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jueves, 4 de junio de 2026

Entrevista al hijo de Vázquez

"Vázquez y Vázquez", por Víctor Parkas, 29 NOV 2015:

"Cedería gratis los derechos de mi padre si dejaran de publicar reediciones horrorosas"
El hijo del dibujante de cómics Manolo Vázquez estrena una película que carga contra el mundo de la cultura. Y está harto de que todo el mundo le pregunte por su padre en las entrevistas

“Mi padre me traía mucho a este bar de pequeño. Yo me quedaba en las recreativas mientras él se emborrachaba con Manel, un dibujante que por aquel entonces trabajaba en El Jueves. Seguramente, aún le deba dinero al dueño”, cuenta el director Manolo Vázquez en un local llamado, paradójicamente, Flor y Nata. Acabamos encontrándonos en este bar porque, según cuenta, estuvo viviendo con su padre -el dibujante de cómics como Anacleto o Las Hermanas Gilda- en esta misma manzana; aunque sólo, recalca, durante algún tiempo. “Nos mudábamos cada dos años más o menos, porque mi padre dejaba de pagar el alquiler. Hemos vivido en casi toda Barcelona: hoteles, pisos, casas de otra gente… Eso me afectó hasta tal punto que soy incapaz de vivir más de dos años en el mismo sitio, y no por motivos económicos, sino por una especie de costumbre adquirida”.

Manolo Vázquez no sólo heredó su nombre del famoso historietista, sino que carga a sus espaldas con anécdotas que atentan contra la suspensión de la incredulidad; incluso contra la de los fans del dibujante. “Cuando estuve asesorando a Óscar Aibar para El Gran Vázquez, el biopic de mi padre que protagonizó Santiago Segura, desechamos algunas vivencias reales porque pensamos que nadie del público iba a darlas por ciertas. Quiero decir: la noche de bodas la pasó con mi madre en una casa de putas. No puedes meter eso en una película y esperar que los espectadores se lo crean”.

"Yo cedería los derechos de mi padre de forma completamente gratuita si, a cambio, se publicase algo más que esas reediciones horrorosas de Anacleto y Las Hermanas Gilda"

Todos recordamos esas historias en las que Vázquez se plasmaba a sí mismo en viñetas, mostrándose como un bastardo carismático que dejaría en evidencia al mismísimo Bugs Bunny; un Bugs Bunny pendenciero y moroso. Todas esas historias son, según su hijo, completamente ciertas. “Vivimos mucho tiempo solos, él y yo. En cuanto llegábamos a un barrio, se abría una cuenta en el bar de abajo, en el que acabábamos comiendo cada día; del hotel en el que pasamos dos años viviendo, nos fuimos sin pagar; las visitas de los acreedores eran continuas. Yo vivía las reglas que él imponía como algo normal: si llaman a la puerta, no se abre; si suena el teléfono, no se descuelga. ¿Qué si está mi padre en casa? No, ahora mismo no está. Era el pan nuestro de cada día”. La tensión no sólo se encontraba en la casa que tocara por aquél entonces, sino que llegaba hasta la escuela donde estudiaba el pequeño Manolo. “Los momentos en los que mayor vergüenza pasabas era cuando dejaba de pagar al colegio. Creo que incluso nos llegaron a enviar para casa una vez, a mí y a mi hermana, por un atraso de cuatro meses”. Pese a la acritud que da el blanco sobre negro, Manolo recuerda cada anécdota con una sonrisa en los labios. “Para mí es un orgullo ser su hijo. Además, he crecido leyendo Anacleto”.

Aunque el lector sea permeable a cualquier referencia del mundo del cómic, no hace falta echar la vista demasiado atrás en el tiempo para que el título Anacleto: Agente Secreto le suene familiar. La adaptación al cine de este personaje a manos del director Javier Ruiz Caldera se estrenó hace ahora pocas semanas, con un notable éxito de crítica y público. “Es un poco difícil enfrentarte a algo así, no sólo porque la película parta de una creación de tu padre, sino porque también se centraba en mi personaje preferido de entre todos los que él ha dibujado. Es decir: tengo el casting ideal de Anacleto: Agente Secreto en mi cabeza. Me invitaron al preestreno, y fui con el tiempo justo para no tener que saludar a nadie al llegar, y en cuanto se terminó me marché corriendo, para evitar que me preguntaran qué me había parecido. La primera vez que la vi no me gustó nada, pero en el segundo visionado -hecho con más distancia y entendiendo que no estaba delante de una adaptación fiel al original- me pareció una buena comedia de acción, hecha con mucho respeto y cariño. Una cosa muy guay es que Carlos Areces interprete a Vázquez en la película. Areces y Santiago Segura han sido, de algún modo, mi padre”.

“Cuando estuve asesorando a Óscar Aibar para El Gran Vázquez, el biopic de mi padre que protagonizó Santiago Segura, desechamos algunas vivencias reales porque pensamos que nadie del público iba a darlas por ciertas"

Al contrario que El Gran Vázquez, un proyecto en el que Manolo estuvo implicado ya no sólo como asesor de guión, sino también como asistente de dirección y actor -interpreta al doctor que asiste el parto en el que él mismo era dado a luz-, Anacleto: Agente Secreto fue un proyecto auspiciado herméticamente por la editorial poseedora de los derechos de las creaciones de Vázquez. “Siempre ha habido un problema en ese sentido, y no sólo con la editorial, sino también con los hijos que tuvo antes de estar con mi madre. La relación es tensa, porque es difícil gestionar derechos de autor con gente que se tiene recelo. Un recelo que, por otra parte, es comprensible: mi padre les abandonó, y eso generó un rencor que a día de hoy sigue vigente. Él murió hace ahora veinte años, y llevo desde entonces peleando contra molinos de viento”. Si los intereses de esta pugna quijotesca pueden levantar suspicacias, la coartada económica no es la que parece motivar a Manolo. “Yo con la obra de mi padre no he ganado dinero. Como mucho, te da para darte un capricho una vez al año. Sinceramente te lo digo: yo cedería los derechos de mi padre de forma completamente gratuita si, a cambio, se publicase algo más que esas reediciones horrorosas de Anacleto y Las Hermanas Gilda. Mi padre tiene una obra súper extensa, y no tienes ni idea de la rabia que me da ir a un quiosco y no ver tebeos suyos”.

Aunque su padre intentase que el joven Manolo siguiera sus pasos, la sombra de Vázquez era demasiado alargada. “Me llevaba a todos los salones del cómic, incluso me apuntó a una academia de dibujo. Durante un tiempo llegué a dedicarme únicamente a hacer cómics. Me decía que era un cabrón; que lo hacía mejor que él. Pero es complicado dedicarte al dibujo si tu padre es quien es. Me explico: cuando me hacían encargos, querían que mi estilo hiciera referencia al de mi padre. Y no sólo eso, sino que, en este país, ser dibujante es un modo de vida inviable. Ahí es cuando me dije: voy a dedicarme al cine, que ahí hay dinero. ¿Dinero? Y una mierda: mi primera película es completamente autofinanciada”. Esa ópera prima a la que Manolo Vázquez hace referencia es La Maniobra de Heimlich, que llegó a las salas de Madrid y Barcelona el 27 de Noviembre. La película, rodada como si de un falso documental se tratase, es una mordaz crítica al mundo de la cultura que no deja títere con cabeza. Con guión del escritor Javier Calvo, y con cameos de Lucía Extebarría y Vila-Matas, sorprende que uno de los personajes, el interpretado por Miki Esparbé, lleve por nombre Manolo Vázquez. “El hecho de que, de la misma forma que hacía mi padre, yo me incluya como personaje en La Maniobra de Heimlich, te puedo asegurar que no responde a una influencia directa. Quizás hay algo inconsciente, como apuntas, no lo sé. Sí que es verdad que muchas críticas están intentando linkar movimientos míos con los que hacía mi padre: la mala leche de la película, la autoficción, etc”.

Con una película que, tras su paso por el Festival de Málaga, acaba de llegar a salas, y con una segunda en mente -Manolo está preparando un proyecto a medio camino ente ¡Jo, que noche! y Perdita Durango-, el director sólo espera ser valorado por sus propios méritos. “Odio que la gente me haga entrevistas sobre mi padre, y es algo que espero dejar de hacer lo antes posible. Huir de su figura es muy difícil, eso está claro. Yo entiendo que, ahora mismo, para cualquier medio es más interesante hablar de mi padre que de mí. Mi sueño es que algún día alguien diga: el padre de Manolito dibujaba. Ya sabes, Manolo, el del cine”.

Muere "de pena" Marjane Satrapí

 I

Muere la historietista y cineasta Marjane Satrapi, autora de ‘Persépolis’, a los 56 años. En El País, Raquel Villaécija, París - 4 jun 2026:

La familia de la dibujante francoiraní de cómics informa de que ha fallecido “de tristeza” tras la muerte de su marido hace un año.

Marjane Satrapi (Racht, Irán, 1969), autora del fenómeno de novela gráfica Persépolis y cineasta, ha fallecido a los 56 años, según recoge la prensa francesa, que cita un comunicado enviado por la familia a la agencia AFP. “Marjane Satrapi falleció de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida”, se lee en el texto. Ripa, actor, guionista y productor, murió en abril de 2025.

Nacida en Rasht, Irán, Satrapi se instaló en Francia en 1994. Salió de su país para estudiar en Europa porque sus padres querían que se formara lejos de la opresión del régimen. Persépolis, comic de culto y su obra más conocida, cuenta su infancia en Teherán y los cambios en Irán tras el derrocamiento del Sha de Persia en 1979 y la instauración de la República Islámica.

Apenas tenía experiencia, además de llevar poco tiempo en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, cuando Satrapi construyó su obra maestra que se publicó en el año 2000. Ella creía que nunca encontraría un editor, que todo terminaría en fotocopias para sus amigos. Se convirtió en un hito para el tebeo “solo comparable al Maus de Art Spiegelman”, según Reservoir Books, la editorial que la publica en castellano, euskera y catalán.

La familia de Satrapi, acomodada y progresista, simpatizaba en principio con la revolución, pero cuando esta fue dominada por los sectores islamistas derivó en un régimen teocrático que coartó las libertades individuales y se embarcó en una guerra con Irak en 1980, bajo la vigilancia de los Guardianes de la Revolución.

La historieta fue adaptada al cine, a cuatro manos con Vincent Paronnaud, y se presentó en 2007 en el festival de Cannes, donde ganó el Gran Premio del Jurado. Además, fue la primera nominación de una creadora por el mejor filme de animación en la historia de los Oscar. Más adelante, filmó la road movie La banda de los Jotas y The Voices.

“El dibujo es la primera expresión del ser humano, anterior a la escritura”, afirmó ella sobre la elección del cómic. Entre sus novelas gráficas, también están Bordados, que narra la vida de las mujeres iraníes, y Pollo con ciruelas, sobre los últimos ocho días de vida de un pariente de Satrapi llamado Nasser Ali, un conocido intérprete de tar, el laúd tradicional iraní.

Durante muchos años Marjani Satrapi dejó el comic, hasta que en 2023 coordinó Mujer. Vida. Libertad, con autoras iraníes y donde reunió a estrellas como Paco Roca y Joan Sfarr —una especie de “brigada internacional” del cómic, en su definición—. El libro cuenta la revolución iniciada tras la muerte en 2022 de Masha Amini, asesinada por la policía por no llevar el velo bien puesto. Recientemente también había filmado París Paradis, con la española Rossy de Palma.

En 2024, recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. El jurado definió a Satrapi, residente en París, como “un símbolo del compromiso cívico liderado por las mujeres”, la calificó como “una de las personas más influyentes en el diálogo entre culturas y generaciones” y recordó que en “Persépolis plasma ejemplarmente la búsqueda de un mundo más justo e integrador”. Y ella, en una rueda de prensa por vídeoconferencia dedicó el galardón a la lucha por la libertad en su país y al rapero Toomaj Salehi, condenado a muerte hace unos días: “Es la voz de todo el país”.

En 2025 rechazó la Legión de Honor en Francia por “un tema de principios”. “No puedo ignorar lo que consideró una actitud hipócrita por parte de Francia hacia Irán”, señaló.

“Vendí millones y no sé cuántos centenares de conferencias di. ¿Cambié algo? Qué sé yo. ¿Desperté la curiosidad de la gente? Sí. Contribuí un poquito. Solo un poquito, aunque solo así se cambia el mundo”, reflexionaba en EL PAÍS.

 II

 Marjane Satrapi: “Pelearé por que las mujeres puedan llevar velo aunque yo lo deteste”, por Marc Bassets, en El País, 16 feb 2020.

Veinte años después de Persépolis, un fenómeno de la novela gráfica llevado a la gran pantalla, la autora franco-iraní explica por qué cambió el cómic por el cine. Su quinta película, Radioactive, explora la vida de Marie Curie.

"LA LIBERTAD”. Lo dice así, en castellano. En varios momentos de la conversación de más de una hora en francés, Marjane Satrapi repite la misma palabra. Como si fuese el argumento de su vida y de su obra. Y como si, al cambiar de idioma, quisiera subrayarlo. La niña excéntrica y precoz de la burguesía progresista de Teherán que, muy joven, abandonó el opresivo Irán de los ayatolás y se marchó a Europa y lo contó todo en Persépolis, un cómic que le dio fama mundial. La mujer que, después de consagrarse con este y otros libros, aprendió a hacer cine y no ha vuelto ni piensa volver a las historietas. La iraní que lleva 20 años sin regresar a su país de origen y que ahora, a los 50, no tiene claro que pueda volver. La liberté, la libertad: el hilo que todo lo une. “Cuando debo tomar una decisión difícil, siempre me pregunto dos cosas. ‘¿Esto me matará?’. Y ‘¿Me meterán en prisión?”, dice. “He aquí lo que cuenta para mí: ser libre y tener aire en los pulmones. El resto viene por añadidura”.

Marjane Satrapi aparece puntual a las once de la mañana en su estudio del distrito XI de París, y lo primero que llama la atención es que la Satrapi real es idéntica a la de sus obras. El mismo aspecto de Mafalda persa con el que se autorretrató, la misma convicción en sus argumentos, el mismo lunar en la nariz cuya aparición marca la metamorfosis de su adolescencia en su cómic más famoso, o el irremediable cigarrillo en los labios (fuma desde los 13 años). Al empezar a hablar, cualquier lector suyo tendrá la sensación de que es una vieja conocida. Sus libros y alguna de sus películas —La banda de los Jotas, por ejemplo, donde aparece interpretándose a sí misma— no engañan; es ella, sin ficción.

De casi todo hace ya 20 años, y también de Persépolis, cuyo primer tomo apareció en el año 2000. En los años siguientes, hasta 2003, publicó otros tres. El impacto fue inmediato. Por lo que contaba: la historia de la revolución de 1979 en Irán desde la perspectiva de una adolescente, mezclando la Historia en mayúscula, terrible y dramática, con la historia en minúscula con las alegrías y miserias de un personaje con el que podía identificarse cualquiera en cualquier lugar. Y por cómo lo contaba: con viñetas y burbujas. Una década después de Maus, de Art Spiegelman, Marjane Satrapi contribuía a convertir la llamada novela gráfica en un género para un gran público.

Ahora el sello Reservoir Books publica en castellano una edición de los cuatro tomos completos de Persépolis en un solo volumen y con una nueva traducción de Carlos Mayor. La conmemoración coincide con el estreno de la quinta película de Satrapi, Radioactive, que se centra en el personaje de Madame Curie. Aquellos años —la vida de estudiante extranjera en Francia, las tentativas en los cuentos infantiles ilustrados, el éxito de su debut— quedan lejos. Hoy ella vive en otro mundo: el cine y sus pinturas. Pero Persépolis no ha envejecido. Y persiste el misterio: cómo fue posible que una artista sin apenas experiencia, llegada unos años antes a Francia para estudiar en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, fabricara un clásico que no ha perdido ni un ápice de magia y que sigue iluminando a los lectores sobre la historia del Irán contemporáneo y sobre la de aquella muchacha tan particular y tan universal.

“Cuando era estudiante tenía clara una cosa: iba a ser pobre. Viviría en una buhardilla, comería siempre pasta y nunca iría de viaje, pero trabajaría en lo que me gustara. Con Persépolis, ni siquiera pensaba que encontraría un editor. Creía que haría 50 fotocopias para que lo leyesen mis amigos”, dice. Menos creía aún que su historieta acabaría vendiendo millones de ejemplares y convirtiéndose en emblema del género de la novela gráfica, término que Marjane Satrapi raramente usa; prefiere el francés BD, siglas de bande dessinée, literalmente tira dibujada, o historieta, o tebeo. “Hay gente que me dice que antes de mí nunca había leído cómics. Pero no me gusta mucho analizar mi trabajo. De entrada, tengo la impresión de haber ganado el Oscar de la vida. ¿Cuánta gente puede decir que vive de lo que adora hacer?”, se pregunta.

El primer milagro de Persépolis fue que era un libro primerizo de una desconocida; otros artistas necesitan décadas para realizar su gran obra. Ella no era una lectora de cómics. Aprendió el oficio en Francia, sobre la marcha. “No conocía los códigos”, dice. “Mi amigo el dibujante Émile Bravo, de origen español, me ayudó enormemente”.

Persépolis retrata un mundo exótico y al mismo tiempo cotidiano, reconocible. “Durante un tiempo justifiqué el éxito diciendo que era porque era una mujer o porque era iraní, pero pienso, sin arrogancia, que hice un buen libro”, afirma. Partió de lo más concreto, de aquello que conocía mejor: su propia vida, su familia, su barrio. “Pensaba en Tolstói, que decía: ‘Si quieres hablar al mundo, habla de tu aldea’. Si hablas de grandes cosas, como los iraníes o los españoles, no significa nada. En cambio, puedes identificarte en una persona concreta. El dibujo ayuda: con un lenguaje que se usaba antes que la escritura todo el mundo puede identificarse. Las emociones humanas también son las mismas: reímos y lloramos de la misma manera. Tuve la suerte de llegar después de alguien como Abbas Kiarostami: sus películas presentaban Irán y en ellas ya se veía que no era un pueblo de tarados”.

Ella nunca se relee, pero sigue viéndose reflejada en la Marjane Satrapi de Persépolis. “Somos la misma”, garantiza. Pero después de publicar Persépolis y otros dos cómics de tema iraní, Bordados, de 2003 y Pollo con ciruelas, de 2004, dio carpetazo. “Soy como un coche sin marcha atrás, siempre tengo que avanzar. En mi vida nunca he mirado atrás. Ya no tengo ganas de hacer cómics, y si no te apetece hacer algo, mejor no hacerlo”, responde. “Quizá en otro momento sí me gustaría escribir libros”. Tiene pendiente uno, del que lleva tiempo hablando, sobre su abuela paterna, que fue la undécima mujer en obtener el bachillerato en Irán. Se titulará La undécima laureada. La abuela materna ya disfruta de un lugar central en su obra. Es su inspiradora, casi un alter ego, una mujer independiente, libre y moderna que se había divorciado cuando pocas lo hacían y que no tenía pelos en la lengua. “Era una mujer sin filtros, muy recta, hasta el punto de chocar. No mentía, era muy directa”, describe. “Me hacía reír porque lo que no convenía decir, ella lo decía. Me gusta la gente que no es cómoda. Prefiero que me insulten a que me ataquen por la espalda”, dice la autora de cómics y cineasta. La abuela murió en 1999, sin poder ver el éxito de su nieta.

El paso de la historieta al cine, para Marjane Satrapi, no fue buscado. “En un momento dado me propusieron hacer Persépolis en película. Y yo pensé: ‘¿Para qué? ¿Para qué pasar tres años con una historia a la que ya le había dedicado cuatro?’. Al mismo tiempo, una voz me decía: ‘Te pagarán para que aprendas un nuevo oficio, sería una pena desaprovecharlo’. La gente va 5 años a la escuela de cine y debe esperar 15 para hacer la primera película. En el peor de los casos habrás hecho una mala pelícu­la, pero habrás aprendido algo. Así que lo hice”. Y, de nuevo, le salió bien. Persépolis obtuvo ex aequo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2007 y fue nominada a los Oscar. Después llegaron Pollo con ciruelas, basada en el cómic homónimo, y La banda de los Jotas, una personal road movie en la costa valenciana y en Andalucía. Y The Voices, la historia macabra de un asesino en serie en un pueblo de la América profunda.

El embrión de la nueva película puede rastrearse en Persépolis, donde la pequeña Marjane Satrapi ya decía que quería estudiar química y ser Marie Curie. “Sí, es la niña de Teherán cuya madre le dice que debe ser una mujer independiente. Y le ofrece dos modelos: Marie Curie y Simone de Beauvoir. No tienes por qué ser guapa ni casarte, lo que tienes que hacer es ser independiente”, dice al recordar las palabras de su madre.

Un motivo recurrente en Persépolis es el velo con el que ella, como todas las iraníes, se vio obligada a cubrirse la cabeza tras la revolución. El velo es también un motivo recurrente de polémica en Francia, donde prolifera entre las mujeres musulmanas y al mismo tiempo es visto por algunos defensores de la laicidad como una afrenta a los valores de la República. “Yo estoy totalmente en contra del velo. Sé lo que quiere decir: que yo, como mujer, soy un objeto sexual y que este objeto sexual no debe verse porque la mera visión de los cabellos puede provocar una erección general en la calle. Detesto el velo. Pero más importante que lo que yo deteste son los derechos humanos, un texto escrito en este país que dice que la gente tiene el derecho a ejercer la religión que quiera y a vestirse como quiera. Como considero que los derechos humanos son superiores a mi punto de vista personal, pelearé por que estas mujeres puedan llevar el velo aunque yo lo deteste”.

De nuevo la libertad, que hace difícil encerrarla en una ideología o una identidad. ¿Autora de novela gráfica? ¿Cineasta? ¿Iraní? ¿Francesa? En La banda de los Jotas, el personaje que ella interpreta se presenta como “una tercermundana”. No tercermundista, sino tercermundana. “En Europa, normalmente la gente del Tercer Mundo viene por razones económicas. Los iraníes no se marcharon de Irán por razones económicas. Normalmente era gente de izquierdas, bien instruida, de clase media y con un cierto nivel de vida. Era una inmigración política. En mi caso, al llegar a Francia mi nivel de vida se dividió por cinco. En Teherán tenía un apartamento de 130 metros cuadrados y me encontré en uno de 25 metros cuadrados. Allí tenía mujer de la limpieza, iba en coche. Pero vine porque quería la libertad. Tercermundana significa que eres tercermundista pero no pobre”.

Después de tantos años en Francia, su identidad se ha modificado. “Me considero franco-iraniana. A nivel sentimental soy muy iraní; a nivel cerebral soy muy cartesiana, muy francesa”, dice. No ha intentado regresar a Irán, donde aún viven sus padres. No le quedan amigos allí, todos se fueron. “No es buena idea volver. Me lo han desaconsejado. No me arriesgo. No soportaría estar en prisión”, dice. “Si me encerrasen, moriría a las dos semanas. “La liberté”, resume. Y añade: “La libertad”. 

III

Muere la dibujante Marjane Satrapi a los 56 años, Redacción / Agencias, Cadena SER 4/06/2026:

La familia de la autora de 'Persépolis' ha informado de que fallecido "de tristeza" tras la muerte de su marido hace un año

La dibujante franco-iraní Marjane Satrapi ha fallecido a los 56 años: "Murió de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su marido y el amor de su vida", indica un comunicado de sus allegados enviado a AFP. El productor, actor y guionista Mattias Ripa murió el 8 de abril de 2025.

Satrapi se hizo conocida mundialmente tras la publicación a principios de los 2000 de Persépolis, un cómic autobiográfico donde repasaba los cambios en Irán y la represión que habían sufrido las mujeres en distintas etapas. La obra fue posteriormente adaptada al cine en 2007, también con gran éxito de público.

También es autora de obras como Bordados y Pollo con ciruelas y en 2023 coordinó Mujer. Vida. Libertad, un cómic donde viñetistas de todo el mundo plasmaron también escenas e historias relacionadas con la represión en Irán.

En 2024 recogió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en Oviedo. Entonces fue muy crítica con el entonces Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell, con el que decía estar "muy enfadada" por su postura sobre el régimen iraní: "Si tuviera delante a Josep Borrell le daría una bofetada", llegó a decir.

Su amiga, la socióloga franco iraní Azadeh Kian, aseguró en France Info que la muerte de su esposo supuso un golpe del que Satrapi nunca llegó a recuperarse. "Desde su muerte ya no era la misma", explicó. Según Kian, la autora de Persepolis le repetía en sus conversaciones que había "dejado de luchar" y que quería "irse". "Se estaba dejando morir desde la pérdida del amor de su vida", afirmó la académica, quien recordó que ambos habían crecido juntos y mantenían una relación muy estrecha.

Pese a su delicado estado de salud, Satrapi seguía muy pendiente de la situación en Irán, un país al que permaneció profundamente ligada durante toda su vida: "Amaba enormemente a su país, aunque era muy crítica con el régimen", señaló Kian.

La escritora seguía con preocupación la represión contra la sociedad civil iraní y defendía públicamente los movimientos en favor de las libertades y los derechos de las mujeres. Para su amiga, Satrapi fue una "artista comprometida" que utilizó tanto sus libros como sus películas para hacer llegar al mundo un mensaje universal de democracia, igualdad y libertad.

La activista iraní Narges Mohammadi, premio Nobel de la Paz en 2023, ha querido despedirla en redes sociales: "Marjane Satrapi fue una voz intrépida en defensa del feminismo, los derechos humanos y la libertad. A través de su obra y su compromiso público, abogó constantemente por los derechos de las mujeres, solidarizándose con el pueblo de Irán y difundiendo el mensaje del movimiento Mujer, Vida, Libertad a nivel mundial", señala. Apunta además al "poderoso legado cultural, artístico y moral que deja: "Su valentía perdurará mucho más allá de su vida".

Historietista, cineasta, dibujante, pintora y escritora, nació en Rasht (Irán) en 1969 y estaba afincada en París, dónde llegó en 1994 y adquirió la nacionalidad francesa en 2006.

IV

De qué dirán que has muerto, Noelia Ramírez, en El País, 9 jun 2026:

El adiós a Marjane Satrapi ha sido tan emocional que ni las redes han especulado con su fallecimiento

No hace mucho, frené en seco durante un paseo con mi perrita mientras escuchaba una entrevista a Jane Fonda. Tras debatir sobre su faceta como activista y actriz, la charla pasó al legado familiar. “Cuando la gente se sienta a hablar contigo, parte de la conversación se centra en la relación con tu padre, Henry Fonda, y con tu madre, que murió cuando tenías 12 años”, decía la entrevistadora. “Mi madre no murió. Mi madre se mató”, corrigió al instante Fonda: “Era bipolar”, añadió, tajante.

Si me quedé parada no fue porque aquel dato fuese una revelación. Es bien sabido que Frances Ford Seymour, la madre de Jane y Peter Fonda, se cortó la garganta con una cuchilla en el sanatorio a los 42 años, tres meses después de pedir el divorcio y tras dejar seis notas de despedida —entre ellas, a su psiquiatra: “Doctor Bennett, ha hecho usted todo lo que ha podido. Lo siento, pero esta es la mejor solución”, firmaba—. Lo sé porque Jane Fonda lo contó en sus memorias. Por lo visto, tardó años en recopilar la información médica de la condición mental que marcó el destino de su madre. El día que se suicidió, su padre la subió a sus rodillas al volver del colegio y le dijo que había fallecido de un ataque al corazón. En esa casa nunca más se habló del asunto. Y Jane nunca pudo decir a Henry Fonda que siempre supo que lo del infarto era mentira. Aquel podía ser el actor y director más admirado de Hollywood, pero en aquella casa no se hablaba mucho de sentimientos.

Cuando aclaró en ese podcast “mi madre no murió, mi madre se mató”, Jane Fonda se rebeló contra eso de lo que no se habla. Lo que no se menciona. En esa entrevista, la intérprete reivindicó el derecho a llamar a las cosas por su nombre. Con su alegato sentí el mismo escalofrío que en el final de Romería. Después de que su abuelo responda “hepatitis c” ante la causa de la muerte de su padre que pide el notario donde están actualizando los papeles para solicitar su beca universitaria, Marina, la protagonista, corrije al instante: “No, fue de sida. Mi padre y mi madre murieron de sida”. Ahí no había un simple apunte sino un gesto de memoria histórica.

Hace unos días, un mundo que parece impávido ante lo intolerable se conmocionó cuando la familia de Marjane Satrapi reveló a France Presse que la admirada dibujante iraní había muerto “de tristeza”. Fue una causa tan extrañamente emocional que ni las redes se afanaron a especular, pedir explicaciones o corregir las causas. Sorprendentemente, casi ni se avistó a una de las peores calañas que las habitan, la de los dictadores del duelo.

¿De qué dirán qué has muerto? ¿Qué silencios, omisiones o metáforas planearán cuando dejes este mundo? Nunca le había dado vueltas a este asunto hasta que mi madre falleció de un glioblastoma cerebral que se la llevó a los cuatro meses de ser detectado. En mi familia nunca dudamos en contar que el cáncer más devastador que hemos vivido fue la causa de su muerte. Somos muchos los que nos enfrentamos a esta realidad, ¿por qué esconderla? También entendí cuando la de Mario Vargas Llosa optó por la intimidad frente a su situación oncológica al fallecer. Nos pasamos la vida evitando pensar en la muerte y los tabús que la rodean, cada cual moldea su verdad para seguir levantándose cuando los que más queremos nos dejan.

Aunque son complementarias, siempre he preferido el “si no contempláramos la vida como una representación, no la resistiríamos” que escribió Montserrat Roig a la célebre “nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir” de la escritora Joan Didion. Al final, todo es relato. Y si ya lo construimos para soportar a los vivos, cómo no lo íbamos a tener al recordar a nuestros muertos.

viernes, 22 de agosto de 2025

Otro dossier sobre lectura y lecturas juveniles e infantiles

Dossier 

I

 ¿Qué hace que un niño quiera leer por sí mismo?, en El País por Jorge Marzo Arauzo, Madrid - 22 AGO 2025:

Inculcar el hábito de lectura en un hijo radica en forjar momentos para ello, elegir las temáticas que más le gusten, evitar presiones y castigos para que cojan un libro y ser modelo lector. Qué hace que un niño quiera leer por sí mismo. Los niños tienen que ver a sus padres leer y ser un ejemplo positivo.

Llega la hora de acostarse, y con ello una serie de rutinas familiares. Entre ellas, lavarse los dientes, recoger la habitación y, al final, sentarse en la cama para leerle al niño, como una situación de placer y para fortalecer la relación paternofilial a través de la lectura. “Es importante que la lectura esté presente de una manera divertida y placentera”, explica la psicóloga perinatal infantojuvenil María Fernández Gómez, que distingue entre leer en compañía, con apoyo y cariño por parte de la familia, y hacerlo por la presión o la obligatoriedad que pueda venir desde ese círculo o desde el entorno escolar. “Si es desde el primer caso, todo el hábito lector tiene múltiples beneficios, no solo cognitivos, sino también de concentración, memoria, atención y, sobre todo, creatividad e imaginación, que son tan importantes para el desarrollo intelectual”, sostiene Fernández.

El vínculo afectivo entre un niño y la lectura se puede formar desde que son bebés, según la psicóloga: “Hay editoriales que trabajan muy bien los cuentos infantiles, interactivos con música o diferentes pestañas. Mi recomendación siempre es que se empiece cuanto antes, pero que se empiece desde ahí”. Hay niños que incluso anteponen un libro a un muñeco o un juguete: “Es una herramienta educativa en general. Dependiendo de los libros, se pueden vincular de una manera más efectiva”, comenta por su parte Natalia García, psicóloga sanitaria y coordinadora del centro psicológico para niños y jóvenes Psikids.

Los niños comienzan a mostrar interés por libros con letras alrededor de los 2 o 3 años: “Empecé a leer a mi hijo cuando empezó a mirar los libritos con dibujos, con letras y pasó a Infantil”, explica José María López, padre de un niño de 6 años. A su hijo le gustan los libros de aventuras, como Geronimo Stilton, y los cómics, como Tintín o Astérix, y también libros de misterio con viñetas. “Cultivamos el interés por la lectura como un momento especial en la familia de conexión, y siempre centrados en los gustos que los niños puedan tener. Si a un niño le apasionan los animales desde muy pequeño, vamos a intentar que tenga muchos libros de animales, por ejemplo”, recomienda Fernández.

A la hora de inculcar un hábito por la lectura, los niños aprenden mucho a través de ver a sus padres disfrutar de los libros. “Necesitamos que los niños vean a sus padres leer y ser un ejemplo positivo, porque ellos aprenden mucho observando. Si ven que tú disfrutas leyendo, lo más probable es que ellos también quieran hacerlo. Y si además les compartes tu entusiasmo con lo que estás leyendo, con el autor que te apasiona, te lo llevas a una feria del libro, pues desde ahí toda esa pasión se va transmitiendo”, analiza Fernández. “Aunque no fui lectora cuando era niña, ahora sí leo por placer. Creo que en los hijos sí que influye el ejemplo de verte leer, ya que somos un espejo en el que se reflejan”, coincide Erika Barrera, una madre de 46 años cuya hija lee habitualmente libros de adolescente. “Yo leo delante de mis hijos y noto que, cuando me ven hacerlo, les gusta. Y a mí también que ellos vayan leyendo, no mucho, pero algo leen”, comenta otra madre, Carmen Esther Gómez.

Pero también puede suceder que los niños rechacen la lectura por no parecerles una situación agradable: “Las señales que indican que podemos estar presionando demasiado a la hora de inculcar el hábito de leer es que ese momento sea de tensión, y que veamos que el niño se distrae, se dispersa y nunca tenga la intención de coger ese libro. Lo más importante es que la lectura se produzca sin presiones ni castigos”, señala Fernández. “Cuando los niños son reticentes, hay muchas cosas que se pueden hacer. Una de ellas, aunque nos parezca que ya es mayor para leer libros con letras grandes o dibujos, es mejor que inicien por eso. Aunque evolutivamente deberían estar leyendo otro tipo de libros, lo importante es que se enganchen. Si tú pones a un niño que te haya rechazado la lectura, por mucho que tenga 9 o 10 años, un libro lleno de letras va a ser mucho más difícil que lea o que se motive para leer”, recomienda García.

Respecto al desarrollo del aprendizaje de la lectura se pueden distinguir con claridad a los niños de alrededor de 8 años que llevan leyendo toda su vida respecto a aquellos que no, apunta esta experta: “A nivel cognitivo, tienen una mejor expresión y comprensión, en general lingüística y de comunicación, cuando son niños lectores. En la segunda fase de Primaria, que es cuando deben adquirir un lenguaje más amplio, tienen que ser capaces también de empezar el tema de ortografía, y les ayuda mucho el tener un hábito de lectura. Y a nivel emocional, hay niños, aunque cada vez menos porque están más vinculados con las tecnologías en cuanto a ocio, a los que les sirve también un poco de evasión, en el sentido de que son capaces de abstraerse en la lectura”.

Con el niño en la cama, el progenitor se sienta al borde y le pregunta qué libro quiere: “El de siempre”, puede ser una respuesta habitual. ¿Por qué hay niños que piden leer una y otra vez la misma historia? “Hay una etapa evolutiva en la que los niños repiten en general siempre. Juegan a lo mismo, ven la misma película o quieren el mismo cuento. Es una etapa en la que se adhieren de una manera más rígida a algo que les gusta y no tienen alternativas para el cambio. Al aprender vocabulario, o libros con contenido emocional, este proceso no se da. Se puede estimular al niño para que elija otros cuentos similares, de la misma colección o tipo”, recomienda García. Por su parte, Fernández considera que este mecanismo les aporta seguridad: “Cuando ellos cogen el libro y ya saben lo que viene después y pueden entretenerse en descubrir otros detalles, y sobre todo pueden incluso memorizar o recordar las palabras que vienen luego, para ellos es un juego muy divertido y les devuelve mucha seguridad”.

Comentarios

Lola PEREIRA 

No hace falta ver leer al padre y la madre. Lo que hace falta es que estos sepan la importancia de la lectura. Mi padre y mi madre eran trabajadores con los estudios mínimos, de familias muy, muy humildes y no leían más que el periódico y la revista Semana los fines de semana. No me leían cuentos, pero todas las semanas mi padre me traía algún tebeo. Todas. Y cuentos. Muchos cuentos. Yo sola seguí leyendo y la lectura se convirtió en mi mayor adicción, que continúa a día de hoy. Con mis hermanas no hubo la misma respuesta. Los tebeos no les interesaban y preferían el Semana y alguna fotonovela. En sus casas jamás hubo libros. Por eso no se puede responsabilizar a padres y madres de los hábitos de lectura de sus hijos e hijas. Habrá gente que lo único que quiera es que se termine el día para descansar y coger fuerza para el día siguiente. Sí es importante que sepan de su importancia y de la existencia de bibliotecas públicas donde se puede una leer el mundo.

Rafael Pareja 

Excelente comentario, Lola. Yo también soy un gran lector, no imagino la vida sin libros, y provengo de un hogar donde los libros eran, como mucho, objetos de adorno. Tengo una hija pequeña y, por ahora, no muestra mucho interés por la lectura, pese a que me ve leer a todas horas... o quizá por eso. En fin, que cada cuál encuentre sus propias vías a la felicidad, mientras sean sanas. Un saludo.

II

Ocho lectores de entre 8 y 17 años recomiendan sus libros favoritos para disfrutar leyendo este verano, en El País, por Adrián Cordellat, Madrid - 31 JUL 2025:

En esta selección no faltan referentes del mundo de la literatura infantil y juvenil como Ana Alcolea, fenómenos editoriales como ‘Invisible’ de Eloy Moreno; o el último título del superventas de Joël Dicker

Con esta selección, niños y adolescentes se quedarán enganchados en unas sagas que aseguran las horas de lectura y entretenimiento veraniego.

No hay mejores divulgadores de libros que quienes los leen y los disfrutan. Por eso desde Mamas & Papas hemos pedido a ocho niños, niñas y adolescentes de entre 8 y 17 años que recomienden a otros lectores de su edad libros para leer a lo largo de estas vacaciones de verano: aquellos que más les han emocionado, gustado, impactado y atrapado en los últimos meses. El resultado, 16 títulos. Pero teniendo en cuenta que muchos de ellos, como La Ciudad sin nombre, Los cazamisterios o Dune son sagas, las horas de lectura y entretenimiento veraniego están más que garantizadas.

En esta selección tampoco faltan autoras referentes del mundo de la literatura infantil y juvenil como Ana Alcolea, recomendada hasta en tres ocasiones, fenómenos editoriales como Invisible de Eloy Moreno; o el último título del superventas de la novela negra Joël Dicker, La muy catastrófica visita al zoo, una apuesta crossover destinada a lectores de entre 7 y 120 años de edad.

Espido Freire, escritora: “Hay un empeño claro de los adultos para que los niños lean y eso, poco a poco, da sus frutos”

Por Leo Cordellat Oliver. 8 años.

'La ciudad sin nombre', de Faith Erin Hicks. Astiberri.

Me leí los tres libros de la saga en tres días. Es una novela gráfica de dos niños muy distintos, de diferentes clases sociales, que aunque empiezan con mal pie, se acaban uniendo para evitar que haya una guerra por el control de la ciudad y acaban siendo grandes amigos. Me ha encantado porque hay muchas intrigas, los personajes viven muchas aventuras, y siempre estás deseando saber que va a pasar después.

'Los cazamisterios', de Patricia García-Rojo. Alfaguara.

Esta serie está protagonizada por tres hermanos y un perro que habla. Sus padres desaparecieron en una expedición y a los niños les van pasando aventuras de misterio en cada libro, que tienen que resolver mientras van en la búsqueda de sus padres. Hay ocho libros ya y uno interactivo con juegos. Me gustan mucho estos libros porque a mí me encanta resolver misterios. Además, los personajes son muy graciosos y me lo paso muy bien con ellos.

Por Luna Dorado Cámara. 8 años.

'Supersorda‘, de Cece Bell. Maeva Young. 

Esta es una novela gráfica de una niña (la protagonista en realidad es una coneja) que pierde el oído a causa de una meningitis. Recomiendo este libro porque la protagonista es muy curiosa y divertida y va sumando muchas amigas a su vida. Las ilustraciones de la coneja son muy simpáticas. Además, me parece un libro muy interesante para saber cómo viven las personas sordas.

'El club de las canguro'. Varias autoras. Maeva Young. 

Esta colección de libros —ya se han publicado 14 entregas— va de un grupo de niñas que hacen trabajos de canguro. Me gusta porque las chicas viven muchas aventuras y, aunque son amigas, a veces tienen conflictos que tienen que resolver. Mis dos personajes favoritos son Kristi y Claudia, que son la presidenta y la vicepresidenta del club. Creo que esta colección es una buena experiencia lectora.

Por Olivia Martos Ochoa. 9 años.

'Cuatro hermanas: Enid', de Malika Ferdjoukh. Blackie Books.

Recomiendo este libro porque me gusta cómo expresa las relaciones familiares y las diferencias entre hermanas. Enid, con su perfecta imaginación; Orthense, que se está convirtiendo en adolescente; Betina, a la que lo que más le importa en el mundo es estar guapa; Genevieve, que además de guapa es inteligente; y Charlie, con su paciencia.

'Una loba para un hechizo‘, de Karah Sutton. Errata Naturae.

Me ha gustado mucho este libro porque los personajes son diferentes, pero muy interesantes: una loba valiente, una niña rebelde y curiosa y una bruja gruñona, pero buena. También me gusta cómo se relacionan estos personajes y las aventuras que viven juntos.

Por Mara Cordellat Oliver. 11 años.

'Esmeralda’, de Ana Alcolea. Anaya.

Si te gustan las novelas de misterio, este es el libro indicado. Entre las calles del pequeño pueblo en el que está de vacaciones, Esmeralda irá descubriendo cosas de su pasado que no recordaba. Me encantó este libro porque está muy bien escrito, los personajes te enganchan mucho y no puedes parar de leer intentando descubrir qué es eso que todos parecen saber menos la protagonista.

'Silencio‘, de Fernando Llor y Nil López. Inuk.

'Silencio' mezcla novela gráfica con narración. Trata sobre el acoso escolar y cualquiera se puede sentir identificado con lo que cuentan. Me gusta de este libro que se puede leer por ambos lados. Un lado está contado por la niña que sufre acoso y el otro por la acosadora, lo que te permite entender el comportamiento y cómo experimenta cada una la situación que están viviendo.

Por Jorge Martos Ochoa. 11 años.

'La muy catastrófica visita al zoo‘, de Joël Dicker. Alfaguara.

Este maravilloso libro trata sobre una niña que va a un colegio para niños «especiales», es decir, con algún que otro problema, y que va contando a sus padres todo lo que le pasó, desde cuando inundaron su colegio hasta la visita al zoo. Me pareció un libro muy divertido, ya que quien narra la historia es la niña y siempre incluye cosas muy graciosas. Los personajes son todos muy simpáticos, así que me he divertido mucho leyéndolo. Además, enseña que no hay que meterse con las personas, por muy diferentes que sean.

'Percy Jackson y los dioses del Olimpo: El ladrón del Rayo‘, de Rick Riordan. Salamandra.

Este libro va sobre un niño (Percy Jackson), que no conoce a su padre y vive con su madre. Un día, en una excursión, es atacado por su profesora, que se había convertido en arpía y descubre que... ¡es un semidiós! Entonces se va a un campamento de verano para semidioses, donde a él y a sus dos amigos les encomiendan la peligrosa misión de recuperar el rayo robado de Zeus. Creo que este es un libro muy original por diversos motivos: por ejemplo, que los dioses griegos convivan con la gente de Nueva York, que haya un campamento de verano para semidioses, o que objetos cotidianos se conviertan en armas mágicas. Los personajes son tan divertidos como entrañables, ya que por muchos monstruos que maten, o por muy poderosos que sean, siguen siendo unos niños.

Por Aitana Madero Sanz. 13 años.

'Invisible‘, de Eloy Moreno. Nube de tinta.

Recomendaría este libro porque cuenta una historia —la de un joven y sus problemas con el acoso escolar— que, lamentablemente, muchos adolescentes viven hoy en día. Creo que muchas personas de mi edad se pueden sentir identificadas con las situaciones y los sentimientos que se describen en las páginas de esta novela.

'Heartstopper‘, de Alice Oseman. CrossBooks.

Quiero recomendar esta novela gráfica porque me parece que toca muchos temas importantes sobre la adolescencia: desde el descubrimiento de nuestra orientación sexual, hasta los problemas en una relación, pasando por los problemas con nuestros amigos o las inseguridades que nos causa nuestro físico. Además, si te engancha el primer tomo, hay cuatro entregas más de la misma saga y la serie también está disponible en Netflix.

Por Gael Migallón Petriliggieri. 13 años.

'Titanic 2020‘, de Colin Bateman. Siruela.

Titanic 2020 es interesante porque cuenta la vida de un adolescente de 13 años, Jimmy Armstrong, que se cuela en un crucero que apenas está iniciando su primera travesía mientras se desencadena una catástrofe mundial. Lo recomendaría porque la trama está muy bien hecha y también porque hay un montón aventuras que te enganchan mucho. Yo, de hecho, me he leído el libro varias veces.

'Dune‘, de Frank Herbert. DEBOLSILLO.

Esta novela cuenta la historia de un joven adulto, y de cómo su Casa consigue un planeta (Arrakis) que todos los reinos quieren por su riqueza en una especie llamada melange, que es lo más codiciado en el universo. A pesar de las difíciles condiciones del planeta, y de la presencia de los Fremen (pueblo originario de Dune), todas las grandes Casas desean tenerlo en su poder. Recomiendo este libro porque, aunque sea largo –casi 800 páginas el primer volumen–, es muy emocionante.

Por Natalia Hernández Martín. 17 años.

'La noche más oscura‘, de Ana Alcolea. Anaya. 

Recomiendo este libro porque trata temas importantes de una forma muy natural. Me gustó especialmente porque está narrado desde el punto de vista de una chica joven, con la que es fácil identificarse. Además, esta historia ocurre durante un viaje de vacaciones, lo que nos da muchas vibras veraniegas, haciéndola una lectura perfecta para este verano.

'Donde aprenden a volar las gaviotas‘, de Ana Alcolea. Anaya.

Este libro también trata de unas vacaciones de verano y me pareció muy especial porque mezcla sentimientos con recuerdos. Fue una lectura que me hizo pensar en lo importante que es conocer nuestras raíces. A pesar de no estar cargado de acción, la historia te toca y llega al corazón. Para mí los libros de Ana Alcolea siempre son un acierto.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Se venden cientos de comics en Bethel

Varias cajas enteras de Cimoc, Metal Hurlant, Makoki, El Víbora, El Jueves, Cairo, Creepy etc. Hay cosas bastante raras; también venden revistas de rock y libros sobre música ligera moderna. En Bethel.

martes, 11 de octubre de 2016

Ven, capitán Trueno

En memoria del escritor republicano Víctor Mora

Letra de canción de Capitán Trueno, de Asfalto

Si el Capitán Trueno,

pudiera venir,
nuestras cadenas
saltarían en mil.
De él aprendimos
que el bueno es el mejor,
lo que, al pasar el tiempo,
comprendemos que no...

Si el Capitán Trueno 

pudiera venir,
nuestras cadenas
saltarían en mil.
Monstruos gigantes,
princesas encantadas...
El malo siempre palma,
la chica se salva...

¡Ven Capitán Trueno,

haz que gane el bueno,
ven Capitán Trueno,
haz que gane el bueno,
ven Capitán Trueno,
haz que gane el bueno,
que el mundo está...
al revés...!

A bordo de su barco

subiríamos tú y yo,
perseguidos por los años
desde que él los dejó; 
¡en océanos de tebeo,
con espadas de papel,
haríamos a los piratas
retroceder!

¡Ven Capitán Trueno,

haz que gane el bueno,
ven Capitán Trueno,
haz que gane el bueno,
ven Capitán Trueno,
haz que gane el bueno,
que el mundo está...
al revés...!


Y otra más desconocida, de tema cervantino, también de Asfalto: Rocinante

Atravesé, la eternidad 
y descubrí, tras de una nube algo 
un caballo con alas viene hacia mí 

¿quién eres tú? 
¿qué haces aquí? 
has de saber que yo soy Rocinante, 
vivo alejado, el coche me desplazó. 

Don Quijote me abandonó 
cambió su lanza por un tractor, harto ya. 

Pobre Hidalgo, cómo luchó 
quiso cambiar el mundo por sus sueños 
no comprendieron, se rieron de él. 

Dulcinea le convenció, 
Sancho Panza se le asoció y 
montaron un negocio 
una tienda de accesorios para el tractor. 

Don Quijote me abandonó 
cambió su lanza por un tractor, harto ya. 

Hiciste bien en quedarte aquí 
en este valle de paz 
todo lo que allí ya no está, acompaña tu soledad 
todo lo bello lo he visto aquí, no necesitas más. 

Puede que quieras venir conmigo 
en este viaje infinito 
vénte conmigo, buen Rocinante a descubrir lo eterno 
bate tus alas al viento, iremos juntos 
más allá.

jueves, 9 de julio de 2015

El Jabato y el filólogo

Jon Juaristi, "Jabatos", en Abc, 11/07/2010

El Mundial hace aflorar imágenes ancestrales, a contrapelo de la erosión posmoderna de la identidad nacional

Tratándose de San Fermín, eran previsibles metáforas taurinas, pero brillaron por su ausencia. Después del partido, fue José Antonio Camacho el primero en referirse a los de la Roja como «jabatos». Lo hizo a continuación Del Bosque, reiteradamente, e incluso algún jugador, no recuerdo si Alonso o Ramos, definió a Puyol con el mismo término. Mi hijo Íñigo, de ocho años, terminó por preguntarme qué significaba esa palabra.

Del Bosque, de 1950, y Camacho, cinco años más joven, crecieron seguramente, como yo, leyendo las aventuras del Jabato, aquel rebelde ibero contra Roma, que crearon, en 1958 y para los tebeos de Bruguera, el guionista de El Capitán Trueno, Víctor Mora, y el dibujante Francisco Darnís. Para mitigar la relación entre ambos héroes, Mora recurrió a un seudónimo —R. Martín—, pero resultaba demasiado obvio que el Jabato se inspiraba en su antecesor medieval, nacido para el arte secuencial en 1956, y ello a pesar de las diferencias de estilo entre Darnís y el dibujante del Capitán Trueno, Ambrós (es decir, Miguel Ambrosio Zaragoza).

El Jabato, por cierto, no habría podido llamarse así en la Hispania romana. Jabato es un derivado romance del arabismo jabalí («montés»), por analogía con voces como lobato (de lobo). No sabemos cuál era el equivalente ibérico de jabato, pero podría estar emparentado con el vasco urde («puerco» o «puerco montés»), del que proceden dos variantes como nombre de persona correspondiente a jabato: Ordoño y Urco, ambos formados sobre la raíz urde con sendos sufijos diminutivos. Urco desarrolló una forma femenina románica, Urraca. Lo malo es que dichos nombres no se documentan antes de la Edad Media.

El nombre ibérico del Jabato habría podido ser Endobeles o Indíbil, como el del cabecilla ilergete que luchó contra los romanos en el Pirineo oriental. Endobeles era también el nombre del dios más popular de la antigua Iberia, cuyo significado vendría a ser «el negrísimo», y al que se representaba como un jabalí o en figura humana acompañado de un jabalí. Adorado por gentes de toda la península, se le tenía por una divinidad infernal a la que los guerreros consagraban sus armas. En lápidas de la época romana aparece bajo la forma Endobelico, un diminutivo cariñoso que delata su reducción a diosecillo familiar. Sí: Endobelico habría podido ser el nombre totémico del Jabato, pequeño dios-jabalí.

En el folclore español, jabalíes y jabatos siguieron vinculados al trasmundo hasta tiempos muy recientes. Quizá la cercanía del latín porcus y de Orcus u Orco, la divinidad romana del infierno, propició la aparición de la figura del Huerco, el gran jabalí negro que el romancero identifica con la Muerte. La temible espada de los iberos, que los romanos denominaban falcata por encontrarle semejanza con la hoz, se parece, en realidad, a un gran colmillo de jabalí. Los guerreros ibéricos se consideraban jabatos de Endobeles, como el Camborio, de García Lorca, que clavaba sobre las botas enemigas mordiscos de jabalí. Bon colp de falç o de falcata. Es curioso que esta memoria ancestral nos rebose por las orejas al conjuro del gol de un catalán o de la dentellada de un andaluz sobre la bota de Podolski, hazaña también digna de recordación.

sábado, 1 de octubre de 2011

Historietistas españoles


Julián Díez, "Cómic. España, potencia superheroica mundial. Medio centenar de dibujantes nacionales trabajan regularmente para EE UU. Veteranos, mujeres y también guionistas. "Su denominador común es la calidad, sumada a la disciplina",  29/08/2011 

Cuando acuden a una convención de cómics pueden ser ídolos, pero en España llevan vidas casi totalmente anónimas. Los aproximadamente 50 profesionales españoles del cómic que trabajan para el mercado estadounidense son figuras globales en un mercado multimillonario. Spiderman, Superman, Batman, los Cuatro Fantásticos, los X-Men... Todos los superhéroes que dominan el panorama también en el cine son o han sido dibujados en algún momento de la última década por españoles, que gozan de un prestigio mayúsculo.

"Los autores españoles aportan a la industria de los comic books un equilibrio entre culturas y singularidad. La formación de los guionistas y dibujantes americanos es sólida, pero la de los españoles es, además, versátil, porque han sido permeables a la influencia de autores japoneses, franceses y los mismos americanos, entre otros, y como no tenemos industria suficiente, vuelcan todo su talento en otros mercados, aportando un matiz diferenciador", explica Manuel Barrero, el responsable de la web Tebeosfera.
Buena parte de estos dibujantes -como Juan Santacruz, que ha dibujado a La Masa; Fernando Blanco, que ha trabajado en La Patrulla X o Capitán América; o Ramón Bachs, que participa en álbumes de Batman, entre otra veintena larga- son representados por la agencia Spanish Inq, creada por David Macho hace diez años "un poco por casualidad, cuando llevé el portafolio de tres artistas a la Comicon de San Diego". Con un lugar consolidado en el mercado, ahora se encarga de reclutar a los mejores valores de las publicaciones amateurs nacionales.

"Nadie hace encargos porque seas de un país determinado. El denominador común de los nuestros es la calidad, sumada a la disciplina y capacidad de trabajo que exige una entrega mensual", explica Macho. Por ejemplo, uno de sus representados, Pere Pérez, fue en los últimos meses el dibujante titular de Batgirl, a un ritmo de página diaria. Ahora ha sido promocionado a una nueva labor que aún no puede desvelar por DC, la empresa propiedad de Time Warner que se disputa el liderazgo del mercado tradicionalmente con Marvel -el gigante del cómic que fue adquirido por Disney por 2.800 millones de euros en 2009-.

José Villarrubia, todo un veterano que lleva más de una década coloreando para indiscutibles maestros como Alan Moore, Bill Sinkiewiecz o Richard Corben, comenta con humor: "¿Español? Por ellos, como si eres marciano. Pero es normal que salga gente en España, porque hay mucha afición a toda clase de cómic, tanto el americano como el francobelga, el japonés o nuestra propia tradición humorística, y este es un sector que se nutre continuamente de la cantera de aficionados". Macho suma a ese factor la existencia de "un talento tradicional, desde incluso Altamira hasta los pintores clásicos, aunque luego no haya industria para mantenerlos".

Porque los ingresos, al pasar a trabajar para este mercado, se multiplican. "Aunque todo depende de tu propio caché y de negociaciones totalmente individuales", como recuerda Villarrubia. Un dibujante medio puede ganar al menos 500 dólares -más de 350 euros- por página, una cifra que se multiplica por cinco o hasta diez para las firmas de más prestigio. Cantidades a las que hay que sumar los royalties de las ventas internacionales, dado que la proyección de quienes trabajan para estas firmas es global.

José Villarrubia es una excepción, al residir en Estados Unidos desde antes de trabajar para esta industria. La práctica totalidad de los dibujantes siguen aquí, y viajan, como señala Pere Pérez, "tal vez una vez cada dos años, por mantener el contacto. El 90% del trabajo se coordina por internet, y todo se lleva con una profesionalidad absoluta".

Veteranos, mujeres y también guionistas

La presencia de dibujantes españoles en el mercado internacional no es cosa reciente. Ya en los setenta, Carlos Ezquerra se ganó un prestigio como creador del Juez Dredd; Josep Bea era uno de los pilares de Vampirella y Creepy; Enric Romero era el titular de Modesty Blaise, y Esteban Maroto ilustraba con frecuencia a Conan. José Luis García-López, por su parte, conseguía acceder a los cómics de superhéroes, aunque residiendo en Nueva York.

Sin embargo, tal vez la apertura definitiva de EE UU llegó con el éxito de Carlos Pacheco, dibujante gaditano que empezó a trabajar para ese mercado en 1994 y desde entonces ha sido el titular de series tan relevantes como Superman, Los Vengadores o Los Cuatro Fantásticos.

Su entintador, Jesús Merino, se ha convertido en otro nombre bien conocido internacionalmente que ahora también se ha hecho cargo de los lápices en otras series. Salva Larroca (Iron Man, Patrulla X...), Daniel Acuña (Flash, Patrulla X...), Javier Mena (Batman, Supergirl, Spiderman...) o David Aja (Wolverine, The Immortal Iron Fist...) son otros nombres destacados.

De hecho, la puerta se ha abierto también para algunas creadoras como la gallega Emma Ríos o para Marta Martínez, que fue una de las responsables del álbum Batman en Barcelona.

Un caso interesante es también el de El Torres (Juan Antonio Torres), tal vez el primer guionista 

viernes, 15 de abril de 2011

Chistes editoriales

Soy un aficionado al humor gráfico. Es casi lo único que me interesa de forma constante en los diarios. Creo en el humor, he reflexionado sobre el mismo más de una vez. A veces un chiste define más un tema que un largo ensayo sobre el mismo.


Forges es sólo un costumbrista; lo demuestra incluso en su sensibilidad ante el lenguaje, algo poco habitual entre los humoristas gráficos. Es ingenioso y muy creativo, y también un artista comprometido. Lo único que me molesta de él es lo impostado de su ingenuismo, aunque lo entiendo y aun lo defiendo. Se puede decir que es la antítesis de Máximo, su antes colega en El País. Máximo es un intelectual un poco gilipollas y pedante y no sabe dibujar, aunque con todas esas manías y en su estilo es de lo mejor que hay. Peridis es sólo un copión de los humoristas gráficos franceses. Gallego y Rey tienen muy mala leche, hay que reconocerlo, a veces ponen el dedo en el ojo de forma incomparable; cuando están poco inspirados, sin embargo, suelen caer en cierto automatismo de fórmulas, y se les nota. Son los únicos humoristas gráficos a los que han echado de un periódico (El País) por su ácido inconformismo e independencia. Y, último, más no menos importante, el mala leche superior, un filósofo del humor que domina forma y fondo, discípulo digno de Goya y Solana, El Roto, el mejor de todos, un genio. Se podría hacer una tesis sobre él. No le han echado de ningún periódico porque, de hecho, juega en otra galaxia donde no pueden identificarse nombres propios, sino la lucha a bayoneta y sangrienta de las ideas abstractas.

martes, 1 de febrero de 2011

Crisis de la historieta

Tereixa Constenla, "Se puede vivir del cómic... hecho en París", El País, 1-II-2011.
En un lugar llamado España hubo un tiempo en el que se vendían más de siete millones de tebeos al mes. Se ofertaban en cualquier esquina, en miles de reductos conocidos como quioscos. Había historias sobre espías torpes, albañiles chapuzas y casposas comunidades de vecinos. Fuese por inteligencia o mordacidad, entre los lectores triunfaban los antihéroes. La factoría que saciaba aquella voracidad se llamaba Bruguera.
Luego los lectores crecieron, una guerra por petróleo disparó el precio del papel, se difundieron los videojuegos y nuevas formas de entretenimiento juvenil. Los tebeos se marchitaron, Bruguera cayó. En el mundillo, un cataclismo. "Fue como si cerrase la General Motors", compara Carles Santamaría, director de la Feria Internacional del Cómic de Barcelona. Fue la muerte del tebeo. El sector entró en coma. Eran los noventa.
Enjuiciar la salud actual de la industria del cómic obliga a recordar los antecedentes. El diagnóstico no es simple. Comparada con los días de vino y rosas, vive una época de tiradas timoratas -el gran superventas de los últimos años, Arrugas (Astiberri), de Paco Roca, va por los 30.000 ejemplares-. Si pensamos en los ruinosos noventa, la situación es floreciente (incorporación de nuevos lectores, proliferación de tiendas especializadas y presencia en grandes superficies). ¿Da para vivir del cómic? No.
Bueno, un momento. Los autores españoles no pueden vivir del cómic español (salvo contadas excepciones) pero... pueden vivir del cómic extranjero. El cómic exporta talento a mansalva. Algo novedoso. Santamaría calcula que unos 60 autores trabajan para editoriales de Francia o Estados Unidos. El Salón del Cómic de Barcelona contribuye a que el idilio no decaiga: en la última edición propiciaron 300 entrevistas entre editores extranjeros y creadores españoles.
El éxito tiene un claro efecto bumerán. Si un español triunfa en Estados Unidos o Francia, las editoriales españolas (incluidas aquellas que le hayan ninguneado en sus días de perfecto desconocido) lo recibirán con los brazos abiertos. Lean algunos ejemplos.
Blacksad (Norma editorial), una de las series más vendidas en Francia, es una creación de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. El asunto arrancó en aquellos tiempos malos. "En España era la época de la crisis más profunda. Juanjo ya vivía en París, había trabajado para Disney y nos animamos a intentarlo allí", revive Juan Díaz Canales (Madrid, 1972). El primer Blacksad, un cómic de género detectivesco con animales como personajes, arrancó con 30.000 ejemplares que se volatilizaron en un mes. Desde entonces la serie que edita Dargaud para el mercado franco-belga ha vendido más de 200.000 ejemplares. "Hemos entrado en un club muy selecto, muy pocas series venden esas cifras", reconoce el guionista Díaz Canales.
En España también es un éxito, aunque la tirada esté a años luz. "Es casi matemático, la proporción es de 1 a 10 respecto a Francia", explica. Blacksad se acerca a los 20.000 ejemplares, una menudencia comparada con el mercado vecino pero un superventas frente a las tiradas medias españolas, que oscilan entre 1.000 y 2.000 volúmenes.
El guionista Juan Torres (Málaga, 1972) paseó El velo por varias editoriales y revistas españolas sin despertar interés. Avalado por anteriores trabajos (entre ellos CSI) tanteó el mercado en Estados Unidos, donde anteponen las series a las historias propias. "Fueron un poco reticentes pero probaron y funcionó bien, ahora se ha traducido al español", cuenta. Y sin sorna añade: "Estamos todos locos por publicar en España, pero las editoriales prefieren comprar los derechos para traducir, mucho más barato que producir una obra".
Jaime Martín (Barcelona, 1966) aborrece a los superhéroes. Cuando cerró El Víbora, revista de cómic de adultos donde había recreado historias de sexo, drogas y rock'n'roll generacionales, miró hacia Estados Unidos y concluyó que tenía cero opciones y cero interés. "Si el concepto de héroe me echa para atrás, al de superhéroe, un tipo con el pijama apretado y el calzoncillo por fuera, lo detesto. Si estás dispuesto a dibujar cualquier cosa y eres rápido puedes vivir de ello, pero quería dibujar mis propias historias".
El manga japonés, el otro gran mercado mundial, tampoco le sedujo. Quedaba Francia, el tercer coloso. Le costó vender su primer álbum hasta que un agente lo hizo por él a la misma editorial que antes le había rechazado. Ahora su último trabajo, Todo el polvo del camino (Dupuis en Francia, Norma editorial en España), una historieta sobre la Gran Depresión con ecos de John Steinbeck y aroma a Dorothea Lange escrita por el brasileño Wander Antunès, ha vendido en Francia unos 7.000 ejemplares y en España, más de un millar.
Unas cifras alejadas de las 18.000 copias que vendió Martín de su primer álbum, Sangre de barrio, en 1990. Tiempos aún de alegrías. "No sé por qué ha pasado pero las tiradas han ido disminuyendo continuamente desde la primera guerra del Golfo. Mi teoría es que hay demasiadas opciones de ocio y tienes que escoger, no hay dinero para ir al cine, comprar tebeos y videojuegos a la vez", expone. Su predicción es apocalíptica: "El cómic se extinguirá o se convertirá en algo minoritario, como la poesía. Y tampoco será una catástrofe, pero ¿qué sentido tendrá cuando puedas tener sensaciones virtuales?".
Díaz Canales, Torres y Martín viven, con sus matices, del mercado exterior. Porque también los royalties generados por sus ventas en España llegan a través de las editoriales extranjeras que tienen los derechos sobre sus álbumes en todo el mundo. De esta paradoja no se ha librado ni el exitoso Arrugas, premio Nacional del Cómic en 2008.
Paco Roca (Valencia, 1969), tras algunas obras en revistas y el álbum El juego lúgubre (La Cúpula), miró a Francia. "Vi que era un mercado fuerte, se vende más y también se paga más". Un agente colocó Arrugas en Francia, donde recibió buenas críticas y logró unas ventas medianas (entre 10.000 y 13.000). Y entonces Astiberri compró los derechos para España y se desató el fenómeno: las ventas del cómic donde Roca desnuda con ternura exquisita los estragos del alzhéimer se desmadraron. En dos años han superado los 30.000 libros. De cada ejemplar, la editorial francesa matriz se lleva entre el 8 y el 10%. Con su siguiente álbum, Las calles de arena, se repitió este circuito: derechos para todo el mundo en manos de la francesa Delcourt. En este proceso, el papel de la editorial española es mínimo, su riesgo escaso y sus ganancias estrechas.
Pero en 2010, Astiberri, una pequeña editorial fundada hace diez años por tres socios que no aspiraban a hacerse ricos y sí a disfrutar del trabajo, recuerda Laureano Domínguez, uno de los socios, se decidió a dar el paso y producir el nuevo título de Paco Roca, El invierno del dibujante. Salió a la calle a finales del año pasado y lleva 12.000 ejemplares despachados. Cuando se traduzca en otros países, Astiberri hará caja por los royalties. Pleno al quince. "Ganaría más dinero si trabajase para el mercado francés, pero por el idioma, la cercanía y las influencias me resulta perfecto trabajar como hemos hecho con El invierno del dibujante", se sincera Roca, dispuesto a repetir la experiencia en su próximo trabajo.
El escaso riesgo de las editoriales españolas -que facturan al año unos 90 millones de euros- es uno de los reproches más comunes entre los dibujantes. "Comprar derechos es más barato que producir un álbum", reitera Roca.
En 2010, según Carles Santamaría, solo el 15% de las novedades que llegaron al mercado español fueron títulos producidos en casa. Un porcentaje que coincide con la actividad de Glénat. Entre los 200 títulos que sacó a la calle el año pasado, el manga fue hegemónico: el 60%. La producción propia rondó entre el 15% y el 20%, entre ellos un álbum en el que Félix Sabaté, editor jefe de Glénat, se empeñó especialmente: Quince años en la calle, el cómic autobiográfico en el que Miguel Fuster narraba su vida como sin techo.
"Personal y profesionalmente prefiero la producción propia, es más gratificante trabajar con el autor mano a mano. Además, cuando tú produces algo, todos los derechos son para ti", sostiene Sabaté. La compra de un título en el exterior, la opción más barata y sencilla, tiene sus desventajas. "Es un arma de doble filo porque puedes explotar la licencia unos años pero no siembras, mientras que un autor que llevas tú es alguien que puedes tener en catálogo y sin catálogo estás muerto", concluye el editor de Glénat.
Sabaté es de los que ven el vaso medio lleno. "Quien se queja es un quejica. Estamos mejor que nunca. Hemos ocupado el espacio que antes las grandes superficies dedicaban al DVD. El lector especializado va a las tiendas y el ocasional, a las grandes cadenas". Ahora bien, si Mireia Pérez (Valencia, 1984), ganadora del premio de la FNAC y Sins Entido para editar una novela gráfica, le pidiese consejo sobre su futuro, Sabaté sería claro. No le recomendaría que abandonase otra ocupación para vivir del tebeo. "Es difícil, casi imposible ganarse la vida con el cómic", dice el editor.
Los 10.000 euros que recibirá Mireia Pérez son como una beca que le permitirá desarrollar su historia. La próxima vez, cuando pugne con el mercado, podrá aspirar a un anticipo sobre las ventas. Los autores ponen la creatividad y reciben un escuálido 10%. Las editoriales ponen el riesgo y se quedan entre un 30% y un 40%. El resto es para los distribuidores y librerías, una parte del negocio que sí da de sí: hay ya casi 240 tiendas especializadas en España. "Lo más importante en el mercado español, que es el segundo en Europa y está en plena transformación", sentencia un optimista Carles Santamaría, "es el recorrido que nos queda".

lunes, 11 de octubre de 2010

Retales y recuales

Son las vísperas de algo y, como siempre, se me carga el subconsciente. Hace unos días tuve unos sueños complejos, maravillosos, creo que a consecuencia de la agradecida digestión de dos litros de té con limón, que me gustaría ahora poder recordar... Esperemos que se repitan, como suele suceder con mis sueños, algo que creo es muy común; muchos son unos auténticos obcecados y siguen rondando la nocturna luz de mis neuronas durante años.

A fin de dar mulé al gandul que llevo dentro voy a cambiar mis rutinas para oxigenar algo mis ideas; no quiero volverme un apéndice del sofá y creo que un mero cambio de posición GPS hará milagros: iré a instalarme todos los días de seis y media a siete y media más o menos al Guridi. Aprovecharé esos momentos para, con ayuda de esos cuadernos de canutillo que me gustan tanto, ordenar mis ideas y tomar notas y apuntes para mi trabajo y escritos; creo que me vendrá bien este cambio de contexto para agitar mis estrecheces. Además, ya no se fuma en ese garito tan frecuentado por los ultraicos. Para animarme, vi la película Buried... , sobre un tema de comedia ya tratado por Poe, ese genio. Lo que más me hizo gracia fue la llamada del abogado de la compañía de seguros; yo la recomendaría a cualquiera que abuse del móvil, para ver si se desengancha, pero no me animé, la verdad, y aconsejo a Zapatero que la vea, a ver si se cura, arsa pilili, de la alegría sevillana de la que goza. Hubiera preferido ver El gran Vázquez, pero su actor protagonista me causa urticaria; la mítica biografía de Manolo, de quien tantas historietas he leído, que viene a ser como el último pícaro del Siglo de Oro, merece los cinco eurazos que vale la entrada, aunque la crítica no dice ni fu ni fa. A mí me gustaba sobre todo su mendaz y autobiográfico Vázquez perpetuamente perseguido por una banda de sastres letales y tramposos, su Angelito, el bebé gitano abandonado y anarquista, siempre dando botes por el campo en su orinal, el decimonónico Abuelo Cebolleta (ya por entonces me identificaba con el XIX) y la abuelita Paz, que repartía su descomunal bondad a todo el mundo dividiendo su minúscula pensión en moneditas de diez céntimos, recibiendo en pago el desprecio universal de todo ese mundo; sin embargo, no lograba entrar en el mundo de las hermanas Gilda -he vuelto a revisar Gilda, y maravillosa película, donde se dice aquello de "el mundo es un lugar muy grande, lleno de gente muy pequeña". Vázquez, que conoció de chico a uno de los discípulos de Ramón, el absurdista Jardiel Poncela, como Fernando Fernán Gómez, otro anarquista, era tan vago que solía llevar a su agente secreto, Anacleto, de misión al desierto para así no tener que pintar tantos paisajes de fondos de viñeta... ¿Se cree que se me pasaba el ardid? Ni por un momento, tío.

Mi sexto sentido me advierte de algo y sin saber muy bien por qué, leo El Mundo. Sé que entre sus redactores hay varios ciudarrealeños, como bien me canta el archivo de periodistas que llevo para mi Historia de la literatura manchega; trae un reportaje en las páginas de economía sobre diversos manchegos del gremio de la manganza. La fuente es el informe inédito del Banco de España sobre la intervención de CCM, que descubre, como afirma el editorial, la sustracción, o "impropio manejo incontrolado", si hemos de ser políticamente correctos, de 60 millones de euritos por el miguelturreño Antoñito Barco, el hermano de Ignacio y casi ahijado de Sacomán, el balomaniaco posesor del galardonado club entrenado por Tálant, el Bárbaro, y arrimado a los bonos para ser uno de ellos ("no sigas a ningún líder...").

De qué cosas se entera uno, qué escándalos, por Dios; si yo hablara de todo lo que me cuentan... No quiero ser venenosillo, así que callaré y dejaré en paz a los reductores de cabezas, para que sigan haciendo su estéril tarea abonando la paz de los cementerios y predicando la palabra del Mercado, el Clemente, el Misericordioso. Jeffry Lane ha adaptado Women on the verge of a nervous breakdown de Amodólar y la estrena en Broadway con canciones de David Yazbek y una dirección y plantel de actores atiborrado de premios Tony... La espectación es mucha salvo aquí, en La Mancha, donde eso no cunde. Pero como yo me entero de todo lo pongo aquí.

El Tea party está recaudando una cantidad espectacular de dinero para combatir a Obama: el negro ha tocado los cigotos de la América más profunda con las dos tremendas reformas que ya lleva: la de la seguridad social y la de política energética; ahora, además, quiere sacar a los americanos del mundo árabe. El que llaman Anticristo, que extrañamente no ha sido asesinado todavía, lo va a tener crudo para poder lavar algo la deturpada conciencia del paleto americano medio.

He visto el blog de Paquito Chaves, que sigue aprendiendo cosas todavía a sus sesenta añitos de edad, por ejemplo a escribir blogs. He aquí alguien entregado a la escritura, al que más de una vez le he pedido que redacte unas memorias, pero se niega pertinazmente a ello e insiste en escribir, y bien, sus artículos y ensayos en el Lanza.

Se discute en mi casa la compra de un can como regalo navideño colectivo; Paloma prefiere un pastor alemán, o un siberiano, pero eso no se puede tener en un piso; yo quiero un amigo pequeño y lo más bastardo e hideputa posible, a más de salvado de la perrera municipal, como un nuevo Boudu sauvé des eaux, quien creo recordar perdía un perro lanudo antes de caer al agua y que lo rescatara el bouquiniste. Es la única que me gusta del muy plasta de Jean Renoir. El pedigree de los perros de raza casi siempre es fruto de consanguinidad e incesto y acaban, como las estirpes de faranones egipcios, siendo físicamente víctimas de malformaciones genómicas, como la misma Duquesa de Alba, que tiene más sangre azul que el mismo rey y es creo que veintiséis veces grande de España. Que tenga un hoyo por boca y unos pelos dignos de la Medusa, además de una jeta industrial y una piel de momia a medio resucitar no dice mucho en favor de los genes de postín, aunque hay que reconocer que la fertilidad es un carácter nobiliario muy potenciado, como cualquiera puede ver en las fotos en bolas del rey publicadas en Italia o de uno de los de la línea de sucesión, el conde Lecquio, que también fue pillado en esas, aunque esta vez por dinero.