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sábado, 27 de septiembre de 2025

El pensamiento de Hegel para Escohotado

 [Versión transcrita y corregida por mí desde Youtube del diálogo en la 2 entre el famoso filósofo Antonio Escohotado y otros dos pensadores]

El hecho más importante de mi evolución intelectual es el conocimiento de Hegel. Sí que fue fuerte; al principio quedé pasmado, pero me di cuenta también de que era el único que iba a fondo, que decía las cosas con una hondura parecida a la que tiene la vida al plantearnos las situaciones. O sea, que era totalmente descarnado. Y por supuesto que era el hombre más culto que yo había encontrado y escribía como un torrente, o sea, creo que no hay un prosista comparable a Hegel en sus buenos momentos; creo que podemos hacer 10 párrafos de Hegel inigualables; lo que pasa es que podemos encontrar unos 50.000 insufribles.

Hegel es el filósofo que dice que las cosas son resultado, o sea, las cosas no son a prioris. Todo el mundo matemático, que es el mundo de lo abstracto, supone que las cosas cumplen una hipótesis preestablecida; Hegel es el primero que dice: "Lo verdadero es el todo, y el todo es siempre resultado", es decir, las cosas son su propia historia: no hay nada detrás del mundo mas que lo que el mundo ha ido haciendo en cada caso. Yo no entiendo nada si me dan una definición de una cosa; pero, en cambio, si entiendo cómo nació y cómo murió, entonces ya estoy en la cosa. Toda mi vida he sido historiador de esto o de lo otro, pero es que, digamos, mi método (que es el hegeliano), por lo demás, es ese, es atención a lo concreto.

¿Y cómo fue el descubrimiento de Hegel, cómo fue su primer contacto?

Yo estaba trabajando en Husserl, dentro de aquel afanoso momento de mi vida donde las noches las empleaba en estudiar, y me iba a la oficina y luego dormía por las tardes; todo aquello. Entonces llegué (después de Hermes Trimegisto, Escoto Eriúgena, Duns Escoto, Descartes, Leibniz, Spinoza... pim, pam, pum, pum) llegué a Husserl; curiosamente había omitido a Hegel. Llegué a Husserl, la fenomenología, y estuve allí como dos meses. Me acuerdo que me iba a la Biblioteca Nacional; hacía frío, tenía que usar mitones, o sea, esos guantes cortados, y estando ahí, porque era muy difícil conseguir las Meditaciones cartesianas y las Ideas para una fenomenología pura y Una filosofía fenomenológica, que es el tocho este insoportable, de repente, un día, se equivocó el bibliotecario. Me trajo la Fenomenología de Hegel cuando yo estaba ahí en la Nacional. Entonces empecé a leer, y digo: "Pero, bueno, es lo mismo, pero este habla de la cosa y el otro habla por hablar y habla del hablar", o sea, el otro es un vano, es un gaseoso, Husserl, es un académico vacío, y aquí, en cambio, está el tomate, y ahí me metí y no lo he dejado, no he salido. 

Hegel tuvo un gran problema durante unos 20 años: que tenía tal cantidad, tal flujo interior de conciencia, de tal densidad, que no sabía explicarse. Y eso es lo que pasa con la Fenomenología, que es el libro más brillante, pero eso, que es misterioso, es tremendamente difícil de trabajar, porque es que tiene unas reiteraciones... Por ejemplo: "Sí, porque esto es inmediato, pero es solamente inmediato en su mediación, porque al mediarse en realidad su inmediatez se le presenta como primer momento de sí mismo, que no se complementa con la forma de sí que está implicada en el mediar". Y dije "me cago en tu padre". Pero, sin embargo, el inventor de la palabra mediación es él, o sea, y eso esto es tremendo, o sea, sin la palabra mediación no se entiende lo que podemos llamar devenir, tiempo, ocurrir, cambio. O sea, cuando Hegel dice "el destino de inmediato es ser abolido", caramba, dice una de esas cosas tremendas que se dicen una sola vez, y se entienden o no, pero que si se entienden te ayudan; es como si tienes un trineo para ir por la nieve o tienes que ir caminando ahí haciendo agujeros

Pero, para la inmensa mayoría, Hegel es bastante inescrutable por esa complejidad

Luego aprendió a escribir Hegel y nos han venido muy bien los apuntes de clase, que es gran parte un 40-50 % de su obra. 

Son apuntes de clase, pero de tipos inteligentes como Karl Ludwig Michelet, Bruno Bauer... tipos muy, muy inteligentes, y gracias a ello tenemos un corpus maravilloso.

De Hegel quedan, hay dos ideas fundamentales, que es la idea de la categoría, que también es bastante malinterpretada, malentendida. 

Eso me decías el otro día: me hablabas de que si Hegel tenía categorías fijas; no, todo el trabajo hegeliano es demostrar que el pensamiento y el ser son uno, y que son uno justamente en el ir superando la separación de las categorías, es decir, demostrando que ninguna existe por sí sola y que solamente en su fluir, eh, tienen sentido... 

Y este análisis hegeliano, el fluir, el devenir, que son palabras importantísimas...

Así empieza la ciencia lógica, dice: ser puro ser es igual que nada, nada pura, nada es igual que ser. ¿Qué hay? Pues el tránsito del ser a la nada, el devenir. Empecemos por la realidad.

Y el devenir, que es evolución, que es verbo, que es acción. 

Claro

Que es una parte para entender su filosofía, la de Escohotado, y para entender la realidad, la real.

Pero si es que Hegel te ha dejado una Historia de la religión, una Historia de la filosofía, una Filosofía de la historia, una Historia y filosofía del derecho, una Historia y filosofía de la estética, o sea, en realidad ha cubierto todos los campos: es increíble el trabajo hegeliano,  aparte de que el joven Hegel fue el que más profundamente pensó la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Tiene una vida de Jesús, el libro este maravilloso del Espíritu del cristianismo y su destino es una maravilla; ahí escribía muy bien; cuando empezó a escribir mal fue cuando le llegó la iluminación, tremenda, tenía demasiado contenido y no podía, no podía sacarlo fácil. La Fenomenología es un libro, la Fenomenología del espíritu, un libro de unas 800, 700, más bien 800, páginas donde es un repaso de la historia universal, pero sobre todo de la occidental, con la singularidad de que no hay un solo nombre propio, o sea, existen las figuras de la conciencia: el alma vil, el alma noble, el quijotismo, el siervo, el amo, eh, la revolución... pero ni un solo nombre propio: no se ha vuelto a producir en la historia del pensamiento nada parecido.

Porque usted ha escrito una historia del comunismo

Sí.

...llena de nombres propios... Es exactamente personificado.

Bueno, pero es que yo vengo de Internet. Si Hegel llega a tener Internet, no te cuento.

Ya lo que, lo que...

No te cuento, o si Aristóteles hubiera tenido...

Usted escribió la primera tesis doctoral sobre Hegel ¿no?

Sí, eso fue La conciencia infeliz, que fue un análisis de la diferencia entre una religión positiva, y una... y una... y una religión, o sea, es que, al positivarse, pues claro, todo se convierte: el concepto pasa a ser representación, y la verdad pasa a ser farsa o rito.

¿Por qué dicen que Hegel es de los más complicados de entender?

Porque él solo aprendió a escribir cuando ya estaba cerca de morir. No sé si sabes que Hegel murió porque le trajo la mujer el cólera: la mujer de Hegel y la mujer de Fichte iban a hospitales de la guerra austroprusiana del 30, y entonces, de ir a los hospitales. Había una plaga de cólera, y los pobres dos grandes catedráticos de Berlín, Hegel y Fichte, murieron en 24 horas. Era la mente más profunda, centelleante, y, claro, como él no sabía escribir,  el lector pues se perece doblemente; no solo es la enorme profundidad: ten en cuenta que lo que Hegel intentó fue hacer visibles las fuentes del movimiento. Es muy fácil ver una cosa movida, pero no suele ser visible el resorte que la mueve. La filosofía hegeliana es un intento de reflexionar sobre el resorte dinámico de las cosas y, claro, eso es algo así como hacer visible lo invisible. Y eso es lo que hace tan difícil, pero también lo que le hace tan esencial, porque es el único pensador que en vez de ver cosas fijas ve flujos, ve de venir en vez de ser, o nada, que es lo que ven los otros. El amo sucumbe ante el esclavo porque el esclavo le proporciona el mundo transformado, y entonces, claro, empieza a catar las cosas como en sus formas más refinadas, no simplemente un mordisco se come de un cocodrilo, sino que se prepara un solomillo de cocodrilo a las finas hierbas. Y esto es una diferencia colosal. O sea, la del bípedo implume por ejemplo sobre el cuadrúpedo peludo.

Y el amo, en principio, debía refinarse y seguir siendo tan fiero como al comienzo, tan implacable como cuando le dijo al otro: "Mira, aquí, yo no estoy por la labor de pelear con el mundo: o me mato, o, mejor, te amenazo a ti de muerte; porque, si te pones de siervo mío, me vale. Y entonces, de repente, ya no somos animales, ya somos seres espirituales que luchamos por el prestigio. El prestigio funda nuestra vida. Y, entonces, al darnos esa meta más alta, de repente, ya posiblemente descubrimos el fuego, etcétera, etcétera... Si el hombre se apega a sus formas más corpóreas y elementales, pues claro, nunca vuela y nunca llega a ser "el hombre", llega a ser el que eres, ¿te acuerdas? La invocación...

El hombre es sociedad, porque es el prestigio, la fama es algo que te dan los demás y por lo que luchas.

Aquí todavía no hay sociedad, no hay más que dos antropoides, uno está dispuesto a dejar de ser antropoide, y el otro, por el hecho de servirle, también va a dejar de serlo, y en grado mucho más eminente, porque, trabajando con lo negativo, soportando el dolor, se va capacitando, claro, y en el siervo está la semilla del sabio igual que en el amo está la semilla del consentido, del pobre miserable, que finalmente dice: "Yo no me muero. ¿Verdad que yo no me muero?".

Sí, pero por ejemplo eso parece lo que iba a decir Luis. Hegel dice que "el esclavo es esclavo porque no arriesga la vida".

No, es que tenemos una versión un poco distinta. Yo desde [Kojève] tengo una, digamos, visión enriquecida de la dialéctica siervo-esclavo de Hegel, de modo que me encanta que hables de eso.

jueves, 1 de abril de 2021

La prueba del cinco

Antonio Escohotado. "La prueba del cinco", en Libertad Digital, 2018-10-14:

La prueba del cinco

La afasia más reciente y extendida insiste en pontificar sobre economía, política y sociedad apoyándose sobre un puñado de clichés anacrónicos. Me refiero concretamente a cinco términos: "izquierda", "derecha", "extrema", "ultra" y "fascista".

La afasia más reciente y extendida insiste en pontificar sobre economía, política y sociedad apoyándose sobre un puñado de clichés anacrónicos. Me refiero concretamente a cinco términos: "izquierda", "derecha", "extrema", "ultra" y "fascista".Dolores Delgado, uso repetidamente los calificativos "derecha, extrema derecha y extrema extrema derecha" en su última comparecencia | EFE

Que las palabras tengan sinónimos es la mejor demostración de que ninguna monopoliza el pensamiento o, si se prefiere, de que la inteligencia desborda siempre cualquier modalidad fija de expresión. Amor sugiere afecto, cariño, devoción; longitud evoca distancia, espacio, etcétera, y ningún término hay carente de análogos salvo para el afásico, alguien que por distintas causas –sobre todo traumatismos o una tara congénita- resulta incapaz de hablar y escribir creativamente, aprendiendo de manera simultánea multitud de palabras y la sintaxis de cada lengua, cierta lógica tan estricta como restringida a ella. La creatividad le resulta vedada porque no logra participar en ese aprendizaje paralelo, o algo como un balazo afecta parte de su cerebro, y pasa de manejar digamos 1.000 términos a 10 o 37.

Wittgenstein, padre del positivismo lógico, exhibió a mi juicio una afasia siquiera sea muy leve cuando propuso que "los límites del lenguaje son los límites del mundo", aunque quizá se tratase solo de maximalismo combinado con incultura filosófica, pues la historia del pensamiento enseña hasta qué punto hay o no hay oídos sensibles a sentidos implícitos. De lógoi, por ejemplo, que Homero usa en plural como sinónimo de cosas dichas junto al hogar, Heráclito extrae el singular lógos, definiéndolo como lo común y rector del cosmos; de indivisible (átomos) extrajo Demócrito la física más aceptada, y de aspecto (eidos) extrajo Platón nada menos que el concepto de idea.

El enjambre potencialmente infinito de cosas y relaciones es lo que compartimos con los demás.

Digamos que la inteligencia percibe los secretos del lenguaje, como un virtuoso descubre las posibilidades de su instrumento, y que los sinónimos en general son las modulaciones que cada intelecto añade a cada cosa, por supuesto relacionada con todas demás en mayor o menor medida. El enjambre potencialmente infinito de cosas y relaciones es lo que compartimos con los demás; así como aquello que permite al poeta y al sabio ensanchar de vez en cuando el campo del significado, nombrando lo hasta entonces inefable. Antes o después esas innovaciones se incorporan al acervo común, y el tesoro resultante no es el límite del mundo sino más bien el principio de su expansión, donde qué y quién –lo objetivo y lo subjetivo- van fecundándose por ósmosis conceptual.

Naturalmente, los esquimales tienen más palabras para hielo que las gentes de climas templados, y los tuareg más palabras para arena; pero el lenguaje es para todos nosotros un vehículo de comunicación, y también de expresión, que puede estudiarse con la exactitud más rigurosa en términos gramaticales y fonéticos, sobre todo desde el oscilógrafo acústico. No hay duda que letras y sonidos van de la mano con la geografía, por ejemplo, y que más allá de tal río o cordillera se pronuncia de manera marcadamente distinta, cosa tan asombrosa como innegable, y que la anatomía de cada individuo –garganta, mandíbula, dientes- juega un papel no menos destacado.

El fascismo dejó hace mucho de representar a Mussolini o a Hitler, y hoy significa "ideología del que no profesa la mía".

Pero lo divino del ser humano es su mente o espíritu, como decía Aristóteles, no un lenguaje que compartimos con muchos animales, pues ningún órgano de comunicación y reflexión agota la inteligencia capaz comunicarse y reflexionar, y el error más común entre nosotros es identificarla con el pensamiento consciente. La esfera del designio es solo lo visible de ese iceberg, cuyas nueve partes sumergidas son para nosotros impersonales e inconscientes, inasequibles para el delirio yoico del corazoncito, que solo pasa a merecer el nombre de corazón cuando cada cual reconoce la mezquindad del discurso autoreferencial.

Pero traigo este largo prólogo a colación de la afasia más reciente y extendida, que insiste en pontificar sobre economía, política y sociedad apoyándose sobre un puñado de clichés anacrónicos, puro corazoncito sin corazón, que caben en los dedos de una mano y desafían la facultad universal de encontrarle sinónimos a todo. Me refiero concretamente a cinco términos: "izquierda", "derecha", "extrema", "ultra" y "fascista".

El domingo pasado, ante la visita de dos amigos, les propuse hablar del actual Gobierno sin mencionar ninguno de ellos, y tras acordarlo -en principio sin la más mínima vacilación- ninguno acertó a formar dos frases sin recurrir a ellos. Yo iba levantando la mano cada vez, mientras decía "sinónimo por favor", y el amistoso intercambio de pareceres acabó como el rosario de la aurora. Me pareció que el experimento prometía, y el martes tuve ocasión de repetirlo con tres personas, incorporando a una dama que, por cierto, fue junto conmigo capaz de sortear los clichés en todo momento, aunque la charla terminase en términos todavía más destemplados, entendiendo los otros dos que somos "extrema derecha fascista".

El tesoro lingüístico se cortocircuita al tocar ciertos campos, como en el test de asociaciones libres la coherencia cesa al aparecer palabras ligadas con complejos

De nada sirvió recordar el punto inicial de coincidencia –esto es: que, por fortuna, tanto el nazismo como el fascismo no sobrevivieron a la segunda guerra mundial, y son desde entonces mini-grupúsculos muy desperdigados-, porque fascismo dejó hace mucho de representar a Mussolini o a Hitler, y hoy significa "ideología del que no profesa la mía". Al menor indicio de disidencia conceptual, la falta de aparato histórico y léxico instalada con la corrección política estalla, y antes de reconocer que por una razón u otra la afasia reina en este terreno, los contertulios nos mandan a freír espárragos.

Pero ¿por qué la prueba del cinco sume en silencio, o desata invectivas, en vez de sugerir que el tesoro lingüístico se cortocircuita al tocar ciertos campos, como en el test de asociaciones libres la coherencia cesa al aparecer palabras ligadas con complejos? Ya he explicado, y por largo, el malentendido de llamar con el mismo término al socialismo democrático y al mesiánico, pues ser programas incompatibles convive con llamamientos continuos a una "unidad de la izquierda". También expliqué por largo cómo la derecha se fue al centro desde finales de los años 40, estimulada por el Plan Marshall.

Por eso mismo, me parece actual y urgente hacer la prueba del cinco con amigos y conocidos, y que cada cual le busque explicación a ese colapso del verbo. Pero preparémonos, en ese caso, para que no queden ni cinco.

martes, 28 de agosto de 2018

Los enemigos del comercio, de Escohotado

I

Los enemigos del comercio: una reseña

Luis Miguel Andrés Llatas Profesor de filosofía en secundaria y bachillerato

De vez en cuando sentimos la fortuna pareja a la dicha (¿existe otra?) de dar con uno de esos libros en los que no deseamos pasar la última página. Aquellos que parecen escritos personalmente para el lector, en donde voracidad y templanza se alternan para alargar lo más posible la experiencia. Son aquellas obras en las que, una vez marcada la página, no miramos de perfil el lomo, por no enfrentarnos a que cada vez quedan menos hojas por leer. Koestler dijo que este fenómeno (el de encontrar el libro justo para el momento adecuado) lo propicia el ángel de la biblioteca. El último libro de Antonio Escohotado Los enemigos del comercio III: una historia moral de la propiedad (Espasa 2016) está más que bendecido por ese bibliófilo ser celestial.

Culminando una labor de más de 17 años de investigación, que comenzó con un año sabático en el 2000 para averiguar las causas de la pobreza y riqueza entre países que jugaban en distinta liga, llegamos al 2017 con tres ediciones ya del postrer tomo. Y las que quedan. Los apuntes de lo que iba a ser esta colosal obra sin precedentes en la bibliografía mundial bordan el texto (a ratos antropológico, a ratos biográfico y sobretodo poético) de Sesenta semanas en el trópico (Anagrama 2003), donde el autor pretendía escribir una "chalupa" que le ayudara a entender el fenómeno del comunismo.

Los enemigos del comercio se lee como si de una novela de Ken Follett se tratara, a pesar del goteo constante del dato, que va empapando el intelecto del lector según avanzan las páginas, obtenidos siempre de fuentes primarias. Hoy nos encontramos con tres tomos de más de 2000 páginas indispensables para todo aquel que pretenda conocer cómo se gesta y cómo naufraga todo propósito de crear un paraíso inmaterial (por abolición dineraria) en la tierra.

Sería imposible entrar en detalle a propósito de las inestimables aportaciones que Escohotado hace en su obra, pero quisiera, en tanto que profesor de ciencias sociales en secundaria, señalar aquellas que deberían aparecer en los libros de texto de mis alumnos y son escandalosamente omitidas:

Los movimientos revolucionarios/comunistas aparecen en etapas de relativa prosperidad y no carestía: máximo ejemplo sería el siglo XIX en donde la exuberancia de la Revolución Industrial, que permite pasar de la estacionalidad del cultivo a la estabilidad de la fábrica, despierta los primeros ardores de estómago de los mesías rojos. Ayudados por Dickens y Víctor Hugo, que pecan de amarillismo en sus obras reflejando una sociedad que no fue la del momento, surgen los primeros grupos comunistas modernos.

Ninguno de los grandes líderes del movimiento obrero, desde Marx pasando por Lenin o Stalin, fueron currantes, sino señoritos que vivían de sablazos o atracos, sin dar un palo al agua. Marx vive largo tiempo de dinero prestado o heredado (se pulió la fortuna de su mujer, Jenny von Westphalen), además de dejar morir a su hijo Edgar de hambre y de frío, mientras se negaba a aceptar un puesto de profesor en la academia de su amigo Wolff, a escasos metros de su casa. Otros tantos de sus vástagos fueron cayendo ante la desidia de quien pretendía salvar un grupo social al que nunca perteneció ni entendió. Además, nunca definió el concepto de "clase", que prácticamente confunde con estamento inamovible. Muere sin aclararlo.

La I Guerra Mundial fue consecuencia del aislamiento torticero ejercido sobre Alemania (que despuntaba como la potencia económica que hoy es) por parte de Francia e Inglaterra, ante el temor de que el país teutón se hiciera con el almirantazgo, dominando también los mares. En cualquier libro de la ESO (hagan la prueba) encontrarán que el motivo fue sofocar el excesivo belicismo de Prusia.

Durante la égida de Lenin (poco más de cinco años) murieron de frío y de hambre cerca de 30 millones de personas en Rusia. A mi juicio, uno de los datos más obviados que Escohotado rescata. Y se suponía que por la fuerza la humanidad iba ser arrastra a ser feliz (Gorki). Y a la muerte, también.

Invito al lector a que se acerque sin pereza a esta obra. Escohotado es sin duda una de las cabezas mejor amuebladas del panorama intelectual.

El acuerdo Ribbentrop-Molotov (Alemania-Rusia) firmado en septiembre de 1939 para repartirse Polonia fue el detonante de la II Guerra Mundial: ¿son acaso tan distintos los nazis de bolcheviques, cuando Hitler al final de su Mein Kampf confiesa que pretende acabar con la propiedad privada?

Para quienes duden de la semejanza entre los hunos y los otros: los estatutos de la Gestapo son un calco de los de las Chekas, siendo Dzerzhinsky el creador de las mismas a la vez que inspirador de su homólogo alemán Himmler.

Ni Mao ni Stalin (asesinos genocidas al mismo nivel que Hitler) leyeron El Capital de Marx. ¿Cómo aplicar la teoría de aquello que ni conocen?

El Che Guevara fue un liberticida que metió en campos de concentración (las UMAP cubanas) a no pocos homosexuales. ¿Lo saben quienes lucen hoy su efigie en camisetas en los Gay Pride?
Invito al lector a que se acerque sin pereza a esta obra. Escohotado es sin duda una de las cabezas mejor amuebladas del panorama intelectual. Autor a veces silenciado (cuando apareció el primer tomo en el 2008, apenas surgió ninguna crítica: creo que porque empezaba a meter el dedo en la llaga demasiado a fondo) y otras no reconocido en el ámbito universitario (el lector puede buscar por Youtube cuán hilarante fue su proceso a la hora de presentarse a cátedras), su pluma siempre libre ejerce un efecto purgante.

La falta de reconocimiento en pocos y reducidos ámbitos académicos es sin duda un peaje que al filósofo le sale muy barato pagar. Algo parecido le sucedió a Luis Cencillo en vida (Madrid, 1923-2008), otro monstruo intelectual y autoridad indiscutible capaz de expresarse en latín, griego, sánscrito o hebreo y escribir sobre mil asuntos (derecho, religión, psicología, lingüística, filosofía o arte) con un agudeza inaudita por infalible, a pesar de que tuvo que costearse personalmente las ediciones de sus libros. Búsquenlos en Internet: son urgentemente necesarios. Estos autores son, a mi juicio, dos meteoritos de la Ilustración que hemos tenido en suerte poder ver en el cielo de nuestro tiempo. No aparecen muy a menudo. En cualquier otro país serían el equivalente a un Premio Cervantes como poco.

Promete el maestro Escohotado un libro póstumo, una suerte de diario personal sobre su dieta farmacológica y las reflexiones, quizá inspiradas por ella, que vienen a su pluma mientras tanto. Solo por no ver su casa quemada por "una turba gris" espera a su muerte para que salga a la luz. Tengo unas ganas terribles de leerlo: ojalá tarde muchos años en publicarse.

II

Antonio Escohotado contra los enemigos del comercio: la batalla final
En el primer tomo les tocó el turno a los cristianos primitivos, en el segundo a Marx, y en el tercero de su ciclópea historia del comunismo, el sabio Escota desguaza la Revolución rusa y el populismo
Foto: Antonio Escohotado. (Foto: Igor Gayarre)Antonio Escohotado. (Foto: Igor Gayarre)
DANIEL ARJONA
TAGSLIBROSCAPITALISMO
TIEMPO DE LECTURA18'
24/11/2016 05:00 - ACTUALIZADO: 28/11/2016 12:11
Cuando el periodista llega al chalé pareado de Antonio Escohotado (Madrid, 1941) en la sierra madrileña, la desapacible tarde que le acompañaba se va con el humo del primer pitillo. El primero de muchos. El sabio explica que se acaba de duchar para estar "presentable" y anuncia que se muere de hambre porque, desde que ha desayunado a la una del mediodía, no ha probado bocado. "Vamos a la cocina a por cervezas y a ver si encontramos algo comestible". Voilá. Pertrechados con un filete de pollo empanado, un blíster de humus del Mercadona, mucho tabaco y las birras, nos instalamos en un salón por el que danzan sus cuatro gatos. Falta algo. "¿Quieres también un chupito de whisky con Baileys? Es un cóctel cojonudo". Venga esos chupitos, que hay que celebrar.

'Los enemigos del comercio III'.
'Los enemigos del comercio III'.
Porque Escohotado acaba de completar una empresa de 16 años, una auténtica gigantomaquia, la obra de su vida, en la que ha perseguido la historia del comunismo a lo largo de tres volúmenes y más de 2.000 páginas, desde la irrupción de Jesús en el Templo a latigazos contra los mercaderes hasta la última hora de los movimientos populistas, pasando por el cataclismo de la 'restitución' soviética. Hemos venido precisamente a hablar del tercer y último tomo, 'Los enemigos del comercio III. Una historia moral de la propiedad', que llegará a las librerías en los próximos días. Y ojo porque, nos asegura, nadie ha escrito nada igual.

El filósofo reclama que no empecemos a grabar hasta zamparse el filete, y nos aplicamos mientras tanto a charlar con la boca llena de Camus y Sartre, de la descolonización y del papa Francisco. "¡Ha dicho que los comunistas son cristianos y que el dinero es el estiércol del diablo!". "¿Tú crees que es el Papa más cercano a la teología de la liberación?". "¿Cómo el más cercano? ¡Es un teólogo de la liberación!". La tarde se escapa tras la ventana. Toca encender la grabadora.

P. El segundo volumen atravesaba el siglo XIX como un misil para dejarnos a la puerta de la Revolución Rusa. Y ahora en el tercero, por primera vez, se verifica en el mundo el comunismo moderno. El comercio es desterrado y comienza la restitución. También es abolido el dinero con una salvaje hiperinflación. ¿Fue ese el activador de la catástrofe que describes?

R. A despecho de lo carísimos que son el papel para billetes y su tinta indeleble, compraron toneladas de ambos para sacar adelante una hiperinflación que “dinamitara” el dinero, creando “un oasis extradinerario de trueque científico”. Lenin lo llevaba acariciando años, porque “la motivación no puede seguir siendo ganar dinero”, pero la rebelión del campesinado impuso retroceder desde la colectivización a la Nueva Política Económica (NEP). Aquella hiperinflación prefiguró la alemana de 1929, aunque fue totalmente voluntaria. Por lo demás, viendo que el oasis resultaba ser más bien un infierno crearon tres años después el rublo “fuerte” –cambiado a razón de seis millones de los antiguos por uno-, aprovechando las casi 800 toneladas de oro que incautaron al forzar las bóvedas del Banco Central de Rusia.

Es ridículo echarle la culpa a los particulares. ¿El fallo del comunismo en Rumanía fue Ceaucescu? ¿El de Camboya fue Pol Pot? Tonterías

P. Si en el volumen anterior te ocupas del "héroe" Marx, aquí le toca el turno a Lenin, al que llamas “héroe circunspecto”. Ha sido habitual a lo largo de este siglo la operación de salvar a Lenin y condenar a Stalin por la burocratización y el terror.

R. Eso es muy gracioso. Stalin hace lo que hace porque se lo manda Lenin o porque lo imita. Es ridículo que, cuando tú tienes fe en un proyecto y el proyecto falla, le eches la culpa a ejecutores particulares. ¿El fallo del comunismo en Rumanía fue Ceaucescu? ¿El de Camboya fue Pol Pot? Eso son tonterías. No se puede culpar a personas cuando de lo que se trata es de aplicar ideas. Y en el caso del comunismo, nadie se dio cuenta de que la idea acarreaba un mar de consecuencias. De estas consecuencias, el 99% eran indeseadas e incómodas para sacar adelante la propia idea principal. Lo imprevisto es lo decisivo históricamente. Y es lo que el utópico, o patético-enfático como yo lo llamo, no quiere aceptar porque le descubre la diferencia entre realidad y fantasía. Cuando uno no quiere cambiar pero sí que cambien los demás y no es capaz de convencerlos, recurre a dos técnicas ancestrales: la censura y la intimidación o represión. Nunca nadie había llevado estas dos técnicas hasta tal extremo como el llamado comunismo científico.

Antonio Escohotado. (Foto: Igor Gayarre)
Antonio Escohotado. (Foto: Igor Gayarre)

P. ¿No muestra Lenin al menos algo del sentido común que se desvanecería definitivamente con Stalin al permitir en 1921 cierta apertura con la NEP?

R. Para Lenin la NEP fue algo impuesto por las circunstancias -recuerda que se enfrentaba a tres ejércitos distintos (el zarista, el anarquista y el campesino), a la rebelión de Kronstadt, y al hecho de que estaban muriendo de hambre y frío unas 10.000 personas cada día-, y lo hizo expresamente para “no perder el mando”. Pero con la amargura y el disgusto suscitados por aquel “retroceso” empezaron sus insomnios y ataques de parálisis, que acabaron matándole.

P. Pero sin embargo a Stalin, que recuperó luego la colectivización, las circunstancias le dieron igual.

R. Stalin tenía una policía multiplicada por siete, un Partido multiplicado por otro tanto, y podía volver al plan de Lenin sin miedo al derrocamiento. Por supuesto, la fidelidad al programa “no revisionista” se cargó a otros ocho o diez millones de personas, en parte para liquidar a los kulaks, la clase media agrícola, y en parte porque la industrialización se pagó abriendo el diferencial entre precios impuestos al campesino y sueldos de la incipiente clase obrera.

P. Tampoco salvas a Trotski, por cierto, y, sin embargo, afirmas que era con diferencia el más brillante entre los bolcheviques. ¿Cómo es posible que Stalin acabara robándole la merienda (y la vida)?

R. Ser el más culto y bien parecido de la cúpula era peligroso cuando prosperaba el predominio de los últimos sobre los primeros, y cuento en detalle cómo su combinación de arrogancia y dogmatismo se acabó pagando con un piolet clavado en la tapa de los sesos.

Trotski era el más culto y bien parecido; eso era peligroso en el dominio de los últimos sobre los primeros y lo pagó el piolet

P. ¿Pretendió Trotski en algún momento democratizar el bolchevismo?

R. Aunque su círculo íntimo le propuso apostar por un comunismo democrático y pacífico, jamás renunció al terror como Norte.

P. Stalin y Hitler. Describes cómo ambos se admiraron...

R. Mucho más Stalin a Hitler que viceversa.

P. Pero añades una tesis interesante: el nazismo aprendió del desastre económico soviético y así le fueron mejor las cosas.

R. Completamente. Alemania atravesó un breve “milagro” económico entre 1933 y 1936, hasta que la magnitud de su gasto en rearme fulminó la recuperación. La propaganda soviética sufrió no teniendo nada material que ofrecer, mientras Goebbels se jactaba de regalar cruceros, radios y coches al obrero de aquellos años. . 

P. Al mencionar el caso español y la Guerra Civil, defiendes que el miedo a la revolución puso a la mayoría de los españoles en manos de Franco. ¿En qué te basas?

R. A mí me lo contó mi padre, Román, pero se lo escuché también a Dionisio Ridruejo, a Eugenio Montes, a Agustín de Foxá.

P. Ellos eran falangistas.

R. ¡Pero completamente decepcionados! Piensa en Ridruejo! Estaban convencidos de que la República perdió la guerra civil primero porque Negrín hizo la locura de darle el oro del Banco de España a Stalin, cosa que hundió la peseta y con ella cualquier capacidad de importar, y segundo porque las chekas empezaron a matar a mansalva, cuando los comunistas no pasaban de ser una pequeña minoría. Mi padre recordaba cómo él y su hermano mayor, Amadeo, se pasaron en la Batalla del Ebro, aunque ambos hubieran empezado votando al socialista Besteiro. Esa deserción cada vez más masiva decidió lo que restaba de contienda.

P. Seguimos con el libro.

R. Seguimos, pero yo me voy a echar otra clarita. ¿Quieres tú otra?

P. Venga.

Va a la cocina, grita, "¡pero ven, Daniel, échame una mano!".  Trajinamos y, con nuevas vituallas cerveciles, acompañadas de otra ronda de chupitos y más tabaco, proseguimos. En ningún momento de la conversación entrevistador y entrevistado tendrán sus cigarrillos apagados a la vez.

Tras las purgas sólo podías creer que todo iba bien mirando a otro lado. Shaw aseguraba que no había nadie delgado en la URSS; qué mala gente era

P. Este tomo, como los anteriores, presenta una estupenda colección de personajes. Destacan por un lado los intelectuales mayoritariamente subyugados por el estalinismo, los Brecht, Benjamin, Neruda o Aragon. ¿Es posible que, como muchos de ellos adujeron después, no sabían lo que estaba ocurriendo allí?

R. Lo dudo. Tras la primera gran purga de Stalin, la del 34, sólo podías creer que todo iba bien mirando hacia otro lado. A pesar de ello, H.G. Wells dijo entonces que Stalin era “demasiado bueno” y Bernard Shaw que tras viajar a la URSS no había visto a nadie delgado, y todos los niños estaban rollizos. Qué mala gente fue Shaw, el primer abogado de las cámaras de gas.

P. Son interesantes ahí las decepciones tempranas, como las llamas en el libro. Koestler, Malraux o Gide. Ese 'club de las esperanzas perdidas' actúa, sin embargo, precisas, con mucho cuidado. ¿Qué barrera mental impedía, y aún hoy parece impedir, equiparar al estalinismo y al nazismo?

R. La misma  que separa el estatus de la extrema derecha y la extrema izquierda. Es evidente que hoy tanto la derecha como la izquierda se han ido al centro, y que los extremistas son irrelevantes estadísticamente. Sin embargo, seguimos hablando en esos términos, cosa útil para velar la íntima copertenencia de nazis y bolcheviques. La propia Wikipedia dedica un artículo a crímenes de guerra de la Wehrmacht, y no a los del Ejército Rojo, aunque los reconozca por el propio Gorbachov. ¡Hasta un genio filantrópico y ecuánime como Jimmy Wales resulta incapaz de frenar el sesgo de sus redactores!

A cambio del Estado del bienestar, ganamos en Europa un grado de blindaje ante promesas mesiánicas que los otros no tienen

P. ¿El Estado del bienestar europeo no hubiera triunfado sin la amenaza soviética?

R. Fue sin duda un estímulo, pero la derecha europea tradicional también se apuntó a sufragar el Estado del bienestar, cuyo sistema de seguros y pensiones acaba absorbiendo dos de cada tres euros circulantes. A cambio, tenemos en Europa un grado de blindaje ante promesas mesiánicas del que carecen otras democracias, como muestra la propia elección de Trump.

P. Liberal/libertarios como Hayek, Von Mises o Rothbard rechazaron el Estado del bienestar como una forma más de socialismo. Y tú escribes que les pierde su anticomunismo visceral.

R. Son muy diferentes. Mises es un anticomunista y un dogmático, algo menos absurdo que su epígono Murray Rothbard. Ambos son tan anticomunistas como antiliberales son los comunistas. Creen en entidades negativas como Satán, que en su caso resulta ser el Estado. Hayek está más cerca del socialismo evolutivo, cuando limita la inversión estatal a los campos donde la iniciativa privada se revela defectuosa o nula.

P. Esa información sería problemática en el Juan de Mariana…

R. ¡Que le lean atentamente!

Mises es un anticomunista, algo menos absurdo que su epígono Rothbard. Son tan anticomunistas como antiliberales son los comunistas

P. A ti también te han acusado de anticomunista autores como César Rendueles, que escribió en 'El País' que tu obra le recordaba a "los heterodoxos de Menéndez Pelayo".

R. No soy antinada, y me he hartado de decirlo en todas partes. Rendueles me imputó “invectivas airadas” y consideraciones “psicodélicas”. Nunca he conseguido que precise las páginas correspondientes a lo uno y lo otro, y le será muy difícil encontrar vehemencia en alguno de los tres tomos, porque renuncié desde el principio a usar un solo adjetivo.

Baja por las escaleras su mujer. "¿No vienes a saludar a Daniel Arjona de El Confidencial?". "Hola Daniel, soy Bea, encantada, ¡os leo todos los días!". ¡Eres entonces una fan del Confi, hay que cuidarte!". "¡Cuida tú a mi chico, mejor, jajaja". Más cervezas, más chupitos, nos acercamos al final, aunque eso con Escota nunca es fácil saberlo...

'Frente al miedo'.
'Frente al miedo'.
P. Por cierto, Antonio, en ‘'Frente al miedo’ (Página Indómita, 2015), relatabas una conferencia que dictaste en la reunión anual de la sociedad Mont Pelerin, el foro liberal más célebre del mundo, fundado por Hayek en los cuarenta. Allí, y ante el estupor de los 'creyentes', te declaraste liberal "no dogmático", ensalzaste, citando a Bernstein, el socialismo democrático y le sacaste los colores al auditorio denunciando "el dogma liberal".

R. Jaja, sí. El auditorio era muy numeroso. Lo que dije es que los liberales, si no somos abiertos, lo contrario de dogmáticos, no somos nada. Y que la forma moderna del liberalismo es el socialismo democrático.

P. ¿Saliste vivo?

R. Salí felicitado, y que me invitaran demuestra su grado de apertura.

Si los liberales no somos abiertos, en lugar de dogmáticos, no somos nada. La forma moderna del liberalismo es el socialismo democrático

P. Pero no crees que los liberales españoles, que no son muchos precisamente, te acogieron al principio como su referencia intelectual.

R. Estudiar la historia del comunismo implica investigar paralelamente la historia del liberalismo, cosa bienvenida por cualquier espíritu que respete la autonomía.

P. Antonio, en una entrevista que te hice hace tres años, al preguntarte si te quedabas con Keynes o con Hayek, me dijiste que con los dos, que los dos te habían enseñado mucho. Y me quedó pendiente preguntarte desde entonces si aquello no era una contradicción, como me replican mis amigos liberales.

R. En 1945, cuando Hayek publica 'Camino de servidumbre', Keynes le escribe sugiriendo que es inoportuno torpedear directa o indirectamente la política de expandir el endeudamiento público, pensada como antídoto del desempleo y catalizador de una recuperación ante la atonía inversora, pues Occidente lleva casi 30 años padeciendo uno u otro horror totalitario. También reconoce que políticas análogas solo funcionarán si las ciudadanías son tales, y empeorarían la situación en cualquier otro caso. Hayek le responde que quizá tiene momentáneamente razón, se retira a estudiar y le desea buena suerte, esperando un futuro halagüeño. Pero en 1973, con el primer shock del petróleo, la receta keynesiana produce lo impensable a su juicio -que haya al tiempo inflación y estancamiento- y llega la hora para un discípulo de Hayek como Milton Friedman.

P. ¿Muestra la  gran crisis de estanflación de los setenta los límites de la apuesta keynesiana? Lo digo porque con la siguiente crisis, la última, Keynes resucito con fuerza.

R. El keynesianismo es una solución para situaciones de crisis, pero si se aplica en por sistema es un potenciador de crisis.

P. Pero mientras tanto disfrutas décadas de prosperidad, como ocurrió después de la II Guerra Mundial.

R. Huir hacia delante es siempre mal negocio. Esas décadas fructificaron gracias a estar acompañadas por progreso tecnológico, innovación y robustecimiento de ese activo nuclear representado por el civismo. Como en otros órdenes de la vida, la inversión de fondos públicos requiere mucha mano izquierda, o prosperará un subvencionismo no solo ruinoso sino montado sobre al agravio comparativo. El dinero que se emplea en carbón demasiado caro crea más empleo y ahorro en sectores pujantes.

El keynesianismo es una buena solución para tiempos de crisis. Porque si lo aplicas como política general, ¡creas la megacrisis!

P. Te he escuchado alguna vez decir que fuiste más rojo que la muleta de un torero. Y sin embargo la aplicación y el estudio te permitieron despojarte de esa conciencia roja. Compruebo sin embargo que te mantienes fiel al psicoanálisis. ¿Cómo es posible que las ideas de un médico vienés de principios del XX, por muy brillantes que resultasen, nos sirvan de algo hoy?

R. ¡Pero es que es mi maestro, se lo debía! Freud y Hegel son mis maestros. ¿Has visto la profundidad con la que le conozco?

P. Y tanto. Tuve que leerlo varias veces…

R. Jajaja. Freud cartografió el alma, cosa que nadie había hecho. Y sigue siendo la rejilla fundamental para el proyecto de una psicología moderna. ¿Conoces a Steven Pinker?

P. Vaya si lo conozco.

R. Pues Pinker no dice nada que no hubiera dicho Freud.

P. ¿Tú crees? Pero la psicología cognitiva y las neurociencias han hecho grandes avances desde entonces.

R. Pues claro. Einstein no podía conocer tampoco los descubrimiento del CERN. Pero los sueños…

P. Hoy nadie acepta lo que decía Freud al respecto, que los sueños eran la manifestación de las pulsiones inconscientes. Más bien se empieza a pensar que los sueños no son más que la forma que tiene el cerebro de arrojar la basura psíquica.

R. No lo había oído, pero me parece bastante razonable. Un exutorio. Pero en fin, hoy ignoran a Freud o no le entienden, como demuestran los de la escuela lacaniana.

Althusser y Derrida reconocieron que fueron incapaces de leer mientras vivían de ser profesores. ¡El fraude duró medio siglo!

P. Por cierto que, al glosar la vida de Freud, aprovechas para darle una colleja a Lacan y a su "camelo posmoderno". ¿Eso fueron el posestructuralismo y el posmodernismo? ¿Un camelo, como aseguraron Sokal y compañía?

R. Temo que sí, pero no sólo porque lo dijeran Sokal y compañía. Recuerda que Deleuze, Foucault y Althusser apoyaron a las Brigadas Rojas. Y luego Althusser y Derrida lo reconocieron: “Hemos vivido en el terror de ser denunciados por fraude, porque somos incapaces de leer y estudiar, pero vivimos de ser profesores y pretender que lo hemos leído y estudiado todo”. ¡Llevaban medio siglo de fraude, y no lo digo yo, lo confiesan sus diarios póstumos!

P. Eres bastante crítico en tu libro con los Estados Unidos de la Guerra Fría y su complejo militar industrial. ¿Tú también estás aterrado porque a Obama, el presidente más culto y moderado en mucho tiempo, le haya sucedido un sujeto como Trump?

R. Son oscilaciones, después del verano llega el invierno pero no de golpe, de pronto viene un día más fresco. Luego vuelve a haber verano pero ya un poco más corto. Y así se van introduciendo las cosas. Obama ha sido muy civilizado, pero su buenismo tenía que desaparecer por el conflicto del actual flujo migratorio. Ni Europa ni Estados Unidos están dispuestos a aceptar, no ya lo inevitable de las migraciones sino que tengamos la culpa por cuenta de la colonización. Si quieren venir masivamente a nuestras tierras, seguro que aceptaremos cambiar Bélgica por Ecuador, Holanda por el Congo, o España por Sumatra. Incluso Europa entera por Iberoamérica o África. A nadie en sus cabales le cabrá duda de que ambos continentes serían más prósperos en poco tiempo, y que los europeos agradeceremos sus bondades climáticas, corrigiendo de paso el salvajismo tribal con una explotación menos abandonada de sus recursos naturales. Los migrantes quieren casa aquí y allí, aunque si tratamos de acudir en masa a cualquier de sus países -recibiendo un trato igual al suyo- nos recibirán con artillería y fuego de ametralladora. Pero la plurilocación es algo reservado a chamanes.

P. Podemos asoma en las páginas finales. Creo que no aprecias a Pablo Iglesias pero sí a Errejón. Un amigo pablista al que se lo comentaba esta mañana me decía que, claro, te gusta Errejón como a todos los que no les gusta Podemos. Y añadía entre risas que por eso Errejón debería ser purgado inmediatamente…

R. Lo que me parece es que Iglesias podría ser un adepto a la idea fija, y Errejón quizá más abierto. Me interesa ante todo conocer en detalle sus ideas. Quizá la regeneración del PSOE -partido al que entonces yo votaría- pasa por emanciparse de las memeces tiránicas llamadas “nuestros valores” por Zapatero o Sánchez, pasaría por una fusión con el sensor sensato de Podemos. Mi trabajo arqueológico terminó, y me gustaría ayudar políticamente.

La regeneración del PSOE, partido al que yo votaría, pasa por una fusión con el sector sensato de Podemos que representa Errejón

P. ¿Qué opinas de propuestas de la última izquierda como la renta básica basada en que ahora somos tan productivos que podríamos vivir mejor y más ociosamente?

R. Me parece bien siempre que lo apoye la mayoría de un país, y siempre que ese país tenga superávit. Suiza es el prototipo. Pero fíjate que fue votado en los suizos, y el no ganó con un 74%. Quizá no podemos vivir más ociosamente, dada la indiferencia general de la naturaleza y la disposición laboriosa del humano. El elogio de la pereza es el disparate de un Lafargue que se suicidó a los 65 años, arrastrando a su esposa Laura, una hija de Marx.

P. Los transhumanistas anuncian que en breve podremos descargar nuestra conciencia en un disco duro y vivir eternamente. ¿Te apuntas?


R. Pues mira, querría que me respeten mis vecinos, y que mis hijos y nietos se enorgullezcan de mí. Con eso me basta y sobra. Soy lo bastante ingenuo como para entender, con Manrique, que la única vida perdurable es la fama.

viernes, 1 de enero de 2016

Antonio Escohotado

Javier Bilbao, "Escohotado frente al miedo", en JotDown

Decía recientemente el compañero de publicación Tsevan Rabtan que España es «ese lugar en el que al que asoma la cabeza le dan con un palo». No soy yo muy partidario de teorizar sobre caracteres nacionales que se pierden en las brumas del tiempo y menos aún del tradicional menosprecio autóctono, pero a la realidad se ve que le importa poco mi parecer y se obstina en dar ejemplos que sustentan esa descripción. Así que habrá que rendirse a la evidencia. No se trata únicamente de que tal o cual persona no reciba los empleos, distinciones o reconocimientos que crea —o que los demás crean— que se merece, pues si en el lago Wobegon todo el mundo estaba por encima de la media, aquí todos estamos por debajo de donde deberíamos estar, en cuanto nos dan ocasión de quejarnos.

No es tanto un problema de indiferencia ante el mérito ajeno —que por tanto podría hacernos dudar de que tal mérito existiera— sino de abierta y desbocada hostilidad hacia él, prefiriendo uno quedarse tuerto si el otro a cambio se vuelve ciego. Así que el logro ajeno se reconoce… para combatirlo furiosamente, pues nadie en su sano juicio estallaría en cólera contra un ácaro inofensivo. El otro día una lectora clamaba exigiendo el despido del autor de cierta crítica cinematográfica que han leído muchos, ha entusiasmado a unos cuantos y a ella no le había gustado nada. No le bastaba con expresar que dicho texto no había sido de su agrado, no por Dios, o incluso con decir «esta crítica es tan mala que me ha quitado el hambre y el sueño, qué coño, ¡me ha robado el alma!». No es suficiente tampoco: hay que exigir el despido de su autor. Sí, eso es lo justo, qué importa que tenga seis bocas que alimentar de niños vietnamitas adoptados, tres de ellos con polio y uno con dengue. Que desconozco si será el caso, pero nunca se sabe.

Aunque sin duda el ejemplo más clamoroso de todo esto lo tenemos en Antonio Escohotado. Un personaje tan erudito e inteligente como afable en el trato personal (al que en su día tuve la suerte de entrevistar y de disfrutar de su hospitalidad), de su singular biografía llaman la atención dos aspectos: su manera de ir por libre siguiendo su camino y la indisimulada aversión que eso ha provocado en algunos. Nació en Madrid en 1941 aunque pasó la infancia en Río de Janeiro, donde su padre fue agregado en la embajada hasta que regresaron a España en los años cincuenta. Quizá ese choque contra un ambiente rancio y cerrado tan distinto de aquel en el que se crió marcaría su carácter rebelde e incapaz de ahormarse por la convención, o tal vez fue su afición a meter sapos en el sagrario, la cuestión es que desde entonces iría de aquí a allá desbocado como una bola de pinball. Se pasó la mili en el calabozo por desobediencia pero se vio sin embargo capaz de combatir en el Vietcong, aunque finalmente no fue admitido en su sede parisina. También sostiene que le tentaron en su momento las bandas terroristas FRAP y Baader-Meinhof, lo que suena a mera elucubración pasajera que afortunadamente se le pasó. Más empeño puso en leer su tesis doctoral a finales de los sesenta en torno a Hegel, pero al ser considerada atea el presidente del tribunal solo accedió a estar presente al tercer intento y debido al notario con el que nuestro autor acudió. Dicha obra posteriormente sería premiada y publicada, con el título La conciencia infeliz. Ensayo sobre la filosofía hegeliana de la religión.

Mientras tanto había obtenido una plaza de funcionario en el Instituto del Crédito Oficial, pero llegados los años setenta optó por dar un giro a su vida: «Dejé aquello —buen empleo, buen sueldo, importante estatus— por irme de aventura, a descubrir otros mundos, otros valores». Los restos del movimiento hippie occidental habían terminado recalando en Ibiza, así que allá se marchó, dispuesto a vivir en una choza sin luz ni agua, aunque con abundante sexo y drogas, lo que termina compensando creo yo. Mientras tanto se dedicó a traducciones de libros de filosofía (con autores que influirían notablemente en su pensamiento, como Hobbes o Thomas Jefferson) y también fundó la discoteca Amnesia, hoy en día una de las más importantes del mundo. Cuesta imaginar que en el origen de esto estuviera alguien que mientras tanto escribía sobre metafísica, los filósofos presocráticos y la religión a partir de Hegel, pero los clichés están para romperse.

Ya en los ochenta regresa a Madrid, se presenta a las pruebas para acceder a profesor titular que dieron acceso a unos seis mil adjuntos pero no a él, que pese a tener varios libros y artículos publicados recibió siete ceros del tribunal, aunque tras una reclamación sería aprobado. Por aquellos años fue además encarcelado en cuatro ocasiones por posesión y tráfico de drogas, en lo que asegura que fue una encerrona de la policía. La estancia en prisión en cualquier caso fue provechosa y le sirvió para escribir su impresionante Historia general de las drogas, que se convirtió en una obra de referencia internacional sobre el tema. En este periodo de los ochenta y noventa fue cuando comenzó a salir en televisión en los debates sobre drogas que tan de moda se pusieron, llamando la atención de servidor y de muchos con su estilo pausado y sabio, como un maestro Yoda de las drogas frente a los diminutos inquisidores de espíritu estrecho que se le oponían con la vena del cuello hinchada.

Era curioso aquello, los medios de comunicación, siempre ávidos de alarmismo con el que captar la atención, encendían a una opinión pública maleable. Cerrando el círculo por su parte las administraciones, más pendientes de aparentar que arreglan algo que de arreglarlo, saciaban esas ganas de la ciudadanía espoleada para que se tomasen medidas —las que fuera, pero rápido— con estrafalarias campañas antidroga que mostraban a sustancias químicas como ente diabólicos que te poseían, generando así una perversa y extraordinariamente eficaz promoción de las mismas basada en la tentación de lo prohibido. Pero las campañas de histeria colectiva generan graves injusticias tirando al niño con el agua sucia, leyes ad hoc que vulneran los derechos civiles que luego cuesta décadas derogar, dispendio de recursos y condicionamiento del debate público y la libertad de expresión con tabúes y consignas que se repiten machaconamente en campañas institucionales… hasta que todo ello acaba dispersándose tan pronto como apareció.

Ahora los medios apenas dedican atención a «La Droga», ya no es una prioridad de las instituciones e incluso dos de los cuatro partidos más votados en las recientes elecciones incluían en sus programas legalizar parte de ellas sin que eso generase ningún escándalo. ¿Quiere decir que hemos progresado? En ese aspecto sí, pero ahora simplemente tenemos otra clase de alarmismo con el que generar histeria cuya mera mención hará que otro lector pedirá que me despidan, pese a tener una boca que alimentar. Solo una aunque muy grande, eso sí. Así que son, como de costumbre, malos tiempos para la libertad de expresión, porque la Ventana Overton siempre estará ahí, solo cambian los temas en cada década.

rtrgLa cuestión es que en este cambio jugó un papel fundamental Escohotado. Con él veíamos cómo frente a la ignorancia y el miedo, que son los hilos con los que otros pueden manejarnos, cabía la posibilidad de un espíritu ilustrado y autónomo. Esta actitud la mantuvo en otras facetas y por ejemplo sus críticas al GAL le valieron dejar de ser publicado en un periódico cuyo nombre ahora no logro recordar. En los noventa mantuvo un debate público con Savater en el que se mostró inicialmente a favor de la negociación con ETA y tras escuchar las razones de su adversario… ¡cambió de opinión! No nos consta que tras ese insólito proceder ardiera por combustión espontánea. Mientras tanto había estado publicando libros sobre temas diversos como los roles de género en Rameras y esposas, el poder político en El espíritu de la comedia y en El retrato del libertino indagaba en cuestiones antropológicas sobre los placeres prohibidos. En Caos y orden desarrollaría esa idea de fondo sobre la libertad de seres autónomos autoorganizándose frente a un sistema jerárquico, lo que le valió premios, buena acogida del público y también alguna que otra reacción furibunda ante lo que consideraban intrusismo en sus parcelas de especialización.

Ya en este tercer milenio, con siete hijos tras de sí, un fracaso amoroso le llevó a trasladarse durante un año sabático a Tailandia. De este periodo surgió Sesenta semanas en el trópico, un libro-diario bastante simpático en el que además de expresar la manía que les cogió a los asiáticos ya se perfila lo que él define como la obra de su vida: Los enemigos del comercio. Aquella idea que planteaba en Caos y orden ahora la aplicaría a la economía, anteponiendo a Adam Smith sobre Marx, el libre comercio sobre el control estatal. Naturalmente esto escandalizó a algunos de sus seguidores, pero prefirió traicionarlos a ellos que a sí mismo. En vez de dormirse en los laureles y sestear repitiendo lo mismo una y otra vez, década tras década, se embarcó en un nuevo campo de estudio que en el fondo era coherente con la idea de libertad que llevaba décadas defendiendo, al menos desde que se le quitara la tontería de entrar en el Vietcong de cuarenta años atrás. La idea del comunismo como una herejía del cristianismo que desarrolla aquí Escohotado no es desde luego invención suya y ya hace setenta años André Guide lo veía así:

Lo que me lleva al comunismo no es Marx, sino el Evangelio. Es el Evangelio lo que me ha formado. Son los preceptos evangélicos, la forma que han hecho adoptar a mi pensamiento, al comportamiento de todo mi ser, lo que me ha inculcado la duda de mi valor propio, el respeto del prójimo, de su pensamiento, de su valor, y que en mí han fortalecido este desdén, esta repugnancia a toda posesión particular y a todo acaparamiento.

George Steiner posteriormente también se extendería sobre ello en Nostalgia del absoluto, pero sí es mérito de nuestro autor remontarse a los orígenes mismos del cristianismo y a la secta de los ebionitas, con su ideal pobrista sobre que toda propiedad es un robo y el comercio su instrumento, y trazar desde ahí un minucioso recorrido histórico en el que enfrenta las comunidades igualitarias religiosas y militares con la naciente burguesía medieval. Pero si quieren conocer más detalle sobre esta obra puede oírle explicándola con sus propias palabras en esta conferencia (en la que además, mostrando su buen gusto, reivindica una película tan buena e incomprendida como 300). Hace un par de años publicó el segundo volumen y ahora prepara el tercero. Solo nos cabe desearle más energía para que continúe indagando en este u otros temas y ampliando así esta trayectoria tan singular.

¿Y a santo de qué este imperfecto repaso de su vida y obra de las líneas anteriores? Pues a que hace unos días se ha publicado un libro que aspira a abarcar toda ella titulado Frente al miedo. En torno a algo más de seiscientas páginas se ha resumido con más acierto que en este artículo los grandes asuntos que han captado su atención, mediante artículos en prensa, conferencias, entrevistas y fragmentos de aquí y de allá. Su interés es desigual, pues en algunos casos alcanza una densidad espeluznante cuando se pone a hablar de ontología y otras resulta mucho más claro y didáctico, aunque al tratarse de una recopilación de textos no es necesario leerlo todo ni leerlo en orden. Al gusto del lector. Lo que encontrará casi siempre, eso sí, es a un escritor de excepcional erudición, que aporta infinidad de ideas, datos e hilos de los que tirar, ya nos hable de los primeros ascetas cristianos, de los colonos americanos o de la Ley Seca y sus justificaciones ideológicas. Y, también, algunos apuntes autobiográficos con los que explicarse a sí mismo, pues según apunta en sintonía con lo que decíamos al comienzo: «En este país la pasión por el estudio es casi tan peligrosa como no pertenecer a alguna capilla»