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martes, 10 de marzo de 2026

Un neurocientífico busca a Dios en el cerebro

 Diego Golombek: «Dios es uno de los mayores logros del cerebro humano», en Abc, por Carmen Burné, 22/02/2026:

El biólogo argentino analiza en 'Las neuronas de Dios' por qué la selección natural favoreció la aparición de la fe y la necesidad de entender la religión como un fenómeno biológico antes que cultural

El influjo de la hiperracionalidad del mundo contemporáneo prometió una sociedad libre de mitos en la que el laboratorio sustituiría a la catedral. Sin embargo, el ser humano sigue sintiendo la pulsión irreprimible de mirar al cielo en busca de respuestas, una suerte de sistema operativo espiritual que parece venir preinstalado de fábrica. Ignorar esta persistencia de lo sagrado es como tratar de entender la arquitectura humana obviando los cimientos. Diego Golombek (Buenos Aires, 1964) es biólogo, cronista y uno de los divulgadores más audaces de la ciencia en español, y disecciona este fenómeno en 'Las neuronas de Dios' (Siglo XXI), donde no se propone la tarea imposible de demostrar la tarea imposible del Creador, sino la de rastrear su huella biológica en los pliegues de nuestra corteza cerebral.

—¿Cuál es su relación con la religión?

—El misterio siempre me atrajo. Aunque nunca fui una persona religiosa, sí fui creyente desde niño. Como cualquier chico, hablaba con un ser superior, una costumbre que, sospecho, nunca nos abandona del todo. Quien asegure que no pide ayuda frente a una situación crítica, quien no haya implorado un «por favor, que pase tal cosa», que tire la primera Biblia. En 'Las neuronas de Dios' cuento cómo, en un momento dado, empecé a notar una correlación demasiado estrecha entre lo que ese ser superior opinaba y lo que yo quería que opinase. Claramente, ese Dios era yo mismo; como todos nosotros, de alguna manera, somos nuestros propios dioses. Ese descubrimiento me alejó de la religión, pero no me hizo perder el interés en ella. Lo maravilloso de la ciencia es que nos permite entender por qué hacemos lo que hacemos y por qué tanta gente mantiene su fe en la vida adulta. La religión tiene algo fascinante: se puede estudiar científicamente. A diferencia de otras pseudociencias movidas por intereses o ideas ridículas, la fe es un fenómeno profundo que merece ser comprendido.

—Menciona varias veces en el libro que las alucinaciones nos llevan a algo interno, programado de fábrica. ¿Cuánto de intrínseca es la figura de Dios?

—La gran pregunta es por qué, veintiún siglos después de Cristo y muchos más desde el origen del pensamiento religioso, sigue existiendo con tanta fuerza la figura de un Dios omnisciente y personal. Se podría argumentar que es una cuestión meramente cultural, pues somos una mezcla de lo que traemos «de fábrica» -lo biológico y genético- y lo que hacemos con ello -lo cultural y social-. Cuando un fenómeno se mantiene de forma tan robusta a lo largo de la historia y la geografía, como biólogo me siento obligado a plantear una hipótesis biológica: ¿y si no fuera solamente cultural? Esta es la hipótesis: los humanos que creyeron fuertemente en algo superior tuvieron mayores probabilidades de sobrevivir. A nivel individual, la fe pudo reducir el estrés y ofrecer otra perspectiva vital. A nivel social, proporcionó un estandarte común que otorgaba una ventaja estratégica sobre otras comunidades menos organizadas, permitiendo que las tribus cohesionadas por la religión se impusieran. Es una hipótesis, pero existe cierta evidencia al respecto. Se han hallado indicios genéticos que sugieren que las personas con mayores niveles de religiosidad presentan ciertas variaciones o polimorfismos en sus genes.

—Si descubrimos que Dios vive en el lóbulo temporal, ¿eso lo hace menos real o simplemente explica el «hardware» que usamos para escucharlo?

—Explica la idea de Dios. Dios es inexplicable, incluso desde la ciencia, porque no es una pregunta científica. Si partimos de ahí, pues nos ponemos de acuerdo. Lo que sí es una pregunta científica es qué correlatos tiene Dios en el comportamiento de la gente o en el sistema nervioso de la gente (por ejemplo, si hay áreas del cerebro que se activan frente a rituales o rezos), y eso es donde la ciencia puede hacer doble clic. Jamás puede poner la lupa y sería una estupidez que lo hiciera en la existencia misma de Dios. Eso sería un problema, obviamente, teológico, filosófico, pero no científico.

—¿Es la búsqueda de la verdad científica una forma de ritual religioso para el cerebro secular?

—La ciencia es, sin duda, una actividad ritual. Tiene sus rutinas y su propia lógica interna, pero se distancia de lo religioso en sus pilares fundamentales. Mientras que el pilar de la religión es la fe y el misterio, el pilar de la ciencia es la evidencia. La actividad científica consiste en robarle secretos a la naturaleza e iluminar lo que está a oscuras. Aunque es una tarea ciclópea porque lo oscuro es infinito, nunca podemos aceptar un límite definitivo. Aquí es donde los rituales científicos y religiosos se separan. La religión se sostiene en el mito y en la fe ciega; ese es su gran éxito y la razón por la que se mantiene. Resulta fascinante que, en pleno siglo XXI, más del 80% de la población siga siendo creyente. Sucede porque la religión ofrece respuestas certeras que cierran preguntas, mientras que la ciencia, cuando da una buena respuesta, lo que hace es abrir nuevas interrogantes. El éxito de la religión radica en que esas respuestas definitivas brindan tranquilidad y reducen la ansiedad. No podemos despacharlo simplemente como «el opio del pueblo», porque efectivamente tiene efectos positivos en el bienestar emocional.

—¿Puede alguien que no sea religioso tener esta misma tranquilidad ante el final de la vida?

—Creo que, efectivamente, la muerte es una fuerza impulsora extraordinaria para la fe y, sobre todo, para la religión, que ofrece una respuesta: nos dice que no nos preocupemos, que todo irá bien en un paraíso. Ya sea el cielo cristiano o el de los mártires musulmanes con sus vírgenes -sobre lo cual Enrique Jardiel Poncela escribió un libro fascinante y divertidísimo titulado '¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?'-, la religión propone un destino. El miedo a la muerte es absolutamente lógico; es el miedo a dejar de ser, al sufrimiento propio y al de nuestros seres queridos. La religión no elimina esa angustia, pero la calma. Quienes no somos religiosos también tenemos nuestros métodos. Nos angustiamos y sentimos miedo, pero existe otra forma de procesarlo: pensarlo desde un punto de vista biológico.

—¿Podemos ser realmente libres si nuestra espiritualidad está predeterminada por la selección natural?

—La cuestión de fondo es si podemos ser realmente libres. Desde la neurociencia y el estudio de la conciencia, existen fenómenos que cuestionan seriamente el concepto de libre albedrío. No se trata de un determinismo genético absoluto, sino de que el sistema nervioso establece un mapa del mundo antes incluso de que seamos conscientes de ello. Hace un tiempo, a la gran cuentista argentina Hebe Uhart le preguntaron si se nacía escritor. Ella dio una respuesta maravillosa: «No, se nace bebé». En la gran mayoría de los casos, lo evolutivo es solo una propensión. Hoy están de moda los análisis genéticos; envías una muestra de saliva y te devuelven un informe con tus características. Casi siempre hablamos de inclinaciones, no de destinos determinantes. Con la fe ocurre lo mismo: existe una propensión biológica a la religiosidad en los humanos, pero que terminemos siendo personas creyentes o religiosas depende finalmente de la cultura.

—¿Qué es más asombroso: que un Dios haya creado el cerebro, o que un cerebro de kilo y medio haya sido capaz de crear a Dios?

—No tengo duda: lo más asombroso es que el cerebro haya creado una idea tan poderosa como la de un ser superior, capaz de mantenerse a lo largo de las culturas y la historia. Todo comienza con un Dios animista que dota de espíritu a la naturaleza -al rayo, al sol, a las cosechas- para luego dar un salto hacia lo abstracto y lo humano. En general, nuestras deidades tienden a ser humanoides, pero más abstractas; ya no representan a la naturaleza, sino que son sus creadores. Desde hace décadas está de moda la idea de una ciencia «contra» la religión. Propongo un análisis preposicional: podemos poner la ciencia a un lado, la religión al otro y jugar con las preposiciones. Hoy impera el versus, el enfrentamiento, pero me parece una postura contraproducente.

—¿Ha perdido la ciencia la capacidad de consolar al ser humano de la misma manera que lo hace la religión a día de hoy?

—Desde un punto de vista práctico, creo que la ciencia no ha perdido esa capacidad de consolar. Si estamos vivos hoy no es por la religión, sino por la ciencia; concretamente por tres pilares: el acceso al agua potable, los antibióticos y la capacidad de alimentar al mundo. Por eso, cuando nos sentimos desconsolados ante el rumbo del mundo, debemos obligarnos a reflexionar sobre todo lo que hemos logrado gracias al conocimiento científico. A veces, la ciencia requiere de un rostro más humano. Ocurre lo mismo con un médico: aunque nos dé un diagnóstico en términos técnicos, su valor reside en que sigue siendo una persona y no una inteligencia artificial. Posee un grado de empatía y una forma de comunicación, tanto verbal como no verbal, que no puede nacer de otro lugar.

— ¿La necesidad de trascendencia es un error o la función principal de nuestra existencia?

—Existen áreas del cerebro que se activan frente a la religiosidad, aunque no conocemos neuronas específicas dedicadas a ello. Creo que tenemos una necesidad de trascendencia extraordinaria y hoy somos testigos de un gran espectáculo de esa necesidad. El fenómeno de las redes sociales responde a ese impulso de trascender en un mundo cuya socialización lo exige. Sin embargo, me parece que debemos distinguir entre dos tipos de trascendencia. Por un lado está la trascendencia material: el deseo de dejar un legado o una huella de nuestra vida sobre la tierra. Esta puede ser pequeñísima, como influir en una sola persona, tener hijos, escribir un libro o realizar un trabajo bien hecho. Por otro lado, está la trascendencia religiosa. Ambas nos definen como humanos, pero seguramente sigan caminos muy diferentes

—Si la moralidad nace de la biología y no de una tabla de mandamientos, ¿cómo decidimos qué es el bien sin una autoridad externa?

—Como dice una canción del grupo de rock argentino Divididos, «el bien y el mal definen por penal»; una forma de decir que, al no haber acuerdo, todo parece quedar en manos del azar. Está claro que el bien y el mal son fenómenos culturales que evolucionan. La cultura se define por el cambio: el esclavismo, que hace apenas doscientos años no se percibía como un mal, hoy es algo inadmisible. Lo mismo ocurre con el «ojo por ojo», presente en casi todos los textos religiosos antiguos. Sin embargo, hay evidencias claras de que reconocemos actos morales más allá de la cultura. Existen experimentos con bebés que aún no hablan a los que se les presenta una situación de ficción: si un personaje empuja a otro y le impide llegar a su meta, el bebé da señales de entender que eso está mal. Esto sugiere que traemos un concepto de bondad y maldad «de fábrica».

—¿Estamos condenados a buscar un líder (sea Dios, un político o un algoritmo)?

—Debido a nuestra cultura, no me cabe duda: no habría forma de responder a catástrofes o crisis sin un liderazgo. Sin reglas y consignas claras el resultado sería la anarquía; por mucha voluntad que pusiéramos, no lograríamos organizarnos. Por tanto, desde el punto de vista social, la necesidad de un líder es indiscutible. La pregunta es cuánto de esto responde a cuestiones cerebrales. Existe una necesidad social de liderazgo y, dado que nuestras estructuras sociales suelen ser un reflejo de nuestra organización neuronal, es muy posible que también exista una base en nuestro sistema nervioso que nos impulse hacia ello

— ¿Y qué le dice un biólogo a una persona que no duda de haberse encontrado con Dios?

—Lo primero que le dice un biólogo es: «Qué envidia, llámame cuando te pase otra vez». Lo segundo, sería preguntarle si está seguro de no padecer algún tipo de epilepsia, aunque sospecho que después de una pregunta así no seríamos muy buenos amigos. Debemos ser lo suficientemente humildes y magnánimos para respetar esas experiencias. No podemos despacharlas como una estupidez o una fábula, ni situarnos en una posición de superioridad asumiendo que el otro miente. Más allá de la fe, me encantaría entenderlo desde la ciencia. Me fascinaría comprender qué ocurre exactamente en el cerebro de una persona para que vea esa luz o esa virgen; qué procesos reales están sucediendo ahí dentro.

—¿Siente envidia sana hacia aquel que siente la paz mental de un creyente?

—Siento un poco de envidia, sí, y, sobre todo, una profunda sensación de asombro. Asimov decía que esta es una pelea en inferioridad de condiciones: vemos algo e inmediatamente queremos saber; formulamos preguntas que, a menudo, sabemos que no podremos contestar. Por otro lado, el gran físico Richard Feynman contaba que hay quienes ven una flor y simplemente dicen: «es hermosa». A los científicos nos critican por buscar las leyes de la física o la biología detrás de esa flor, pero entender cómo funciona y cómo llegó a existir es, en sí mismo, algo bellísimo. Esa capacidad de formular siempre nuevas preguntas es lo que me otorga cierta paz. Es probable que mi nivel de estrés sea siempre más elevado que el de una persona creyente y que, por tanto, mi esperanza de vida sea un poco menor; al fin y al cabo, un estrés bajo favorece la longevidad y la recuperación. Pero es un riesgo que acepto correr a cambio del asombro.

lunes, 9 de marzo de 2026

Identificado el propietario de la Biblioteca de Barcarrota

  [Dossier]

 I

Un hidalgo perseguido por la Inquisición por sodomía emparedó los libros de Barcarrota, en Abc, por Mónica Arrizabalaga, 9/03/2026:

En una vivienda de la pequeña localidad pacense se hallaron once ejemplares y un manuscrito prohibidos, entre ellos un Lazarillo de Tormes de 1554.

La piqueta de albañil tropezó con una sorpresa inesperada en la reforma del 'doblao' de una antigua vivienda de Barcarrota (Badajoz) durante el verano de 1992. Al golpear el tabique del desván de la casa, situada en la plaza de la Virgen de Soterraño, el acero atravesó unas hojas escondidas en un hueco que después había sido tapiado con esmero. Tras el antiguo 'Alborayque' asaetado por la herramienta, una feroz sátira contra los judeoconversos, se descubrieron otros nueve libros, entre ellos la edición más antigua conocida del Lazarillo de Tormes, de 1554, tratados de quiromancia, un manual de exorcismos o una obra erótica de carácter homosexual, así como un manuscrito enrollado en el atadijo. Escritos en diversas lenguas, todos estaban datados en el siglo XVI y todos se ocultaron por un mismo motivo. «Se sabían potencialmente peligrosos a ojos del inquisidor de turno (o de algún vecino fisgón)», explica el investigador Pedro Martín Baños. Este doctor en Filología Hispánica, especialista en Antonio de Nebrija, pero también en temática conversa y la censura de los siglos XV y XVI, cree haber averiguado quién escondió ese biblioteca heterodoxa en la pequeña localidad pacense a finales de 1559 y principios de 1560.

«La clave de todo», señala Martín Baños a ABC, se encuentra en un pequeño amuleto de papel circular descubierto entre los libros emparedados, dedicado a un tal «Fernão Brandão, portugués de Évora, señor de São Manços, cumbre de los ingenios». En esta delicada nómina manuscrita con textos mágicos (como el Tetragrámaton central), aún se observan los pliegues de haber sido doblada para ser llevada al cuello o en el pecho, posiblemente dentro de una bolsita o una joya. «Era un objeto apotropaico, que se usaba sobre todo para la protección ante peligros y viajes, y lo particular de este amuleto es que es el único que he encontrado con una personalización tan afectiva y tan íntima», relata el investigador. En el reverso del papel, de unos 11 centímetros de diámetro, aún puede leerse la promesa que un anónimo amigo le escribió en Roma en 1551: «Perchè io sempre me ricorderó di te» (Siempre te recordaré).

Intrigado, Martín Baños buscó información sobre Fernão Brandão en la plataforma DigitArq, similar al portal español Pares, y la suerte le sonrió. En los archivos lusos encontró varias denuncias registradas en el Tribunal de la Inquisición de Évora entre 1547 y 1549 contra un hidalgo de la familia de los Brandões de Évora, señor de São Manços, que se exilió en Castilla «por los excesos cometidos» en el reino portugués. Se le acusaba de impiedad o irreligiosidad por comer pescado y carne los viernes, domingos y fiestas de guardar, por no rezar nunca, por jugar a la pelota con sus criados en lugar de ir a misa o por desaparecer de la ciudad y refugiarse en su casa de campo durante la Cuaresma. También se decía de él que blasfemaba contra Dios y los santos y que poseía algunas figurillas de metal con las que practicaba rituales de magia o hechicería.

Además, se le acusaba de haberse acostado con varios criados y de poseer «un libro de sodomía, a manera de libro de canto (esto es, forrado como si fuera un libro religioso), en que están hombres figurados cabalgando contra natura unos a otros por detrás». El investigador sospecha que el criado de Brandão que lo denunció tal vez se refería a 'La Cazzaria', del italiano Antonio Vignali (de hacia 1525), una obra de cariz abiertamente homosexual que se difundió en Europa de forma clandestina y se halló entre los libros ocultos de Barcarrota.

Al estudiar por primera vez de forma integral esta biblioteca en su conjunto, analizando cada pieza también desde el punto de vista material, no solo bibliográfico, Martín Baños descubrió una curiosa anotación en una hoja de guarda de uno de los volúmenes emparedados. Era una edición veneciana de la 'Opera chiamata confusiones della setta machometana' de Juan Andrés y el modesto apunte a tinta en portugués que hasta ahora había pasado desapercibido parece registrar el regreso de Brandão del viaje a Italia que menciona el amuleto: «El 29 de julio salí de Génova. El 7 de agosto, a media noche, (llegué) a Barcelona. 1552».

El filólogo, docente de secundaria en el IEA Carolina Coronado de Almendralejo, cree que durante una intensa persecución a los homosexuales en Lisboa, que empezó en 1547, el hidalgo portugués viajó a Roma para tratar de obtener la absolución de la Penitenciaría Apostólica, como ha comprobado que hicieron otros acusados de sodomía por la Inquisición. A varios, sin embargo, el documento no les salvó de la cárcel a su vuelta a Portugal y Brandão, que estaría informado, optó por no regresar y establecerse en España, cerca de la frontera portuguesa, a la espera de tiempos mejores.

Debido a la pérdida de documentos de la época, Martín Baños no ha podido certificar de manera documentada que residiera en la 'casa de los libros', como ahora se denomina a la vivienda donde se encontró el atadijo, pero está acreditado que vivió en Barcarrota y por los indicios hallados en testamentos de quienes fueron sus vecinos, alberga la sospecha fundada de que fue inquilino o propietario de una vivienda en esa calle, posiblemente esa misma del altozano de Nuestra Señora, donde trataría de llevar una vida de hidalgo discreta. La localidad pacense, cercana a Olivenza y a Évora, se hallaba por entonces a solo unos 7 kilómetros de Portugal y desde allí podría haber administrado su extensa hacienda a través de testaferros y amigos.

Expurgo de libros prohibidos

Su tranquilidad se vería de nuevo alterada con la publicación en 1559 del 'Índice de libros prohibidos' del inquisidor Fernando de Valdés, que se difundió con carteles en todas las iglesias españolas. Al menos cuatro de los títulos emparedados figuraban en el listado, entre ellos, el Lazarillo de Tormes de 1554. «Debía de ser un hombre culto, aficionado a la lectura, que tuvo la mala suerte de estar en el peor lugar, tener una vida un poco equívoca en el pero momento y en las peores circunstancias en Portugal y luego en España», cavila el investigador. Porque a diferencia del país vecino, que persiguió con ahínco la sodomía, pero no tanto los libros prohibidos, «España sí y el momento crucial fue a partir del Índice de Valdés», explica.

En ese clima y ante el temor a que una denuncia pusiera en comunicación a la Inquisición española con la portuguesa, Brandão decidiría hacer un expurgo de su biblioteca y emparedar los libros más comprometidos. «Podía haberlos quemado o destruido, como hicieron otros, pero supongo que quiso esconderlos pensando en recuperarlos cuando pasara el momento», explica el experto bilbaíno, que ha analizado la razón por la que cada volumen fue ocultado.

Con bien armada investigación, que presenta en el libro 'La Biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão', publicado por la Universidad de Extremadura y la Universidad Autónoma de Barcelona, Pedro Martín Baños refuta la hipótesis de Fernando Serrano Mangas sobre el médico converso Francisco de Peñaranda. «Se trata de una conjetura carente de una base sólida». En cambio, «todo apunta claramente hacia él (Brandão): el amuleto personalizado con su nombre, la 'Oración de la Emparedada' en lengua portuguesa, la cubierta con un pergamino igualmente portugués del Tricasso de 1525, los libros en italiano y la estancia en Roma, la posesión de 'La Cazzaria', congruente con las acusaciones de sodomía…», recapitula en su libro.

Aunque algunos genealogistas dicen que a través de un sobrino logró ser perdonado por el rey Sebastián, en su búsqueda en archivos de Lisboa y Évora Martín Baños no ha dado con ese perdón y desconoce si regresó o no a su país natal. «Es un personaje como de novela, yo me lo imaginaba como el de El coronel no tiene quien le escriba, esperando siempre alguna noticia y en ese esperar se le fue la vida realmente». Si volvió a Évora, no se llevó consigo sus preciados libros heterodoxos, cuyo descubrimiento en los años 90 tuvo gran repercusión.

La investigación sobre 'La biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão', que ha recibido el apoyo de la Junta de Extremadura, se enmarca en los proyectos sobre censura, libros prohibidos y herejía dirigidos por la catedrática María José Vega desde la Universidad Autónoma de Barcelona, en los que trabajan quince investigadores procedentes de seis universidades españolas y cuatro de Italia, Francia, Alemania y la República Checa. En 2024 organizaron una exposición en la Biblioteca Nacional de España que llevó por título 'Malos libros. La censura en la España moderna', en la que los libros de Barcarrota, hoy custodiados en la Biblioteca de Extremadura, ocuparon un lugar destacado.

II

 El “impío y sodomita” hidalgo portugués que resguardó un tesoro bibliográfico tras las paredes de su casa en un pueblo de Badajoz, en El País, por Rodrigo Naredo, Madrid, 9 mar 2026:

Una nueva investigación revela que la popular biblioteca de Barcarrota, uno de los hallazgos literarios más sonados del siglo pasado, perteneció a Fernão Brandão, que huyó de su país al ser perseguido por la Inquisición.

El libro, el Lazarillo de Tormes, encontrado, emparedado en las tapias del doblado de una casa, del pueblo de Barcarrota (Badajoz), constituye un hecho de singular importancia, por tratarse de un ejemplar del siglo XVI.

La biblioteca de Barcarrota fue uno de los hallazgos bibliográficos más relevantes del siglo pasado. La encontró un matrimonio, Toni Saavedra y Raúl Cordón, cuando decidieron reformar su casa familiar, una vivienda antigua en la plaza de la Virgen de Soterrano, en la pequeña localidad de Barcarrota (Badajoz) en 1992. La piqueta del albañil, en uno de sus envites, en lugar de sacar ladrillo sacó papel. En el hueco que había sido tapiado con esmero encontraría, además del libro atravesado por la herramienta, otros 10. Todos datados en el siglo XVI y escritos en varias lenguas.

El más especial: una edición de El lazarillo de Tormes impresa en 1554 y que, como sus compañeros de refugio, había burlado casi intacta el paso del tiempo. Ahora, según una nueva investigación del profesor Pedro Martín Baños, podemos saber que quien los había escondido ahí —hasta ahora desconocido— fue, en realidad, Fernão Brandão, un hidalgo portugués que huyó de su país para burlar a la Inquisición. “Era un personaje”, lo describe titubeante el investigador, “es decir, alguien que se salía un poquito de la norma hidalga”. O, resumido por los inquisidores de la época: “Un impío sodomita”.

La pista clave que llevó al nuevo hallazgo, publicado en el libro La biblioteca oculta de Barcarrota y el hidalgo portugués Fernão Brandão, fue un amuleto de papel circular descubierto junto a los libros emparedados, dedicado a Brandão y fechado en Roma en 1551. “Vi que prácticamente no se había tratado nada sobre el nombre que aparece en el amuleto”, cuenta Baños. “Empecé a buscar, a acotar por fechas, tanteando lo que podría ser interesante”. Tuvo suerte: descubrió que se trataba de un hombre de una “familia hidalga muy bien conocida y prominente”, y muy bien estudiada por los genealogistas desde finales del siglo XVI. El hombre había heredado todo el patrimonio familiar “más o menos joven”, y se había “acostumbrado a estar rodeado de criados que le decían amén a todo”.

¿Qué hizo entonces el buen hidalgo portugués para ganar semejantes títulos? Según relatan unas acusaciones en los tribunales de la Inquisición que recoge Baños, “comía pescado y carne los viernes, domingos y fiestas de guardar; no rezaba nunca; jugaba a la pelota con sus criados en lugar de ir a misa; desaparecía de la ciudad durante la Cuaresma; no se confesaba; blasfemaba contra Dios y los santos y poseía algunas figurillas de metal con las que practicaba ciertos rituales”. Y quizá más grave para la época: se le acusaba de tener relaciones homosexuales con sus criados [“le decían amén a todo...”] y poseer “un libro de sodomía, a manera de libro de canto [es decir, forrado como si fuera un libro religioso], en que están hombres figurados cabalgando contra natura unos a otros por detrás”.

Los libros encontrados en el pueblo pacense comprueban tal currículum. Además del Lazarillo, había un Alborayque, una feroz sátira contra los judeoconversos —el libro atravesado por la piqueta—; dos tratados sobre quiromancia; un manual de exorcismos; un ejemplar de una obra polémica de Erasmo de Róterdam; un pequeño libro de oraciones en latín, griego y hebreo; una rarísima Oración de la emparedada (un tipo de oración supersticiosa), escrita en portugués; o un diálogo erótico [por no decir claramente pornográfico] de carácter homosexual, La Cazzaria. Cuatro de ellos figuraban de modo nominal —el Lazarillo incluido— en el índice de libros prohibidos del inquisidor Fernando de Valdés, publicado en 1559. Esto, además, ayuda a fechar el emparedamiento hacia finales de ese año o principios de 1560.

El hecho de que algunos de los libros no estuviesen incluidos explícitamente en la lista de títulos prohibidos despistaba a algunos investigadores que no entendían el porqué de su escondite junto con los que sí estaban vetados. Aquella disparidad dio luz a algunas teorías, no muy sonadas ni sustentadas, como la de que provenían, en realidad, de un lote de una librería decomisada. Baños lo desmonta. “Lo que hacía la Inquisición era un método perverso. Los límites eran muy poco establecidos y las zonas de gris eran tan amplias que uno no sabía muy bien si los libros que tenía podían ser considerados peligrosos o no: lo que hoy no estaba prohibido, dos años después resulta que sí. Todos los temas tocados en la biblioteca de Barcarrota son temas controvertidos”.

Otra de las incógnitas era la datación del amuleto —“piezas que se debieron de confeccionar por millares en toda Europa, y que la gente llevaba al cuello o en una bolsita”, cuenta Baños— en Roma. La respuesta está en que antes de viajar a Badajoz, el hidalgo hizo una visita a Roma en busca de su absolución y seguramente desde ahí cargó el amuleto encontrado. “En 1547 la Inquisición portuguesa lanzó una cacería de sodomitas que tuvo un impacto enorme sobre todo en Lisboa. Encontré que varios de ellos se habían dirigido a Roma a buscar la absolución a un tribunal que se llama la Penitenciaría Apostólica, [todavía en operación] por un cierto precio”. Lo más probable, afirma Baños, es que el hidalgo no la consiguiera y que por eso, “como no se registraban las absoluciones negadas”, no hay registro en los papeles. Sí hay, en cambio, el de uno de ellos, Antonio Coello, que comparte nombre con uno de los criados de Brandão citados en una de las denuncias en contra del “sodomita”.

Todavía faltaba comprobar que aquel hombre vivió en la casa donde se encontraron los libros y no fue un capricho del azar que su amuleto apareciera junto con ellos. Otro profesor extremeño, Fernando Serrano Mangas, publicó un libro en 2003 en el que afirmaba que el dueño era Francisco de Peñaranda, un médico converso. Sustentaba su afirmación con el testamento de la viuda de un nieto de Peñaranda que ordenaba vender las propiedades que le quedaban en Barcarrota, entre ellas una casa frente a la Iglesia de la Virgen del Soterraño, como en la que se encontraron los libros. Esto también lo desmonta con agilidad Baños. “Eso no quiere decir que la casa fuera del abuelo. Yo creo que ni siquiera era esa casa, era una casa de la zona”, empieza. Y va un poco más allá: “Encontré un papel que certifica que el nieto la compró; pero la compró en 1613, una fecha ya alejada de lo que nos incumbe”.

Luego encontró, aunque no hay una carta de venta o alquiler al tal portugués, “muchos indicios” que “de forma indirecta” lo llevaron a pensar que Brandão sí vivió en esa casa. Por ejemplo: un testamento de una vecina que en 1565 “escribe que deja su casa que está lindera con Gonzalo de Mejía, difunto, y con Fernão Brandão”. En aquellos años no había numeración y la manera de referirse a las casas que uno legaba o vendía era siempre aludiendo a los linderos. Es decir, “esta vecina, hacia la mitad del XVI, vivía al lado de este portugués”.

A los libros les esperaba una parada más, aunque anecdótica, en su periplo. Encontrarlos fue, según, Miguel Ángel Lama, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Extremadura, y muy cercano al descubrimiento de los años 90, “un milagro. Un hecho de mucha trascendencia y además muy notorio en su momento”. La pareja, “seguramente por miedo a que les pararan la obra”, decidió no informar del hallazgo y guardó los libros cuatro años en una caja de zapatos.

Finalmente el Gobierno de Extremadura terminó pagando al matrimonio descubridor 15 millones de pesetas (unos 90.00 euros, para los más jóvenes) por ellos. “Pero al albañil”, cuenta Lama, “seguramente muy bien asesorado, alguien le dijo que la ley de patrimonio dice que cuando tú encuentras algo, la mitad de los beneficios que produzca ese hallazgo es para el propietario del terreno y la otra mitad para el descubridor material”. Se fue a pleito. Lo ganó y terminó con siete millones y medio. Todavía hoy el matrimonio, por puro pundonor, lo cuenta Baños, asegura a quien le pregunta que el marido, que también ayudaba en las obras, fue el que dio el picotazo al tesoro.

martes, 3 de marzo de 2026

Nueva edición del Zohar

 ‘Zohar’, el libro más importante de la mística hebrea, en El País, por Juan Arnau, 3 mar 2026:

Lola Josa presenta una selección exquisita de fragmentos de esta obra universal atribuida a Moisés de León. Nacida en los Campos de Castilla en el siglo XIII, heredera de la cábala de Gerona y Barcelona, anticipa la gran mística española de los Siglos de Oro

Para el cabalista el mundo oculto es infinitamente superior al manifiesto. En eso coindice con la astrofísica moderna. En el universo predominan la materia y la energía oscuras. Su fundamento (Ein Sof) es un secreto inagotable que nunca colmará nuestras inquisiciones, “una energía oscura más rápida que la luz”, escribe Lola Josa, autora de esta esplendorosa antología. Hay en el Zohar una idea de especial significación para este cronista: sólo se puede conocer lo falso. Lo verdadero hay que serlo. “Cuando la Luz se propaga, su esplendor despierta preguntas que todavía la esconden más”. Estudiar y no saber. Como en el mito védico, la definición del misterio último es una pregunta: ¿Quién?

La situación plantea un desafío creativo no muy diferente del matemático: crear un lenguaje capaz de trasmitir el Infinito sin privarlo de su esencia enigmática. Ese lenguaje habrá de ser paradójico, irónico y, por encima de todo, apuntar a una posible superación de lo simbólico. La mayoría de las palabras del Zohar, trilíteras, incluyen la antítesis de lo que significan. Una estrategia antigua que Jacques Derrida rescata en Cómo no hablar, ensayo dedicado a la teología negativa. Decir a Dios afirmando lo que no es. Paradojas cruzadas entre silencio, negación y escritura, donde el lenguaje desconcierta la lógica y socava la certidumbre. Vanidad del significado, inevitable en el pensamiento discursivo. Cada respuesta plantea una nueva pregunta. De ahí que la lengua divina no formule un mensaje. Cobra sonoridad y el iniciado se convierte en caja de resonancia. El vacío de Dios es una luz que se oculta a sí misma. Un rayo de tiniebla, que diría Juan de la Cruz, del que la propia Josa ha destapado raíces hebreas.

Hay en todo esto un juego erótico. Un poder femenino que desea recibir el Infinito deviene potencia dadora masculina. Esa es la fricción erótica de la creación. El arte de recibir (Kli) y el poder de dar (Or). Ambos se buscan en ese juego del escondite que es el universo. Pero todo en su justa medida. No hay libertad sin limitaciones. En el origen de los tiempos, la luz del Ein Sof era demasiado intensa y amenazaba con arrasar la creación. El infinito tuvo que retirarse, contraerse, creando un hueco donde fuera posible el crecimiento de las cosas. Una idea fascinante. Un dios que se encoge para que el mundo sea. Una creación anónima y discreta, de un joven artista adolescente, que confirma la intuición de Aristóteles: la metafísica no es lo que está más allá de la Física, sino lo que está detrás de la Física.

El cabalista busca ese recogimiento. Encarna como ningún otro la “desaparición del autor” de la que hablaba Maurice Blanchot. Quien escribe se borra como sujeto soberano y deja que la obra se imponga por sí misma. El cabalista revive la experiencia impersonal del lenguaje. Habita, como Borges, en la eterna biblioteca del Tanaj, busca el infinito entre líneas. De todo lo creado, la Torá es lo más logrado y luminoso, vestido del enigma supremo, tejido hecho de palabras. De ahí que la cultura hebrea sea la cultura letrada por excelencia. Pero las letras son también números, por eso los judíos han sido siempre buenos contables.

Las letras no sólo muestran, también esconden. Son velos que sugieren formas que el procedimiento hermenéutico y criptográfico convierte en revelaciones pasajeras. Y así se va haciendo camino. Las palabras, tan condicionadas ellas, son el trampolín hacia lo incondicionado. La lectura metódica, vertical o invertida, el valor numérico de las letras, permiten un álgebra que genera nuevos significados, todos ellos vanos, pasajeros, que susurran el secreto del origen. Procedimiento irónico. El cabalista sabe que todo entender es un espejismo, pero no ceja en su empeño. Estudiar y no saber.

El Zohar está sembrado de motivos hindúes. El Infinito emite un punto ígneo de luz, del interior de la llama surgen los tonos que colorean el mundo. Se lo llama Uno, Aleph, pues, aunque la divinidad contiene muchas formas, sigue siendo una. Hay también admoniciones morales: “El rumbo que escojas en este mundo será el que te guie una vez muerto”. Alguna de tono confuciano: “Acuérdate del Creador en tu juventud, antes de que lleguen los días malos”. El libro se cierra con la mención a la morada suprema, la morada del Amor, donde todo existe y perdura. “Quien ama el Amor, ama lo eterno, que es Amor y cumple, amando, con el Amor”. Disolviendo fugazmente los límites entre el yo y el otro. La eternidad se enamora de las producciones del tiempo.

Zohar. Libro del esplendor, Edición y traducción de Lola Josa. Atalanta, 2026 384 páginas, 27 euros

Crisis de la asignatura de Religión

 “Hay colegios que no saben qué hacer con los profesores”: crisis en clase de Religión tras perder 370.000 alumnos en un lustro, en El País, Ignacio Zafra, 2 mar 2026:

La caída de la demanda se acelera con la Lomloe. Solo en Navarra, su Ejecutivo calcula que está pagando “1.020 horas de clase que no se imparten

El renacer del espíritu religioso no se aprecia en las aulas españolas. Más bien al contrario. El declive de la asignatura de Religión se ha acelerado en los últimos años tras la aprobación de la actual ley educativa, la Lomloe. La clase ha perdido 369.807 alumnos en un lustro en las etapas donde se imparte ―Primaria, ESO y Bachillerato―, 10 veces más de lo que ha caído el número total de estudiantes en el mismo periodo por la evolución demográfica, según refleja la estadística oficial en el documento Las cifras de la educación en España 2026.

El bajón de alumnado y la reducción de horas semanales que se imparte de la materia en buena parte de España desde la entrada en vigor de la Lomloe, al tiempo que el número de profesores de Religión se ha mantenido prácticamente igual (12.554, según el último dato oficial) hace que muchos docentes tengan más horas de contrato que clases que dar.

Navarra, un territorio que fue muy católico y ahora figura entre los lugares donde menos interés muestran las familias por la asignatura, ha sido la primera en poner el problema sobre la mesa. El departamento de Educación calcula que está pagando “1.020 horas de Religión que no se imparten” por curso, por un importe de 2,1 millones de euros. Un dinero que, sin despedir a los docentes, pero sí ajustando lo que cobran a las clases que dan, quiere dedicar a otros objetivos, como el refuerzo de la Formación Profesional.

“Hay muchos colegios que no saben qué hacer con el profesorado”, señalan fuentes educativas navarras, “o que los destinan a labores que nada tienen que ver con Religión”. Como vigilar los recreos, hacer labores de convivencia o llevar el huerto escolar. Y situaciones parecidas se están produciendo en numerosos centros de toda España, explican directores de colegios e institutos.

La gran deserción se está produciendo sobre todo en la enseñanza pública. Tres de cada cuatro, de los 369.807 alumnos perdidos, provienen de esta red escolar. Justo antes de la aprobación de la Lomloe, en el curso 2019-2020, en Primaria, la etapa donde más se estudia la asignatura, todavía asistían a ella más de la mitad de chavales de la pública (50,8%). En el 2023-2024, el porcentaje había bajado al 43,8%; se trata del último curso disponible, porque en este ámbito la estadística se publica con año y medio de retraso.

En el conjunto de la Primaria, los alumnos de Religión todavía son mayoría (55%), gracias a su peso en la concertada (83,4%) y la privada sin subvencionar (58,2%). Aunque en ambas redes, la clase también ha perdido terreno en el lustro analizado: 2,4 y 6,6 puntos, respectivamente. En la ESO la elige el 51% del alumnado (38% en los institutos públicos) y en Bachillerato, el 32% (24% en la pública).

La especial situación del profesorado de Religión ―no se presentan a oposiciones, sino que son elegidos por los obispos― hace que no se les pueda destinar a funciones docentes distintas de su materia, como sucede con el resto de especialidades, explica Isabel Moreno, vicepresidenta de la federación estatal de directores de centros públicos Fedadi. Es decir, no pueden sustituir a una maestra enferma en una clase de matemáticas, por ejemplo. Ante la caída de la demanda, muchos dan clase en varios centros o, en función del grado de sintonía con la dirección del centro, ocupan parte de su tiempo en funciones diversas, ajenas al motivo de su contrato.

La directora de un colegio navarro admite, por ejemplo, que la docente de su centro se ha quedado “con nueve horas de docencia cuando cobra por 23″. Pero eso no quiere decir, agrega, que no trabaje o que no le resulte útil al centro, ya que coordina el programa de voluntariado del centro, el huerto escolar y las actividades de refuerzo. En el instituto público Toki Ona de Bera, al norte de la comunidad foral, la docente rellena parte de su jornada gestionando la biblioteca, explica su director, Igor Arruabarrena.

En muchas escuelas, como señala entre otros Fran Lires, presidente de la asociación de directores de colegios públicos de Galicia ―que es la autonomía donde más ha caído la matrícula de Religión en el periodo analizado, 14 puntos en Primaria hasta situarse en el 45%―, se encargan de hacer guardias (vigilar el patio). E Iñigo Salaberria, de la federación de directores de la escuela pública Heize de Euskadi ―la comunidad donde menor es la demanda; un 33% en toda la Primaria y solo un 12,6% en la pública―, afirma que, aparte de las clases, el profesorado se dedica a tareas como apoyar “la gestión de comedor”.

PP y Vox

La Lomloe mantuvo la religión en las aulas, en aplicación de los acuerdos firmados por el Gobierno con el Vaticano durante la Transición. Pero eliminó los elementos para tratar de sostener la demanda de la asignatura incluida por el PP en la ley anterior, la Lomce. Como el hecho de que su nota contara en el expediente a la hora de solicitar becas o de cara a la Selectividad, o la obligación de que quienes no eligieran Religión tuvieran que estudiar una “materia espejo” (que ha sido sustituida por una vaga “atención educativa” que los chavales suelen pasar leyendo o adelantando deberes).

Ante el desmoronamiento de la demanda, José María Guardia, presidente del sindicato de profesores de Religión Aprecce, reclama que se vuelvan a implantar. Guardia afirma que en las reuniones que han mantenido con representantes del PP y Vox, ambos partidos se han mostrado partidarios de hacerlo.

La Lomloe ha acelerado la pérdida de matrícula (alcanzando una media de 1,5 puntos por curso en primaria). Pero, en realidad, el descenso viene de largo. Y, salvo algún repunte en secundaria, se ha mantenido al margen de la legislación educativa desde hace 25 años, que es hasta donde permite remontarse la estadística oficial.

En el curso 1998-1999, estudiaba Religión el 85% del alumnado de primaria y el 71% en la ESO, unos niveles que han caído 30 y 20 puntos respectivamente. En la pública, la demanda ha caído a la mitad en la pública en dicho periodo, y solo un poco menos en la ESO. Las diferencias territoriales son, por otro lado, enormes, con Euskadi y Cataluña (38% en Primaria) donde menos se estudia, y Andalucía (71%) y Extremadura (78%) donde más.

viernes, 20 de febrero de 2026

Toda razón es arbitraria para la Razón, dice Handke

 [Transcrito automáticamente de Youtube, pero debidamente corregido por el bloguero desde el vídeo de del portal sobre Gilbert Keith Chesterton y pasado por el bot de enlazar]

 Todo lo que te dijeron sobre cómo defender la fe contra el ateísmo está equivocado.

Te enseñaron que necesitas un argumento diferente para cada gigante ateo. Uno para Darwin, otro para Marx, otro para Freud, otro para Nietzsche, otro para Russell, otro para Dawkins, otro para Christopher Hitchens, siete gigantes, siete batallas, cientos de páginas de refutaciones técnicas y te sientes abrumado. Porque para cuando dominas la respuesta a Darwin, ya olvidaste cómo responder a Marx. Y cuando finalmente entiendes la crítica a Freud, te encuentras con un nuevo ateo que combina todos los argumentos y no sabes por dónde empezar.

Es agotador, es imposible y es completamente innecesario porque Chesterton descubrió algo absolutamente brillante. Todos estos gigantes, cada uno de ellos, cometen exactamente el mismo error fundamental y existe un solo argumento que los derrota a todos simultáneamente. Un solo argumento, siete gigantes derrotados. Cuando descubrí esto, tuve que releer el pasaje tres veces porque parecía demasiado simple, demasiado elegante, demasiado obvio. Este inglés corpulento y despistado vio con claridad cristalina lo que generaciones de apologistas no habían articulado con tanta fuerza. El ateísmo completo se autodestruye con una sola contradicción performativa fatal.

¿Sabes cuál es? Espera a verlo, porque cuando lo entiendas, nunca más te sentirás intimidado por ningún gigante ateo, ni siquiera por los siete juntos. Chesterton tenía ese don de convertir batallas aparentemente imposibles en victorias obvias, no porque fuera más inteligente que todos, sino porque tenía el sentido común de verlo que estaba justo frente a todos. Y lo que vio fue esto. Todos los ateos, absolutamente todos, usan la razón para argumentar que no podemos confiar en la razón. Usan el pensamiento para demostrar que el pensamiento no tiene valor. Usan la lógica para probar que la lógica es ilusoria. Es como si alguien te dijera: "Todas las palabras son mentira, incluyendo estas que estoy diciendo ahora." ¿Ves la contradicción? El argumento se destruye a sí mismo. Y eso, exactamente eso, es lo que hace el ateísmo completo.

Se suicida intelectualmente mientras declara victoria. Imagínate mi fascinación cuando entendí esto completamente, porque significa que no necesitas ser un erudito para defender la fe. No necesitas memorizar cientos de argumentos técnicos. Necesitas un solo fundamental y Chesterton te lo va a dar hoy. Sé exactamente cómo te sientes cuando te enfrentas al ateísmo moderno. Es abrumador. Son tantos argumentos, tantos libros, tanta aparente sofisticación científica. Te prometo algo. Al final de este viaje vas a tener un arma intelectual tan poderosa que ningún gigante ateo te va a intimidar nunca más.

No es arrogancia, es la confianza que viene de ver la verdad con claridad. [...] Vamos a derrotar a siete gigantes con un solo golpe. Para comprender cómo fue posible esta victoria, aparentemente imposible, vamos a estructurar este análisis como la defensa magistral de un abogado divino. 

Aquí está la acusación completa del ateísmo contra la fe cristiana y, créeme, es formidable. Darwin entra al tribunal primero. Su acusación es devastadora. Los cristianos creen que los humanos son especiales, creados a imagen de Dios. Pero yo demostré que somos simplemente primates evolucionados, accidentes de la selección natural. No hay diseño, no hay propósito, no hay alma, solo química y biología. Observa la fuerza del argumento. Darwin no está atacando un detalle teológico menor, está atacando la dignidad humana misma. Si tiene razón, somos solo materia en movimiento. Marx se levanta segundo. Los cristianos dicen que la religión viene de Dios. Yo demostré que viene de la economía.

Es el opio del pueblo. Una ilusión que la clase dominante usa para mantener explotados tranquilos. Dios no creó al hombre. El hombre creó a Dios para justificar la opresión. ¿Ves cómo construye sobre Darwin? No solo somos materia; nuestras ideas religiosas son productos económicos determinados por fuerzas materiales. 

Freud toma su turno. Profundicemos más. La religión no es solo económica, es psicológica. Dios es proyección del Padre. El cielo es deseo infantil de protección eterna. La fe es neurosis que debe ser curada. Yo explico completamente la religión sin necesitar que Dios exista. Tres gigantes, tres niveles de reducción. Biología, economía, psicología. Todos diciendo lo mismo. La fe es ilusión explicable materialmente. 

Nietzsche entra con furia filosófica. Y yo voy más lejos que todos ellos. Dios está muerto y nosotros lo matamos. La moral cristiana es debilidad disfrazada de virtud. Humildad es cobardía. Amor es resentimiento. El cristianismo es religión de esclavos que envenenan a los fuertes. Necesitamos superarlo completamente. Ahora, la acusación no es solo que Dios no existe, es que el cristianismo es activamente dañino. Patología cultural. Russell se levanta con precisión lógica y lógicamente los argumentos teístas fallan todos. El argumento cosmológico pregunta quién creó el universo, pero no pregunta quién creó a Dios. El argumento del diseño ignora el sufrimiento absurdo. El argumento moral asume lo que debe demostrar. Filosóficamente, el teísmo es insostenible. Cinco gigantes. Biología, economía, psicología, filosofía vital, lógica. 

La acusación se fortalece. Dawkins entra con autoridad científica moderna y la ciencia moderna lo confirma todo. El ADN explica la complejidad biológica sin diseñador. La neurociencia explica la conciencia sin alma. La cosmología explica el universo sin creador. Cada hueco donde ponían a Dios, la ciencia lo llenó. Dios es una hipótesis innecesaria que viola la navaja de Occam. Hitchens cierra con elocuencia devastadora y miremos las consecuencias. La religión envenena todo. Cruzadas, inquisición, guerras santas, opresión de mujeres, rechazo de ciencia, abuso infantil institucionalizado. Seríamos mejores sin ella. La carga de prueba está en los creyentes y no han probado nada. Siete gigantes, siete acusaciones, siete niveles de ataque. Y aquí está lo que hace esta acusación tan poderosa. No son solo argumentos individuales; se refuerzan mutuamente. Darwin da base biológica. Marx añade explicación social. Freud añade psicológica. Nietzsche añade crítica moral. Russell añade crítica lógica.

Dawkins añade autoridad científica. Hitchens añade indignación moral. Es un caso aparentemente impenetrable. Millones de cristianos se sienten completamente abrumados por esto. ¿Cómo respondes a siete gigantes simultáneamente? ¿Necesitas siete doctorados? Cientos de libros técnicos.

La verdad es infinitamente más simple porque todos estos gigantes, absolutamente todos, cometen el mismo error fundamental. Y Chesterton lo vio con claridad deslumbrante. Ahora veamos al abogado divino subir al estrado. Imagina a Chesterton levantándose para defender la fe. No está intimidado, no está nervioso, está sonriendo porque sabe algo que los siete gigantes no ven.

Caballeros, comienza Chesterton con esa jovialidad característica. Les agradezco por presentar su caso con tanta elocuencia. Darwin, Marx, Freud, Nietzsche, Russell, Dawkins, Hitchens, cada uno ha argumentado brillantemente. Los gigantes asienten confiados. Pero tengo una pregunta simple, continúa Chesterton. Una sola pregunta que, si pueden responderla satisfactoriamente, admito derrota inmediata. Todos se inclinan hacia adelante. Aquí está mi pregunta. Si todo lo que dicen es verdad, si somos solo materia en movimiento, productos de química ciega determinados por fuerzas biológicas, económicas y psicológicas, entonces, ¿por qué debería creer sus argumentos? Silencio.

Déjenme explicar. Chesterton sonríe más ampliamente. Ustedes argumentan que la razón humana es producto de procesos materiales ciegos y deterministas. Darwin dice que evolucionó para supervivencia, no para verdad. Marx dice que está determinada por condiciones económicas. Freud dice que está condicionada por complejos psicológicos. Nietzsche dice que está al servicio de la voluntad de poder, pero aquí está el problema fatal. Ustedes usan esa misma razón supuestamente no confiable para argumentar que no podemos confiar en la razón. Usan pensamiento supuestamente determinado para convencerme de que el pensamiento está determinado. Usan lógica supuestamente ilusoria para demostrar que la lógica es ilusoria. ¿Ves lo que Chesterton está haciendo? No está atacando las conclusiones de los gigantes, está atacando su derecho a llegar a cualquier conclusión. Es como si me dijeran: "Mi cerebro está completamente roto y no funciona correctamente. Por lo tanto, debes creer lo que mi cerebro roto te dice sobre cómo todos los cerebros están rotos." Ven la contradicción. Este es el primer golpe devastador de Chesterton. Pero profundicemos más en la estrategia de defensa.

Señor Darwin, continúa Chesterton, usted dice que nuestros cerebros evolucionaron para supervivencia, no para verdad. Muy bien, pero entonces, ¿por qué debería creer su teoría de la evolución? Su cerebro también evolucionó solo para supervivencia. Tal vez la teoría de la evolución es solo una ilusión útil que ayuda a su supervivencia, no una verdad objetiva. Darwin frunce el ceño.

Señor Marx, usted dice que todas las ideas son productos de condiciones económicas. Excelente. Entonces, el marxismo también es producto de sus condiciones económicas, las condiciones de un intelectual burgués del siglo XIX. ¿Por qué sus ideas económicamente determinadas son más verdaderas que las ideas económicamente determinadas de un capitalista? Marx se remueve incómodo. Señor Freud, usted reduce religión a proyección psicológica. Perfecto. Entonces, el ateísmo también es proyección psicológica, deseo de escapar de autoridad paterna. Tal vez. ¿Cómo sabe que su ateísmo no es la neurosis real? Freud comienza a responder, pero Chesterton continúa: "Señor Nietzsche, usted dice que toda moral es voluntad de poder disfrazada. Fascinante. Entonces, su propio rechazo del cristianismo es solo su voluntad de poder atacando la voluntad de poder cristiana. No hay verdad sino poder contra poder. ¿Por qué debería preferir su poder al cristiano? Nietzsche permanece en silencio. Señores Russell, Dawkins e Hitchens, ustedes usan lógica, ciencia y razón para argumentar. Pero si el materialismo es verdad, la lógica es solo patrones de neuronas, la ciencia es solo comportamiento de primates, la razón es solo química cerebral. No tienen valor de verdad objetivo, solo valor de supervivencia.

Chesterton hace una pausa dramática. Aquí está el núcleo de mi defensa. Para que cualquier argumento ateo sea creíble, deben asumir que la razón humana trasciende las fuerzas materiales que supuestamente la determinan. Deben asumir que podemos confiar en nuestro pensamiento para alcanzar verdad objetiva. Deben asumir que la lógica es universalmente válida, no solo útil evolutivamente. Pero esas asunciones, razón confiable, verdad objetiva, lógica universal, son exactamente lo que el materialismo niega y son exactamente lo que el teísmo afirma. En otras palabras, para argumentar contra Dios, deben asumir que Dios existe. Esto me dejó sin aliento la primera vez que lo entendí completamente. Chesterton no está simplemente refutando argumentos ateos, está mostrando que el ateísmo se autorrefuta, se destruye a sí mismo en el acto mismo de argumentar. Es una contradicción performativa, como el mentiroso que dice: "Estoy mintiendo ahora mismo." Si dice verdad, está mintiendo. 

Si miente, está diciendo verdad. El enunciado se anula a sí mismo. Eso es exactamente lo que hace el ateísmo materialista. Por lo tanto, concluye Chesterton con una sonrisa triunfante, la pregunta no es si pueden refutar argumentos teístas específicos. La pregunta es si pueden justificar su propio acto de argumentar sin asumir exactamente lo que niegan. Una mente racional que trasciende la materia.

No pueden y eso derrota a los siete simultáneamente. Ahora Chesterton va a llamar testigos. Cada uno demuestra la autorrefutación desde un ángulo diferente. Llamo a mi amigo C. S. Lewis, dice Chesterton. Él articuló este argumento con precisión quirúrgica. Lewis se acerca. Si el naturalismo es verdad, explica Lewis, entonces todos nuestros pensamientos son productos de causas irracionales, átomos en movimiento, química cerebral, impulsos evolutivos. Pero entonces, ¿cómo podemos confiar en ningún pensamiento? Incluyendo el pensamiento de que el naturalismo es verdad. Es como si te dijera que todos tus pensamientos son resultados inevitables de golpes en tu cabeza y luego esperara que creyeras mi argumento, que también es resultado inevitable de golpes en mi cabeza. Es absurdo. Para confiar en cualquier razonamiento, debemos creer que la razón no es solo causación física, sino percepción de verdades necesarias. Y eso requiere una mente que trasciende lo físico, requiere algo como alma, requiere algo como Dios. ¿Ves la fuerza del argumento? Lewis está mostrando que el naturalismo hace imposible el conocimiento, incluyendo el conocimiento del naturalismo. Llamo al biólogo J. B. S. Haldane (John Burdon Sanderson Haldane), continúa Chesterton, quien vio la misma contradicción desde perspectiva científica. Aldane testifica: "Si mis procesos mentales son determinados totalmente por movimiento de átomos en mi cerebro, no tengo razón para suponer que mis creencias son verdaderas". Y por lo tanto no tengo razón para suponer que mi cerebro está compuesto de átomos. Es devastador.

Un científico materialista admitiendo que el materialismo hace imposible confiar en la ciencia. El punto, explica Chesterton, es que si reduces mente a materia, destruyes la posibilidad de conocer cualquier cosa, incluyendo que la mente es solo materia. Albin Plantinga desarrolló esto brillantemente. Dice Chesterton. Su argumento evolutivo contra el naturalismo. Plantinga muestra que, si la evolución más naturalismo son verdad, entonces nuestras facultades cognitivas evolucionaron solo para supervivencia, no para verdad. Creencias falsas pueden ser igual de útiles que verdaderas y producen comportamiento adaptativo. Por ejemplo, imagina un cavernícola que cree que los tigres son gatitos adorables, pero por razones neuróticas siempre huye de ellos. Su creencia es falsa, pero adaptativa.

La selección natural no elimina creencias falsas, solo comportamientos no adaptativos. Por lo tanto, si evolución más naturalismo son verdad, la probabilidad de que nuestras facultades cognitivas sean confiables es baja o indeterminable. Pero entonces no podemos confiar en ninguna creencia, incluyendo la creencia en evolución más naturalismo. Es autorrefutante. Imagínate la elegancia de esto. Los ateos usan la evolución para atacar la fe en Dios, pero la evolución misma, combinada con materialismo, destruye la fe en la razón. Se disparan en el pie. Ahora consideremos la lógica, dice Chesterton. ¿De dónde viene? Si el materialismo es verdad, las leyes lógicas son solo convenciones útiles, patrones que los cerebros evolucionaron para seguir.

No son verdades necesarias, solo hábitos neuronales. Pero eso hace imposible la lógica, porque la lógica requiere verdades universales y necesarias. La ley de no contradicción, que establece que algo no puede ser A y no A simultáneamente, debe ser verdad siempre y en todas partes. No puede ser solo convención útil. ¿Por qué? Porque si fuera solo convención, podría ser falsa en otras circunstancias. Pero si puede ser falsa, entonces no es lógica, es preferencia. Las verdades lógicas son eternas, inmutables, universales, exactamente como Dios. De hecho, la mejor explicación de las leyes lógicas es que son pensamientos en la mente de Dios. Sin Dios no hay base para la lógica. Sin lógica no hay base para la argumentación. Sin argumentación, el ateísmo no puede defenderse. Y aquí está lo fascinante. Chesterton sonríe. Los propios ateos lo admiten cuando no están siendo cuidadosos. Darwin escribió: "La horrible duda siempre surge. ¿Pueden ser confiables las convicciones de la mente humana que se desarrolló de la mente de animales inferiores?" Él vio el problema. Nietzsche fue aún más honesto. No hay hechos, solo interpretaciones.

Pero si no hay hechos, entonces Dios está muerto. No es hecho. Es solo interpretación de Nietzsche. ¿Por qué debería aceptarla? Y Richard Ry, filósofo ateo contemporáneo, admite que no hay manera de salir del lenguaje hacia algo como la realidad. Pero entonces el ateísmo tampoco describe la realidad. Es solo lenguaje. ¿Ves el patrón? Cuando los ateos son consistentes con su materialismo, admiten que no pueden afirmar verdad objetiva. Pero entonces su ateísmo no es verdad objetiva, es solo opinión. Finalmente, dice Chesterton, consideremos las consecuencias morales. Si humanos somos solo materia, no tenemos valor intrínseco. El valor requiere algo más que átomos. Los átomos no son valiosos o no valiosos, simplemente son. Pero todos los ateos aquí afirman que los humanos tienen derechos, dignidad, valor.

Dawkins se indigna contra el abuso. Hitchens defiende la justicia. Harris escribe sobre bienestar humano. Pero, ¿por qué? Si somos solo química, la dignidad humana es ilusión. Los derechos son ficción. La Justicia es preferencia subjetiva. Para que los derechos humanos sean reales, objetivamente reales, los humanos deben ser más que materia. Deben tener valor trascendente. Deben ser creados a imagen de algo trascendente. Deben ser creados a imagen de Dios. ¿Sientes cómo cada testigo refuerza el argumento nuclear? ¿Ves cómo todos los gigantes ateos caen ante la misma contradicción fundamental? 

Ahora los gigantes ateos intentan responder y Chesterton los contrainterroga implacablemente. Darwin levanta la mano. Señor Chesterton, su argumento falla porque la ciencia funciona. Eso prueba que nuestras facultades cognitivas son confiables, incluso si evolucionaron solo para la supervivencia. Chesterton sonríe. Fascinante objeción, pero comete un error categórico. Que la ciencia funcione prácticamente no prueba que capte verdad metafísica. Su argumento es como decir: "Mi reloj me ayuda a llegar a tiempo, por lo tanto, entiendo completamente cómo funciona el tiempo. No se sigue. La ciencia funciona porque opera dentro de regularidades del universo, pero eso no explica por qué existen esas regularidades. ¿Por qué el universo es comprensible racionalmente? ¿Por qué las matemáticas describen la realidad física?" 

Einstein lo admitió. Lo más incomprensible del universo es que es comprensible. Si la materia ciega es todo, no hay razón para que el universo sea racionalmente ordenado. Sería caos aleatorio. El teísmo explica por qué la ciencia funciona. Porque un Dios racional creó un universo racionalmente ordenado y dio a los humanos mentes racionales para comprenderlo. El naturalismo no puede explicar esto. Debe asumirlo como coincidencia milagrosa. Dawkins interviene. "La evolución favorece creencias verdaderas porque los organismos que comprenden la realidad sobreviven mejor."

Excelente intento, responde Chesterton, pero empíricamente falso. Plantinga ya demostró que creencias falsas pueden ser igual de adaptativas. Pero profundicemos más. Muchas creencias verdaderas son evolutivamente desventajosas. Saber que eventualmente morirás, ¿verdad? causa una ansiedad que reduce el éxito reproductivo. Mejor creer que eres inmortal y reproducirte con confianza. Comprender que el universo es vasto e indiferente, ¿verdad? Causa depresión existencial. Mejor creer que existes dentro del cosmos. Si la evolución fuera un único árbitro, seleccionaría ilusiones reconfortantes sobre verdades perturbadoras. Pero nosotros valoramos la verdad sobre el confort. ¿Por qué?

Porque tenemos capacidad racional que trasciende la ventaja evolutiva. Exactamente lo que el teísmo predice. Russell lo intenta. "No necesitamos certeza absoluta. Confiamos en la razón; probabilísticamente, funciona la mayoría del tiempo." 

Destruye su propio caso, responde Chesterton alegremente, pues, si solo puede confiar en la razón probabilísticamente, entonces todos sus argumentos contra Dios son solo probabilísticamente válidos. Tal vez son los casos donde su razón falla. No puede usar razón probabilísticamente confiable para demostrar que Dios probabilísticamente no existe, porque probabilísticamente significa que podría estar completamente equivocado aquí.

Además, ¿cómo calculó esa probabilidad? Usó la razón. Pero, si su razón es solo probabilísticamente confiable, su cálculo de probabilidad es solo probabilísticamente confiable. Regresión infinita. Necesita razón absolutamente confiable para justificar razón probabilísticamente confiable, y eso requiere fundamento más allá de materia. Podemos hacer ciencia sin metafísica. Dawkins argumenta que el teísmo funciona. El naturalismo metodológico funciona. Correcto, dice Chesterton, pero confunde método con metafísica. El Naturalismo metodológico, dice, para hacer ciencia, busca causas naturales. Perfecto, no tengo problema. Pero el naturalismo metafísico dice: "Solo las causas naturales existen." Eso no se sigue del método. Es como decir: "Para reparar mi auto uso herramientas físicas, por lo tanto, solo cosas físicas existen." Absurdo. El teísta felizmente usa el naturalismo metodológico en la ciencia, pero reconoce que la ciencia tiene límites. No puede investigar causas primeras, propósitos últimos, verdades necesarias. Para esas preguntas necesitamos filosofía y teología, y ahí el naturalismo colapsa.

Hitchens intenta un giro inteligente. Si argumentas que la argumentación requiere a Dios, ¿no estás usando  argumentación para probar a Dios? ¿No es eso circular? Brillante intento. Chesterton sonríe: "Pero confunde circularidad viciosa con coherencia virtuosa". Circularidad viciosa es: "A es verdad porque B es verdad, y B es verdad porque A es verdad". Ninguna base independiente. Coherencia virtuosa es mi visión del mundo, porque explica exitosamente las precondiciones de su propia afirmación. El teísmo dice: "La razón confiable requiere a Dios." Y luego usa la razón confiable para argumentar. Eso es coherente. Las precondiciones de argumentación son explicadas por la conclusión. El naturalismo dice: "La razón confiable no requiere nada más allá de materia, pero no puede explicar por qué deberíamos confiar en razón que es solo materia".

Eso es incoherente. La diferencia es devastadora. El teísmo puede justificar su propio método. El naturalismo no puede. Ahora Chesterton se levanta para su alegato final. Los siete gigantes ateos escuchan en silencio. Señores del jurado, comienza. Hemos escuchado acusaciones formidables contra la fe cristiana. Darwin dice que somos accidentes evolutivos. Marx dice que Dios es proyección económica. Freud dice que es proyección psicológica.

Nietzsche dice que el cristianismo es debilidad. Russell dice que los argumentos teístas fallan lógicamente. Dawkins dice que la ciencia hace a Dios innecesario. Hitchens dice que la religión es veneno. Impresionante, intimidante, aparentemente devastador. Pero todos, absolutamente todos, cometen el mismo error suicida. Usan la razón para negar que podemos confiar en la razón. Dawkins usa su cerebro evolucionado para argumentar que los cerebros evolucionados no son confiables para la verdad. Marx usa ideas económicamente determinadas para argumentar que las ideas económicamente determinadas no son verdaderas. Freud usa la psicología para argumentar que la religión es solo psicología, pero no aplica el mismo estándar a su propio ateísmo psicológicamente condicionado.

Nietzsche usa la voluntad de poder para atacar al cristianismo, pero no reconoce que su ataque también es solo voluntad de poder, sin verdad objetiva. Russell usa lógica para argumentar contra Dios, pero no puede explicar por qué la lógica es universalmente válida en un universo puramente material.

Dawkins usa razón científica, pero no puede justificar su confianza en la razón si los cerebros son solo química ciega. Hitchens apela a la justicia moral, pero no puede explicar por qué la justicia objetiva existe si los humanos somos solo materia. Cada uno, sin excepción, asume exactamente lo que su sistema niega.

Asumen que la razón es confiable. Asumen que la lógica es universal. Asumen que la verdad existe objetivamente, asumen que la argumentación tiene sentido. Pero si el materialismo es verdad, ninguna de esas asunciones está justificada. En cambio, si Dios existe, un Dios racional que creó humanos a su imagen con capacidad racional, entonces esas asunciones están perfectamente justificadas. La Razón es confiable porque refleja racionalidad divina. La Lógica es universal porque Dios es universal. La Verdad existe objetivamente porque Dios es verdad objetiva. La Argumentación tiene sentido porque fuimos diseñados para buscar la verdad. Por tanto, el veredicto es claro. Para derrotar al teísmo, los ateos deben usar capacidades racionales que solo el teísmo puede justificar. Para argumentar contra Dios deben asumir que Dios existe. Eso no es solo debilidad en su caso, es autorrefutación completa. Y por eso, por esa sola razón fundamental, los siete gigantes caen simultáneamente. No necesitas refutaciones individuales complejas. Necesitas esta nuclear. El ateísmo materialista hace imposible confiar en la argumentación, incluyendo argumentación atea. Se suicida intelectualmente, por lo tanto, la fe queda absuelta no solo de las acusaciones específicas, sino de la posibilidad misma de que el ateísmo coherente pueda existir.

Porque el ateísmo coherente requeriría justificar confianza en la razón sin apelar a nada más allá de la materia. Y eso todos aquí lo admiten cuando son honestos. Es imposible. 

Descansa la defensa. El tribunal guarda silencio. Los siete gigantes no tienen respuesta. Porque Chesterton ha hecho algo extraordinario. No refutó siete argumentos con siete contraargumentos. Refutó siete argumentos mostrando que todos dependen de la misma contradicción performativa fatal. Es síntesis magistral, eficiencia máxima, un solo golpe nuclear. Y lo más hermoso es que no requiere años de estudio filosófico. Cualquier persona con sentido común puede entenderlo. Porque es sentido común, el sentido común más profundo de todos. Si vas a confiar en tu razón lo suficiente para argumentar, debes creer que tu razón trasciende las fuerzas ciegas que supuestamente la crearon. Y esa trascendencia apunta directamente a Dios. 

Llegamos al final de nuestro viaje. ¿Puedes creer el recorrido que acabamos de hacer juntos? Empezamos con siete gigantes intimidantes. Darwin, Marx, Freud, Nietzsche, Russell, Dawkins, Hitchens, cada uno con argumentos aparentemente devastadores contra la fe. Y descubrimos que Chesterton tenía razón de una forma que transforma completamente cómo enfrentas el ateísmo. No necesitas siete refutaciones técnicas. Necesitas un solo pensamiento nuclear. Todos los ateos usan la razón para argumentar que no podemos confiar en razón. Se autorrefutan en el acto mismo de argumentar. 

Este inglés gordito y despistado vio con claridad cristalina lo que generaciones de apologistas sofisticados no articularon con tanta fuerza. El ateísmo materialista se suicida intelectualmente. Darwin usa cerebro evolucionado solo para la supervivencia para afirmar que cerebros evolucionados captan la verdad sobre la evolución. Contradicción. Marx usa ideas económicamente determinadas para afirmar que puede trascender su determinación económica y ver la verdad objetiva. Contradicción. Freud usa su mente psicológicamente condicionada para afirmar que puede diagnosticar objetivamente el condicionamiento psicológico de otros. Contradicción. Y así con todos. Cada uno asume exactamente lo que su sistema niega. ¿Qué razón humana puede alcanzar una verdad objetiva que trasciende la causación material? 

Y esa asunción, esa sola asunción necesaria, apunta directamente a Dios. Porque si la materia ciega determinista es todo, la razón no es confiable, pero confiamos en la razón. Por lo tanto, algo más que materia ciega debe existir. No es truco lógico, es reconocimiento honesto de las precondiciones de argumentación racional. Y Chesterton lo vio, lo articuló y lo usó para derrotar a todos los gigantes simultáneamente. Esto no es teoría académica, es sabiduría que cambia cómo enfrentas cada debate ateo que tendrás el resto de tu vida. Entonces, ¿qué haces ahora con esto? Hoy mismo memoriza el argumento nuclear: si el materialismo es verdad, la razón no es confiable, pero argumentas usando razón. Por lo tanto, asumes que el materialismo es falso. Son tres oraciones. Tres oraciones que derriban cualquier gigante ateo. Esta semana, cuando encuentres el argumento ateo en libros, debates, conversaciones, no te abrumes.

Pregúntate: ¿Está usando razón para negar razón? ¿Está asumiendo lo que su sistema niega? La respuesta siempre será así. Darwin asume que su cerebro evolucionado capta verdad sobre evolución. Marx asume que trasciende la determinación económica. Dawkins asume que la ciencia, producto de cerebros materiales, alcanza verdad objetiva. Todos asumen lo que niegan. Este mes practica aplicar el argumento en conversaciones reales, no con arrogancia, con la confianza jovial de Chesterton. Fascinante argumento. Pero si tu cerebro es solo química, ¿por qué debería confiar en tu argumentación química contra mi argumentación química? Observa cómo el ateo responde. Invariablemente, apelará a razón, lógica, evidencia, todas las cosas que el materialismo no puede justificar. Y, gentilmente, con humor chestertoniano, señala la contradicción para siempre. Nunca más te sientas intimidado por autoridad científica atea, porque ahora sabes que todo el edificio del ateísmo descansa sobre contradicción performativa fatal. Usan razón para negar razón y eso los derrota. No necesitas ser Einstein para ver esto. Necesitas ser Chesterton, tener el sentido común de ver lo obvio, lo que la sofisticación oscureció. Esta no es sabiduría que requiere doctorado. Es el sentido común que Chesterton recuperó para nosotros y puedes vivirlo hoy mismo. Cada vez que un ateo argumente, pregúntate: ¿está usando facultades racionales que su sistema dice que no son confiables?

Esa pregunta sola cambia todo. Chesterton dijo algo que nunca olvidaré. La locura del momento es creer que la mente es solo una máquina. Pero si la mente fuera máquina, no tendríamos razón para creer en lo que la mente nos dice sobre ser máquina. Esto me dio escalofríos la primera vez que lo leí, porque en una sola oración este inglés extraordinario capturó la autorrefutación completa del materialismo.

Imagina un mundo donde más cristianos dominaran este argumento nuclear, donde jóvenes enfrentando profesores ateos en universidad tuvieran esta claridad, donde padres preocupados por hijos absorbiendo ateísmo cultural pudieran transmitir esta sabiduría. Donde los apologistas dejaran de sentirse abrumados por múltiples gigantes y vieran la vulnerabilidad única que todos comparten. No sería el mundo donde todos creen; Chesterton sabía que el libre albedrío significa que algunos elegirán rechazar la verdad, pero sería un mundo donde el ateísmo no intimida, donde la fe camina con confianza intelectual, donde la verdad es defendida con alegría chestertoniana. Y eso comienza contigo, con este argumento nuclear que ahora dominas. Este es solo uno de los innumerables tesoros que Chesterton dejó para nosotros. Su genio estaba en ver lo obvio que todos pasamos por alto, en defender lo antiguo con frescura radical, en usar el humor como la espada de la Verdad. Y cada vez que exploramos su pensamiento, descubrimos nuevas profundidades. Si este viaje te transformó, suscríbete al canal porque vamos a seguir explorando juntos el universo paradójico de Chesterton. Vamos a enfrentar más gigantes, a descubrir más paradojas, a recuperar más sabiduría olvidada y, te prometo, nunca será aburrido. Porque Chesterton era brillante, paradójico, profundo y divertidísimo todo al mismo tiempo. Deja un comentario, ¿cuál de los siete gigantes te intimidaba más antes de este video? ¿Y cómo te sientes ahora?

Y recuerda lo que aprendimos hoy. Un solo argumento. Siete gigantes derrotados. Porque todos cometen el mismo error, usan la razón para negar la razón y esa contradicción los destruye a todos. Ahora B. Defiende la fe con confianza chestertoniana. Los gigantes no son tan grandes como parecen y la verdad es mucho más fuerte de lo que temías. Hasta pronto, defensor de la fe.