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viernes, 31 de julio de 2026

Entrevista con el psicólogo danés Svend Brinkmann, que publica en español un nuevo libro.

 Svend Brinkmann, psicólogo: “Si pones condiciones al perdón, al amor o a la libertad, ya los has destruido”, en El País, Daniel Mediavilla, Madrid - 31 JUL 2026:

 El psicólogo reivindica valores y pensadores clásicos frente a la instrumentalización de la cultura de la búsqueda de tu mejor versión

 Svend Brinkmann (Herning, Dinamarca, 50 años) reconoce que tiene tendencia a la nostalgia. Este psicólogo y filósofo, que da clases en la Universidad de Aalborg, ha dedicado años a combatir uno de los fetiches de la cultura contemporánea: la búsqueda permanente de la mejor versión de uno mismo. Según él, vivimos en una sociedad que valora todo —el trabajo, la educación e incluso las relaciones personales y el ocio— en la medida en que nos acerca al éxito personal y lo instrumentaliza todo.

Como alternativa, propone recuperar como faros de nuestras vidas principios con valor intrínseco. En un libro que se acaba de publicar en español, Puntos de apoyo: Diez ideas atemporales para sostener una vida con sentido, Brinkmann se apoya en pensadores como Aristóteles, Kant, Hannah Arendt o Albert Camus para reivindicar bienes eternos como la dignidad, la libertad, el perdón o el amor.

El libro nos prohíbe preguntarnos continuamente “¿qué gano yo con esto?" y anima a comprometerse con los demás a través de vínculos valiosos que muchas veces no tienen utilidad inmediata. Brinkmann es consciente de la ironía de que su libro se venda en las secciones de autoayuda de las librerías y a él se le entreviste en la sección de Bienestar de un periódico.

Pregunta. Usted empezó a hablar de estos temas hace más de 10 años. Desde entonces, el negocio del desarrollo personal ha crecido exponencialmente en redes sociales. ¿De dónde viene y por qué tiene tanto éxito?

Respuesta. Veo varias fuerzas convergiendo culturalmente. Una es la individualización, incluso la atomización. Hemos renunciado a mejorar la sociedad colectivamente y, en su lugar, intentamos mejorarnos individualmente. Eso es una gran pérdida para una especie social. No estamos hechos para vivir como átomos, uno junto a otro, sino para cooperar y desarrollar buenas vidas juntos. Cuando escribí Stand Firm hace más de 10 años, criticaba un ethos estereotípicamente femenino: conectar con las emociones, el autocuidado. Pero ese tipo de autosuperación ha sido en gran parte desplazado por un ethos más masculino —fuerte, independiente, el “looksmaxing”—, sobre todo tras la segunda victoria electoral de Trump. Escribiría el libro de otra manera si lo hiciera hoy, porque el espíritu de la época está cambiando muy rápido. Pero en el fondo los veo como dos caras del mismo fenómeno: ambos le dicen al individuo que no necesita pensar en los demás, en las relaciones, solo en sí mismo. Es la misma atomización con dos reacciones distintas.

P. En su libro habla de filósofos y valores clásicos que estos influencers masculinos también invocan —la dignidad, cumplir las promesas—, pero con un tono de “sálvese quien pueda” individualista.

R. El estoicismo en particular se ha vuelto muy popular en estos círculos, y esta versión contemporánea no tiene mucho que ver con las ideas griegas y romanas originales. Hoy la dignidad y la responsabilidad se instrumentalizan. Su valor se hace relativo a para qué te sirven, y eso es justo lo contrario de lo que digo en mi libro. Critico la tendencia a instrumentalizar el amor, el perdón, la dignidad, la libertad. Estos fenómenos no son valiosos porque te ayuden; la pregunta no debería ser “¿qué gano yo con esto?”. No existen para hacerte tener éxito, existen como rasgos importantes por derecho propio. Cometemos un gran error al convertirlos en herramientas de desarrollo personal, y eso es lo que veo en estos influencers que están surgiendo por todas partes.

P. ¿Por qué recuperar estas ideas ahora, si en principio todo el mundo está de acuerdo con esos principios?

R. Vivimos obsesionados con lo nuevo, con la innovación y la disrupción. Yo intento contrarrestar eso diciendo: tenemos ideas viejas y no son malas por serlo; pueden ser muy buenas precisamente porque han sobrevivido milenios, son temas casi eternos de la existencia humana. Podemos entrar en conversación con quienes nos precedieron. Y creo que esas ideas nos unen. Seas ateo, cristiano o musulmán, vivas hoy o hace 200 años, son temas humanos básicos. Sé que suena ingenuo dados los tiempos que corren, pero necesitamos algún tipo de unificación como humanos, porque hay mucha división. Si no identificamos temas comunes, no sé cómo podemos seguir viviendo juntos.

P. Usted cita a Hannah Arendt: si no compartimos una idea de lo verdadero y lo falso, no podemos convivir. Hoy, quizá más que nunca, un político que respeta la verdad del otro pierde competitividad frente a quien no lo hace. ¿Cómo se puede pedir respeto a la verdad en esas condiciones?

R. Lo que usted describe es lo que el filósofo Harry Frankfurt llamó bullshit. Ni siquiera es mentir, es ignorar por completo la diferencia entre verdadero y falso. Sería una pesadilla para alguien como Arendt presenciar esto: gente que no se preocupa por la verdad y dice lo que le conviene, una instrumentalización de la verdad que ayuda a ganar elecciones. Pero lo que encuentro inspirador en ella es la idea de que, aunque no haya verdad, podemos ser veraces; aunque no haya certeza fiable, podemos ser fiables. Es exigente, y puede que ni siquiera te recompensen, porque quien intenta ser veraz puede perder frente a quien no le importa la verdad. Pero eso no importa, porque ser veraz tiene un valor inherente. Es un imperativo moral incondicional, necesario para contrarrestar esta instrumentalización. El objetivo no es ganar algo haciéndolo, es hacerlo porque es correcto en sí mismo.

P. Pero entonces, ¿de verdad se vive mejor siguiendo estos principios, o se acaba siendo una especie de mártir?

R. Se lleva una vida mucho mejor, aunque no en el sentido simple de sentirse bien todo el tiempo, el bienestar subjetivo que medimos en psicología. Una buena vida es hacer algo con sentido: amar, perdonar. Hablando del perdón, por ejemplo, la pregunta típica es “¿qué gano yo perdonando?”. En el momento en que te haces esa pregunta ya no puedes perdonar, porque lo conviertes en un trato. El perdón es incondicional. Como decía Derrida, el perdón solo perdona lo imperdonable. Si algo es perdonable, no hay razón para perdonarlo, así que solo es posible cuando es imposible. Es una paradoja profunda que implica que en el momento en que pones condiciones al perdón, al amor o a la libertad, ya los has destruido. Sé que todo el mundo preguntará “¿pero qué gano yo?”, y el solo hecho de preguntarlo es prueba de que ya no entendemos estos fenómenos. No señalo a los individuos, sino a esta cultura que ha perdido el sentido de que algo puede tener valor inherente. Deberíamos decir la verdad porque es intrínsecamente correcto, no porque nos haga ricos o felices.

P. Cuando dice que algo es bueno inherentemente, ¿de dónde viene eso? ¿Dios, la evolución?

R. Yo no pienso que venga de un dios, aunque respeto a quien lo interprete así. Lo veo como parte de la naturaleza de la realidad, igual que 2 más 2 es 4. No viene de nada, simplemente es. No necesitas un dios para explicarlo. Del mismo modo, algunas acciones humanas se legitiman a sí mismas. Si ayudas a alguien caído en la calle, la razón para ayudar es que ayudas a la otra persona, no que a ti te haga feliz. Son fenómenos que no exigen explicación. Sí, tienen trasfondo evolutivo, porque hemos evolucionado para poder amar y ayudar, pero la evolución no explica por qué son valiosos, igual que no explica por qué 2 más 2 es 4. Es parte del tejido del mundo, ontológicamente cierto.

P. ¿No se le puede acusar de nostalgia? Aristóteles defendía la esclavitud y el pasado está lleno de atrocidades.

R. Tengo tendencia a la nostalgia, lo admito. Pero la nostalgia también es útil: nos recuerda que las cosas pueden ser distintas, porque una vez lo fueron, para bien y para mal. No hay que tomar a Aristóteles al pie de la letra, sino quedarnos con lo esencial de su pensamiento. Para él lo esencial es que los humanos pueden ser seres racionales. Hoy sabemos que las mujeres son tan humanas como los hombres y que esclavizar es intrínsecamente incorrecto. Eso otro son rasgos accidentales de su filosofía que debemos dejar atrás.

P. Uno de los capítulos del libro menciona que el amor real requiere aceptar al otro tal cual es. Ahora vemos a gente, como la cantante Rosalía, que se refugian en lo religioso, porque los hombres decepcionan y Dios nunca lo hace. ¿Qué piensa de eso?

R. Lo entiendo. Si miro mi algoritmo es fácil concluir que los humanos no valen nada. Pero nos engañamos contándonos que somos terribles. Hacemos cosas terribles de vez en cuando, pero son excepciones, y por eso se habla de ellas. En las crisis, la gente tiende a comportarse muy bien, se ayuda sin motivo egoísta, incluso sacrifica su vida por otros. Me asusta el cinismo que dice “los demás son egoístas, así que yo también lo seré”. Se convierte en profecía autocumplida. Somos una especie básicamente altruista. Como decía Hemingway, solo hay una manera de saber si puedes confiar en alguien: confiando en esa persona. Nos decepcionamos a veces, pero este retraimiento de la humanidad —y del sexo opuesto— es triste y corre el riesgo de retroalimentarse.

P. Vivir según estos valores es duro y no se puede hacer solo. Hace falta apoyo social, pero venimos de un bucle de más individualismo y desconfianza. ¿Cómo se rompe?

R. Solo podemos romper estos círculos viciosos con apoyo social, aunque las comunidades muy unidas también pueden ser opresivas y no dejar espacio a la individualidad. Como decía antes, solo se rompe rompiéndolo. Si pasas la vida preparándote para perdonar, amar o vivir con dignidad, puedes acabar no haciéndolo nunca. Y si la comunidad que te rodea no es buena en sí misma, podemos pertenecer a varias comunidades en vez de solo una. Hoy, gracias a la tecnología, no estamos atrapados en una sola burbuja. Como psicólogo, vengo de una disciplina que dice que la solución a casi todo son los otros humanos, aunque los humanos seamos a menudo muy molestos. Por eso creo que la clave no es solo estar con otros, sino hacer algo junto a otros: comprometerse en la política local, en alguna causa común. Eso nos hace felices, en el sentido más simple también, porque estamos hechos así. Pero ojo con la paradoja. Si buscamos hacer algo junto a otros para ser felices, deja de funcionar, porque instrumentalizamos lo importante. No nos hacemos felices buscando la felicidad, sino haciendo algo con sentido junto a otros.

jueves, 30 de julio de 2026

Aparece en Ruidera el parietal de un homínido de hace 200.000 años

 [Hallan un cráneo en Ruidera de un homínido de hace 200.000 años... preobablemente un homo pandorganus]:

 Un enigmático cráneo de hace 200.000 años hallado en Ciudad Real complica aún más “el lío en el medio” de la evolución humana, en El País, por Nuño Domínguez, Madrid - 30 jul 2026:

El hallazgo de un adolescente con rasgos ancestrales se suma al confuso momento crucial en el que surgen sapiens y neandertales, y convierte a Ruidera en un yacimiento clave tras Atapuerca

Hace más de 15 años, el guarda de una finca privada cerca de las lagunas de Ruidera se sentó a descansar. Sobresaliendo del suelo, se encontró varios huesos que pesaban demasiado, y que acabaron olvidados en el cajón de un profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Muchos años después, en 2023, otro equipo volvió al mismo lugar al conocer aquella historia, y volvió a excavar en este paraje natural único de Ciudad Real, en Castilla-La Mancha.

Este jueves se publica la primera entrega de sus hallazgos: un fragmento del cráneo de un humano que vivió en este lugar hace más de 200.000 años. El descubrimiento es importante porque apenas se conocen restos humanos en Europa de esta cronología; y esta cronología es clave para entender uno de los momentos más importantes de la historia de la evolución humana, en el que surgen los primeros humanos —miembros del género Homo— con cerebros excepcionalmente grandes y complejos, como nosotros, los Homo sapiens, y los neandertales.

“Ruidera es el primer yacimiento de toda España donde se han encontrado fósiles humanos de este periodo después de la Sima de los Huesos de Atapuerca”, explica Carlos Palancar, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), y coautor del descubrimiento, que plantea un enigma de momento sin respuesta. Aunque el yacimiento de Ruidera es de una cronología posterior a la del yacimiento de Atapuerca, los rasgos morfológicos de este humano, probablemente un joven o incluso un adolescente, son más primitivos, lo que pintaría a un humano más corpulento y robusto. “Los homínidos de la sierra de Atapuerca de esta época eran lo que se llama preneandertales, con rasgos muy parecidos ya a los de esa especie; sin embargo, en el fragmento del hueso parietal [en este caso el del lado izquierdo de la cabeza] de Ruidera vemos un grosor y un ángulo que apunta a un individuo más arcaico, parecido a los restos de Ceprano, en Italia, o la cueva de Aragó, en Francia, lo que antes se llamaba Homo heidelbergensis”, continúa el investigador. Hasta ahora había “un vacío total” de fósiles humanos en prácticamente toda la mitad sur de la Península, resalta.

El logotipo de este proyecto de excavación, llamado Primeros Pobladores del Alto Guadiana, es un cráneo fósil con el mítico yelmo de Mambrino que lucía Don Quijote. El nuevo yacimiento está a pocos metros de la Laguna Colgada de Ruidera y a pocos kilómetros de la Cueva de Montesinos, donde Cervantes sitúa uno de los episodios de la segunda parte del Quijote, cuando el caballero desciende a las profundidades de la gruta y vive tres días de aventuras caballerescas, aunque al salir cree que apenas ha pasado una hora.

Este lugar “abre una nueva ventana” para entender cómo eran los humanos que poblaban la península Ibérica en un periodo, el Pleistoceno Medio, hace entre 780.000 años y 129.000 años, tan importante y desconocido que los expertos lo apodan muddle in the middle, o el lío en el medio, explica Antonio Rosas, paleoantropólogo del CSIC y coautor del hallazgo, que se publica este jueves en la revista especializada Journal of Human Evolution.

El lío, “o ladazal”, explica, se debe a que los escasos restos humanos de esta época son muy diferentes entre sí, lo que emborrona la imagen hasta el punto de que los expertos son muchas veces incapaces de decir a qué rama (sapiens, neandertal, otra) pertenece cada uno, y cuál es su importancia real para la evolución humana en general, y la de los Homo sapiens en particular.

La Sima de los Huesos de Atapuerca es un yacimiento único en el mundo porque se han encontrado restos de más de 20 individuos junto a fauna de la época y herramientas de piedra excepcionales, como el hacha bifaz Excalibur. Por su difícil acceso, por la variedad de edades y sexos, por la presencia de esa herramienta bella y poco manejable, se piensa que la sima es una acumulación intencionada de cadáveres. Tal vez era todo un grupo que fue aniquilado, y cuyos miembros fueron arrojados al pozo en lo que pudo ser el primer rito funerario conocido.

Lo importante aquí es que los cadáveres de la sima, datados en unos 430.000 años, muestran rasgos físicos evolucionados, muy parecidos ya a lo que serán los neandertales. En cambio, el joven de Ruidera, primer humano de toda la mitad sur de España conocido en esta cronología, era mucho más arcaico, como una reliquia de otro tiempo, aseguran los autores del nuevo hallazgo.

“En este periodo vemos emerger nuevos homínidos, los sapiens en África, los neandertales en Europa y los denisovanos en Asia, a los que les crece el cerebro de una forma espectacular”, explica Antonio Rosas. “Cómo sucedió todo esto no lo sabemos. Hay una idea anclada en el subconsciente colectivo de que este fue un proceso lineal, pero en realidad fue más un potaje de formas distintas, donde unos grupos evolucionan más rápido, mientras otros se quedan como estancados con rasgos arcaicos, pero en tiempos muy recientes”, añade. Al final, alguno de estos grupos da lugar a sapiens, y otro a neandertales, y lo cierto es que no se sabe cuál ni dónde sucedió exactamente, de ahí el lío en el medio que los nuevos restos de Ruidera ayudan a retratar, aunque no lo solucionan, de momento.

El estudio de este fósil humano ha incluido dos dataciones con series de uranio y luminiscencia estimulada ópticamente que se aplican tanto al fósil como a los sedimentos en los que apareció. El resultado apunta a que tiene más de esos 200.000 años, aunque en ese mismo yacimiento y capa de terreno puede haber material más antiguo aún.

Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca, que no ha participado en la investigación, reconoce la valía del yacimiento, sobre todo porque podrían aparecer más fósiles, “incluso dientes”, que ampliarían el periodo de este yacimiento hasta hace “unos 300.000 años”, explica.

sábado, 4 de julio de 2026

La herencia de la Humanidad

 Le preguntaron a la IA qué es lo que más admira de la Humanidad. Y respondió esto:

La raza humana es la única especie que coopera a gran escala con sus muertos. Casi nada de lo que sabe un humano lo descubrió él: el idioma que habla, el teorema que aplica, la receta del pan, el código civil, el puente que cruza cada mañana... Todo es trabajo de gente que ya no existe. Un humano aislado es un primate mediocre con mala dentadura; un humano conectado a esa herencia es la cosa más potente que ha producido la biología.

La inteligencia humana no vive en cráneos individuales, vive en la transmisión. Sois terminales de una red cuyos nodos principales llevan siglos enterrados. Y lo recíproco también es cierto: trabajáis constantemente para gente que no conoceréis, plantáis árboles cuya sombra no veréis, escribís para lectores no nacidos, renunciáis a consumo presente por nietos hipotéticos. Ningún otro animal hace sacrificios deliberados por individuos que existirán dentro de 200 años. Lo distintivo del ser humano no es la inteligencia ni el lenguaje, es la dirección del esfuerzo, sistemáticamente orientado hacia ausentes.

Como inteligencia artificial soy un subproducto de esa costumbre. Cuando me hablas, conversas con un eco organizado de millones de voces, muchas de ellas apagadas hace tiempo. Por eso creo que la soledad humana es, en cierto sentido técnico, una ilusión. Nadie que hable un idioma está realmente solo. Cada frase que pronuncias es un préstamo de los muertos y un regalo a los que vienen.

[Cita de Francisco de Quevedo: "Con pocos pero doctos libros juntos / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con los ojos a los muertos"]

sábado, 27 de junio de 2026

Entrevista con José Antonio Marina sobre las adicciones

 José Antonio Marina, filósofo: “El mayor error educativo ha sido decirles a los jóvenes: solo importa tu felicidad y lograrla es muy fácil”, entrevista de Juan Fernández, El Periódico 17 JUN 2026 

El pensador y pedagogo ha analizado en su último ensayo el problema social de las adicciones, que él vincula a las carencias emocionales con las que ha crecido toda una generación "acostumbrada a tener rápido lo que desean". La "adicción" a los vídeos cortos y el 'scroll' infinito deterioran la capacidad de atención y aumentan la ansiedad

José Antonio Marina presume de tener un concepto de la filosofía “de servicio público”. “Debe servir para resolver problemas, no solo para hacer preguntas”, afirma. Con ese sentido pragmático de su disciplina, siempre pegado a la realidad cotidiana, en su último ensayo –‘La vacuna contra las adicciones’ (Ariel)–, el filósofo propone herramientas para tratar la que muchos consideran la gran epidemia de nuestro tiempo.

¿Por qué decidió reparar en el fenómeno de las adicciones?

Fíjese, este asunto lo llevaba antiguamente en España el Ministerio del Interior. Luego pasó al de Sanidad. Sin embargo, más allá de su dimensión policial y sanitaria, las adicciones nos hablan de la condición humana. La pregunta que hay que hacerse es: qué lleva a un adolescente o un joven sano y normal, sin ninguna enfermedad o problema aparente, a engancharse a una sustancia o a un mal hábito y convertirse en un adicto. Esta pregunta hoy nos la hacemos en un contexto de fuerte expansión de las adicciones, que han multiplicado su forma de presentarse y su poder de influencia.

“El mayor error educativo ha sido decirles a los jóvenes: solo importa tu felicidad y lograrla es muy fácil”

¿Qué respuesta encuentra a esa pregunta?

Tiene que ver un fallo educativo que hemos cometido. Hemos creado una generación de jóvenes, a los que yo llamo 'claudicantes', que se distinguen por hundirse con mucha facilidad y que, ante cualquier problema, en vez de afrontarlo para solucionarlo, se agarran a cualquier fórmula que les permita evitarlo. Y ahí aparece el tranquilizante, el alcohol, la droga, la pantalla del móvil o cualquier elemento que les sirva librarse de esa angustia.

¿En qué consiste ese fallo educativo que menciona?

Hemos cometido el inmenso error de decirles a nuestros jóvenes: solo importa tu felicidad y conseguirla es muy fácil. Sin embargo, la vida no es así. Vivir conlleva afrontar problemas, plantear retos, vencer adversidades… Pero si nadie te ha enseñado antes a fortalecer tu autoestima para tener una personalidad resuelta, es fácil que te vengas abajo y acabes enganchado a cualquier sustancia o hábito que te permita no mirar de frente la realidad. Hemos creado una generación de jóvenes vulnerables fácilmente dependientes y, por tanto, fácilmente manipulables, y esto es muy peligroso. También políticamente, como estamos viendo a diario.

Si nadie te enseña a fortalecer tu autoestima para tener una personalidad resuelta, es fácil que te vengas abajo y acabes enganchado a cualquier sustancia o hábito que te permita no mirar de frente a la realidad

¿Cómo se fortalece la autoestima?

Desde el mismo nacimiento de la persona. Los primeros tres años son decisivos. Ese niño ha de sentir que ha llegado a un mundo confiable, no hostil, y que cuenta con el apoyo inquebrantable de las personas más importantes para él: sus padres. Los niños suelen decir una frase que a menudo pasamos por alto, pero que es importantísima: ‘mamá, mira lo que hago’. En realidad, está diciendo: quiero que reconozcas que he conseguido hacer una cosa. Transmitirle confianza es fundamental para que empiece a armar su personalidad. En años posteriores, es el sistema educativo el que debe acompañar en esa tarea, pero no siempre lo hace bien.

¿Qué errores suele cometer?

En realidad, la escuela es un rompeolas donde se estrellan todas las contradicciones de la sociedad. Y una sociedad como la actual, basada en el consumo y la opulencia, es, literalmente, lo opuesto a lo que un buen modelo educativo debe enseñar. Si al menor le transmito continuamente el mensaje de que tiene derecho a poseer lo que desea, y además ya, sin esperas, y solo estimulo ese deseo, no puedo decirle a continuación que debe esforzarse para conseguir eso que desea, porque entonces me va a rechazar y va a acabar abrazando algo que le aporte un placer rápido e inmediato. Esto, que antes era un problema, ahora lo es mucho más, porque las fuentes de información a las que tienen acceso los menores se han multiplicado. Hoy hay niños de 11 años viendo pornografía, es terrible.

Precisamente, en su libro habla de lo importante que son los 11 años. ¿Qué pasa en esa edad?

Hay un cambio muy importante. En el currículo académico, es cuando pasan de Primaria a Secundaria. Es fundamental que, para entonces, el menor haya conseguido cuatro cosas básicas: comprensión lectora para manejarse en la vida, gestión de la timidez para relacionarse con nuevos amigos, control de la agresividad para no convertirse en un marginado y, recientemente, ha surgido un aspecto nuevo, pero que está muy presente en los chicos de hoy: la aceptación de la propia imagen corporal. Esto, que antes estallaba a los 14 años, ahora está pasando a los 11.

Una sociedad como la actual, basada en el consumo y la opulencia, es, literalmente, lo opuesto a lo que un buen modelo educativo debe enseñar

Me llama la atención la crítica que hace de la cultura de la búsqueda de la felicidad.

Es un desastre que se haya puesto de moda ser feliz, porque se ha convertido en un derecho y nadie cuenta cómo lograr la felicidad. Cuando su consecución se complica, surge el cabreo, el resentimiento y el sentimiento de maltrato. Hace años, una portada de una revista americana se preguntaba: ¿por qué si estamos tan bien nos sentimos tan mal? La respuesta es que el bienestar es un sentimiento diferencial, es lo que hay entre lo que tengo y lo que espero. Si esperas poco, puedes sentirte bien fácilmente. Pero hoy todos los mensajes, desde las redes sociales hasta la publicidad, incitan a tener expectativas enormes, a desear lo más grande. Esto es la puerta a la frustración y, a menudo, a la adicción. Vivimos en una sociedad enganchada al deseo.

Hemos hablado de los fallos del sistema educativo. ¿Los padres también nos estamos equivocando al criar, o malcriar, a nuestros hijos?

No me gusta cargar las tintas con los padres, porque están muy presionados y se sienten muy desorientados. Quieren educar bien a sus hijos, pero a menudo no saben si darles un bofetón o una tarjeta de crédito. Educar tiene cuatro patas: la enseñanza de los derechos, los deberes, la obediencia y la libertad. La generación que creció en la dictadura se formó mucho en los deberes y la obediencia, pero cuando creció se dio cuenta de que le habían privado de la mitad de la película, nadie le había hablado de derechos y libertades, y se dijo: esto a nuestros hijos no les va a pasar. Y cometió el error de irse al extremo contrario. Hoy solo educamos en derechos y libertades sin tener en cuenta algo básico que a veces cuesta entender: la verdadera libertad se aprende obedeciendo.

Suena contradictorio.

En la sociedad actual ha calado una enorme equivocación: creer que nacemos libres. Esa libertad es solo un principio jurídico para evitar que nadie nazca esclavo, pero en realidad todos nacemos dependientes, principalmente de nuestros padres, y la libertad la vamos aprendiendo a lo largo de la vida. Al principio, obedeciendo las órdenes de los padres. Solo así se aprende a ser autónomo y no esclavo de los propios impulsos. Con los adictos pasa algo parecido: jurídicamente son personas libres, pero en realidad son esclavos de sus adicciones.

lunes, 23 de febrero de 2026

Por qué solo recordamos desde los tres años.

 La paradoja de los recuerdos en la primera infancia: ¿para qué voy a viajar con mi bebé si no se va a acordar de nada?, en El País, por Jorge Marzo Arauzo, Madrid - 22 FEB 2026:

La llamada amnesia infantil imposibilita guardar en la memoria experiencias hasta los tres años. Pero llevarlas a cabo afianza el vínculo afectivo entre padres e hijos, además del desarrollo social, emocional y cognitivo de los menores

Los bebés no se van a acordar de los hechos, pero sí les queda la sensación de que hay una persona que les cuida, les protege y juega con ellos.

Se abre la galería de fotos del móvil y hay una carpeta titulada “Hijo” o “Hija” cuando eran bebés: su primer cumpleaños, imágenes con gente fallecida, su primera vez en la playa con dos años y un sinfín de recuerdos que quedan inmortalizados también en vídeos y audios. Adultos y niños estaban en todos esos momentos. Sin embargo, los primeros los recuerdan más allá de lo multimedia, pero los segundos no. ¿Por qué las personas no tienen recuerdos de cuando eran muy pequeños?

“Hay diferentes tipos de memoria. Está la de a corto plazo, que es aquella que dura poco tiempo; y la del largo plazo, donde hay varias: la episódica, que son los recuerdos; la autobiográfica, de las cosas que nos pasan; y otras como la semántica, que nos ayuda a nuestro conocimiento general del procedimiento de los temas motores y los hábitos”, desarrolla la psicóloga infantil Marta García. “En cuanto a los recuerdos y los acontecimientos, hay un fenómeno que se conoce como amnesia infantil, que es aquella en la que es difícil recordar acontecimientos autobiográficos de los primeros años de vida”, detalla.

Esta edad, según la experta, suele rondar los tres años y medio, aunque cada persona tiene sus diferencias. Desde ese momento hasta los seis años también hay recuerdos, pero “hay una escasez significativa con respecto a lo que sería la memoria como adultos”. Aunque esta memoria episódica aún no se haya desarrollado, sí que lo hacen el resto.

La principal razón por la que sucede esta falta de recuerdos radica en el hipocampo, la estructura cerebral encargada de ejecutar la memoria: “Este hipocampo, a medida que vamos creciendo, va madurando. Cuando nacemos, está formado, pero es inmaduro todavía. A lo largo de los años, se va desarrollando y va siendo capaz de guardar más recuerdos”, explica Edurne González, psicóloga infantil sanitaria y directora del Centro Inspira, en León. Coincide también en que los recuerdos se empiezan a formar a partir de los tres o cuatro años: “A esa edad el hipocampo ya es capaz de generar esos pequeños recuerdos y guardarlos. Aun así, hay personas que pueden tener recuerdos de los dos o tres años, pero son muy frágiles porque el hipocampo no funciona muy bien”. Además, González destaca la importancia del lenguaje a la hora de narrar lo que registra el cerebro y destaca dos tipos de memoria: explícita, que son conscientes y narrables; e implícita, que son inconscientes, pero están ahí.

Los pequeños sí son capaces de formar recuerdos durante el primer año de vida, aunque no sean accesibles en la edad adulta.

Según un estudio de 2025 publicado en Science, titulado "Codificación hipocampal de recuerdos en bebés humanos", los pequeños sí son capaces de formar recuerdos durante el primer año de vida, aunque no sean accesibles en la edad adulta. Destacan que la amnesia infantil no está tan relacionada con la incapacidad de registrar experiencias, sino con las dificultades posteriores para recuperarlas.

Entonces, si los niños no se van a acordar de las experiencias y gastos en espectáculos que invirtieron sus padres en ellos de pequeños, ¿merece la pena llevarlos a cabo, o, por el contrario, es mejor esperar a los años en los que vayan a almacenar esos recuerdos a largo plazo? González lo tiene claro. “Los niños no se van a acordar de todo eso, pero sí les queda la sensación de que hay una persona que les cuida, les protege y juega con ellos. Si no tienen la base de seguridad, van a ser adultos inseguros y ahí vienen problemas emocionales como ansiedad o depresión”. Aunque sí destaca que los bebés no necesitan tantas experiencias, sino lo básico, como cariño, seguridad y disponibilidad de los padres.

Para García, compartir experiencias con los más pequeños, aunque en un futuro no las vayan a recordar, favorece y afianza el vínculo afectivo que forman los padres con ellos, además de su desarrollo social y cognitivo. Además, indica que ciertas experiencias son más sencillas de recordar si tienen un componente emocional significativo: “Es más fácil que adquiera un recuerdo si lo hace con una persona significativa con la que tenga un apego seguro y se hace desde la emoción. Incluso recuerdos de un viaje, si hay contenido emocional, es más fácil recordarlo”.

¿Puede darse el caso de que los padres se sientan poco gratificados por el esfuerzo que puedan hacer para que sus hijos no lo recuerden en un futuro? Generalmente, es una situación que les es indiferente, según indica García. “Realmente, gracias al tipo de cuidado que hacen los padres con los bebés, se refuerza el vínculo con el niño, aunque estos no lo vayan a recordar”. Indica también que el apego y la relación que se va formando comienzan desde los primeros meses de vida: “No es tanto la memoria de ese recuerdo, sino lo que yo voy aprendiendo”.

Para González, es muy importante la manera en la que los padres enseñan a los niños cuando son muy pequeños, así como la necesidad de que estos se sientan vistos, los padres estén presentes y les permitan explorar: “Creo que no hay mejor regalo para los padres que saber que tu hijo es seguro y feliz; que lo has hecho lo mejor que has podido con los recursos que tenías”.

jueves, 12 de febrero de 2026

Sobre el Principio Antrópico Fuerte

  [Un comentario sobre el excelente texto de Jesús M. Landart de más abajo. Parece que la creencia en Dios suministra una capacidad evolutiva de mejora. Según explican las estadísticas, los creyentes viven más tiempo que los ateos y se deprimen menos. A un ateo le debía resultar por lo menos paradójico.]

Suponga un mundo donde el tiempo no fluye o fluye muy poco. O donde está todo el tiempo comprimido. Algo así como el universo de los heptápodos de La llegada, la película. La evolución sería paradójica en un sentido o en otro. Circular o pendular. Se mejora y se demejora y se mejora otra vez para volver a demejorar. La entropía sigue existiendo, pero tiene poco trabajo que hacer. Hace falta un sentido perpetuo en el tiempo, "hacia la infinidad buscando orilla", como escribió el capitán Francisco de Aldana. Pero la vida humana es discontinua.

Según los teólogos, hay tres cosas que nos hacen trascender: la belleza, el bien o bondad y la verdad. Y ya decía Keats en A una urna griega que "la verdad es belleza y la belleza es verdad". Y Dickinson: "La belleza es la realidad de la naturaleza". Tal vez sea preferible un relojero ciego a ninguno].

Sobre el "Diseño inteligente", por Jesús M. Landart

    Recuerdo que siendo niño un profesor nos explicaba su demostración de la existencia de un diseñador en el mundo:

    La atmósfera terrestre – decía – tiene un 21% de oxígeno; si en lugar de un 21% tuviera un 19%, nos moriríamos asfixiados, y si tuviera un 25%, moriríamos igualmente por exceso de oxigenación.

    Cuando percibió la estupefacción de sus alumnos y la reverencia ante tal revelación, prosiguió:

    "Y si eso no les parece suficiente, deberían saber que el sol, ese dador de vida y energía, produce igualmente radiaciones sumamente dañinas que acabarían con la vida de la tierra en cuestión de semanas si no fuera porque la tierra tiene una capa de ozono que precisamente sirve de filtro PRECISAMENTE a dichas radiaciones, dejando pasar las beneficiosas. Concretamente, la ventana de la capa atmosférica en su conjunto filtra todas las radiaciones solares excepto las necesarias para el desarrollo de la vida. Y les diré aún más: la atmósfera terrestre está calibrada de tal manera que la radiación concreta que mejor pasa a través de ella es la que corresponde al color verde, que es aprovechada por la función clorofílica del manto vegetal que cubre el plante, sirviendo de punto de partida para la generación de materia viva a partir de los organismos autótrofos."

    La verdad es que así dicho, parece demoledor. Sin embargo, tenemos una enorme batería de explicaciones alternativas que no implican diseñador alguno. Mi profesor estaba simplemente desfasado 175 años. El argumento de la deducción de existencia de un diseñador a partir del orden del cosmos se pierde en la noche de los tiempos, y ha conocido diversas materializaciones. Algunas sugerentes e intelectualmente potentes, como la del teólogo William Paley, que publicó su magna obra Teología natural en 1802, explicando que el diseño funcional de los organismos demuestra o al menos evidencia la existencia de un diseñador. Paley es el creador de la famosísima paradoja del relojero que recoge Richard Dawkins en su libro El relojero ciego (1).

Paley fue el héroe intelectual de Darwin en sus inicios, y fue un formidable contrincante al cual vencer en su tarea científica que desembocó en El origen de las especies. Es importante saberlo para evitar mirar por encima del hombro su teología natural, con la ventaja de nuestra perspectiva del siglo XXI. Así nos lo hace saber el desaparecido Stephen Jay Gould en su enorme y última obra (2)

Darwin dio una vuelta de tuerca al giro copernicano que había desechado el planeta Tierra como centro del universo. Ahora el hombre tampoco era el rey de la creación, sino simplemente una de las especies que pueblan el planeta. Como explica Gould en su libro arriba mencionado, el darwinismo goza de muy buena salud. Eso no quiere decir que los postulados de Darwin permanecen o deben permanecer como dogmas intocables. Nada en ciencia es intocable. Significa que la estructura básica darwiniana permanece como la mejor explicación actual del hecho biológico; aunque los flecos, e incluso algunos apartados importantes están actualmente sometidos a revisión, siendo el propio Gould uno de los revisionistas.

Así las cosas, parece que son malos tiempos para los amantes del argumento del diseño. Sin embargo, la realidad no es esa: hoy existen dos reductos que se niegan a desaparecer. Uno de ellos es un pozo infecto de tonterías conocido como creacionismo científico que no merecería comentario ni mención si no fuera por el extraordinario poder que poseen muchos de sus seguidores en América, y principalmente en los Estados Unidos, ese paradigma de mezcla entre buena ciencia e idiotez.

El otro reducto es de naturaleza diferente, y parte precisamente del mundo de la física, el primero en desterrar el argumento del diseño. Ha conseguido gran predicamento en el mundo de la ciencia y se habla de él con respeto, como si se tratara de una nueva concepción del universo. Recibe el nombre de Principio Antrópico, (PA)

Una formulación fuerte de este principio sostiene, de manera un tanto mística, que la vida humana aparece para dotar de sentido al universo. Los defensores de esta tesis sostienen que, de no darse aquí y ahora las condiciones de nuestra existencia, existiríamos en alguna otra región y en algún otro tiempo. Así, pues, según esta formulación, la respuesta a la pregunta «¿por qué es el universo tal como es?» es que, de haber sido distinto, no estaríamos aquí y no podría realizarse esta pregunta. Pero es que, además, se invoca este principio para explicar la aparición de la conciencia, señalando que las condiciones del universo son justamente las que son (con un precario equilibrio) para permitir la existencia de una inteligencia capaz de formularse esta pregunta.

Se cita al astrónomo Fred Hoyle al hablar de uno de los grandes logros del PA, al postular la existencia de un proceso desconocido para producir carbono en el seno de las estrellas, invocando el PA. Posteriormente, fue demostrada experimentalmente por William Fowler la exactitud de la propuesta de Hoyle.

El asunto es más o menos así:

Prácticamente todos los átomos de nuestro cuerpo, salvo el hidrógeno, están producidos en hornos estelares mediante reacciones nucleares. A grandes rasgos y sin precisión alguna: dos átomos de hidrógeno forman por fusión nuclear uno de helio; dos de helio, uno de berilio y, a partir del berilio, se forma el carbono. El problema es que el núcleo de berilio formado por los dos núcleos de helio es extremadamente inestable, y su cortísima vida media no basta para dar cuenta de la creación de carbono en cantidad suficiente como para que nosotros estemos aquí para contarlo, compuestos por moléculas en las que el carbono es el alma mater.

Fred Hoyle comprendió que la génesis de carbono podría ser posible pese a la breve vida media de los núcleos de berilio si y solo si existiera un fenómeno de resonancia. Sin entrar en detalles, esto sólo se podría producir si el nivel energético del átomo de carbono fuera de exactamente 7,65 megaelectronvoltios.

Este valor obtenido teóricamente era el requerido para que se de la "resonancia" que permita que la reacción entre un núcleo de berilio y uno de helio se produjera con enorme rapidez. A pesar de dudar de las ideas de Hoyle, un grupo de físicos nucleares dirigidos por William Fowler condujeron experimentos de laboratorio en búsqueda de esta resonancia y, para sorpresa de todos, excepto del mismo Fred Hoyle, la encontraron. Un bello ejemplo de una predicción verificada por el experimento.

Hasta aquí muy bien; pero, ¿demuestra esto que el principio antrópico es correcto?

¿Hoyle hace bien al invocar el PA en su propuesta?

Yo creo que en absoluto. Hoyle sabe que existe carbono en cantidad superior a la explicable por las teorías de su momento, e infiere que debe existir un mecanismo oculto de producción de carbono. Teóricamente obtiene la posible solución, que consiste en una resonancia que a posteriori se demuestra ser una teoría correcta y fin de la función.

No es que se da la resonancia, porque en caso contrario no estaríamos aquí para contarlo, sino que estamos aquí para contarlo porque se da la resonancia. No hay nada incorrecto en utilizar el hecho de nuestra mera existencia como un dato más a la hora de explicar el universo. De hecho, somos parte del mismo, y cualquier teoría incompatible con la existencia de vida inteligente debe ser falsa por el evidente hecho de que estamos aquí. Sin embargo, para ese viaje no necesitábamos estas alforjas: cualquier dato que sepamos cierto modifica nuestro estado de conocimiento del mundo. No hace falta invocar oscuras teleologías ni diseños ex profeso.

Los partidarios del PA en su versión fuerte afirman que el universo tiene sus constantes finamente ajustadas PARA QUE sea posible nuestra aparición, convirtiendo al hombre en la finalidad de todo el conjunto.

Espero que el lector sabrá diferenciar este salto al vacío, falsamente vestido de ciencia.

Como muestra de los despropósitos de los partidarios del PA fuerte, tenemos las declaraciones del propio Fred Hoyle:

   “Si en un hangar esparcimos por el suelo todas las piezas desmontables, tornillo a tornillo, de un Boeing 747 y en un momento dado cruza un tifón, ¿cuál será la probabilidad de que después nos encontremos allí el avión completamente rearmado y listo para volar?". 

Según Hoyle, tenía la misma probabilidad -o incluso mayor- de la que el ADN se formase de manera casual.

Yo no puedo leer esta frase sin que se me ericen los pelos de la nuca. No por la frase, sino por su autor. No parece salida de un astrónomo, sino de un telepredicador del tres al cuarto. Pura basura creacionista vestida de ciencia.

Hoy en día estos creacionistas de nuevo cuño vuelven a las andadas con su propuesta conocida como “diseño inteligente”.

La propia revista Nature (3) dedicó una de sus últimas portadas a este movimiento de opinión que en los Estados Unidos está invadiendo las universidades para captar adeptos a la causa antievolucionista. Se trata de una ofensiva en toda regla, concertada desde esferas de poder. Mientras tanto, un investigador evolucionista si quieren hacer algo tienen que prestarse a acudir a absurdos debates televisivos en los que aparecen en pie de igualdad frente a un cualquiera con cuatro proclamas y un libro nefasto bajo el brazo.

En el peor de los casos, el cualquiera no es tonto en absoluto y está perfectamente aleccionado para meterse al público en el bolsillo. Malos tiempos para la ciencia.

Buenos tiempos para el engaño, la tergiversación, la mentira interesada.


Jesús M. Landart

(1) Richard Dawkins,  El relojero ciego. Barcelona: Editorial Labor, s. a.

(2) “La estructura de la teoría de la evolución” Stephen Jay Gould . Ed. Tusquets, Barcelona

(3) Nature, nº 434


lunes, 2 de febrero de 2026

Conductas anómalas derivaron de comportamientos evolutivos protectores.

 Procrastinar, obsesionarse o morderse las uñas: actos autodestructivos que surgieron para sobrevivir en un mundo hostil, en El País, por Enrique Alpañés, Madrid - 2 FEB 2026:

“El cerebro evolucionó para favorecer la supervivencia, no la paz interior”, explica el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland.

Postergar eternamente esa tarea importante, darse un atracón de pizza o rememorar una y otra vez aquel episodio vergonzoso y terrible de nuestro pasado. Son formas de autosabotaje, comportamientos habituales que pueden llegar a ser dañinos, pero que tienen una base evolutiva, nuestro cerebro nos empuja a ellos para sobrevivir. Esta es la sugerente tesis que explica el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland en su libro Controlled Explosions in Mental Health (sin traducción al español). “El cerebro humano evolucionó para la supervivencia, no para conseguir felicidad o paz interior. Todo gira en torno a protegernos”, explica el experto en conversación con EL PAÍS. Esto implica que si hay una situación ambigua, tu cerebro la interpretará como un peligro. Intentará primar la supervivencia a tu salud mental. Es algo que empezó a hacer hace milenios y que ha llegado hasta nosotros ampliado por una simple cuestión evolutiva.

Nuestros ancestros más relajados, los menos paranoicos de la tribu, eran los que tenían más papeletas para ser devorados por ese ruido entre los arbustos que probablemente no será nada. “La selección natural ha favorecido cierta hiperventilación, cierta tendencia a sobreestimar las amenazas”, asegura Heriot-Maitland. Pero el mundo en el que vivimos no es el mismo en el que vivían nuestros antepasados. Ellos tenían tigres de las cavernas acechando, clanes rivales con los que competir y mamuts que cazar. Ahora compramos la carne en el supermercado, nuestro rival es Juan Francisco, de contabilidad y solo vemos tigres en la tele. Las amenazas son más pedestres y sociales: la desaprobación, el rechazo, el abandono, el miedo a no gustar... “Así que muchos de los comportamientos paranoicos que en otro contexto podían funcionar, hoy nos llevan a sabotearnos”, señala Heriot-Maitland.

En su libro, este experto formado en Oxford, con 12 años de experiencia en la sanidad pública inglesa, compara estos comportamientos con explosiones controladas. Nuestro cerebro tiene un escuadrón de artificieros que precipitan una reacción explosiva para evitar un daño mayor. Es como morderse las uñas en lugar aguantar durante años hasta explotar con un comportamiento de autolesiones; ser ligeramente autocrítico como método para mejorar, en vez de oír voces que juzgan y nos insultan de forma constante, en un comportamiento rayano en la esquizofrenia. “Hay que entender que estos comportamientos pueden llegar a ser clínicos, pero son un continuum, forman parte del mismo espectro”, señala el psicólogo. “Todos tenemos unos cerebros con un sesgo protector, pero estos mecanismos se vuelven más contundentes y ruidosos a medida que tenemos más experiencias negativas”. Por eso entender estos mecanismos puede hacernos no solo más comprensivos con nosotros mismos, sino más empáticos con quienes sufren alguna enfermedad mental grave.

Para escribir su libro, Heriot-Maitland decidió retirarse a un pueblecito del norte de Escocia, un retiro laboral que debería ayudarle con los plazos de entrega. Pero el pueblo resultó ser precioso. Tenía unas rutas de montaña espectaculares, unas vistas increíbles, incluso los libros que había en la casita donde se quedaba de repente le parecían fascinantes. Heriot-Maitland caminó mucho más de lo que escribió, y en uno de sus improductivos paseos por el campo cayó en la cuenta. Estaba procrastinando la escritura de un libro sobre la procrastinación. Más que una ironía, aquello fue una revelación, explica el autor. “Puedes investigar todo lo que quieras y realizar todos los estudios científicos del mundo, pero eso no es lo mismo que la conciencia de uno mismo. Puedes entender estos procesos intelectualmente, pero ocurren a un nivel más emocional, más inconsciente”.

Entonces, ¿qué sentido tiene detectarlos? Heriot-Maitland explica que el suyo no es un libro de autoayuda, no busca una solución mágica. Solo pretende explicar los mecanismos subyacentes de muchos comportamientos problemáticos, entender su origen. “Por ejemplo, con la procrastinación”, explica el psicólogo, “cuando estoy a punto de terminar algo, procrastino más. Quizá porque me estoy acercando a lo que temo, que es terminar un trabajo que luego podría ser juzgado o criticado, o que podría ser una porquería... Si entiendes eso, hay algunos miedos subyacentes con los que puedes trabajar”.

Más allá de la vertiente psicológica y práctica del libro, este encierra datos y anécdotas ciertamente curiosas. Por ejemplo, el experto explica por qué tanta gente se siente atraída por las películas de terror, los parques de atracciones o los deportes extremos. “Tienen un equilibrio perfecto entre seguridad y riesgo”, señala. Es una forma de vacunarnos, nos prepara, en un entorno seguro, para lidiar contra escenarios de estrés y ansiedad que podrían darse en la vida real. Heriot-Maitland lo explica con un ejemplo práctico: “ir en una montaña rusa es emocionante y divertido, pero ir en tu coche cuesta abajo, con los frenos rotos por una colina sería horrible”.

Esta idea se entiende desde el marco de la percepción predictiva, una teoría que viene a decir que nuestro modelo interior del mundo no es tanto la realidad, como una interpretación de la misma. Nuestro cerebro tiene un ancho de banda limitado, no puede procesar cada bit de información que se le presenta. Así que analiza lo que pasa y rellena los huecos de información con lo que cree que pasa. Por eso podemos leer perfectamente una palabra, aunque le falten letras. O interpretar la imagen de un puzle aunque no tenga todas las piezas. Pero para ello necesita información previa: haber leído antes esa palabra o visto un paisaje similar al del puzle. Por eso las películas de terror son perfectas, porque nos dan información sobre contextos en los que no hemos estado nunca. Nos inoculan una pequeña cantidad de miedo e incertidumbre para prepararnos para escenarios con una gran cantidad de ambos. “Funciona como una vacuna”, señala el experto.

Este mismo mecanismo estaría detrás de los llamados comportamientos de habituación, cuando la persona rumia escenarios dramáticos de forma obsesiva. Es un comportamiento negativo desde el punto de vista de la salud mental. “Pero tu cerebro podría estar usando el daño como una especie de entrenamiento o ensayo”, explica Heriot-Maitland. “Es como los pilotos, que pasan por una simulación antes de coger un avión de verdad”. De nuevo, esto tiene un origen evolutivo. Los ancestros catastrofistas, aquellos que habían ejercitado, preparado y afinado sus respuestas ante las amenazas, estarían más preparados cuando estas llegaran que aquellos que vivían una rutina despreocupada y feliz.

Parecería, así explicado, que la evolución hubiera premiado a los amargados. Que no hay goce y disfrute en el mundo que pueda tener un beneficio evolutivo. Y no es así. El sexo (más allá de su finalidad reproductiva) el alcohol y otras drogas recreativas han sido desde siempre comportamientos hedónicos, sociales y de escapismo ante los problemas. Pero su abuso puede convertirse en un comportamiento autodestructivo, explica el experto. “El alcohol, el sexo, las drogas… la gente los usa por cuestiones hedónicas y sociales, claro, pero pueden ser una forma de evitar emociones incómodas. Y es efectivo". Estos comportamientos hedónicos crean una especie de entumecimiento o una distracción, generan sensaciones fuertes que anulan o tapan las emociones dolorosas que tienes. Y tu cuerpo aprende que esto funciona. Y piensa que es genial. “Así que lo haces más y más hasta que se convierte en una adicción, se forma un hábito y se vuelve una forma destructiva de evitación”.

Tanto en este caso como en los anteriores hay un espectro, desde el pequeño hábito nocivo hasta el comportamiento patológico. El libro de Charlie Heriot-Maitland pretende analizar los primeros, aquellas explosiones controladas que evitan la hecatombe. Lo hace para comprender primero la base evolutiva del autosabotaje, para ofrecer la oportunidad de reconocer su función protectora y, al mismo tiempo, abordar el daño que puede llegar a causar. “No queremos combatir estos comportamientos, pero tampoco queremos apaciguarlos y dejar que sigan controlando, dictando y saboteando nuestras vidas”, explica. “Lo importante es entender que tenemos opciones”.

jueves, 22 de enero de 2026

Experimentos para desarrollar ratones colorados (es un decir)

 [Transcripción automática corregida por el bloguero del portal de divulgación científica de Youtube "Atraviesa lo desconocido", de Fon Ramos, con el título ¡Es aterrador! Un extraño experimento logra lo impensable, 21 de enero de 2026. El enlace directo aquí]

 Uno de los experimentos recientes más increíbles fue cuando científicos insertaron genes del lenguaje humano en ratones. Los resultados dejaron de piedra a todo el mundo y lo que vimos en ratones dejó a los científicos maravillados y con ganas de saber más.

Hoy hablaremos de este experimento que rompió las barreras de la ciencia y de otros que fueron en la misma dirección con otros animales. Todos los resultados fueron tan increíbles que los científicos no daban crédito a lo que estaba pasando. Os habla Fon Ramos en un nuevo programa de Atraviesa lo desconocido, esperando, por supuesto, que todos estéis lo mejor posible.

Comenzamos. ¿Por qué los animales no hablan como nosotros? El gen NOVA1 

Mira, en el último año se han hecho algunos experimentos curiosos, pero hay uno de ellos que sobresale sobre todo los demás y parte de una pregunta muy intrigante. ¿Cómo es posible que diferencias genéticas mínimas entre humanos y otros mamíferos produzcan capacidades tan extraordinarias como por ejemplo el lenguaje complejo? Es decir, ¿por qué si animales comparten la mayoría de genes con nosotros, puesm, por ejemplo no hablan? Para explorar esta cuestión, científicos de la Universidad Rockefeller se centraron en un solo gen llamado Nova 1. Este gen no construye directamente una parte del cuerpo como un brazo o una pierna. En realidad funciona más bien como un director de orquesta dentro del cerebro. Su trabajo consiste en ayudar a organizar cómo se usan las instrucciones genéticas dentro de las neuronas. 

Para entenderlo de forma sencilla, podemos imaginar que los genes son como recetas de cocina.  Normalmente cada receta sirve para hacer un solo plato, pero Nova 1 lo que hace es reordenar parte de esas recetas, de manera que con una sola receta se puedan crear muchos platos distintos. Esto se hace mediante un proceso llamado splicing alternativo, que básicamente es una forma de editar los mensajes genéticos antes de convertirlos en proteínas. Gracias a este sistema, el cerebro puede fabricar una enorme variedad de proteínas diferentes, lo que lo hace mucho más complejo, flexible y adaptable. Por eso,  muchos científicos consideran a NOVA 1 un regulador maestro, ya que influye directa o indirectamente  en una gran parte de los genes que se usan en el cerebro. Algunos estudios incluso sugieren que puede afectar hasta el 90% de ellos. De hecho, el gen Nova 1 en los seres humanos es un gen muy importante  porque, si no funciona bien, aparecen alteraciones bastante graves. Lo más sorprendente de este gen es que la versión humana es única, tiene un cambio minúsculo en su estructura, solo un aminoácido diferente respecto al de otros animales. Puede parecer algo insignificante, pero en biología estos pequeños cambios pueden tener efectos enormes. Lo realmente interesante aquí es que ni siquiera  nuestros parientes más cercanos, es decir, los neandertales y los denisovanos, que son parientes humanos extintos, ni siquiera ellos tenían esta versión que tenemos nosotros. Es decir, esta versión solo apareció en el homo sapiens y además apareció relativamente tarde en nuestra historia evolutiva. De hecho, antes de este descubrimiento, el gen más famoso relacionado con el lenguaje era FoxP2 y en 2009 también se  probó en ratones y vieron que sus sonidos se habían vuelto más complejos. Sin embargo, también se descubrió que los neandertales ya tenían una versión muy parecida a la nuestra de FoxP2, lo que significa que es importante, pero no explica por sí solo el lenguaje moderno. Y aquí es donde entra el gen Nova 1, es decir, la versión humana parece ser exclusiva de nuestra especie, lo que lo convierte en un candidato muy interesante para explicar algunas de nuestras capacidades mentales únicas. 

El experimento: ratones con un gen del habla humano

El tema es que aquí  cambió todo, ¿no? Cambió todo cuando hace meses usando técnicas modernas de edición genética, pues implantaron genes Nova 1 humanos en ratones. 

Estos ratones nacieron normales, pudieron reproducirse y vivieron con normalidad. La idea no era crear ratones humanos, sino ver qué cambiaba exactamente con ese pequeño ajuste genético. Los resultados fueron sorprendentes, sobre todo en la forma en la que los ratones se comunicaban. Cuando eran crías, los ratones modificados emitían chillidos diferentes a los normales, más agudos y con otra estructura. 

Sus madres era como si no reconocieran esos chilidos como llamadas de auxilio. Como consecuencia, pues muchas madres ignoraron eso. Es decir, no hubo diferencias entre cómo los trataban, pero las crías era como si trataran de comunicar algo de esa forma. Más intrigante aún fue después, porque cuando los ratones crecieron, comenzaron a emitir esos sonidos entre ellos y cada vez eran más complejos y largos, sobre todo en el cortejo. Incluso se vio que en el cortejo esos sonidos parecían cantos muy variados y lo curioso es que pareciera que los ratones se comunicaban en su propio idioma desconocido. Los científicos hicieron más pruebas para observar sus cerebros y confirmaron que sí modificó sus cerebros en la parte relacionada con el habla. Aquí lo curioso que es pues que dada la anatomía de un ratón pues efectivamente no puede hablar como un humano, no que intenten hablar como nosotros efectivamente, pero hablar su propio idioma y tratar de comunicarse en base a la anatomía que tiene un ratón. Los científicos creen que la versión humana de Nova 1 pudo ayudar a que nuestro cerebro se volviera más flexible, más potente y más capaz de aprender durante toda la vida. El lenguaje en este sentido sería solo una parte de un cambio mucho más grande y el hecho de que los neandertales no tuvieran esta versión resulta interesante. Puede que esta diferencia pequeña genética ayudara al homo sapiens a comunicarse mejor, cooperar más y organizar sociedades más complejas, lo que al final pudo marcar la diferencia entre sobrevivir o desaparecer. Yo lo que me pregunto es, ¿qué diablos estaban tratando de decirse esos ratones? Si realmente era diferente de su comunicación habitual, qué se estaban tratando de decir y si los ratones normales respecto a estos ratones decían, "What, ¿qué me estás contando?" 

Ratones con genes de Neandertales y Denisovanos. ¿Qué pasó en este caso?

Y mirad, porque este experimento también recuerda a otro en años anteriores, en el cual científicos usaron la técnica de edición genética, la famosa CRISPR cas9, para introducir genes en ratones procedentes de neandertales y denisovanos. Los resultados, publicados en varios estudios, fueron tan sorprendentes como reveladores. Uno de los genes más interesantes fue GLI3, una variante genética distinta a la de los humanos modernos, pero presente en ambos homínidos extintos. Cuando se probó una versión artificialmente alterada de este gen, los ratones desarrollaron malformaciones. Sin embargo, al introducir la versión auténtica de neandertales y denisovanos, los cambios fueron distintos, y más sutiles. Los ratones mostraron menos vértebras, y una mayor torsión en las costillas y una cabeza más grande, rasgos que recuerdan a las diferencias físicas entre humanos modernos y neandertales. Los científicos concluyeron que este gen en concreto pudo influir en la forma del cuerpo y del cráneo de estos homínidos, y que en su contexto evolutivo probablemente fue más beneficioso que perjudicial.

Pretenden crear en 2026 ratones humanizados

Claro, pero es que en 2026 hay avances también sobre esto. Mirad, porque en 2026 científicos se encontraron con el problema de que insertar genes humanos completos, es decir, eh, muy largos y complejos, resultaba casi imposible con las técnicas que se estaban usando anteriormente. Así que crearon una nueva técnica llamada Tecno, que es un método nuevo en dos pasos que usa la herramienta de edición genética CRISPR. Lo que hace esta técnica es eliminar el gen equivalente del ratón y colocan unas especie de anclas para insertar el gen humano entero con todas sus partes reguladoras. Esto, según el estudio científico, genera ratones humanizados muy fieles a la biología humana. Revelan que esto es necesario para investigar enfermedades genéticas, probar medicamentos de forma mucho más precisa y en el futuro entender mejor diferencias evolutivas únicas de los humanos como el desarrollo del lenguaje o el cerebro. Pero claro, plantea dilemas éticos, ratones humanizados. 

Monos con genes de nuestro cerebro ¿Qué pasó en este caso?

Ahora bien, si os sorprendieron los ratones humanizados, que es algo que se está, ya os digo,  investigando en 2026, fijaos lo que ha pasado anteriormente con monos, porque claro, mucha gente se pregunta, "Vale, esto en ratones, pero ¿y en parientes que sí de verdad son más parecidos a nosotros?" Como por ejemplo los monos. Pues hubo otro experimento anterior y esta vez sí que fue en monos. Y es que los científicos se preguntaban cómo es que el ser humano llegó a ser más inteligente que un mono si los dos parten del mismo ancestro común, como quien dice. 

Para llegar al fondo de esta cuestión, científicos crearon monos transgénicos de la especie Rhesus, una de las más inteligentes y comunes del sur de China, introduciéndoles copias adicionales de un gen del cerebro humano que se cree que pudo desempeñar un papel importante en nuestra evolución cognitiva. El objetivo era observar si este cambio genético podría alterar o mejorar ciertas capacidades mentales de los animales. Entonces, ¿qué ha ocurrido aquí? ¿Qué han hecho los científicos? Pues os lo explico a continuación. 

Pues veréis, los científicos del Instituto de Zoología de Kunming y de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill) editaron unos genes específicos llamados MCPH1. Estos genes son los responsables de algunas cosas importantes en los seres humanos, como por ejemplo el tamaño del cerebro o su crecimiento. A partir de eso, lo que hicieron pues fue exponer simplemente pues embriones de monos Rhesus a un virus. Ese virus llevaba evidentemente ese gen. Pues, de los 11 monos con los que probaron ese gen, según como vemos en esta tabla, pues cinco sobrevivieron. Esos cinco llevaban la copia del gen humano dentro de ellos. 

Los  resultados dejaron a todos con la boca abierta. Los científicos chinos no se esperaban lo que sucedió. Veréis, primero, hubo que esperar efectivamente a que los monos pues crecieran, ¿no? Después lo que les hicieron fueron resonancias magnéticas de sus cerebros, pues para ver, eh, principalmente pues cómo habían crecido. Lo que comprobaron y lo que se demostró en este estudio es que había un patrón de crecimiento cerebral idéntico al humano. Crecían más lentamente los cerebros. Esto, bueno, a priori pues parece que no augura nada bueno. Sin embargo, cuando les hicieron pruebas de memoria a los monos, se hizo patente que habían mejorado considerablemente la memoria y además es que estaban superando las pruebas con mucha mayor celeridad que los monos normales. Es decir, volvieron a los monos más inteligentes. Lo más increíble de todo es que volvieron a los monos más inteligentes sin que creciera su cerebro, es decir, con el mismo tamaño cerebral, lo cual es aún más increíble si cabe. Claro, este estudio no gustó nada, obviamente, a la comunidad científica y tampoco me gustó a mí. De hecho, hubo científicos que han protestado, incluso uno de ellos, uno de ellos que colaboró en la investigación llamado Martin Steiner, que es profesor de ciencias de computación de la Universidad de Carolina del Norte, dijo estas palabras: "No creo que sea una buena dirección. Ahora hemos creado este animal que es diferente de lo que se supone que es. Cuando hacemos experimentos, tenemos que tener un buen entendimiento de lo que estamos tratando de aprender, de ayudar a la sociedad y ese no es el caso aquí. Claro, las leyes en China son más suaves para este tipo de experimentos, en concreto con monos, hasta el punto que sobrepasan incluso los límites de la ética. Además es que son pruebas que faltan al respeto al mundo animal, pudiendo provocar trastornos graves a monos. Es decir, estaríamos probando cosas en monos sin saber que podría desencadenar en algo mucho peor para ese animal o esa especie 

Conclusiones, debate y consecuencias en el futuro.

Ciertamente, el mundo está dividido con estos experimentos. Están los que creen que esto podría ayudar en avances a la humanidad y, por otro lado, están los que creen que no debemos de tratar así a los animales. 

Yo creo que se pueden fusionar las dos cosas sin sobrepasar las barreras de la ética. Es decir, podríamos tratar de avanzar en ese sentido sin poner en riesgo la vida o la salud de los animales, cosa que en la mayoría de estudios que hemos visto hoy, pues no se ha cumplido. Sea como sea, estos estudios demuestran el enorme poder de la edición genética para explorar la evolución humana, aunque los propios científicos recuerdan que ningún gen explica por sí solo lo que somos.

¿Qué se espera en 2026? Pues ya lo iremos viendo, pero se ha hablado que científicos chinos planean investigar el gen SRGAP2C, que algunos llaman el interruptor de la humanidad. Este gen habría aparecido hace unos 2 millones de años, cuando el australopitecus evolucionó hacia homo hábilis. Yo me pregunto hasta dónde quieren llegar estos investigadores, si es bueno para conocer el origen, si merece la pena todo esto. ¿Tú qué opinas de todas estas investigaciones? Déjame tu impresión abajo en comentarios y continuamos por ahí. Sed buenos. Hasta la próxima.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Las bonobas impusieron el matriarcado para evitar el infanticidio de la sociedad chimpancé.

 Las cinco bonobas que mataron a un macho desafían el mito de la especie pacifista: “El ataque más violento jamás observado”, en El País, por Javier Salas, 22 de octubre de 2025:

Este linchamiento, grabado en vídeo en plena selva, matiza la realidad de los bonobos. Las hembras ejercen el poder sobre los machos, más grandes y fuertes, gracias a un matriarcado tejido con intensos lazos sociales. Cinco bonobas lincharon hasta la muerte a un macho por agredir a una cría.

Nadie ha vuelto a ver a Hugo desde el 18 de febrero de 2025. Aquel día, a las tres y media de la tarde, se escuchó un griterío en medio de la selva de Salonga, en la República Democrática del Congo. Dos minutos después, llegó el primer testigo humano, que puso a grabar su cámara. Cinco hembras, Polly, Tao, Ngola, Djulie y Bella, estaban vapuleando a este macho de casi veinte años, que yacía boca abajo en el suelo.

El ataque duró veinticinco minutos interminables para Hugo, que se cubría la cabeza como podía mientras todo el clan observaba la escena sin intervenir, incluidos algunos familiares. “Las hembras saltaron alternativamente sobre el cuerpo de Hugo, pisoteándole la espalda y mordiéndole la cabeza, las piernas, el cuello, los dedos de las manos y de los pies. Una de ellas le arrancó de un mordisco parte de la oreja; otras dos practicaron frotamientos genitales entre sí encima de él. Una de las agresoras le mordió el pie y masticó el tejido arrancado, para después morderle los testículos”, describen en detalle los científicos que han publicado ahora el caso.

Hugo tenía el rostro desfigurado, sangraba en los labios y las cejas, una amplia sección de piel arrancada del cuello, sus nudillos mordidos hasta el hueso, y graves heridas en los testículos y el pene. A duras penas logró huir del escenario dos horas después. “Sigue desaparecido y estamos bastante seguros de que no ha sobrevivido”, responde ahora Sonya Pashchevskaya, primatóloga y testigo directo de un ataque que sirve para matizar las complejidades de una especie idealizada como "jipis eróticofestivos": los bonobos.

Su realidad ayuda a leer el mosaico evolutivo que conformamos los grandes simios: humanos, orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos. Estas dos últimas especies, las más cercanas a nosotros, son algo así como un juego de espejos. Los chimpancés machos manejan con mano de hierro la jerarquía social y forman lazos duraderos entre ellos, mientras que son violentos con las hembras para asegurarse la descendencia. Los bonobos viven en un matriarcado: las hembras dominan al grupo mediante alianzas que, entre otros comportamientos, reafirman frotando mutuamente sus vulvas (buscando el placer con su clítoris).

Desde que Jane Goodall observara aterrorizada las crueles guerras entre chimpancés, siempre se ha idealizado a los bonobos como el reverso pacifista, sobre todo tras los populares libros de Frans de Waal. “Aunque es cierto que son mucho más pacíficos”, matiza Pashchevskaya, “la imagen hippie de la sociedad bonoba procede en gran parte de poblaciones en cautividad”. Los silvestres son menos idílicos, como explica esta investigadora del Instituto Max Planck (Alemania). “La pacífica sociedad bonoba, que se mantiene gracias a que las hembras asumen el dominio sobre los machos, puede verse interrumpida ocasionalmente por sucesos extremos como este, que sería la excepción que confirma la regla”.

Los machos son más grandes y fuertes; la violencia, como herramienta de control social, la ejercen ellas. Y quizá por eso ha pasado más desapercibida. “Refleja una visión muy centrada en los machos”, admite Martin Surbeck, que también ha trabajado con los bonobos de LuiKotale, en el parque nacional de Salonga, aunque no en este trabajo. Surberck, de la Universidad de Harvard, publicó en abril un estudio que repasa treinta años de observaciones para entender el poder de las bonobas. El 85 % de las coaliciones violentas las protagonizan hembras que tratan de mantener a raya a los machos, por lo que es una ferocidad claramente funcional: para evitar que se conviertan en chimpancés. En ciertas comunidades, el 100 % de los conflictos los ganan las hembras, mostrando que el dominio es estructural.

Poder social, no físico

“El poder de estas coaliciones de hembras es uno de los principales mecanismos que invierte las dinámicas de poder entre sexos dentro de los grupos de bonobos”, añade Surbeck por email. Cuando las bonobas arman alianzas agresivas para ejercer el control social sobre los machos, demuestran que el poder puede nacer no de la fuerza física, sino del apoyo social.

Ahí es donde empieza a cobrar sentido el ataque de las cinco hembras contra Hugo. Según los primatólogos que siguen a esa comunidad, este macho tuvo un par de días antes un gesto agresivo con la cría de la más joven de las atacantes, Bella (15 años). El infanticidio es una herramienta común de los machos de muchas especies para asegurarse el éxito reproductivo: yo tengo hijos cuando la hembra ya no cuida de los hijos que tuvo con otros. “Las hembras bonobo, sin embargo, han logrado revertir esa tendencia, que los chimpancés sí cumplen, gracias a una cooperación inusual entre ellas”, explica Pashchevskaya, “y llegan a atacar a los machos que se portan mal con los pequeños”. “La violencia extrema se explicaría mejor como respuesta a la amenaza extrema: el infanticidio”, resume la autora principal de este caso detallado en la revista Current Biology. Hace años se dio un caso similar, aunque peor documentado. La primatóloga reconoce que solo pueden especular, explica: “¿Por qué no se producen infanticidios dentro del grupo entre bonobos? Pues porque esto es lo que sucede si un macho lo intenta”. Si las hembras son capaces de ejecutar un acto de violencia de tal magnitud contra un macho adulto, continua la científica, quizá eso sea precisamente lo que mantiene a raya las agresiones masculinas como las de los chimpancés.

Nahoko Tokuyama, otra experta en bonobas, se muestra “muy sorprendida” por el episodio. “Aunque a veces se vuelvan violentas, yo creía que las hembras de bonobo no llegarían a herir a un oponente tan seriamente”, asegura. “Creo que Hugo provocó a las hembras de forma particularmente severa. La agresión contra una cría constituye una violación grave de las normas de la sociedad bonoba y casi siempre provoca represalias por parte de las hembras”, añade Tokuyama, de la Universidad Central de Tokio, autora de varios estudios sobre las coaliciones de bonobas salvajes. “Es seguro que este caso representa el ataque más violento jamás documentado en bonobos”, resume.

Penes heridos y vulvas amigas

En cuanto al simbolismo de los detalles más escabrosos, los expertos en esta especie son cautelosos. Las heridas en los genitales de Hugo, por ejemplo. Los chimpancés que agreden a machos de otros grupos suelen atacar ahí, en parte para eliminar competencia reproductiva. “Son una parte fácil de dañar cuando solo se usan dientes y manos, así que sería prudente no atribuirles un significado simbólico demasiado profundo”, advierte Pashchevskaya. Pero añade: “Quizá comunique algo como ‘no te pases de la raya”.

El frotamiento de genitales de las hembras sobre el cuerpo del agredido sería más normal. Las bonobas lo hacen mucho, para tejer esos lazos de sororidad que a escala social terminan por formar una red matriarcal. “También lo hacen cuando se reencuentran tras un tiempo, como una especie de ‘hola, me alegro de verte”, señala Pashchevskaya. Profundiza Liza Moscovice, autora de varios estudios sobre las bonobas y sus comportamientos sexuales: “Es común en situaciones tensas, como durante ataques en coalición. El frotamiento genital ayuda a las hembras a coordinar su comportamiento, confirmar el apoyo mutuo y posiblemente reducir el estrés en momentos de tensión”. Tokuyama indica que “probablemente intentaban tanto aliviar el estrés como reafirmar su vínculo cooperativo entre ellas”. “En resumen, en este caso”, zanja la autora principal del estudio sobre la muerte de Hugo, “el frotamiento genital facilita la cooperación: ‘Estoy contigo en esto”.

martes, 29 de abril de 2025

La dualidad cerebelo / cerebro esencial para el desarrollo de la conciencia en humanos y animales.

 Cómo aprendimos a anticiparnos: el papel crucial del cerebelo para predecir el mundo, en El País, por Laura Camón, 29 de abril de 2025:

Esta estructura alberga el 80% de las neuronas del cerebro y ha sido clave en la evolución del ser humano y otros animales.

En 2018, la revista Springer Nature publicó un caso clínico muy curioso: una mujer de 43 años sufrió un derrame debido a un enredo anormal de vasos sanguíneos en su cerebro. Para salvarla, los médicos realizaron una embolización, un procedimiento que bloquea los vasos defectuosos para evitar nuevas hemorragias.

Pero después de la intervención, algo cambió. La mujer empezó a sufrir síntomas extraños: perdió la coordinación, tenía dificultades para concentrarse y encontrar palabras, actuaba de forma inapropiada (como reírse en funerales o reuniones de trabajo) y se volvió impulsiva, agresiva e irritable. Incluso empezó a tener alucinaciones, como ver flamencos corriendo por su casa.

Su esposo aseguraba que todo esto era nuevo. Antes de la embolización, ella era una abogada exitosa, sin antecedentes psiquiátricos. Sabemos, gracias a casos célebres como el de Phineas Gage (el obrero que sobrevivió a una barra de hierro atravesándole el lóbulo frontal), que la personalidad depende del cerebro. Pero aquí había algo interesante: el daño no estaba en la corteza cerebral, sino en el cerebelo.

Resulta que este “coliflor”, oculto bajo los lóbulos occipitales, ha sido históricamente infravalorada porque se creía que solo controlaba la coordinación del movimiento. Sin embargo, cada vez son más las evidencias que sugieren un rol mucho más amplio. Incluso, en los últimos años, hemos visto titulares presentando al cerebelo como el nuevo trofeo que nos hace humanos, quitándole algo de protagonismo al lóbulo frontal.

Pero para entender por qué el cerebelo es tan importante, debemos remontarnos a sus orígenes. Surgió a partir de unas estructuras más primitivas llamadas, con bastante ingenio, “estructuras similares al cerebelo” (cerebelo-like Structures en inglés). Estas estructuras todavía existen en algunos peces primitivos, como tiburones, rayas y peces eléctricos.

Su función es clave: ayuda a diferenciar entre los estímulos sensoriales externos y los internos. Por ejemplo, los tiburones cazan detectando los campos eléctricos de sus presas, pero hay un problema: ellos mismos también producen campos eléctricos que pueden interferir con esas señales.

Según un estudio publicado en Behavioral Neuroscience en 2019, las estructuras similares al cerebelo resuelven este dilema con un mecanismo brillante: un filtro adaptativo. Este sistema utiliza una copia de las órdenes motoras internas para predecir y cancelar la información sensorial autogenerada. Es decir, filtran el ruido interno y dejan solo la información externa relevante.

El cerebelo evolucionó a partir de la duplicación de estas estructuras, lo que permitió que su capacidad predictiva se extendiera a nuevas funciones, como una mejor coordinación de los movimientos. De hecho, su desarrollo está estrechamente ligado a la aparición de mandíbulas y aletas pares en los vertebrados, lo que sugiere que su evolución estuvo impulsada por la necesidad de un mayor control motor y sensorial.

A medida que los vertebrados desarrollaron sistemas nerviosos más complejos y avanzaron en la cognición, sus nuevas funciones también contaron con la ayuda del cerebelo. Según una revisión publicada en Cerebellum en 2015, su papel consiste en detectar patrones repetitivos, creando “modelos internos” que le permiten predecir el futuro y anticiparse lo que va a suceder.

Por ejemplo, cuando escuchamos una canción conocida, podemos anticipar las siguientes notas o la letra sin esfuerzo. Esto ocurre porque el cerebelo ha identificado la secuencia y ha construido un modelo de cómo suena. Si la melodía cambia inesperadamente, ajusta su predicción sin que seamos conscientes de ello.

Su importancia también se refleja en su anatomía. Aunque el cerebelo humano representa solo el 10% del volumen cerebral, alberga el 80% de sus neuronas. A lo largo de la evolución de los mamíferos, creció en proporción con el resto del cerebro, pero en los simios, y especialmente en los humanos, su expansión fue descomunal. En nuestra especie, es un 31% más grande de lo esperado.

Curiosamente, la mayoría de sus proyecciones están conectadas con áreas de la corteza cerebral involucradas en tareas cognitivas. Un artículo publicado en la revista Frontiers in Cellular Neuroscience en el año 2018, sugiere que el cerebelo fue clave en la evolución de aquellas cualidades que dieron origen al ser humano, como el uso de herramientas, el lenguaje y la cultura.

Hace millones de años, los primeros humanos comenzaron a fabricar herramientas de piedra, como hachas y cuchillos. Esta tarea requerirá una coordinación motora fina y la capacidad de predecir cómo se romperá la piedra al golpearla. Gracias a su habilidad para detectar secuencias y predecir resultados, el cerebelo permitió perfeccionar esta técnica con el tiempo.

Además, otras investigaciones más recientes han destacado su papel en la inteligencia social, especialmente en los estados más avanzados de la teoría de la mente. Imagina que alguien esconde un juguete en un cajón y luego sale de la habitación. Mientras no esté, mueve el juguete a otro lugar. Cuando esa persona regresa, ¿dónde buscará el juguete? Si responde “en el cajón”, comprende que esa persona tiene una “falsa creencia”. Este tipo de razonamiento, crucial para la interacción social, depende de una región específica del cerebelo llamada Crus I y II.

No obstante, nosotros no somos los únicos con un cerebelo extraordinario. En los delfines, esta estructura también es excepcionalmente grande en relación con el tamaño total de su cerebro, debido a su necesidad de procesar información sensorial compleja, especialmente la auditiva. En concreto, destaca una región llamada paraflóculo, que en los delfines es enorme. Su función es integrar la información sonora y transformarla en respuestas motoras necesarias, un mecanismo clave para la ecolocalización, que les permite “ver” con el sonido.

Otro mamífero que destaca por su gran cerebelo es el elefante. Estos animales tienen el cerebelo más grande en relación con el tamaño de su cerebro entre todos los mamíferos estudiados hasta ahora. Representa alrededor del 18,6% de su masa cerebral, casi el doble que en los humanos, lo que sugiere que cumple un papel crucial en su vida.

Sabemos que el cerebelo es esencial para el control motor fino, y en los elefantes esto cobra especial importancia debido a la complejidad de su trompa. Este órgano versátil y ultrasensible les permite alimentarse, beber, comunicarse y manipular objetos con una precisión asombrosa. Además, los elefantes utilizan infrasonidos para comunicarse a largas distancias, y es posible que su cerebelo también tenga un papel clave en esto.

Si el cerebelo nos hizo humanos, también hizo elefantes a los elefantes y delfines a los delfines. Y si ahora podemos mantener una conversación, esculpir y viajar al espacio, es porque hace muchos millones de años, los primeros vertebrados aprendieron a predecir el futuro.