuestro informe que nos ha llamado la atención es la magnitud de la concentración de riqueza: el 50% de la población mundial solo ha recibido un 1% de toda la riqueza creada en los últimos 25 años, una estadística impactante que ayuda a comprender hasta qué punto se han agravado las cosas. Otra cifra tremenda es la de los billones de dólares que se transferirán de una generación a otra en los próximos 10 años. En Estados Unidos nos gusta pensar que los ricos son personas hechas a sí mismas, pero nadie se hace a sí mismo cuando la mayoría de las innovaciones parten de investigaciones financiadas con fondos públicos. Y ahora, con estos billones de dólares siendo transferidos de una generación a otra, no solo tendremos una oligarquía, sino una plutocracia hereditaria.

P. En cuanto se comienzan a debatir impuestos a corporaciones y millonarios, aparecen excepciones y exenciones con potencial de neutralizar su poder redistributivo y recaudatorio, ¿cómo protegerse ante eso?

R. Eso es completamente cierto. En primer lugar, tenemos que dejar claro el principio que persiguen los impuestos. Y en segundo, ser conscientes de que los ricos van a intentar introducir lagunas y excepciones para volverlos ineficaces. Lo sabemos y tenemos que protegernos contra eso. Estamos defendiendo un impuesto mínimo global del 2% sobre el patrimonio, que es un impuesto muy moderado y tiene la virtud de no ser complejo. Si tienes 100 millones de dólares, lo más probable es que como mínimo estés obteniendo una rentabilidad del 6%. Así que si ya has pagado un 33% por las ganancias de ese capital, no tendrás que pagar este impuesto, porque esa cantidad equivaldrá al 2% que proponemos como gravamen mínimo. Y un 33% sobre los rendimientos del capital sigue siendo menos de lo que muchas personas pagan sobre sus salarios.

P. Sabe que se resistirán a cualquier impuesto de este tipo.

R. Cuando estuve en Francia, me escandalizó escuchar a tantos millonarios admitiendo implícitamente que eran evasores fiscales, porque no querían pagar ni siquiera ese impuesto mínimo del 2%. Cuando se debatió en la Asamblea Nacional, introdujeron todo tipo de exenciones para que el impuesto no fuera aplicable a una gran parte de los millonarios. Así que es cierto, es una batalla constante, pero ya conocemos los trucos. Tras lo ocurrido en Francia, ya sabemos las formas en que la gente va a intentar evadirlo aprovechando las lagunas legales. Necesitamos asegurar un buen debate para cerrar esas lagunas.

P. Eso puede cumplir un fin redistributivo, pero no va a terminar con la influencia de los millonarios en la política…

R. Cierto. Para lograr eso tenemos que sacar el dinero de la política, y especialmente en Estados Unidos, donde las inversiones disfrazadas de contribuciones a las campañas reportan un alto rendimiento a los supermillonarios. En segundo lugar, no podemos permitir que solo los ricos controlen los medios de comunicación. Tiene que haber buenos sistemas de radiodifusión pública y apoyo para el periodismo de investigación. En tercer lugar, tanto las redes sociales como las inteligencias artificiales tienen que pagar por las noticias y por la información que roban a los medios tradicionales. Eso mejoraría los ingresos de los medios tradicionales y permitiría una prensa más diversificada. Y por último, Europa necesita crear su propio ecosistema mediático, no puede depender de X o de Facebook. Tiene que contar con sus propias plataformas independientes y parcialmente públicas para que la gente pague sus impuestos y reciba todas las comunicaciones.

II

El economista francés Gabriel Zucman defiende una tasa para las grandes fortunas en todos los países, en El País, Raquel Villaécija, París - 5 feb 2026:

El experto en desigualdad presenta en París el Observatorio Internacional de la Fiscalidad, que busca impulsar medidas para luchar contra la evasión fiscal, entre ellas el impuesto a los ricos

El economista francés Gabriel Zucman ha puesto en el punto de mira a las grandes fortunas y corporaciones, no solo por sus estudios sobre evasión fiscal, sino por su propuesta de tasar con un 2% a los grandes patrimonios, algo que cree que debería aplicarse a nivel global, según ha defendido este jueves en la presentación del observatorio internacional de la fiscalidad (ITO, por sus siglas en inglés).

Zucman ya era director del Observatorio Fiscal Europeo, creado en 2021, que ha decidido ampliar el foco al considerar que la evasión fiscal y la baja imposición que tienen las multinacionales “trascienden las fronteras de la Unión Europea”. “No se trata solo de un cambio de nombre, sino de intensificar la lucha contra el fraude y elaborar propuestas para una fiscalidad más justa”, ha destacado durante el acto en París.

Esto pasa, según ha insistido, por crear una tasa para los patrimonios más elevados, no solo en Francia, donde su propuesta es apoyada por la izquierda, pero es rechazada por el resto de los partidos, sino en todos los países. “Hay una verdadera industria de evasión fiscal y esta es una de las razones por las que necesitamos mecanismos para corregirlo”, ha señalado en la presentación del observatorio, en el que participan una treintena de economistas y que tiene sede en la Paris School of Economics, en la capital francesa, donde también trabaja el equipo de Thomas Piketty, al mando del Observatorio Mundial de las Desigualdades y defensor también de una fiscalidad más equitativa.

El último informe del Observatorio Europeo de la Fiscalidad cifraba en más de un billón de dólares el dinero que las grandes corporaciones desvían a paraísos fiscales. Igual ocurre con los grandes patrimonios. “Cuando se es extremadamente rico, es mucho más fácil no pagar impuestos, pero si tenemos una tasa razonable, [las grandes fortunas] estarán obligadas a pagar un mínimo”, defiende el economista.

La mayor parte de la población se deja entre el 25% y el 50% de sus ingresos en impuestos, unos porcentajes a los que escapa el 0,001% de la población mundial más adinerada que controla tres veces más de riqueza que la mitad de la humanidad, según las últimas cifras del Observatorio sobre las Desigualdades de Piketty. Según Gabriel Zucman, estos megarricos pagan en impuestos un 2% de sus ingresos, que en realidad es “una tasa casi próxima a cero”, gracias a los instrumentos de optimización fiscal.

La tasa del 2% propuesta sobre los patrimonios superiores a los 100 millones permitiría recaudar 67.000 millones y asegurar que pagan “proporcionalmente con sus ingresos tantos impuestos como otras categorías”. Durante la presentación del Observatorio, Pierre Bachas, director del área de evasión fiscal, incidió en que con esta recaudación “se podría financiar la educación en muchos países” o las políticas de medio ambiente.

El economista francés cree que es cuestión de tiempo que esta tasa sobre las fortunas que él defiende se apruebe: “Estamos en el inicio de una reflexión sobre cuáles deberían ser las nuevas reglas de intercambio económico y de regulación. Nadie tiene todavía una respuesta clara, pero es precisamente eso lo que queremos aportar, propuestas en materia fiscal. El enfoque es muy distinto a como se han hecho las cosas hasta ahora. Las reglas del futuro deberán ser diferentes a las del pasado, aunque su implementación llevará tiempo”, ha dicho.

En Francia, la bautizada como tasa Zucman ha ocupado parte del debate presupuestario, pero la propuesta no se adoptó porque cuenta con la oposición de los partidos de centro y derecha, que son mayoría en la Asamblea. El economista galo se reúne este viernes con el ministro de Derechos Sociales de España, Pablo Bustinduy, para abordar la posibilidad de crear este impuesto en España. En declaraciones a la agencia Efe, Zucman defendió que “España debe adoptarlo”, al igual que el resto de países.

“La cuestión es cuál es el escenario actual, qué tipo de comercio y de estructuras fiscales tenemos hoy y qué nos dicen las señales actuales sobre la fiscalidad. Existe la idea de que se puede permitir que las empresas crezcan sin obligaciones claras. Pero esa etapa parece haber llegado a su fin”, explicó.

III

Objetivo: que los ultrarricos paguen más impuestos, en El País, Pablo Sempere, Madrid - 26 oct 2025:

La ‘tasa Zucman’ para gravar el 2% de la riqueza de los millonarios divide a Francia e intensifica los debates globales sobre la imposición patrimonial

La crisis de inestabilidad política que atraviesa Francia ha privado al mundo de una imagen tan simbólica como excepcional: la patronal protestando en la calle. Los empresarios estaban dispuestos a manifestarse en protesta por la conocida como tasa Zucman, un nuevo impuesto que se ha colado en el debate presupuestario y ya ha provocado las primeras fricciones entre la izquierda y la derecha. Se trata de un gravamen sobre los grandes patrimonios ―más de 100 millones de euros―, cuyo diseño se ha inspirado en la propuesta que lanzó en 2024 el reputado economista francés Gabriel Zucman.

La movilización de los patronos se canceló al coincidir con los días en que el país se asomó al abismo de un vacío de gobierno, pero el asunto ha seguido discutiéndose en la Asamblea Nacional, donde los socialistas reclaman que se grave la riqueza de los ricos como condición para mantener el Gobierno a flote. El episodio refleja un debate que se intensifica en Europa y que persigue que los ultrarricos contribuyan más en unos sistemas fiscales que, con mil agujeros y lagunas, parecen diseñados a su medida.

“Europa no puede construir un sistema fiscal sostenible si sus ciudadanos más ricos contribuyen menos, en términos relativos, que los trabajadores comunes”, sostiene Giulia Varaschin, asesora política en el Observatorio Fiscal de la UE, que dirige el propio Zucman. La tasa, añade, engordaría los ingresos en unos 20.000 millones de euros anuales solo en Francia y “realinearía el sistema fiscal con los fundamentos constitucionales y morales de que todos contribuyen según sus medios”.

La réplica viene de Cristina Enache, economista en la Tax Foundation Europe, quien asegura que estas figuras reducen salarios e inversión y destruyen empleos, además de tener un impacto redistributivo “muy limitado” y generar fuga de capitales hacia jurisdicciones más laxas en términos fiscales.

Número de milmillonarios en el mundo [Estadillo en fuente original. Real Instituto Elcano (datos del Observatorio Fiscal de la UE)]

Algo falla en el sistema tributario. Hay una profunda brecha entre el músculo económico y financiero de los multimillonarios y el peso real de sus impuestos en las arcas públicas. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley, publicado recientemente por la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER, por sus siglas en inglés), ha analizado con datos administrativos cómo tributan los 400 estadounidenses más ricos. En ese trabajo académico aparece de nuevo una firma conocida, la del propio Zucman. Y muestra datos tan reveladores como incómodos: el tipo efectivo medio de estas grandes fortunas es del 23,8%, muy por debajo del 30% que soporta la población media, y del 45% que recae sobre los trabajadores más cualificados.

El documento señala que lo que ocurre en EE UU no es una excepción, sino parte de una tendencia extensible a regiones como Europa. En Francia, Países Bajos, Suecia o Noruega, los ultrarricos ―en el análisis se fijaron en los que superan los 1.000 millones de euros― soportan tasas efectivas a veces inferiores al 20%.

El informe no ofrece cifras para España, que no destaca por ser una de las jurisdicciones con más milmillonarios ―algo más de 30, sobre un universo de casi 2.800 en todo el mundo―. Sin embargo, los datos disponibles a nivel nacional reflejan un dibujo similar. Varios estudios académicos de instituciones como Fedea o el Instituto de Estudios Fiscales muestran que el 1% más acaudalado del país ―que incluye a las grandísimas fortunas y a ricos de menor magnitud― soporta un tipo medio efectivo sobre el total de impuestos menor al de las franjas más pobres de la población.

Por ello, el grupo de economistas encabezado por Zucman reclama la puesta en marcha de una tasa para un grupo que no deja de crecer en número y en riqueza acumulada, y que ya amontona el 13,5% del PIB mundial, según los datos del Observatorio Fiscal de la UE. Si la tasa a los ricos prosperase y pagasen cada año al menos un 2% de su patrimonio ―que en conjunto roza los 14 billones de dólares―, los países tendrían unos 250.000 millones de dólares (unos 215.000 millones de euros) en ingresos adicionales.

¿Cuánta riqueza acumula el 0,0001% más acaudalado? [Estadillo en fuente original. Real Instituto Elcano (datos del Observatorio Fiscal de la UE)]

Aunque con un gravamen efectivo muy inferior al 2%, España ya cuenta con el impuesto de patrimonio ―en las comunidades que lo tienen bonificado opera el de grandes fortunas―. En las elecciones de Noruega, celebradas en septiembre, la discusión de la imposición patrimonial estuvo presente. El Reino Unido también mantiene sus debates y otros países, aprovechando las recientes discusiones en el seno del G-20, han puesto sobre la mesa el asunto. En Francia han ido algo más allá y los Ecologistas y la coalición de izquierdas han aterrizado una propuesta que afectaría a casi 2.000 altos contribuyentes. Bernard Arnault, presidente del grupo de lujo LVMH, ha declarado que estas ideas son propias de “militantes de extrema izquierda” deseosos de “destruir la economía liberal”. Para Varaschin, sin estas correcciones “se vuelve difícil pedir al resto de la sociedad que asuma cargas más pesadas mediante mayores impuestos y recortes de bienestar”.

Recetas opuestas

El fenómeno de la baja tributación de los más pudientes no responde tanto a prácticas de evasión o fraude como a la estructura que rige en todos estos países. El denominador común es que los impuestos están diseñados en torno al trabajo y a unas formas tradicionales de obtención de renta, por lo que se muestran menos eficaces a la hora de gravar la riqueza proveniente de vehículos empresariales, financieros e inversores (acciones, dividendos, intereses, plusvalías...), que son los que engordan a las grandes fortunas. Cómo meter mano a esta situación ―y la idoneidad de hacerlo― es lo que divide a los expertos.

Unos creen que es difícil concretar los activos sujetos al impuesto y que estos gravámenes provocarían la deslocalización masiva, penalizando la inversión y, por ello, el empleo. Otros defienden que una respuesta coordinada entre varios países, junto a un diseño blindado y bien estructurado, puede capturar esa riqueza y ayudar a los gobiernos a reducir las desigualdades y sanear sus cuentas públicas.

Los esquemas por los que se rigen los sistemas fiscales, opina José María Durán, profesor en la Universidad de Barcelona e investigador del Instituto de Economía de Barcelona, son los que dificultan aplicar de manera efectiva impuestos de este tipo. “El problema no es tanto la idea de gravar a los más ricos, sino cómo hacerlo sin crear distorsiones ni duplicidades”, señala. Durán se muestra prudente ante el entusiasmo que ha despertado la tasa Zucman en ciertos sectores políticos. “En los impuestos los detalles son fundamentales”, recuerda. “Sabemos lo que es la imposición al patrimonio, pero hay que concretar qué se grava y qué no, además de las exenciones contempladas, como las de las empresas familiares. Todo eso condiciona el efecto final del impuesto”.

Durán insiste en aspectos como la valoración de los bienes. “No es lo mismo una acción cotizada que una que no lo está, ni un inmueble nuevo frente a otro antiguo, ni utilizar el precio de mercado u otro indicador”. El investigador señala, además, que el patrimonio, a diferencia de la renta, “se grava con independencia de si un año hay beneficios o pérdidas”, lo que puede ser “muy distorsionador”. También plantea qué hacer con las empresas familiares y con los patrimonios repartidos en varios países. “Sin cooperación entre administraciones tributarias, todo se escapará. Quien más tiene también tiene más capacidad para deslocalizarse”, advierte.

El investigador saca a la palestra al pequeño grupo de millonarios ―sobre todo estadounidenses y europeos― que se ha mostrado públicamente a favor del gravamen, pero cree que “son muy pocos” y que la mayor parte de ellos moverían ficha para no pagar.

Distribución de milmillonarios por zonas geográficas [estadillo en la fuente original]

Hay quien se muestra más tajante. Gregorio Ordóñez, director del Instituto de Estudios Económicos —el centro de estudios de la patronal española— asegura que la imposición patrimonial “es la figura que más distorsión genera en términos de actividad económica y deslocalización”. Recuerda que muchos países europeos la han ido eliminando a lo largo de los años “precisamente por ese motivo”. Por un lado, afirma, reduce el ahorro y la inversión al aumentar el coste del capital. Por el otro, “los sistemas económicos modernos son interdependientes: si penalizas a unos, terminas afectando a todos”.

En su opinión, es injusto incluir en este debate el patrimonio productivo (las empresas), ya que el capital ya está gravado “de forma directa e indirecta, a través del IRPF, del impuesto de sociedades o de tributos locales”. Y añade que, si solo unos pocos países aplican la tasa, los demás se convertirían en polos de atracción para las grandes fortunas. “La experiencia demuestra que gravar a estos perfiles no tiene efectos positivos. Se deslocalizan, y los incentivos para seguir creando riqueza se reducen”, concluye Ordóñez.

También lo cree así Enache: “Un impuesto a la riqueza reduce los salarios, destruye empleos y disminuye el stock de capital. Todos los grupos de ingresos resultan perjudicados debido a la menor actividad económica”. Además, agrega, un acuerdo global o europeo “es altamente improbable”, ya que un número crítico de países tendría que firmarlo, incluyendo Suiza, “lo que hace que esta propuesta sea inviable.”

Excluir los activos profesionales, sin embargo, neutralizaría los efectos de la reforma, sostiene Varaschin. Estos representan alrededor del 90% de la riqueza de los multimillonarios, por lo que su exclusión abriría una “enorme laguna, fomentando la reclasificación de activos y reduciendo los ingresos potenciales en hasta 40 veces”. La analista tampoco cree en los desincentivos derivados para la actividad empresarial. De hecho, “un sistema fiscal justo, junto con servicios públicos fuertes e inversión en investigación, da una mejor base para la innovación que un entorno de bajos impuestos marcado por la inestabilidad”, concluye.

jueves, 8 de mayo de 2025

Entrevista a Sandel sobre Piketty, sobre la igualdad y la desigualdad en las sociedades occidentales

 Michael J. Sandel, el filósofo de la igualdad: "En Dinamarca hacen falta dos generaciones para pasar de pobre a clase media; en España son cuatro y en EEUU, cinco", en El Mundo, por Rebeca Yanke, Madrid, 8 de mayo de 2025:

El profesor de Harvard publica 'Igualdad', una charla con el economista Thomas Piketty sobre una de sus obsesiones. "Las sociedades más igualitarias son las que permiten mayor movilidad ascendente", afirma

Michael J. Sandel, el filósofo de la igualdad: "En Dinamarca hacen falta dos generaciones para pasar de pobre a clase media; en España son cuatro y en EEUU, cinco"

Michael J. Sandel (Mineápolis, 1953) es uno de esos hombres cuya actitud y maneras resultan coherentes con los postulados que predica. En la distancia corta, tiene una voz pausada, es extremadamente educada y, de vez en cuando, hasta se le escapa cierta timidez. Pero, cuando uno le escucha en alguno de los numerosos vídeos disponibles en internet en los que da clase o ejerce de moderador en un debate, a menudo sobre cuestiones morales, este estadounidense se crece, su voz es más potente y su nervio y energía también. Se nota que disfruta muchísimo cuando juega su papel de filósofo en el escenario más importante: entre personas.

Este profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard, donde empezó a trabajar en 1980 -dice que se sentía «muy reflejado en sus estudiantes, dada su juventud- puso a sus lecciones un título sonoro y lleno de expectativas pues lo llamó sencillamente Justicia y, a partir de ahí, comenzó un viaje que le ha convertido en uno de los intelectuales más conocidos del mundo, llegando a hablar ante millas de personas y utilizando la tecnología para llegar a muchos más. Su curso fue el primero que Harvard colocó online para el disfrute de toda la humanidad. Y la BCC creó para él la serie El filósofo global.

Premio Príncipe de Asturias 2018, Sandel es un hombre prolífico en la escritura - ¿Hacemos lo que debemos? (2011), La tiranía del mérito, (2020), Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética (2022) y El descontento democrático (2023), todos en Debate- pero, ahora, se publica en nuestro país un libro corto que, en realidad, es una conversación entre Sandel y el economista francés Thomas Picketty, que tuvo lugar en mayo de 2024 en la Escuela de Economía de París . Igualdad, qué es y por qué importa (Debate) habla también de una de las mayores preocupaciones de este filósofo en la actualidad y desde siempre: las consecuencias de la desigualdad en el mundo, las dificultades para superarla y su relación con la movilidad social; la capacidad de escalar.

¿A mayor riqueza, mayor desigualdad?

La de Estados Unidos es una sociedad profundamente desigual. Los niveles de desigualdad de ingresos y de riqueza son enormes. Políticamente, la cuestión de reducir las desigualdades es difícil de defender porque muchos piensan que no deberíamos preocuparnos tanto por la redistribución porque creen que lo importante es centrado en la movilidad, en la oportunidad de ascender.

¿Por qué?

Creen que alguien que haya nacido pobre o en una familia de bajos ingresos podrá ser igualmente rico, como Elon Musk. La capacidad de pasar de la pobreza a la riqueza, el sueño americano de movilidad ascendente, sigue muy presente en la sociedad estadounidense. Sí, la escalera del éxito puede ser muy empinada, pero tal vez pueda llegar a la cima, piensan. Dicen incluso que en Europa deberíais preocuparos más por la desigualdad porque vuestra posibilidad de movilidad es menor. Así que el mito de que no necesitamos preocuparnos tanto por las desigualdades se perpetúa. Un mito falso porque la movilidad no es una alternativa adecuada a una mayor igualdad. Al contrario, muchas de las sociedades con mayor movilidad ascendente también son sociedades que tienen mayor igualdad de ingresos y riqueza.

¿Tienes algún ejemplo?

Daré un dato: según una comparación reciente de la OCDE en cuanto a movilidad social, al ritmo actual de movilidad intergeneracional, ¿cuántas generaciones crees que se necesitan para que alguien nacido en una familia pobre mejore? Y no le estoy hablando de llegar a la cima, sólo a la renta media. En los países del norte de Europa las tasas de movilidad son bastante altas: en Dinamarca sólo hacen falta dos generaciones, mientras que en EEUU son cinco. Esto demuestra que Dinamarca tiene más igualdad que nosotros y que también tiene una movilidad ascendente más eficaz. Es decir, que la movilidad no es una alternativa a la igualdad, o a un cierto grado de igualdad. Es una condición para el ascenso. Porque si todos, independientemente de la familia en que nacemos, tenemos acceso a una educación ya una buena atención sanitaria, bibliotecas públicas, universidades, si todos, ricos y pobres, tuviéramos acceso a esos elementos básicos sería más fácil ascender que si se vive en una sociedad en la que se comienza desde marcadas desigualdades. ¿Cuántas generaciones cree que cuesta esta evolución en España?

Estaba pensando en tres o cuatro.

Justo: son cuatro en España, dos en Dinamarca y cinco en Estados Unidos y Reino Unido.

Si me lo permite, querría recordarle una respuesta que dio en una entrevista con este periódico hace unos años. Preguntado por un hipotético (entonces) segundo mandato de Trump, usted dijo: "En su primera vez, no sabía mucho de política y nombró a ciertas personas en la administración que ejercían cierta moderación sobre él. En un segundo mandato estará más enojado, rodeado de personas afines a él y, además, sabrá más sobre los mecanismos del ejecutivo".

Lamentablemente mi predicción se hizo realidad, ¿no?

Absolutamente. 

La pregunta ahora es si los tribunales conseguirán frenarlo, y en qué medida.

¿Cree que es posible conseguir ese freno?

Creo que hay tres posibles fuentes de restricción. Una son los tribunales y, de hecho, muchas de las medidas que ha tomado Trump que exceden su autoridad ya están siendo impugnadas. Por ejemplo, los casos de ciudadanos deportados que residen legalmente en los Estados Unidos y que no han cometido ningún delito, pero que han hablado de formas que a Trump no le gustan. Queda por ver también si limitarán sus intentos de extralimitarse en la política arancelaria, absolutamente caótica, que está sujeta a impugnación constitucional y realmente depende del Congreso. Es verdad que, en 1970, el propio Congreso promulgó una ley que otorga al presidente la facultad de fijar tarifas durante una emergencia, pero no para ejercer una política arancelaria como la que Trump ha promulgado. O el uso de la fuerza hacia los jóvenes que intentan recaudar fondos de las universidades, cosa que no le gusta, o el uso del castigo hacia bufetes de abogados que han representado a acusados ​​que tampoco le agradan. Todo esto es una extralimitación del ejecutivo, una extralimitación de su autoridad constitucional.

¿Cuál sería la responsabilidad de la sociedad civil?

Esta sería la segunda posibilidad, si la sociedad civil lo frenará. En particular, cómo responderán las instituciones que Trump ha intentado amedrentar, intimidar y castigar, universidades, bufetes, medios de comunicación... La sociedad civil puede ser una segunda fuente de moderación. Y la tercera fuente de moderación dependerá de la capacidad del Partido Demócrata para formar una oposición fuerte. Eso puede ser eficaz políticamente, pero también está por verlo. Los próximos dos años nos darán una idea de cuán efectivas pueden ser.

Hace unas horas estuve viendo uno de sus encuentros con jóvenes de distintas partes del mundo. Y pensé en preguntarle sobre el sentido de la justicia.

¿Recuerdas dónde viste el vídeo exactamente?

Era 'El filósofo global', la serie que hizo con la BBC, en él se debate sobre la importancia de las fronteras.

¿Qué contribuye a una sociedad justa? Ésta es una pregunta que sólo nosotros podemos hacernos. Y la respuesta es el diálogo entre conciudadanos. En el caso de la discusión global que menciona, un diálogo con ciudadanos de todo el mundo. Empecé a enseñar Justicia cuando comencé en Harvard, hace algunas décadas, casi 50 años, en 1980. Una forma de hacerlo más sencilla hubiera sido asignar a los estudiantes la lectura de libros de filósofos célebres y hablarles de lo que diferentes autores dicen sobre la justicia. Pero cuando iba a mis primeras clases de filosofía política no encontré nada de esto muy inspirador o interesante sino demasiado abstracto, remoto, alejado de las preguntas que me importaban. Más tarde, en la escuela de posgrado, realmente me enamoré de la filosofía al ver las conexiones con el mundo en el que vivimos y los dilemas a los que nos enfrentamos cada día. Así que cuando comencé a enseñar, me pregunté: ¿cómo puedo hacerlo de forma que se pueda captar el interés de los estudiantes?

¿Y qué terminaste?

Yo era muy joven cuando comencé a enseñar, y realmente me identificaba con mis estudiantes. Recordaba la sensación de estar en clase de filosofía política y no entender sobre qué escribían esos filósofos, así que utilicé el diálogo y fomenté la discusión, les invitamos a participar, a levantar la mano, ponerse de pie y ofrecer sus puntos de vista sobre asuntos como la libertad de expresión, la admisión a la universidad, la distribución justa del ingreso o la riqueza y qué obligaciones tenemos para con nuestros conciudadanos. O bien: ¿cuál es la relevancia moral de las fronteras nacionales? En el encuentro que ha mencionado les animé a expresar sus desacuerdos y pensar juntos sobre cómo responder a los demás y comprometerse con ellos. Y los estudiantes comenzaron a darse cuenta de que la filosofía no reside en los cielos sino que está entre nosotros, cada vez que tenemos una división o un dilema o un debate político. O en la vida cotidiana.

¿Cómo se convierte una asignatura de Harvard en un producto intelectual accesible a casi todo el mundo?

Decidimos poner esas lecciones online, sencillamente Más tarde, pensé que sería interesante ampliar los debates sobre la justicia empleando las nuevas tecnologías a nivel global, como lo que vio de la BBC. Con personas de países de todo el mundo, razonando unos con otros, escuchándose unos a otros, discutiendo entre ellos. Y fue impresionante observar cómo estaban realmente dispuestos a escuchar las opiniones y convicciones de los demás, incluso entre quienes tenían parecer diferentes. Pero volviendo a su pregunta... Pensar en la justicia requiere sopesar todos los dilemas y opciones concretas que enfrentamos cada día. ¿Cómo resolverlos? Es importante crear oportunidades para que se den este tipo de encuentros, ya sea entre ciudadanos de un país, de una comunidad local o mediante el uso de tecnologías.

¿Imaginó en algún momento que su forma personal de dar clase se convertiría en uno de los filósofos más conocidos del mundo contemporáneo?

Jamás. Cuando decidimos filmar el curso de Justicia de Harvard, ni en mis expectativas más descabelladas cabía la posibilidad de que tantas personas disfrutaran del acceso a debates filosóficos. Creo que una de las razones de que se haya vuelto tan popular, más allá de mis expectativas más descabelladas, es que hay hambre, deseo, anhelo de participar en los debates actuales, sobre las grandes cuestiones que importan verdaderamente a las personas. Y esto se debe a que, incluso en sociedades democráticas como las nuestras, hay una especie de vacío en el discurso público, que consiste sólo en argumentos tecnocráticos que no inspiran a nadie. O bien, cuando entra en juego la pasión, peleas a gritos, partidismo, con el resultado de que las personas realmente no se escuchan unas a otras.

¿Qué nos pasa?

Parece que hemos perdido el arte cívico, democrático, de escuchar, y no me refiero sólo a las palabras sino también a su trasfondo: atender los principios morales que se esconden tras las opiniones de aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Por eso creo que una de las razones de que la democracia, en este momento, tenga problemas es que nuestra vida cívica ya no funciona. Hemos perdido la capacidad para razonar sobre las grandes cuestiones -en el bar, en la plaza pública, donde sea- y hemos olvidado que escuchar es el primer paso para ser un ciudadano. Hemos olvidado que hay que interactuar entre conciudadanos sobre las grandes cuestiones que nos interesan y en las que no podemos estar de acuerdo. Hay hambre de vida pública en un sentido amplio, hambre de que las personas puedan razonar juntas, dirigirse unas a otras, incluso en medio de desacuerdos, con civismo y respeto mutuo.

Mientras veía el debate sobre la importancia de las fronteras pensé que si la pregunta debía ser si deberían existir. Me refiero a darles una nueva estructura. Luego me sentí un poco radical.

Lo que menciona es una de las cuestiones fundamentales de la filosofía política, y de gran importancia política en la actualidad porque, si nos fijamos, hay un gran resentimiento y sensación de humillación entre la ciudadanía global, algo que Trump ha sabido explotar. Y gran parte de ese resentimiento tiene que ver con concepciones sobre las fronteras nacionales. El ejemplo más obvio es la inmigración, que se ha convertido en un asunto nuclear en todas las democracias del mundo, pero el significado moral de las fronteras y el que pueda tener un ciudadano son distintos. Otro ejemplo, el debate actual sobre los aranceles. La inmigración es un debate sobre las condiciones en las que las personas cruzan las fronteras y la política arancelaria gira en torno al movimiento de bienes y el comercio a través de esas mismas fronteras.

¿Cómo ha evolucionado el debate?

Si miramos atrás, a las últimas cinco décadas, vemos que llevamos todo este tiempo redefiniendo el papel de las fronteras nacionales en relación con la economía y la política: los tratados de libre comercio de 1990, la admisión de China en la OMC en 2001... Todo aquello también fue una nueva política de fronteras. Lo mismo con el flujo de financiación a través de las fronteras, la transformación del sistema financiero mundial durante este período, la desregulación... Así que hemos tenido debates sobre el flujo de capital a través de las fronteras, el flujo del comercio y bienes a través de las fronteras y el flujo de personas a través de las fronteras. Prácticamente podría decirse que este debate es el gran asunto de nuestro tiempo. La respuesta de la era de la globalización neoliberal, que resta importancia a las fronteras nacionales, produjo una reacción violenta, ansiedad y resentimientos que han sido explotados por Trump en Estados Unidos y por los partidos antiinmigrantes que han surgido en Europa. Por eso reuní a todas aquellas personas a debatir la cuestión.

Se les veía verdaderamente dispuestos a compartir, a comprender al otro y también sus diferencias con uno.

Y eso es importante porque, por las razones que hemos estado discutiendo, la democracia hoy está en peligro y la gente está perdiendo la confianza en los partidos políticos y en las instituciones políticas establecidas. La gente está frustrada con los términos vacíos del discurso político. Sienten que su voz no importa. Hay también sensación de falta de poder, Y aún así, mantengo la esperanza porque en todos los viajes que hago para hablar ante personas, especialmente jóvenes, noto el anhelo de participar en un tipo de debate mejor que el que encontramos en la política hoy en día. Por ejemplo, el debate sobre los valores. Y quieren hacerlo con civismo y respeto. Hace poco he estado en China, donde no iba desde la pandemia, y tenía curiosidad por ver si ese espíritu se había mantenido y así es, y en India encontré lo mismo y, cuando vaya a Europa, volverá a pasar.

sábado, 7 de diciembre de 2024

Los diez pensadores más influyentes del mundo

 "Los 10 pensadores más influyentes del mundo", en El País Ideas, 7 de XII de 2024:

Sus ideas, su obra y sus intervenciones en el debate público han determinado el pulso del pensamiento contemporáneo. Nos ayudan a entender qué está pasando, qué podría pasar y qué debería pasar. Son los grandes visionarios de este arranque del siglo XXI

Vivimos tiempos de gran incertidumbre. Necesitamos, más que nunca, faros, mentes preclaras que nos guíen a la hora de entender qué ocurre en el mundo y, sobre todo, por qué. Por eso hemos decidido celebrar el número 500 de Ideas, el espacio de EL PAÍS para la reflexión, con un panorama de los pensadores más relevantes del momento presente. 56 personas (filósofos, historiadores, politólogos, tecnólogos, etcétera) nos han ayudado a configurar una lista con los intelectuales cuya visión ya está dejando huella. Son estos:

Judith Butler

Cleveland (EE UU), 1956. Filósofa que ha cuestionado las ideas tradicionales de género y que ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer en obras como El género en disputa (1990) y su libro más reciente, ¿Quién teme al género? (2024, ambos en Paidós).

Por Ana Carrasco-Conde, (Ciudad Real, 1979). Filósofa y autora de La muerte en común (2024, Paidós). Ha escrito el prólogo a la reedición de El clamor de Antígona, de Judith Butler (Machado Libros).

A 451 grados Fahrenheit arden los libros según Bradbury. En un mundo en el que tal cosa fuera posible los de Butler serían los primeros en ser arrojados al fuego. Muchos también se salvarían, escondidos como último reducto de lucha, bajo una baldosa. En 2017 la ultraderecha en Brasil recogió 370.000 firmas para evitar su visita y quemaron una imagen suya. ¿Imaginan qué mensaje tan potente, aunque distorsionado, puede llegar a movilizar tantas fobias y filias? Lo que escribe remueve, mueve o conmueve. Al primer grupo pertenecen El género en disputa (1990), Cuerpos que importan (1993) o ¿Quién teme al género? (2024); al segundo, Mecanismos psíquicos del poder (1997), y al tercero, El grito de Antígona (2000).

De formación hegeliana, con impronta del psicoanálisis e interés en la lingüística, recupera una preocupación según la cual no hay esencias prístinas, sino sujetos que dependen en su desarrollo de dinámicas en las que se inscriben. Existen normas que producimos y reproducimos y que, aunque generan la ficción de una “esencia”, performativamente nos construyen. Parte de su obra quiere entender los efectos del género como parte de una estructura de poder, no porque sea una mera construcción cultural, sino porque se asienta en algo más profundo asociado a nuestro psiquismo. Se entiende como un sistema de organización de las normas que nos constituyen en las instituciones e instancias sociales. Trabaja en otras consecuencias del poder de lo normativo: las vidas no reconocidas como tales o el rechazo a familias no normativas. Piensa la vida atravesada por el poder, donde asoma el estigma, la precariedad o la violencia.

Thomas Piketty

Nacido en Clichy (Francia) en 1971, este economista ha centrado su trabajo en la desigualdad y la redistribución de la renta en el capitalismo actual. Su libro clave es El capital en el siglo XXI (2013, Deusto).

Por Yolanda Díaz (Fene, A Coruña, 1971). Ministra de Trabajo y Economía Social, y vicepresidenta segunda del Gobierno. Es fundadora de Sumar.

La desigualdad es una construcción social e histórica, una decisión de naturaleza política que solo puede ser combatida con decisiones igualmente políticas. Este es, considero, el gran legado de Thomas Piketty, su principal aportación al pensamiento contemporáneo. El economista francés no es el primero en denunciar el carácter contingente de la desigualdad, por supuesto, pero ha sido capaz de difundir ampliamente sus planteamientos y mostrar la economía como una ciencia social imbricada en la historia y la sociología, alejada de la autorreferencialidad y matematicismo de antaño.

El capital en el siglo XXI, el mastodóntico libro que lo llevó a la fama, demostró una formidable capacidad de llevar lo heterodoxo al mainstream, de sustentar empíricamente ideas transformadoras. Años después, en Capital e ideología, Piketty logró ir más allá de su propia innovación metodológica, apuntando la centralidad de la ideología en la perpetuación de las desigualdades y señalando la responsabilidad de las élites en la erosión de nuestras democracias. En otros libros e informes, se ha volcado en demostrar la necesidad de una revolución fiscal global que aborde, desde la justicia social y climática, la emergencia ecológica, el principal desafío de nuestra época.

Hoy, en pleno shock tras el retorno del trumpismo, cobra especial relevancia su afirmación de que “uno no puede estar en contra del capitalismo o del neoliberalismo: uno debe estar también y sobre todo a favor de otra cosa”. Haríamos bien, pues, en sumergirnos en la batalla de las ideas, en comprender la relevancia y valor de intelectuales públicos como Thomas Piketty, en aplaudir y acompañar sus esfuerzos por construir una “alternativa explicada con claridad”; una nueva forma de socialismo “participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, multirracial y feminista”, como él mismo dice; un horizonte de certidumbre hacia el que avanzar, poco a poco, paso a paso, desde la permanente tensión entre la ambición de nuestros principios y el pragmatismo de la praxis.

Noam Chomsky

Filadelfia (Estados Unidos), 1928. No solo revolucionó la lingüística, sino que también es una de las figuras políticas más relevantes por su crítica al capitalismo y a la política estadounidense en artículos y libros como Los guardianes de la libertad (1988, Austral).

Por César Rendueles (Girona, 1975). Sociólogo, ensayista e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su último libro es Comuntopía (2024, Akal).

En la película Captain Fantastic (2016), la familia protagonista —una especie de tribu anarquista contracultural— no celebra la Navidad sino que conmemora el Día de Noam Chomsky. La escena es absurda y excesiva pero capta bien el papel que Chomsky ha llegado a desempeñar en nuestra esfera pública. Chomsky representa todo lo que la modernidad imaginó en un intelectual y que en la era de la posverdad nos parece propio de una época salvaje y heroica: un científico que revolucionó su campo de estudio, autor de ensayos políticos de un rigor implacable y, al mismo tiempo, un referente ético global cuya rabiosa independencia nunca se ha confundido con indiferencia o equidistancia. A menudo ha sido acusado —desde Michel Foucault hasta Slavoj Žižek— de ser culturalmente conservador. Seguramente es verdad: tan conservador como esperamos que sea un pilar de hormigón armado.

Antes de cumplir los 30 años, Noam Chomsky ya había hecho saltar por los aires la lingüística de su tiempo. No ha dejado de ser una referencia irremplazable en el campo de las ciencias cognitivas: cambió nuestra manera de entender el lenguaje porque transformó nuestra concepción del innatismo que, gracias a él, dejamos de entender como un automatismo plano y se convirtió en la base de una teoría de la mente activa y vigorosa. Entretanto, ha encontrado tiempo para denunciar infatigablemente los ataques a la democracia en todo el mundo y desarrollar una teoría de los efectos catastróficos para la libertad de expresión de la coalición de intereses empresariales y políticos que dominan los medios de comunicación: una crítica que anticipó en varias décadas la degradación informativa que hoy padecemos.

Jürgen Habermas

Düsseldorf (Alemania), 1929. Ha analizado los mecanismos de los debates públicos y de la democracia en obras como Teoría de la acción comunicativa (1981).

Por Victoria Camps (Barcelona, 1941). Es catedrática emérita de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro es Tiempo de cuidados (Arpa).

Miembro de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort, Jürgen Habermas se convierte pronto en un filósofo de referencia por sus libros sobre ética y filosofía política. De la mano de Karl-Otto Apel, elabora una nueva teoría de la racionalidad práctica conocida bajo el nombre de ética discursiva, ética del diálogo o ética de la comunicación. El objetivo es sustituir la filosofía del yo, característica de la modernidad, por una filosofía de la interacción lingüística que concibe la comunicación como el escenario en el que se despliega la discusión racional. Influyen en dicha teoría el método hermenéutico, con su énfasis en la interpretación del texto, y la pragmática del lenguaje de Wittgenstein, para quien los usos del lenguaje en sus distintos contextos son los determinantes del significado.

Cómo seguir haciendo filosofía después de Auschwitz es una de las preocupaciones de los filósofos frankfurtianos. Entienden que, sin renunciar a la especulación que la caracteriza, la filosofía tiene que ser crítica y aportar mecanismos de compromiso con la historia si pretende tener alguna influencia en la práctica. No será el individuo solitario de Kant quien descubra el imperativo de la moralidad, sino la comunidad que dialoga en esa “esfera común” constituida por seres que hablan con el fin de llegar a acuerdos racionales sobre temas que concitan opiniones dispares. La construcción de la opinión pública es otro de los temas que Habermas ha abordado y que ha concitado el interés no solo de los filósofos, sino de los profesionales de la comunicación. Ahora que el objetivo de adquirir “competencias” ha invadido el sistema educativo, convendría saber que la teoría de Habermas presupone una “competencia comunicativa”, una “situación ideal de diálogo”, a la que deberían tender todos los actos de comunicación reales y, como tales, imperfectos. Las reglas de interacción lingüística son morales, y legitiman los acuerdos a los que se llega por el diálogo, una lección que deberíamos recordar si queremos corregir la comunicación distorsionada, caótica y desnortada de nuestro tiempo.

Yuval Noah Harari

Ensayista nacido en Kiryat Atta, Israel (1976), ha explorado nuestra historia, nuestra sociedad y nuestro posible futuro en obras como Sapiens (2011) y la reciente Nexus (2024, Debate).

Por Javier Sampedro (Madrid, 1960). Periodista y doctor en genética y biología molecular. Escribe sobre ciencia en EL PAÍS y es además autor de libros como El siglo de la ciencia: nuestro mundo al descubierto (2009, Península).

Con la posible excepción de sus estudiantes de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, nadie había oído hablar de Yuval Noah Harari hace 10 años. Fue entonces cuando su libro Sapiens: de animales a dioses se propagó por el mundo como fuego por la paja y le convirtió en uno de los intelectuales más influyentes del planeta. Junto a un par de secuelas y una versión para niños, Sapiens ha vendido 45 millones de copias en 65 idiomas, un prodigio para un erudito ensayo de 500 páginas. Al menos desde que Sapiens se encaramó a la lista de superventas de The New York Times durante 96 semanas seguidas y Bill Gates lo aclamó como uno de sus libros favoritos, Harari se convirtió en una especie de oráculo de Delfos de las élites mundiales. Si el jefe de Meta (Facebook), Mark Zuckerberg, organiza una reunión sobre los efectos de la tecnología en la humanidad, invita a Harari. Si la Unesco quiere informarse sobre la pandemia de covid y la ciencia internacional, invita a Harari. No hay un solo medio de referencia en el mundo que no haya entrevistado a Harari varias veces.

Y sin embargo hay científicos que dudan del rigor académico del autor israelí. El mensaje central de Sapiens es que los humanos hemos llegado a dominar el mundo porque somos capaces de creer en cosas que no existen, como el dinero, los dioses, las naciones y los derechos humanos, porque esos relatos ficticios nos permiten formar grandes coaliciones. Sin duda es una idea atractiva, casi magnética, pero no está bien fundamentada en la ciencia actual. Pese a estas críticas académicas, el tecnopesimista Harari sigue siendo un autor muy interesante, y acaba de demostrar su buena forma con Nexus, una exploración profunda de las redes de comunicación y sus efectos dramáticos en las organizaciones humanas. Hay Harari para rato.

Michael J. Sandel

Minneapolis (EE UU, 1953). Filósofo ético que ha escrito sobre cómo ha de ser nuestra democracia y que también ha criticado ideas preconcebidas sobre la meritocracia en libros como Justicia (2010, Debolsillo) y La tiranía del mérito (2020, Debate).

Por Montserrat Domínguez (Madrid, 1963). Directora de contenidos de la Cadena Ser. Antes fue subdirectora de EL PAÍS, directora de El HuffPost y directora de Hora 25, en la Ser.

Hay dos causas que Michael J. Sandel identifica como la base del descontento democrático que se extiende como un virus entre los ciudadanos: la pérdida de dignidad en el trabajo y el vaciamiento de los espacios públicos de convivencia. Es en estos dos ámbitos donde la globalización y el neoliberalismo de las últimas décadas, aceptados como verdad inapelable incluso por líderes socialdemócratas como Clinton, Blair o Schroeder, han actuado como un ácido corrosivo. Reconozcamos, dice Sandel, que el trabajo no es sólo una manera de ganarse la vida: es también una vía de reconocimiento, de aportación al bien común, de sentirse respetado. Si ves caer tu salario y tu autoestima social, los políticos hipernacionalistas sabrán explotar esa frustración legítima para buscar chivos expiatorios. Porque el malestar es real, tan real como el aumento de la desigualdad, y algunos saben redirigirlo hacia posturas racistas, xenófobas o misóginas.

Hay antídotos, sugiere Sandel: como asumir que la democracia no necesita de una igualdad perfecta, pero sí que haya lugares de encuentro y de interacción donde aprendamos a negociar y a convivir con nuestras diferencias. Los guetos de los ricos y sus cachorros, su desinterés por esos espacios públicos de intercambio de ideas y experiencias, acaban pasando factura al sentimiento de comunidad y de pertenencia, y al compromiso por el bien común que es imprescindible para que las democracias prosperen.

Los libros de Sandel, sus charlas en auditorios abarrotados y sus cursos de Harvard, online y gratuitos, suman audiencias que hacen palidecer de envidia a los youtubers. Resulta que sí nos gusta leer, escuchar y debatir sobre justicia, ética, política y filosofía. En tiempos de polarización, no es un logro menor el de este aspirante a periodista reconvertido en uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo.

Martha Nussbaum

Nacida en Nueva York (EE UU, 1947), esta filósofa ha escrito sobre valores políticos y ha defendido la importancia de las humanidades en libros como Crear capacidades (2012, Paidós).

Por Daniel Gascón (Zaragoza, 1981). Periodista y escritor. Tiene una columna semanal en EL PAÍS y dirige la edición española de la revista cultural Letras libres. Es autor de libros como La muerte del hipster (2021, Literatura Random House).

Martha Nussbaum, profesora de Derecho y Ética en la Universidad de Chicago y premio Princesa de Asturias 2012, ha escrito sobre el pensamiento de los griegos y los romanos y lo que podemos aprender de él, sobre el feminismo y sobre la importancia de las emociones en política, sobre el enfoque de las capacidades, sobre la intolerancia religiosa y sobre los derechos de los animales.

Algunas de las cosas que subraya pueden parecer anodinas de pura sensatez, pero no eran populares en su momento. En La fragilidad del bien (1986) hablaba, a partir del estudio de la tragedia griega y de algunas obras filosóficas, de la vulnerabilidad y del desastre. Algunas preocupaciones humanas nos colocan en posiciones vulnerables (el amor implica el miedo a perderlo); como las cosas valiosas son plurales, establecen relaciones variables y conflictivas; esa fragilidad no es un bien en sí mismo ni algo romántico.

Otra aportación importante de Nussbaum es el desarrollo del “enfoque de las capacidades”. Si Amartya Sen había realizado un planteamiento económico del asunto, Nussbaum elaboró la versión filosófica. Ese enfoque considera que para valorar cómo hace las cosas un país, la medida correcta no son solo los indicadores económicos como el PIB per capita, sino “lo que la gente de verdad puede hacer y ser. Las capacidades no son solo destrezas, sino oportunidades sustantivas para elegir cosas que el individuo valora”. Nussbaum, que ha estudiado la influencia de las emociones y ha analizado la tradición cosmopolita, reivindica el valor moral de la nación y defiende un liberalismo de “corte socialdemócrata” y pluralista. El liberalismo, ha dicho en alguna ocasión, también necesita amor.

Slavoj Žižek

Nacido en Liubliana (Eslovenia) en 1949, este filósofo ha analizado la sociedad y la política con referencias al psicoanálisis y a la cultura pop.

Por Marina Garcés (Barcelona, 1973). Filósofa, su último libro es El tiempo de la promesa (2023, Anagrama)

Corrían los posmodernos años noventa, cuando un extraño filósofo que no era ni francés, ni italiano, ni alemán nos enseñó a pensar que la tolerancia podía ser peligrosa, la comida light poco saludable y el matrimonio un desafío frente al individualismo disfrazado de emancipación. Hablaba de cine, de Hegel y de Lacan. Haciendo crítica de la ideología, nos dio la bienvenida al desierto de lo real.

A Žižek no le ha dado miedo convertirse en un meme. No pretende ser dialogante, ni académico, ni biempensante. Entiende la filosofía como un acto de radicalidad incómodo e inadecuado que no puede contentar a nadie. Por eso dudo que sea una influencia de las izquierdas, si entendemos por izquierdas aquellas organizaciones que establecen un marco de lo posible en el espectro de la representación política. Su filosofía no puede sostenerse en el espacio de la representación: se abre a esa noche del mundo que nos habita. Su obra principal, El espinoso sujeto (Paidós), reivindica al sujeto trascendental frente a la historicidad de las subjetividades posmodernas. No se conforma con reducirlo todo al relativismo de las diferencias y de sus encuentros; nos invita a pensar la negatividad abismal que nos constituye. Sólo ahí podemos entender la potencia de la imaginación y la radicalidad de la revolución.

Nos enseñó a ver que la tolerancia era el problema, cuando el multiculturalismo, las dietas y la flexibilidad de todas las formas de vida eran la coartada para el triunfo del neoliberalismo. Hoy, este ha abrazado un autoritarismo que no necesita ser tolerante. El poder muestra su verdad más oscura y Žižek alerta de que ya es tarde para despertar. Esto no significa quedarnos dormidos, sino adentrarnos en la noche para volver a pensar lo no dicho de la historia de Europa, que no son la razón ni la revolución, sino la guerra.

Byung-Chul Han

Filósofo y ensayista surcoreano, afincado en Alemania (Seúl, 1959). Destaca por sus libros breves que critican el capitalismo, la tecnología y la visión actual del trabajo.

Por Delia Rodríguez (Logroño, 1978). Periodista especializada en la relación entre tecnología y sociedad. Es autora de Memecracia (2012, Gestión 2000).

Byung-Chul Han no tiene ideas sino axiomas. Pertenece a esa raza de médiums que, como el matemático Ramanujan o la escritora Lispector, capturan voces sobre el papel: “Las [palabras] que están en los libros no son mías. Recibo las que me visitan y las copio”, dijo en una desconcertante entrevista en este periódico. Sabemos que nació en Corea del Sur y se fue a Berlín, tiene 65 años, es profesor, toca el piano, cuida un jardín e intenta trabajar poco. Por tanto, nos cae bien.

También nos gusta porque su obra canaliza las preocupaciones de internet, que son las nuestras, y cuando digo nuestras quiero decir mías: la opresión de la autoexplotación; la salud mental como la patología contemporánea; la importancia de los rituales y objetos analógicos; la trampa de la autooptimización; la narración y su crisis; la emocionalización, el narcisismo, y la aceleración de la sociedad digital. Al leerlo pienso que ya podría dejar de expresarse como un pitagórico del siglo VI antes de Cristo, alargar las frases y explicarse mejor; después me olvido y vuelvo a comprar sus libritos que creo escritos para mí. Le acusan de repetirse, es cierto y me da igual, porque lo dicho me resuena y deseo volver a oírlo. Así funciona el nuevo mundo, por cierto, o lanzas una y otra vez tu mensaje a internet junto a un buen titular o será ignorado.

Supongo que por su conexión con la cultura digital, su extravagancia personal o su falsa sencillez se le llama pensador de moda; algo curioso porque a pesar de los 100.000 ejemplares vendidos en España y Latinoamérica solo de La sociedad del cansancio, no es popular en EE UU. Auguro, pues, que pronto estará de moda de verdad, porque aún hay quien no reconoce sus axiomas.

Peter Singer

Melbourne (Australia), 1946. En obras como Ética práctica (1980, Akal) ha hablado de temas como el altruismo, los derechos de los animales y el medio ambiente.

Por Marta Peirano (Madrid, 1975) es periodista. En su último libro, Contra el futuro (2022, Debate), reflexiona sobre qué podemos hacer los ciudadanos ante el cambio climático.

El famoso utilitarista australiano sedujo a los tecnócratas proponiendo una fórmula basada en la lógica, los datos y la eficiencia para identificar las causas que benefician al mayor número de personas con la menor cantidad de recursos, en un entorno históricamente caracterizado por la intensidad emocional. Lo llamó altruismo efectivo, y en los últimos años ha sido utilizado como filosofía ética por figuras de Silicon Valley como Sam Bankman-Fried, fundador de FTX, y Sam Altman, CEO de OpenAI, para justificar una extracción masiva de recursos en beneficio de una humanidad que todavía no existe. Pero, si Peter Singer tuviera que votar entre la expansión a Marte y que seamos colonizados por una raza extraterrestre con talento para la felicidad, iría con los segundos. Singer se dedica a la erradicación del sufrimiento. La especie que lo consiga cuenta con su aval, independientemente de su origen.

En Liberación animal, libro que le catapultó a la fama en 1975 y le convirtió en padrino del movimiento por los derechos animales, propone el concepto de especismo, prejuicio moral idéntico al racismo o el sexismo, creado para justificar una cultura de explotación no respaldada por criterios científicos. Además de premios y condecoraciones, acumula doctorados honorarios de universidades como Harvard y Oxford. Es coeditor de la Revista de Ideas Controvertidas, fundada en 2021 para publicar textos sobre temas éticos, políticos y sociales que cumplen estándares de calidad académica pero han sido rechazados por tratar temas sensibles o desafiar las estructuras convencionales de la academia.

¿Y las mujeres? Una lista desigual (aunque no tanto)

Carmen Pérez-Lanzac 

Sí, apenas hay pensadoras en esta clasificación. Los años de ausencia y de arrinconamiento también están presentes en este ranking. En un categórico primer lugar (aventaja en más de 50 puntos al segundo), tenemos a Judith Butler, que nació mujer pero tiene reconocido en su California natal el género no binario (ni hombre ni mujer). Su gran aportación filosófica, defender la subversión de la identidad, claro, le es cercana. Y en el puesto 7º, la filósofa Martha Nussbaum, que apoya la plena realización de todos y cada uno de los individuos. Por lo demás, la lista es un desierto en clave femenina.

Pero los diez primeros son la punta del iceberg. Hasta 288 pensadores han sido seleccionados. Y entre el puesto 11 y el 20 hay 7 mujeres: la ensayista estadounidense Naomi Klein (11º), la economista italiana Mariana Mazzucato (12º), la filósofa estadounidense Donna Haraway (16º), la socióloga francoisraelí Eva Illouz (17º), la feminista francesa Hélène Cixous (18º), la investigadora cordobesa Remedios Zafra (19º) y la filósofa estadounidense Wendy Brown (20º). La cosa mejora algo.

En Ideas estuvimos pendientes del equilibrio de género. El jurado lo conformaron 32 mujeres de un total de 56 personas. Mientras, queremos contribuir al avance hacia un top 10 equilibrado entre género, raza, clase y en el que los pensadores no procedan de una forma tan rotunda (9 de 20) de un solo país occidental, Estados Unidos.

El método y el jurado

Esta encuesta se realizó pidiendo a 56 expertos de diferentes ámbitos (historia, política, tecnología, academia, ciencia, periodismo) que eligieran a los que, a su juicio, son los diez pensadores vivos más influyentes de la actualidad. Los hemos ordenado en función del número de votos obtenidos.

El jurado estuvo compuesto por: Noelia Adánez, Jordi Amat, Irune Ariño, Olga Belmonte, María Blanco, María Blasco, Isabel Burdiel, Eurídice Cabañes, Victoria Camps, David Cano, Olga Cantó, Ana Carrasco-Conde, Ernesto Castro, Xavier Coller, Sonia Contera, Estrella de Diego, Mara Dierssen, Joaquín Estefanía, Lorena Fernández, Soledad Gallego-Díaz, Daniel Gascón, Gutmaro Gómez-Bravo, Pedro Carlos González Cuevas, Mariona Gumpert, Jordi Gracia, Óscar Horta, José María Lassalle, Lucía Lijtmaer, Paloma Llaneza, Laura Llevadot, Ramón López de Mántaras, Chantal Maillard, Carles Manera, Máriam Martínez-Bascuñán, Joan-Carles Melich, Enrique Moradiellos, Javier Moscoso, Paloma de la Nuez, Nuria Oliver, Anna Pagès, Marta Peirano, Ignacio Peyró, Alana S. Portero, Jahel Queralt, Juan Ramón Rallo, Clara Ramas, Joaquín Reyes, Sara de la Rica, Andrea Rizzi, Delia Rodríguez, Carlos Rodríguez Braun, Javier Rodríguez Marcos, Pere Rusiñol, Javier Santamarta, Marta Segarra y Natalia Velilla.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Habla el máximo estudioso de la desigualdad, Piketty

Thomas Piketty: "La motivación económica para pedir la independencia en Cataluña es muy significativa"

Jueves, 12 diciembre 2019, El Mundo:

Thomas Pikkety (Clichy, Francia, 1971) va con prisas. Las huelgas de Francia lo han retrasado. Además, tiene mucha experiencia dando respuestas después del best seller que supuso El Capital en el Siglo XXI (2014). Ahora vuelve con Capital e Ideología (Ed. Deusto), donde pone sus tesis sobre la desigualdad económica a caminar por la historia de la humanidad. Su propuesta para transitar hacia un nuevo capitalismo: un impuesto del 90% a los superricos, una herencia de 120.000 euros para todos a los 25 años y la desaparición de los impuestos indirectos.

"La desigualdad no es económica o tecnológica: es ideológica y política". Ésta es la principal conclusión de su libro. ¿Qué me dice si le digo que la desigualdad es un fenómeno natural?

Bueno, viene de la naturaleza, en el sentido de que todo el mundo es diferente y tiene talentos distintos, pero luego las instituciones desarrolladas por el hombre hacen la diferencia. En algunas instituciones se exacerba la desigualdad inicial, se acumulan grandes concentraciones de riqueza y de propiedades a través de las familias. La gran lección de la historia es que el sistema legal o fiscal o educativo puede suponer una diferencia inmensa en términos de desigualdad. Las élites siempre son conservadores y quieren ver la desigualdad como algo imposible de cambiar. Pero la historia nos demuestra lo contrario.

¿Por qué escribe sobre Cataluña que es "especialmente chocante comprobar que el nacionalismo catalán es más acusado entre las categorías sociales más favorecidas que entre las más modestas"?

El problema de Cataluña es complicado y mi intención no es afirmar que la queja fiscal es la única que existe. Sabemos que hay asuntos relacionados con la forma de gobierno -república versus monarquía, por ejemplo- y hay muchísimos conflictos. Pero a mí me preocupa el tema fiscal y que parte de la motivación para la independencia, no toda, pero una parte importante, sea el afán por mantener más ingresos fiscales dentro de Cataluña.

¿Pero usted se declara sorprendido porque esperaba que en Cataluña los más ricos y educados fueran menos nacionalistas o qué?

Es que es muy chocante que pase esto. Porque si fuera únicamente por la cultura o por la lengua, no esperarías que la relación del separatismo con el nivel de rentas fuera tan fuerte. Que esta relación se de lo que sugiere es que la motivación económica para pedir la independencia es muy significativa. Me gustaría que los independentistas de izquierda clarificasen su postura en lo referente a la solidaridad fiscal. Sé que la gente que defiende la independencia de Cataluña quiere quedarse en la UE y mi pregunta entonces es muy simple: ¿aceptarían seguir pagando las transferencias fiscales a nivel federal europeo o quieren ser una especie de Luxemburgo para atraer más inversión y quedarse los ingresos fiscales para ellos solos? No podemos organizar Europa con un montón de paraísos fiscales que compitan entre sí, necesitamos solidaridad. Estoy seguro de que en California estarían muy contentos de quedarse sus ingresos fiscales, pero tienen que pagar a Washington su impuesto federal y ese es un sistema bueno para tener un proyecto federal más amplio. Y la UE debería ser un proyecto así, no basado en la competencia fiscal de todos contra todos.

Hay gente que dice que la única posibilidad de que su sistema impositivo global se imponga es un gobierno mundial "al estilo chino", para evitar la competencia fiscal entre países...

El sistema chino es muy opaco y muy desigual. En los países postcomunistas, como Rusia y China, puede haber un partido comunista, pero el sistema económico es más capitalista que comunista y de hecho tanto Rusia como China se han convertido en los mejores aliados de los paraísos fiscales y del hipercapitalismo. En estos países algunas personas cercanas al poder se convierten en oligarcas y pueden transmitir toda su riqueza a sus hijos sin ningún tipo de regulación o impuestos. Para mi esta es la peor combinación posible.

¿Y entonces cómo se impone su fiscalidad global?

Creo que se puede hacer a muchos niveles. En España, en Francia... Por supuesto, podemos avanzar mucho si lo hacemos conjuntamente, pero ya se puede hacer mucho a nivel de los países, sobre todo si abandonamos esta visión de que podemos tener circulación libre de capitales sin ningún tipo de regulación, sin ningún tipo de intercambio de información sobre quién, cómo y cuándo transfiere. Ese fue un gran error del Tratado de Maastricht. Estoy a favor de la circulación de las inversiones, pero el tratado no contempla ninguna sanción para los países que no transmiten información fiscal y creo que deberíamos cambiarlo...

Hay más de cien países que intercambian información fiscal...

Pero no sabemos exactamente qué es lo que comparten. No hay ninguna administración fiscal en el mundo, ni en Francia ni en España, que sea capaz de decir qué información tienen y cómo la utilizan. Si queremos que el sistema funcione tiene que haber sanciones vinculantes para los países que no facilitan información. Seguimos en la etapa de hablar de cuentos de hadas, pero hay que cambiar los tratados europeos. Y tenemos ese problema de la unanimidad: algunos países no quieren cambiar esto, quieren tener tratados independientes. No podemos esperar a que la unanimidad llegue para cambiar en Europa.

El énfasis suyo y de sus colegas en el 1% más rico ha capturado la imaginación de mucha gente. Pero la cuestión es: ¿qué pasa con el resto? Podemos tener dos países con el mismo 1%, pero con un 99% restante muy diferente: uno muy desigual y otro no.

En el caso de EEUU, lo que es muy chocantes es que el gran auge de la parte superior de los dueños del 1% de la renta se ve igualado por el 50% inferior. Ha habido un colapso en la participación de la renta nacional. Lo que solía ser un 20% de la renta, ahora es un 10%. Lo cual es aterrador. Se puede explicar por el hecho de que el 1% superior ha acaparado una mayor parte de una economía que no crecía muy rápido. Si hubiera mucho crecimiento igual no hubiera habido un problema. Esa fue la promesa de Reagan en los años 1980. Si la economía crece mucho, entonces todo bien, porque habrá una participación más pequeña, pero de una tarta más grande. Pero si ves el rendimiento de la economía de EEUU en las tres décadas posteriores a Reagan y antes, el hecho es que se ha visto reducido a la mitad. Y eso se debe a muchos factores, incluyendo la falta de inversión pública en la educación, la caída de los salarios... No queremos seguir este camino en Europa, pero no podemos estar seguros de ello porque las fuerzas de la competencia fiscal va en esa dirección.

Le preguntaba por el 99% restante porque hoy, en Francia, en Chile y en Hong Kong, son las clases medias las que protestan...

Sí, por supuesto, la clase media ha sufrido porque han visto un estancamiento de su renta. No un colapso como el que ha sufrido el 50% más pobre en EEUU, pero sí un estancamiento. Y se puede ver en algunos casos que acaban pagando más impuestos que los que están arriba que son capaces de zafarse de sus obligaciones tributarias. Y esto es muy peligroso, porque si la clase media tiene la sensación de que están pagando más que los de arriba, entonces todo el contrato social y el consentimiento fiscal se ve machacado porque puede ser que la clase media diga 'no queremos pagar más' y ya nadie quiera mantener el sistema. Pero este modelo social que tenemos en Europa es el que ha evitado que la desigualdad llegue a los niveles americanos. El sistema europeo es frágil y si no tenemos más cooperación entre nosotros para que el sistema fiscal sea más equitativo, el contrato social se verá amenazado.

Con sus libros siempre se habla mucho de impuestos. Hace poco en un debate con Gabriel Zucman y Emmanuel Saez, Larry Summers, que fue secretario del Tesoro con Clinton, dijo que el impuesto a los ricos que ustedes proponen es "mala política, mala economía y basada en malos datos". ¿Qué opina?

Pienso que Larry Summers es un mal economista en temas de desigualdad. No conoce bien los números, no ha hecho investigación sobre estos temas. Él ya estaba en el poder en tiempos de Bill Clinton en un momento en que había una intensa desregulación financiera y él empujaba para que hubiera cada vez más. Debería ser un poco más humilde a la vista de lo que ha hecho y las consecuencias que tuvo en la crisis financiera y en la desigualdad creciente en EEUU. Siempre ha habido economistas conservadores como Summers. Antes de que se creara el impuesto federal sobre la renta había muchísimos Larry Summers diciendo que no debía existir una fiscalidad progresiva, etc. Y hoy, en 2019, tenemos a Larry Summers, diciendo que no queremos un impuesto federal sobre la riqueza. Pero cuando hoy tienes 100 multimillonarios y había 30 hace 10 años y 10 hace 20 años y este proceso de concentración sigue tanto o más de prisa que el tamaño de la economía, no puedes decir que tener unos tipos impositivos de un 6% o 7% como los que proponen Zucman o Saez sea excesivo. Si ves la tasa de crecimiento de las fortunas es mucho más veloz que la tasa de crecimiento de la economía. Si crecieran a la par, podrías decir que todo el mundo está creciendo, que hay ricos y pobres, pero que todos se están beneficiando, pero aquí hay un desequilibrio enorme y si Summers no es capaz de ver eso debería leer más revistas sobre billonarios y analizar los datos.

El éxito de su primer libro creó problemas a la socialdemocracia, porque los conservadores apenas se sienten aludidos por la desigualdad, les atemorizan más sus ideas sobre impuestos expropiadores. En este libro, la crítica a la socialdemocracia es aún más explícita. La acusa de renunciar a organizar de otra manera la economía global y la superación del Estado-nación...

La socialdemocracia históricamente ha conseguido grandes logros. Comparado con otros proyectos políticos han sido capaces de poner en marcha sistema sociales, fiscalidad progresiva, educación pública, pero ha habido una fuerte limitación empezando en 1980 y 1990 a nivel de la integración europea. Se cometió un error al tener una sola moneda y circulación libre de capitales sin un presupuesto y una fiscalidad común. Estoy a favor de la circulación libre, pero necesitas una fiscalidad común. Los socialdemócratas han estado en el poder en Francia, en Alemania, durante muchísimos años. En Francia entre 1981 y 2017, han estado 20 años en el poder. Cuatro legislaturas con mayoría absoluta. En ese mismo periodo también estaban en el poder en Alemania y nunca se dio una propuesta socialdemócrata explícita para cambiar Europa.

Dice que el hecho de que Mark Zuckerberg tuvo una buena idea comercial con 25 años no justifica que a los 50 o 70 siga controlando Facebook. No cree que este planteamiento puede acabar con las buenas ideas a los 25 años...

Creo que Marc Zuckerberg hubiera estado muy contento de crear Facebook incluso si se le hubiese dicho al principio que en vez de tener 50.000 millones en acciones sólo iba a tener 1.000 millones o cien millones. ¡Cuando eres un estudiante qué más te dan cien millones que un millón! ¡Ya estás motivadísimo! La gran mayoría de los emprendedores útiles no son multimillonarios, son personas que logran acumular un millón o quizás diez millones si tienen muchísimo éxito, pero la idea de que un emprendedor necesita tener billones para que la economía sea eficaz es errónea. Creo que vivimos en sociedades con un nivel de ingresos muy altos...

¿Pero sus tesis conducen a la desaparición del concepto de ahorro que es la base de la acumulación capitalista que critica?

En el caso de Zuckerberg no se trata de los ahorros, se trata de que tuvo una idea muy exitosa, no fue un lento proceso de ahorro, sino que fue una fortuna muy rápida. Este proceso de creación de fortunas rápidas creo que tiene que sustituirse por un flujo de movilidad circular del poder y de la economía, sobre todo para los grandes niveles de acumulación de capital