Mostrando entradas con la etiqueta Biografías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biografías. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de julio de 2026

El hispanista John Healey publica sus menorias

 John Healey, escritor hispanista: “Cuando murió Franco a los jóvenes nos entusiasmaba la democracia. Ahora es más difícil hablar libremente”, en El País, por Raquel Peláez, 30 jul 2026:

En 1969 vino a pasar una temporada en la finca del hijo díscolo y bohemio de un millonario importador de vinos estadounidense. España ya nunca salió de él: su autobiografía es una historia ‘sui generis’ de la España progresista

John Healey (Nueva York, 76 años) cuenta que en sus años de vacas flacas ha hecho todo tipo de trabajos insólitos: “Por ejemplo, ayudé a construir una casa sin clavos para la hija de Willem de Kooning”. No es, ni de lejos, la única cosa extraordinaria que le ha pasado a lo largo de una vida bohemia que le llevó a aterrizar en Málaga con 19 años. Vino a pasar una temporada en la finca de Freddy Wildman, el hijo díscolo de un millonario importador de vinos estadounidense, quien le ofreció dar rienda suelta a su sueño de ser escritor. Después salió de España varias veces, pero España ya nunca salió de él. Conoció a Gerald Brenan, quien le hizo leer el Ulises de Joyce, entabló amistad con Víctor Erice, quien le ofreció trabajar junto a él en El sur —y le llevó a dedicarse al cine toda su vida—. En Recuerdos del sur (Renacimiento), la deliciosa autobiografía de un hombre con talento para vivir, lo cuenta todo.

Pregunta. Alguien que coja el libro y no sepa nada de su vida se hará mil preguntas sobre usted. Por ejemplo, ¿por qué su padre conocía a Hemingway?

Respuesta. Mi padre era un congresista demócrata y además un vividor. Mi madre falleció cuando yo tenía seis años y, cuando no tenía babysitter, me llevaba con él a un bar famosísimo que solía frecuentar, llamado Toot’s Shores. Allí se encontraba con él y con Gary Cooper, a quien conocimos en nuestros veraneos.

P. ¿Dónde veraneaban?

R. En Southampton, Long Island. Los Hamptons, pero en su versión maravillosa. Ahora no quiero ni volver. Entonces mi padre fue a saludar a Cooper y ahí estaba con Hemingway, un par de años antes de suicidarse. Por lo visto me preguntó qué quería ser de mayor y me dijo que tenía que viajar y conocer España.

P. ¿Cree que él fue decisivo para que después efectivamente acabara en España?

R. A lo mejor plantó una semilla, pero una muy pequeña porque el verdadero culpable fue Freddy Wildman. Yo había dejado mis estudios de humanidades en la universidad y él seguramente se dio cuenta de que había cometido un error terrible pero que por orgullo no lo iba a reconocer. Entonces él estaba a punto de volver a España y me dijo: “Pues si quieres te invito a mi casa, ahí tengo libros, máquinas de escribir... y a ver”. Y eso fue el principio.

P. ¿Y cómo conoció a Wildman?

R. Una tarde en la Factory de Warhol. Luego fuimos a cenar con una mujer rarísima que se llamaba Vali Myers, una artista australiana, que criaba a cuarenta lobos en Italia y cuando pasaba por Nueva York vivía en el Hotel Chelsea. También estaba Pennebaker, el documentalista de Bob Dylan.

P. Usted cuenta que cuando llegó de Estados Unidos le sorprendió que en España nadie le preguntaba a qué se dedicaba. Yo le tengo que preguntar de dónde sacaba el dinero…

R. Pues algo tenía, claro, pero no hacía falta tener mucho entonces. El dólar era muy fuerte y la peseta no tanto. Creo que era por eso que Freddy vivía como un rey en Churriana.

P. Y durante esos años en los que pasaba temporadas en Andalucía y luego volvía a Nueva York, ¿qué tal se llevaba con su padre?

R. Tuvimos siempre muy buena relación. Aunque no se preocupaba demasiado por mí, se había vuelto a casar y me dejaba coger mi propio camino. A pesar de que era irlandés y católico, no era nada puritano. También mi abuelo materno, que era juez del Tribunal Supremo del Estado de Nueva York y mi tía, que se habían ocupado mucho de mí tras la muerte de mi madre, toleraban mis idas y venidas y me apoyaban.

P. ¿Cree que fue tan libre por no haber tenido una madre?

R. Su muerte fue un trauma total que me ha marcado para toda la vida. Me descolocó para siempre. Imposible saberlo, pero creo que si hubiese vivido más tiempo me habría obligado a estudiar Derecho y dedicarme a la política.

P. Dice que en el momento en el que usted vino España no era precisamente un destino deseable

R. En los años sesenta seguía siendo un país algo gris, aunque algún tipo de turismo ya estaba en auge. Yo tuve la gran suerte de llegar a una burbuja: el entorno de la finca de Freddy, Buenavista, donde todo el mundo era bohemio.

P. ¿Y había que competir en ese entorno por llamar la atención?

R. Era la época hippie y todos eran bienvenidos. Yo era y sigo siendo tímido. En aquellos años mi interés era leer y dejar que la cultura me entrase.

P. Ni siquiera cuando aparecía Gerald Brenan…

R. Brenan no era conocido en Estados Unidos, entonces conocerle no me impactó por su fama. Además yo tenía 19 años y él 80, era una figura abuelesca. Lo que sí recuerdo es que que contaba muchos chistes verdes. Y era un señor algo ciclotímico. Cuando estaba de buenas era genial. Pero de malas… podía ser muy iracundo.

P. ¿Qué cree que tenía España que dio refugio a tanta gente a la deriva a pesar de ser una dictadura?

R. Hay muchos tópicos sobre lo andaluz, pero creo que hay una parte de verdad en ellos: es una cultura relajada, el clima es maravilloso, especialmente en invierno, y en esas épocas no era nada caro si venías con dólares. La política no afectaba a los expatriados que venían a vivir aquí.

P. El clima era maravilloso en Málaga, porque cuando se mudó a las Alpujarras le recibió una buena nevada…

R. Era tan romántico que ni frío pasaba [risas]. Y yo tenía una buena chimenea. Freddy vivía al lado, luego vinieron Víctor [Erice] y Adelaida [García Morales]. Pero después de unos años me harté de esa vida.

P. ¿Por qué?

R. Porque me di cuenta de que ganarme la vida como escritor iba a ser casi imposible. Entonces me decidí a estudiar Medicina, que siempre me había interesado. La facultad en Granada fue y sigue siendo bastante buena.

P. Pero lo dejó justo cuando se puso a hacer prácticas en Nueva York. ¿Qué pasó?

R. Porque yo tenía una fantasía —tenía muchas fantasías por lo visto— pero una de ellas era ser médico en plan Chéjov, en plan William Carlos Williams, esos médicos de principios del siglo XX que eran a la vez literatos. Pero en los años 70 en Nueva York ser médico era como ser piloto. Te tiene que gustar hacer lo mismo de la misma manera todos los días y eso no encajaba con mi personalidad.

P. Habla con mucho respeto de Víctor Erice y describe con mucha precisión su estilo de vida tan austero. ¿Cree que la gente les tenía tirria porque destilaban cierta superioridad moral?

R. A lo mejor algunos lo tomaban así, pero Víctor no proyectaba nada parecido a una superioridad moral. Es una persona muy especial, un artista hasta la médula. No era nada soberbio y, además, en el plató se manejaba fenomenal con la gente. Yo vi en directo cómo seducía a los actores y al equipo sin cambiar en lo más mínimo como persona.

P. Hace una afirmación complicada: que Querejeta le tenía envidia a Erice.

R. Hay que verlo en el contexto del rodaje de la película. Hacer El sur con Elías era un plan algo cargado porque ya habían tenido problemas. Pero reconozco que Querejeta ha sido una persona muy importante en la historia del cine español.

P. ¿Cree que si él estuviese vivo se hubiese atrevido a ser tan sincero?

R. Quién sabe. En el libro cuento mis impresiones. Víctor era mi amigo, y naturalmente todo lo que pasó en el rodaje lo veía con gran simpatía por él.

P. ¿Por qué conectó tanto con Erice?

R. Pues no lo sé. Nos conocimos en Buenavista, y allí hablamos de cine, de libros y tal. Pero fue en las Alpujarras donde nos hicimos tan amigos. Pasamos muchos momentos muy especiales. Recuerdo con mucho cariño una vez que llegó a Capileira un amigo suyo con un proyector y muchos cables y pusimos en una terraza que daba al Mulhacén una de sus películas favoritas, Johnny Guitar. Por él descubrí a Nicholas Ray, del que tengo que reconocer que no sabía nada hasta entonces. Aprendí mucho más sobre el cine norteamericano con Víctor que en mi propio país.

P. ¿Tenían noción del tiempo en aquel pueblo?

R. Digamos que al paso de las estaciones, la noche, el día, marcaban la vida. Y era muy joven. Todo cambió cuando empecé a estudiar Medicina que me obligó a una disciplina total.

P. ¿Quizá Erice, al meterle en la producción de El sur, le dio un propósito y una excusa para organizar más su vida?

R. Él pensaba que el cine me iba a gustar porque tenía su lado artístico, pero vivías en el mundo, tenías que interactuar con gente en lugar de estar encerrado escribiendo. Y tenía razón, me gustó y dio lugar a trabajar en muchas películas como ayudante de producción y de dirección, que es un trabajo que conlleva una responsabilidad enorme.

P. Dice que Franco, de cuya muerte se enteró en las Alpujarras, fue una persona vil que ganó una guerra vil. ¿Nota que ahora le resulta más polémico decir esto en público?

R. Lo noto, sí. En la época en que murió, a los jóvenes, no solo extranjeros, sino a muchos españoles nos parecía así y había un entusiasmo enorme por la democracia. Ahora, que estamos viendo un retroceso polarizante, es más difícil hablar libremente.

P. ¿Cree que ha sido usted, como su padre, un vividor?

R. Curiosamente, ahora que lo pienso, cuando yo era pequeño mi padre viajó a España desde Washington con otros diputados para reunirse con Franco. Hasta teníamos una foto de mi padre con Franco en el Pardo. Y en casa había un plato de esos de peltre que ponía: “Salud, pesetas y amor y tiempo para disfrutarlos”. Así que más que Hemingway, quizás mi gran influencia fue mi padre, y seguí sus pasos hasta España.

viernes, 24 de julio de 2026

Una nueva novela sobre la generación del 27

 I

‘Mister Ángel del Río’: el profesor de literatura que los conoció a todos y veraneó con García Lorca, en El País, por Domingo Ródenas de Moya, 24 jul 2026:

Enrique Andrés Ruiz novela la vida de una figura central del gran hispanismo norteamericano en relación a muchos otros protagonistas, de los hermanos García Lorca a Luis Quintanilla y de Antonio Machado a Gerardo Diego

Recuerdo muy vivamente la lectura de la Historia de la literatura española que Ángel del Río había publicado en 1948 en Nueva York, en cuya Universidad de Columbia profesaba y donde estaba exiliado. Se reeditó en 1982, como otro signo más aparente que real de la superación del ostracismo de la diáspora intelectual republicana. A este historiador que había sido alumno de Machado en Soria, estudió en Estrasburgo, vivió en México y Puerto Rico y se instaló en Nueva York para convertirse en una figura central del gran hispanismo norteamericano, le ha dedicado Enrique Andrés Ruiz, con primor estilístico y exquisita sensibilidad, esta novela diseñada como un archipiélago de momentos y gentes dignas de memoria.

Aunque el título sitúa a Ángel del Río en primer plano, muchos de los momentos pivotan sobre otros protagonistas, como Machado o Gerardo Diego cuando llegaron a Soria como profesores de instituto (en 1907 y en 1920); como su estudiante el poeta Bernabé Herrero (figura dramática que recorre todo el libro); como los aventureros revolucionarios que cuajan en el México de 1919 el Partido Comunista (con el que Del Río tendrá estrecha relación desde que llega al país azteca en 1924); como los jóvenes inquietos que pululan en el brillante Madrid coetáneo, por ejemplo Juan de Andrade, fundador del PCE; como los profesores de la escuela estival de Middlebury (la plana mayor de la generación del 27), o, por no seguir con una lista de decenas de nombres (la misma que se consigna con ironía en el capítulo 58), Federico García Lorca cuando veraneó en 1929 con los Del Río, Ángel y Amelia Agostini, en las Castkill Mountains (ahí se tomó la foto de la cubierta). Cada una de estas presencias reclama su propio rescate biográfico, casi diría su propia salvación narrativa, como parte de una oceanografía en nuestro pasado más valioso que sigue en marcha y dista de estar concluida.

La inmersión de Enrique Andrés Ruiz tiene un motivo aparente en su parentesco con Del Río y una razón de fondo en su voluntad de homenajear con admiración aquella irrepetible concentración de talento que hizo posible un clima único de moveable feast intelectual (y Hemingway es otro de los invitados a esta fiesta). Como lo único que nos va quedando de aquella fiesta cultural ambulante son papeles amarillentos (en bibliotecas, hemerotecas y archivos), el autor ha querido poner de manifiesto su tarea de lector y escrutador de esos documentos olvidados e inertes. Así, se representa a sí mismo concibiendo el libro, compartiendo sus dudas con su amigo Santi —que anticipa que los críticos calificarán de “coral” la novela…—, reflexionando sobre la actividad fascinante de insuflar vida al rimero de datos yertos que acumula la investigación: “Lo que he leído hubo quien lo vivió”. Y esa operación a caballo de la memoria y el deseo, en la que cobran vida Francisco García Lorca y Laura de los Ríos, Tomás Navarro Tomás y Eugenio Florit, Eugenio Granell, Julián Gorkin o Luis Quintanilla —¡qué novela tiene Quintanilla!— se lleva a cabo con pudor, con escrúpulo de profanador, y con una escritura de mucha altura literaria, elegante, sabia y sabrosa, que hace de cada página sea un placentero regalo para el lector. Lástima que su amigo Santi tenga razón: la literatura es un arte lento refractario a la multitud.

II

Mister Ángel del Río, Novela de los nombres, por Enrique Andrés Ruiz

Ángel del Río (1901-1962) fue un insigne profesor español de la Universidad de Columbia y figura clave en el desarro­llo del hispanismo. Del Río recibió y acompañó a Federico García Lorca en el viaje en el que éste alumbraría Poeta en Nueva York, algunos de cuyos poemas le están dedicados. Compañero y estudioso de la generación del 27, su destino se cruzó con el de pintores, escritores, exiliados, revolucio­narios, agentes de inteligencia…, entre cuyos nombres los hay tocados por la gloria –como los de Machado, Lorca, Salinas, Hemingway o Diego Rivera–, pero también los hay falsos, los hay dobles, los hay oscuros, los hay invi­sibles. Este trágico contraste entre las vidas comunes y los seres bañados por la luz de la inmortalidad impregna toda la novela y revela, también, la condición fabulosa de la his­toria literaria y de sus héroes.

Con una trama –de ritmo a veces trepidante y otras con­templativo– en la que lo metaliterario y la ficción se trenzan con la Historia, y mediante una prosa de aliento lírico, En­rique Andrés Ruiz pinta un vívido retrato de una parte del exilio español en Estados Unidos a raíz de la Guerra Civil. Lo que empieza siendo una febril búsqueda de la huella del profesor acaba por transmutarse en una hermosísima novela sobre la pulsión de escribir, sobre lo que sabemos y nombramos, y sobre lo que desconocemos e inventamos. Como un «alfarero», el narrador de esta obra moldea la materia, «yerta, muda», de los documentos y la entrevera con la imaginación «para dar voz y cuerpo a las palabras, para que los nombres recobren la carne perdida».

[...]

Leído en la prensa

«El subtítulo de Mister Ángel del Río, “Novela de los nombres”, nos indica que el autor no pretende hacer un trabajo académico ni limitarse a novelar la vida de un aplicado estudioso de la literatura española. La erudición y el trabajo académico caducan antes, bastante antes, que la creación literaria. Muchos otros nombres, unos todavía famosos incluso —hace un cameo Marylin Monroe—, otros que lo fueron y han dejado de serlo o que nunca lo han sido, acompañan al de Ángel del Río en este libro fascinante, bien documentado y escrito con “calidad de página”, como se decía en tiempos de Ortega.» José Luis García Martín, El Diario Montañés»

«Pero el autor no pierde nunca el hilo de que el libro es un homenaje biográfico al profesor Ángel del Río: quizá la parte más emotiva, más sentida, de esta narración, que se lee con una facilidad notable, lo que da idea de su capacidad literaria […]» Juan Ángel Juristo, ABC

sábado, 18 de julio de 2026

Las memorias de Agassi, por Javier Cercas

 El don y el látigo, en El País, por Javier Cercas, 18 jul 2026:

Agassi dice sin parar que odia el tenis. ¿Es posible odiar lo que mejor sabes hacer, aquello a lo que has consagrado tu vida?

Durante años me resistí con uñas y dientes a leer Open, la autobiografía de Andre Agassi. No consiguió vencer mi resistencia el hecho de que no la había escrito el gran tenista estadounidense sino J. R. Moehringer, autor de algún libro memorable; ni siquiera que, al publicarse, Alessandro Baricco escribiera: “Es el mejor libro que he leído en la última década”. Alguna vez he dicho que me gusta tanto el tenis que no leo libros sobre tenis; es una bobada: mucho más me gusta la literatura y me he pasado la vida leyendo libros sobre literatura (algunos de los cuales son en sí mismos, por cierto, excelente literatura). Por lo demás, el tema de un libro es lo de menos; cualquier tema es bueno para la literatura: el tema del Quijote —un viejo se cree un caballero andante tras pasarse la vida leyendo libros sobre caballeros andantes—, el de La metamorfosis —un hombre se despierta una mañana convertido en un monstruoso insecto— o el de En busca del tiempo perdido —Marcel se convierte en escritor— son banales o irrelevantes; pero esas tres novelas son tres de los mejores libros jamás escritos. En literatura, la forma es el fondo.

El caso es que por fin he leído Open. Es extraordinario: en él hay más literatura auténtica —más gracia y tensión verbal, más complejidad moral— que en infinidad de novelas pretenciosas, colmadas de citas de autores de postín. Nunca fui un fan de Agassi, aquel tipo con aspecto de chuleta de Las Vegas que llamaba la atención en la pista por su forma extravagante de vestir y de peinarse (al final se rapó); leyendo su autobiografía, sin embargo, te enamoras de él: de su espíritu gamberro y herido, de su desvalimiento, de su sentido del humor, de su generosidad y su honestidad, de su batalla agónica por sobrevivir en el torbellino hipnótico, obsesivo, loquísimo, salvaje y extenuante del tenis de élite. El libro, además, está constelado de reflexiones no indignas de un moralista francés: “Las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal nos hacen sentir las derrotas, y las buenas sensaciones no duran tanto como las malas; con gran diferencia”; o bien: “A muy pocos de nosotros se nos concede la gracia de conocernos a nosotros mismos”. Pero no es ahí donde late el corazón de Open. Agassi les dice sin parar a sus interlocutores que odia el tenis. ¿Es posible odiar lo que mejor sabes hacer, aquello a lo que has consagrado tu vida? Al principio parece una broma; luego, una coquetería (como aquella, insuperable, que soltó Maradona tras la proyección de una película que exhibía sus excesos de leyenda: “Che, ¡qué gran futbolista se perdió el mundo!”); no es ni una cosa ni la otra. Empezamos a entenderlo cuando intuimos que Agassi se está definiendo a sí mismo al definir a su amiga Barbra Streisand como “una perfeccionista torturada que odiaba hacer algo en lo que era extraordinaria”; y casi lo entendemos del todo cuando le confiesa a su segunda esposa, Steffi Graf, que odia su oficio, y aquella tenista única le contesta: “Pues claro, ¿no lo odiamos todos?”. Esa es la clave. Agassi aprendió a jugar al tenis porque le gustaba, continuó jugándolo para complacer a un padre empeñado en que fuera un campeón y terminó jugándolo porque sintió que ya solo sabía jugar al tenis; pero también por algo más. “Cuando Dios te da un don, también te da un látigo”, escribió famosamente Truman Capote. “Y el látigo es solo para fustigarte”. Ese don que también es un látigo se llama vocación, o destino, y es una bendición, pero también una condena, o lo es precisamente para aquellos a quienes se concede la gracia de conocerse a sí mismos, que es lo máximo a lo que se puede aspirar. Así lo acaba entendiendo el propio Agassi. “La vida es un partido de tenis entre extremos opuestos”, les decía a los chavales pobres que asistían a su academia. “Ganar y perder, amar y odiar. Reconocer pronto ese hecho doloroso ayuda. También hay que reconocer los extremos opuestos que hay en nosotros y, si no podemos entregarnos a ellos, o reconciliarnos con ellos, debemos al menos aceptarlos y seguir adelante. Lo único que no podemos hacer es ignorarlos”.

Lo dicho: un libro extraordinario.

domingo, 5 de julio de 2026

Más sobre Federico García Lorca

    I

 García Lorca en la inmensidad, en El País, por Enrique Vila-Matas, 26 may 2026:

La noticia del triunfo en Cannes de ‘La bola negra’, filme inspirado en la última e inacabada obra del poeta, me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que enviara desde Nueva York a sus padres

En el juego del escondite, ¿deseaste alguna vez no ser descubierto y así poder seguir felizmente oculto, perdidamente perdido en la noche, en silencio, sabiendo que existe la gloria nocturna de ser grande no siendo nada?

En esa gloria de ser y no ser pensé cuando la noticia del triunfo en Cannes de La bola negra —filme inspirado en la última e inacabada obra de Federico García Lorca— me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que el poeta enviara desde Nueva York a sus padres. Carta fechada el lunes 21 de octubre y escrita justo tres días antes del estallido del crack del 29. La encontraremos en el libro No te olvides de escribir (Akal, 2026), donde el especialista lorquiano Víctor Fernández ha reunido cronológicamente la arrebatadora correspondencia del poeta con su familia.

En esa carta, Federico contaba a los padres que por primera vez se había quedado perdidamente perdido en la gran ciudad de Nueva York y, a través de lo que narraba, podía intuirse la sombra del cambio radical de registro poético que se estaba dando en él, es decir, su paso de “poeta del pueblo” y de autor del Romancero gitano al de autor de Poeta en Nueva York.

Un documento que nunca imaginé que podría encontrar. Un documento donde en realidad narraba cómo fue que, al perderse por primera vez en aquella ciudad inmensa, acabó a la vez perdiéndose en lo más infinito del universo. Pero lo contaba de un modo más suave, con asombrosa sencillez, como si para explicar un cambio de estilo poético tan complejo fuera suficiente una prosa sintética: “Queridísimos padres (…) el otro día tuve al fin mi primera pérdida en la ciudad. Me equivoqué de ferrocarril elevado y, en lugar de coger el de la Sexta Avenida, tomé el de la Novena y fui a parar a un sitio opuesto a donde iba…”.

Así de sencillo. Hasta que no pasa algo así, decía Lorca, “no se entera uno de dónde está, de la inmensidad de calles y la agrupación de millones de gentes”. Y aquí creo que habría que añadir que tampoco se entera uno —en el momento en que eso ocurre— de que se está acercando a un tipo de literatura, que es una gran generadora de mundos, donde son muy valoradas las experiencias de lo desmesurado: “Nueva York me ha dado como un mazazo en la cabeza. El puerto y los rascacielos iluminados confundiéndose con las estrellas…”

Sólo tres días después de aquella crucial carta a los padres, estallaba el trágico crack del 29. Y Federico, como si tuviera contacto directo con nuestro mundo de hoy, hablaba con infinita lástima de “toda esa gente expuesta a las terribles presiones y al refinamiento frío de los cálculos de dos o tres banqueros dueños del mundo”.

Federico y sus presentimientos. Había presagiado su propia desaparición en el ancho universo, como si en el fondo —“estoy abrumado de tanto jaleo y tanta popularidad”— buscara el placer de no ser encontrado y la gloria nocturna de ser grande no siendo nada: “Me buscaron en los cafés, en los cementerios, en las iglesias / Ya no me encontraron, / ¿No me encontraron? / No. No me encontraron".

II

Los diarios secretos del último amor de Lorca: “Mi dolor fue mío, sin posibles consuelos dada la densa maraña de prejuicios que envenenaba la vida española”, en El País, Natalia Junquera, Madrid - 5 jul 2026:

EL PAÍS revela extractos de las memorias inéditas de Juan Ramírez de Lucas, con quien el poeta planeaba abandonar España antes de ser asesinado. La documentación podrá verse al completo en la nueva película de Manuel Menchón

“Con cerca de 70 años transcurridos”, escribe Juan Ramírez de Lucas, el último amor de Federico García Lorca, “si he decidido ahora comenzar este relato es porque considero que estos dolorosos recuerdos no deben quedar solo escondidos en lo más recóndito y secreto de mi vida, pues todo lo que perteneció —de una manera u otra— a la personalidad de uno de los más excelsos, decisivos, permanentes poetas españoles tiene un interés general histórico y no debe quedar recluido en el santuario íntimo de quien tuvo la inmensa fortuna de convivir con el POETA”.

El párrafo corresponde a la primera página de los diarios de Ramírez de Lucas, a la que ha tenido acceso EL PAÍS y que verá la luz en otoño, junto al resto de sus cuadernos, en la película La voz quebrada, dirigida por Manuel Menchón. El crítico de arte, último amor de Lorca, falleció en 2010 con el peso de aquel secreto, pero decidido a compartir su historia, consciente, como explica en ese “prefacio”, de que cualquier aspecto de la vida del poeta español más universal, “el POETA” con mayúsculas, como él mismo lo describe, merecía ser conocido por todos. “Muchas resistencias”, prosigue en ese diario, “he tenido que vencer para llegar a esta decisión presente, pues siempre mi dolor fue exclusivamente mío, sin posibles consuelos ajenos dadas las especiales circunstancias en las que todo se produjo y también la densa maraña de prejuicios y tabús que envenenaba la vida española de todos aquellos años y los muchos siguientes, que pesaban como losa inamovible sobre mí”. Estas líneas se publican por primera vez décadas después, en el último día de la fiesta del Orgullo.

En mayo de 2012, EL PAÍS reveló la última carta que Lorca había escrito a Ramírez de Lucas, fechada el 18 de julio de 1936, el día que estalla la Guerra Civil, así como dibujos y un poema inédito. En la misiva, el poeta le pedía a su novio que fuera fuerte y que tratara de convencer a sus padres para que respetaran sus ideas: “No dejes que el río te lleve. Juan, es preciso que vuelvas a reír. A mí me han pasado también cosas gordas, por no decir terribles, y las he toreado con gracia”. Dos meses después de que este diario publicase aquella documentación, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados reconoció la relevancia histórica de ese archivo privado, conservado durante décadas por el último amor de Lorca, y aprobó una proposición no de ley para instar al Gobierno a promover convenios para que pudieran ser digitalizados y puestos a disposición de los investigadores. “El precio de ese legado”, explicó entonces la diputada firmante de la iniciativa, Ascensión de las Heras, de Izquierda Unida, “es incalculable”. Pero todo quedó en nada.

Menchón se estaba documentando para hacer una película sobre Lorca cuando quiso saber más de aquel hombre que era un misterio, Ramírez de Lucas. “Hablé con Ian Gibson [el hispanista que ha dedicado toda su vida a indagar sobre el poeta] y me explicó que había intentado entrevistarlo, pero que había sido imposible. Contacté con la familia, les expliqué el proyecto documental que quería hacer y fueron muy generosos. Además de los documentos que el Congreso había pedido digitalizar, nos han cedido mucho más material inédito, y en paralelo hemos hecho una investigación propia de cinco años, apoyados por varias universidades, hispanistas, historiadores... Sinceramente, creo que el resultado es algo histórico porque esclarece muchas cosas de los últimos meses de vida de Federico”.

En la portada de los diarios de Ramírez de Lucas, publicada por primera vez por EL PAÍS en 2012, el nombre “Federico” está rodeado de lágrimas de color rojo, el de la sangre. El verano de 1936 ambos planeaban abandonar España y empezar una nueva vida en algún lugar donde no tuvieran que llevar su relación en secreto, pero el poeta fue asesinado la madrugada del 18 de agosto. Casi 90 años después sigue formando parte de los desaparecidos del franquismo, ya que fracasaron todos los intentos por encontrar la fosa donde fue enterrado. Su último amor convivió en secreto toda su vida con el dolor de aquella pérdida. “Luis María Ansón, que fue su jefe en Abc”, recuerda Menchón, “me dijo que para él Ramírez de Lucas siempre había sido un enigma. Veía que tenía una gran herida, tenía la impresión de que se había quedado atascado en 1936, pero no entendía por qué. Juan no contó nada a nadie, ni siquiera a su pareja. Durante toda su vida reprimió su gran secreto, su gran historia. Ver su trazo y lo que cuenta es pura emoción y, por tanto, puro cine”.

En el proceso de documentación para la película, el equipo de Menchón consultó archivos españoles y extranjeros, públicos y privados, y dio con un hallazgo más: imágenes inéditas de Lorca en movimiento en 1932, cuatro años antes de su asesinato. El material se encontraba en una lata de betún en casa de la familia Gonzalo Menéndez Pidal, quien rodó en los años treinta un documental sobre la compañía de teatro La Barraca. Fue restaurado y permitió identificar al poeta, sonriente, en el interior de coche. El fotograma formará parte de la película que se estrenará en otoño.

La banda sonora del documental incluye la interpretación de Canción de invierno, una pieza musical compuesta por el propio Lorca cuando aún era un adolescente. El actor Álvaro Morte (La casa de papel, Anatomía de un instante) dará voz al poeta y a toda una generación obligada a ocultar su identidad sexual. Menchón estrenó en 2020 Palabras para un fin del mundo, que pone en duda el relato conocido de la muerte del escritor Miguel de Unamuno y recoge las últimas averiguaciones sobre su célebre enfrentamiento con Millán Astray el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el famoso y cuestionado “venceréis pero no convenceréis”.

jueves, 4 de junio de 2026

Entrevista al hijo de Vázquez

"Vázquez y Vázquez", por Víctor Parkas, 29 NOV 2015:

"Cedería gratis los derechos de mi padre si dejaran de publicar reediciones horrorosas"
El hijo del dibujante de cómics Manolo Vázquez estrena una película que carga contra el mundo de la cultura. Y está harto de que todo el mundo le pregunte por su padre en las entrevistas

“Mi padre me traía mucho a este bar de pequeño. Yo me quedaba en las recreativas mientras él se emborrachaba con Manel, un dibujante que por aquel entonces trabajaba en El Jueves. Seguramente, aún le deba dinero al dueño”, cuenta el director Manolo Vázquez en un local llamado, paradójicamente, Flor y Nata. Acabamos encontrándonos en este bar porque, según cuenta, estuvo viviendo con su padre -el dibujante de cómics como Anacleto o Las Hermanas Gilda- en esta misma manzana; aunque sólo, recalca, durante algún tiempo. “Nos mudábamos cada dos años más o menos, porque mi padre dejaba de pagar el alquiler. Hemos vivido en casi toda Barcelona: hoteles, pisos, casas de otra gente… Eso me afectó hasta tal punto que soy incapaz de vivir más de dos años en el mismo sitio, y no por motivos económicos, sino por una especie de costumbre adquirida”.

Manolo Vázquez no sólo heredó su nombre del famoso historietista, sino que carga a sus espaldas con anécdotas que atentan contra la suspensión de la incredulidad; incluso contra la de los fans del dibujante. “Cuando estuve asesorando a Óscar Aibar para El Gran Vázquez, el biopic de mi padre que protagonizó Santiago Segura, desechamos algunas vivencias reales porque pensamos que nadie del público iba a darlas por ciertas. Quiero decir: la noche de bodas la pasó con mi madre en una casa de putas. No puedes meter eso en una película y esperar que los espectadores se lo crean”.

"Yo cedería los derechos de mi padre de forma completamente gratuita si, a cambio, se publicase algo más que esas reediciones horrorosas de Anacleto y Las Hermanas Gilda"

Todos recordamos esas historias en las que Vázquez se plasmaba a sí mismo en viñetas, mostrándose como un bastardo carismático que dejaría en evidencia al mismísimo Bugs Bunny; un Bugs Bunny pendenciero y moroso. Todas esas historias son, según su hijo, completamente ciertas. “Vivimos mucho tiempo solos, él y yo. En cuanto llegábamos a un barrio, se abría una cuenta en el bar de abajo, en el que acabábamos comiendo cada día; del hotel en el que pasamos dos años viviendo, nos fuimos sin pagar; las visitas de los acreedores eran continuas. Yo vivía las reglas que él imponía como algo normal: si llaman a la puerta, no se abre; si suena el teléfono, no se descuelga. ¿Qué si está mi padre en casa? No, ahora mismo no está. Era el pan nuestro de cada día”. La tensión no sólo se encontraba en la casa que tocara por aquél entonces, sino que llegaba hasta la escuela donde estudiaba el pequeño Manolo. “Los momentos en los que mayor vergüenza pasabas era cuando dejaba de pagar al colegio. Creo que incluso nos llegaron a enviar para casa una vez, a mí y a mi hermana, por un atraso de cuatro meses”. Pese a la acritud que da el blanco sobre negro, Manolo recuerda cada anécdota con una sonrisa en los labios. “Para mí es un orgullo ser su hijo. Además, he crecido leyendo Anacleto”.

Aunque el lector sea permeable a cualquier referencia del mundo del cómic, no hace falta echar la vista demasiado atrás en el tiempo para que el título Anacleto: Agente Secreto le suene familiar. La adaptación al cine de este personaje a manos del director Javier Ruiz Caldera se estrenó hace ahora pocas semanas, con un notable éxito de crítica y público. “Es un poco difícil enfrentarte a algo así, no sólo porque la película parta de una creación de tu padre, sino porque también se centraba en mi personaje preferido de entre todos los que él ha dibujado. Es decir: tengo el casting ideal de Anacleto: Agente Secreto en mi cabeza. Me invitaron al preestreno, y fui con el tiempo justo para no tener que saludar a nadie al llegar, y en cuanto se terminó me marché corriendo, para evitar que me preguntaran qué me había parecido. La primera vez que la vi no me gustó nada, pero en el segundo visionado -hecho con más distancia y entendiendo que no estaba delante de una adaptación fiel al original- me pareció una buena comedia de acción, hecha con mucho respeto y cariño. Una cosa muy guay es que Carlos Areces interprete a Vázquez en la película. Areces y Santiago Segura han sido, de algún modo, mi padre”.

“Cuando estuve asesorando a Óscar Aibar para El Gran Vázquez, el biopic de mi padre que protagonizó Santiago Segura, desechamos algunas vivencias reales porque pensamos que nadie del público iba a darlas por ciertas"

Al contrario que El Gran Vázquez, un proyecto en el que Manolo estuvo implicado ya no sólo como asesor de guión, sino también como asistente de dirección y actor -interpreta al doctor que asiste el parto en el que él mismo era dado a luz-, Anacleto: Agente Secreto fue un proyecto auspiciado herméticamente por la editorial poseedora de los derechos de las creaciones de Vázquez. “Siempre ha habido un problema en ese sentido, y no sólo con la editorial, sino también con los hijos que tuvo antes de estar con mi madre. La relación es tensa, porque es difícil gestionar derechos de autor con gente que se tiene recelo. Un recelo que, por otra parte, es comprensible: mi padre les abandonó, y eso generó un rencor que a día de hoy sigue vigente. Él murió hace ahora veinte años, y llevo desde entonces peleando contra molinos de viento”. Si los intereses de esta pugna quijotesca pueden levantar suspicacias, la coartada económica no es la que parece motivar a Manolo. “Yo con la obra de mi padre no he ganado dinero. Como mucho, te da para darte un capricho una vez al año. Sinceramente te lo digo: yo cedería los derechos de mi padre de forma completamente gratuita si, a cambio, se publicase algo más que esas reediciones horrorosas de Anacleto y Las Hermanas Gilda. Mi padre tiene una obra súper extensa, y no tienes ni idea de la rabia que me da ir a un quiosco y no ver tebeos suyos”.

Aunque su padre intentase que el joven Manolo siguiera sus pasos, la sombra de Vázquez era demasiado alargada. “Me llevaba a todos los salones del cómic, incluso me apuntó a una academia de dibujo. Durante un tiempo llegué a dedicarme únicamente a hacer cómics. Me decía que era un cabrón; que lo hacía mejor que él. Pero es complicado dedicarte al dibujo si tu padre es quien es. Me explico: cuando me hacían encargos, querían que mi estilo hiciera referencia al de mi padre. Y no sólo eso, sino que, en este país, ser dibujante es un modo de vida inviable. Ahí es cuando me dije: voy a dedicarme al cine, que ahí hay dinero. ¿Dinero? Y una mierda: mi primera película es completamente autofinanciada”. Esa ópera prima a la que Manolo Vázquez hace referencia es La Maniobra de Heimlich, que llegó a las salas de Madrid y Barcelona el 27 de Noviembre. La película, rodada como si de un falso documental se tratase, es una mordaz crítica al mundo de la cultura que no deja títere con cabeza. Con guión del escritor Javier Calvo, y con cameos de Lucía Extebarría y Vila-Matas, sorprende que uno de los personajes, el interpretado por Miki Esparbé, lleve por nombre Manolo Vázquez. “El hecho de que, de la misma forma que hacía mi padre, yo me incluya como personaje en La Maniobra de Heimlich, te puedo asegurar que no responde a una influencia directa. Quizás hay algo inconsciente, como apuntas, no lo sé. Sí que es verdad que muchas críticas están intentando linkar movimientos míos con los que hacía mi padre: la mala leche de la película, la autoficción, etc”.

Con una película que, tras su paso por el Festival de Málaga, acaba de llegar a salas, y con una segunda en mente -Manolo está preparando un proyecto a medio camino ente ¡Jo, que noche! y Perdita Durango-, el director sólo espera ser valorado por sus propios méritos. “Odio que la gente me haga entrevistas sobre mi padre, y es algo que espero dejar de hacer lo antes posible. Huir de su figura es muy difícil, eso está claro. Yo entiendo que, ahora mismo, para cualquier medio es más interesante hablar de mi padre que de mí. Mi sueño es que algún día alguien diga: el padre de Manolito dibujaba. Ya sabes, Manolo, el del cine”.

Muere "de pena" Marjane Satrapí

 [El estrés emocional o la perdida de sentido en la vida, como aconteció a Alonso Quijano o a muchos de los que retrata Víctor Frankl en Auschwitz, puede deformar un ventrículo del corazón y causar la llamada cardiomiopatía Takotsubo; pero el "corazón roto" lo explica mejor.]

 I

Muere la historietista y cineasta Marjane Satrapi, autora de ‘Persépolis’, a los 56 años. En El País, Raquel Villaécija, París - 4 jun 2026:

La familia de la dibujante francoiraní de cómics informa de que ha fallecido “de tristeza” tras la muerte de su marido hace un año.

Marjane Satrapi (Racht, Irán, 1969), autora del fenómeno de novela gráfica Persépolis y cineasta, ha fallecido a los 56 años, según recoge la prensa francesa, que cita un comunicado enviado por la familia a la agencia AFP. “Marjane Satrapi falleció de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida”, se lee en el texto. Ripa, actor, guionista y productor, murió en abril de 2025.

Nacida en Rasht, Irán, Satrapi se instaló en Francia en 1994. Salió de su país para estudiar en Europa porque sus padres querían que se formara lejos de la opresión del régimen. Persépolis, comic de culto y su obra más conocida, cuenta su infancia en Teherán y los cambios en Irán tras el derrocamiento del Sha de Persia en 1979 y la instauración de la República Islámica.

Apenas tenía experiencia, además de llevar poco tiempo en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, cuando Satrapi construyó su obra maestra que se publicó en el año 2000. Ella creía que nunca encontraría un editor, que todo terminaría en fotocopias para sus amigos. Se convirtió en un hito para el tebeo “solo comparable al Maus de Art Spiegelman”, según Reservoir Books, la editorial que la publica en castellano, euskera y catalán.

La familia de Satrapi, acomodada y progresista, simpatizaba en principio con la revolución, pero cuando esta fue dominada por los sectores islamistas derivó en un régimen teocrático que coartó las libertades individuales y se embarcó en una guerra con Irak en 1980, bajo la vigilancia de los Guardianes de la Revolución.

La historieta fue adaptada al cine, a cuatro manos con Vincent Paronnaud, y se presentó en 2007 en el festival de Cannes, donde ganó el Gran Premio del Jurado. Además, fue la primera nominación de una creadora por el mejor filme de animación en la historia de los Oscar. Más adelante, filmó la road movie La banda de los Jotas y The Voices.

“El dibujo es la primera expresión del ser humano, anterior a la escritura”, afirmó ella sobre la elección del cómic. Entre sus novelas gráficas, también están Bordados, que narra la vida de las mujeres iraníes, y Pollo con ciruelas, sobre los últimos ocho días de vida de un pariente de Satrapi llamado Nasser Ali, un conocido intérprete de tar, el laúd tradicional iraní.

Durante muchos años Marjani Satrapi dejó el comic, hasta que en 2023 coordinó Mujer. Vida. Libertad, con autoras iraníes y donde reunió a estrellas como Paco Roca y Joan Sfarr —una especie de “brigada internacional” del cómic, en su definición—. El libro cuenta la revolución iniciada tras la muerte en 2022 de Masha Amini, asesinada por la policía por no llevar el velo bien puesto. Recientemente también había filmado París Paradis, con la española Rossy de Palma.

En 2024, recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. El jurado definió a Satrapi, residente en París, como “un símbolo del compromiso cívico liderado por las mujeres”, la calificó como “una de las personas más influyentes en el diálogo entre culturas y generaciones” y recordó que en “Persépolis plasma ejemplarmente la búsqueda de un mundo más justo e integrador”. Y ella, en una rueda de prensa por vídeoconferencia dedicó el galardón a la lucha por la libertad en su país y al rapero Toomaj Salehi, condenado a muerte hace unos días: “Es la voz de todo el país”.

En 2025 rechazó la Legión de Honor en Francia por “un tema de principios”. “No puedo ignorar lo que consideró una actitud hipócrita por parte de Francia hacia Irán”, señaló.

“Vendí millones y no sé cuántos centenares de conferencias di. ¿Cambié algo? Qué sé yo. ¿Desperté la curiosidad de la gente? Sí. Contribuí un poquito. Solo un poquito, aunque solo así se cambia el mundo”, reflexionaba en EL PAÍS.

 II

 Marjane Satrapi: “Pelearé por que las mujeres puedan llevar velo aunque yo lo deteste”, por Marc Bassets, en El País, 16 feb 2020.

Veinte años después de Persépolis, un fenómeno de la novela gráfica llevado a la gran pantalla, la autora franco-iraní explica por qué cambió el cómic por el cine. Su quinta película, Radioactive, explora la vida de Marie Curie.

"LA LIBERTAD”. Lo dice así, en castellano. En varios momentos de la conversación de más de una hora en francés, Marjane Satrapi repite la misma palabra. Como si fuese el argumento de su vida y de su obra. Y como si, al cambiar de idioma, quisiera subrayarlo. La niña excéntrica y precoz de la burguesía progresista de Teherán que, muy joven, abandonó el opresivo Irán de los ayatolás y se marchó a Europa y lo contó todo en Persépolis, un cómic que le dio fama mundial. La mujer que, después de consagrarse con este y otros libros, aprendió a hacer cine y no ha vuelto ni piensa volver a las historietas. La iraní que lleva 20 años sin regresar a su país de origen y que ahora, a los 50, no tiene claro que pueda volver. La liberté, la libertad: el hilo que todo lo une. “Cuando debo tomar una decisión difícil, siempre me pregunto dos cosas. ‘¿Esto me matará?’. Y ‘¿Me meterán en prisión?”, dice. “He aquí lo que cuenta para mí: ser libre y tener aire en los pulmones. El resto viene por añadidura”.

Marjane Satrapi aparece puntual a las once de la mañana en su estudio del distrito XI de París, y lo primero que llama la atención es que la Satrapi real es idéntica a la de sus obras. El mismo aspecto de Mafalda persa con el que se autorretrató, la misma convicción en sus argumentos, el mismo lunar en la nariz cuya aparición marca la metamorfosis de su adolescencia en su cómic más famoso, o el irremediable cigarrillo en los labios (fuma desde los 13 años). Al empezar a hablar, cualquier lector suyo tendrá la sensación de que es una vieja conocida. Sus libros y alguna de sus películas —La banda de los Jotas, por ejemplo, donde aparece interpretándose a sí misma— no engañan; es ella, sin ficción.

De casi todo hace ya 20 años, y también de Persépolis, cuyo primer tomo apareció en el año 2000. En los años siguientes, hasta 2003, publicó otros tres. El impacto fue inmediato. Por lo que contaba: la historia de la revolución de 1979 en Irán desde la perspectiva de una adolescente, mezclando la Historia en mayúscula, terrible y dramática, con la historia en minúscula con las alegrías y miserias de un personaje con el que podía identificarse cualquiera en cualquier lugar. Y por cómo lo contaba: con viñetas y burbujas. Una década después de Maus, de Art Spiegelman, Marjane Satrapi contribuía a convertir la llamada novela gráfica en un género para un gran público.

Ahora el sello Reservoir Books publica en castellano una edición de los cuatro tomos completos de Persépolis en un solo volumen y con una nueva traducción de Carlos Mayor. La conmemoración coincide con el estreno de la quinta película de Satrapi, Radioactive, que se centra en el personaje de Madame Curie. Aquellos años —la vida de estudiante extranjera en Francia, las tentativas en los cuentos infantiles ilustrados, el éxito de su debut— quedan lejos. Hoy ella vive en otro mundo: el cine y sus pinturas. Pero Persépolis no ha envejecido. Y persiste el misterio: cómo fue posible que una artista sin apenas experiencia, llegada unos años antes a Francia para estudiar en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, fabricara un clásico que no ha perdido ni un ápice de magia y que sigue iluminando a los lectores sobre la historia del Irán contemporáneo y sobre la de aquella muchacha tan particular y tan universal.

“Cuando era estudiante tenía clara una cosa: iba a ser pobre. Viviría en una buhardilla, comería siempre pasta y nunca iría de viaje, pero trabajaría en lo que me gustara. Con Persépolis, ni siquiera pensaba que encontraría un editor. Creía que haría 50 fotocopias para que lo leyesen mis amigos”, dice. Menos creía aún que su historieta acabaría vendiendo millones de ejemplares y convirtiéndose en emblema del género de la novela gráfica, término que Marjane Satrapi raramente usa; prefiere el francés BD, siglas de bande dessinée, literalmente tira dibujada, o historieta, o tebeo. “Hay gente que me dice que antes de mí nunca había leído cómics. Pero no me gusta mucho analizar mi trabajo. De entrada, tengo la impresión de haber ganado el Oscar de la vida. ¿Cuánta gente puede decir que vive de lo que adora hacer?”, se pregunta.

El primer milagro de Persépolis fue que era un libro primerizo de una desconocida; otros artistas necesitan décadas para realizar su gran obra. Ella no era una lectora de cómics. Aprendió el oficio en Francia, sobre la marcha. “No conocía los códigos”, dice. “Mi amigo el dibujante Émile Bravo, de origen español, me ayudó enormemente”.

Persépolis retrata un mundo exótico y al mismo tiempo cotidiano, reconocible. “Durante un tiempo justifiqué el éxito diciendo que era porque era una mujer o porque era iraní, pero pienso, sin arrogancia, que hice un buen libro”, afirma. Partió de lo más concreto, de aquello que conocía mejor: su propia vida, su familia, su barrio. “Pensaba en Tolstói, que decía: ‘Si quieres hablar al mundo, habla de tu aldea’. Si hablas de grandes cosas, como los iraníes o los españoles, no significa nada. En cambio, puedes identificarte en una persona concreta. El dibujo ayuda: con un lenguaje que se usaba antes que la escritura todo el mundo puede identificarse. Las emociones humanas también son las mismas: reímos y lloramos de la misma manera. Tuve la suerte de llegar después de alguien como Abbas Kiarostami: sus películas presentaban Irán y en ellas ya se veía que no era un pueblo de tarados”.

Ella nunca se relee, pero sigue viéndose reflejada en la Marjane Satrapi de Persépolis. “Somos la misma”, garantiza. Pero después de publicar Persépolis y otros dos cómics de tema iraní, Bordados, de 2003 y Pollo con ciruelas, de 2004, dio carpetazo. “Soy como un coche sin marcha atrás, siempre tengo que avanzar. En mi vida nunca he mirado atrás. Ya no tengo ganas de hacer cómics, y si no te apetece hacer algo, mejor no hacerlo”, responde. “Quizá en otro momento sí me gustaría escribir libros”. Tiene pendiente uno, del que lleva tiempo hablando, sobre su abuela paterna, que fue la undécima mujer en obtener el bachillerato en Irán. Se titulará La undécima laureada. La abuela materna ya disfruta de un lugar central en su obra. Es su inspiradora, casi un alter ego, una mujer independiente, libre y moderna que se había divorciado cuando pocas lo hacían y que no tenía pelos en la lengua. “Era una mujer sin filtros, muy recta, hasta el punto de chocar. No mentía, era muy directa”, describe. “Me hacía reír porque lo que no convenía decir, ella lo decía. Me gusta la gente que no es cómoda. Prefiero que me insulten a que me ataquen por la espalda”, dice la autora de cómics y cineasta. La abuela murió en 1999, sin poder ver el éxito de su nieta.

El paso de la historieta al cine, para Marjane Satrapi, no fue buscado. “En un momento dado me propusieron hacer Persépolis en película. Y yo pensé: ‘¿Para qué? ¿Para qué pasar tres años con una historia a la que ya le había dedicado cuatro?’. Al mismo tiempo, una voz me decía: ‘Te pagarán para que aprendas un nuevo oficio, sería una pena desaprovecharlo’. La gente va 5 años a la escuela de cine y debe esperar 15 para hacer la primera película. En el peor de los casos habrás hecho una mala pelícu­la, pero habrás aprendido algo. Así que lo hice”. Y, de nuevo, le salió bien. Persépolis obtuvo ex aequo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2007 y fue nominada a los Oscar. Después llegaron Pollo con ciruelas, basada en el cómic homónimo, y La banda de los Jotas, una personal road movie en la costa valenciana y en Andalucía. Y The Voices, la historia macabra de un asesino en serie en un pueblo de la América profunda.

El embrión de la nueva película puede rastrearse en Persépolis, donde la pequeña Marjane Satrapi ya decía que quería estudiar química y ser Marie Curie. “Sí, es la niña de Teherán cuya madre le dice que debe ser una mujer independiente. Y le ofrece dos modelos: Marie Curie y Simone de Beauvoir. No tienes por qué ser guapa ni casarte, lo que tienes que hacer es ser independiente”, dice al recordar las palabras de su madre.

Un motivo recurrente en Persépolis es el velo con el que ella, como todas las iraníes, se vio obligada a cubrirse la cabeza tras la revolución. El velo es también un motivo recurrente de polémica en Francia, donde prolifera entre las mujeres musulmanas y al mismo tiempo es visto por algunos defensores de la laicidad como una afrenta a los valores de la República. “Yo estoy totalmente en contra del velo. Sé lo que quiere decir: que yo, como mujer, soy un objeto sexual y que este objeto sexual no debe verse porque la mera visión de los cabellos puede provocar una erección general en la calle. Detesto el velo. Pero más importante que lo que yo deteste son los derechos humanos, un texto escrito en este país que dice que la gente tiene el derecho a ejercer la religión que quiera y a vestirse como quiera. Como considero que los derechos humanos son superiores a mi punto de vista personal, pelearé por que estas mujeres puedan llevar el velo aunque yo lo deteste”.

De nuevo la libertad, que hace difícil encerrarla en una ideología o una identidad. ¿Autora de novela gráfica? ¿Cineasta? ¿Iraní? ¿Francesa? En La banda de los Jotas, el personaje que ella interpreta se presenta como “una tercermundana”. No tercermundista, sino tercermundana. “En Europa, normalmente la gente del Tercer Mundo viene por razones económicas. Los iraníes no se marcharon de Irán por razones económicas. Normalmente era gente de izquierdas, bien instruida, de clase media y con un cierto nivel de vida. Era una inmigración política. En mi caso, al llegar a Francia mi nivel de vida se dividió por cinco. En Teherán tenía un apartamento de 130 metros cuadrados y me encontré en uno de 25 metros cuadrados. Allí tenía mujer de la limpieza, iba en coche. Pero vine porque quería la libertad. Tercermundana significa que eres tercermundista pero no pobre”.

Después de tantos años en Francia, su identidad se ha modificado. “Me considero franco-iraniana. A nivel sentimental soy muy iraní; a nivel cerebral soy muy cartesiana, muy francesa”, dice. No ha intentado regresar a Irán, donde aún viven sus padres. No le quedan amigos allí, todos se fueron. “No es buena idea volver. Me lo han desaconsejado. No me arriesgo. No soportaría estar en prisión”, dice. “Si me encerrasen, moriría a las dos semanas. “La liberté”, resume. Y añade: “La libertad”. 

III

Muere la dibujante Marjane Satrapi a los 56 años, Redacción / Agencias, Cadena SER 4/06/2026:

La familia de la autora de 'Persépolis' ha informado de que fallecido "de tristeza" tras la muerte de su marido hace un año

La dibujante franco-iraní Marjane Satrapi ha fallecido a los 56 años: "Murió de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su marido y el amor de su vida", indica un comunicado de sus allegados enviado a AFP. El productor, actor y guionista Mattias Ripa murió el 8 de abril de 2025.

Satrapi se hizo conocida mundialmente tras la publicación a principios de los 2000 de Persépolis, un cómic autobiográfico donde repasaba los cambios en Irán y la represión que habían sufrido las mujeres en distintas etapas. La obra fue posteriormente adaptada al cine en 2007, también con gran éxito de público.

También es autora de obras como Bordados y Pollo con ciruelas y en 2023 coordinó Mujer. Vida. Libertad, un cómic donde viñetistas de todo el mundo plasmaron también escenas e historias relacionadas con la represión en Irán.

En 2024 recogió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en Oviedo. Entonces fue muy crítica con el entonces Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell, con el que decía estar "muy enfadada" por su postura sobre el régimen iraní: "Si tuviera delante a Josep Borrell le daría una bofetada", llegó a decir.

Su amiga, la socióloga franco iraní Azadeh Kian, aseguró en France Info que la muerte de su esposo supuso un golpe del que Satrapi nunca llegó a recuperarse. "Desde su muerte ya no era la misma", explicó. Según Kian, la autora de Persepolis le repetía en sus conversaciones que había "dejado de luchar" y que quería "irse". "Se estaba dejando morir desde la pérdida del amor de su vida", afirmó la académica, quien recordó que ambos habían crecido juntos y mantenían una relación muy estrecha.

Pese a su delicado estado de salud, Satrapi seguía muy pendiente de la situación en Irán, un país al que permaneció profundamente ligada durante toda su vida: "Amaba enormemente a su país, aunque era muy crítica con el régimen", señaló Kian.

La escritora seguía con preocupación la represión contra la sociedad civil iraní y defendía públicamente los movimientos en favor de las libertades y los derechos de las mujeres. Para su amiga, Satrapi fue una "artista comprometida" que utilizó tanto sus libros como sus películas para hacer llegar al mundo un mensaje universal de democracia, igualdad y libertad.

La activista iraní Narges Mohammadi, premio Nobel de la Paz en 2023, ha querido despedirla en redes sociales: "Marjane Satrapi fue una voz intrépida en defensa del feminismo, los derechos humanos y la libertad. A través de su obra y su compromiso público, abogó constantemente por los derechos de las mujeres, solidarizándose con el pueblo de Irán y difundiendo el mensaje del movimiento Mujer, Vida, Libertad a nivel mundial", señala. Apunta además al "poderoso legado cultural, artístico y moral que deja: "Su valentía perdurará mucho más allá de su vida".

Historietista, cineasta, dibujante, pintora y escritora, nació en Rasht (Irán) en 1969 y estaba afincada en París, dónde llegó en 1994 y adquirió la nacionalidad francesa en 2006.

IV

De qué dirán que has muerto, Noelia Ramírez, en El País, 9 jun 2026:

El adiós a Marjane Satrapi ha sido tan emocional que ni las redes han especulado con su fallecimiento

No hace mucho, frené en seco durante un paseo con mi perrita mientras escuchaba una entrevista a Jane Fonda. Tras debatir sobre su faceta como activista y actriz, la charla pasó al legado familiar. “Cuando la gente se sienta a hablar contigo, parte de la conversación se centra en la relación con tu padre, Henry Fonda, y con tu madre, que murió cuando tenías 12 años”, decía la entrevistadora. “Mi madre no murió. Mi madre se mató”, corrigió al instante Fonda: “Era bipolar”, añadió, tajante.

Si me quedé parada no fue porque aquel dato fuese una revelación. Es bien sabido que Frances Ford Seymour, la madre de Jane y Peter Fonda, se cortó la garganta con una cuchilla en el sanatorio a los 42 años, tres meses después de pedir el divorcio y tras dejar seis notas de despedida —entre ellas, a su psiquiatra: “Doctor Bennett, ha hecho usted todo lo que ha podido. Lo siento, pero esta es la mejor solución”, firmaba—. Lo sé porque Jane Fonda lo contó en sus memorias. Por lo visto, tardó años en recopilar la información médica de la condición mental que marcó el destino de su madre. El día que se suicidió, su padre la subió a sus rodillas al volver del colegio y le dijo que había fallecido de un ataque al corazón. En esa casa nunca más se habló del asunto. Y Jane nunca pudo decir a Henry Fonda que siempre supo que lo del infarto era mentira. Aquel podía ser el actor y director más admirado de Hollywood, pero en aquella casa no se hablaba mucho de sentimientos.

Cuando aclaró en ese podcast “mi madre no murió, mi madre se mató”, Jane Fonda se rebeló contra eso de lo que no se habla. Lo que no se menciona. En esa entrevista, la intérprete reivindicó el derecho a llamar a las cosas por su nombre. Con su alegato sentí el mismo escalofrío que en el final de Romería. Después de que su abuelo responda “hepatitis c” ante la causa de la muerte de su padre que pide el notario donde están actualizando los papeles para solicitar su beca universitaria, Marina, la protagonista, corrije al instante: “No, fue de sida. Mi padre y mi madre murieron de sida”. Ahí no había un simple apunte sino un gesto de memoria histórica.

Hace unos días, un mundo que parece impávido ante lo intolerable se conmocionó cuando la familia de Marjane Satrapi reveló a France Presse que la admirada dibujante iraní había muerto “de tristeza”. Fue una causa tan extrañamente emocional que ni las redes se afanaron a especular, pedir explicaciones o corregir las causas. Sorprendentemente, casi ni se avistó a una de las peores calañas que las habitan, la de los dictadores del duelo.

¿De qué dirán qué has muerto? ¿Qué silencios, omisiones o metáforas planearán cuando dejes este mundo? Nunca le había dado vueltas a este asunto hasta que mi madre falleció de un glioblastoma cerebral que se la llevó a los cuatro meses de ser detectado. En mi familia nunca dudamos en contar que el cáncer más devastador que hemos vivido fue la causa de su muerte. Somos muchos los que nos enfrentamos a esta realidad, ¿por qué esconderla? También entendí cuando la de Mario Vargas Llosa optó por la intimidad frente a su situación oncológica al fallecer. Nos pasamos la vida evitando pensar en la muerte y los tabús que la rodean, cada cual moldea su verdad para seguir levantándose cuando los que más queremos nos dejan.

Aunque son complementarias, siempre he preferido el “si no contempláramos la vida como una representación, no la resistiríamos” que escribió Montserrat Roig a la célebre “nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir” de la escritora Joan Didion. Al final, todo es relato. Y si ya lo construimos para soportar a los vivos, cómo no lo íbamos a tener al recordar a nuestros muertos.

lunes, 1 de junio de 2026

Fallece José Manuel Blecua Perdices. Dossier.

 [Dossier y obituarios sobre José Manuel Blecua]

 I

 José Manuel Blecua, mucho más que un amigo, por José A. Pascual, 29/05/2026, en Abc

Era una persona seductora por su profunda y natural cordialidad, por su falta de dogmatismo, por ser uno de los seres más bien pensados que he conocido

Al filo de la noticia del fallecimiento de José Manuel Blecua, debería refugiarme en el silencio. Un silencio que se cerraría precisamente con una forma de despedida suya por medio de un «tenemos que hablar». Y no porque nos quedaran en el tintero muchas cosas por decir, sino por tantas como nos hemos dicho, aun sin palabras.

Es algo normal cuando las nuestras han sido en gran medida vidas paralelas, yendo él siempre por delante: la coincidencia en el penenazgo; en la cátedra de instituto; en la de universidad, donde ambos purgamos un tiempo como esos segundones a los que se los designaba como vicerrectores. Recuerdo de un modo particular la convivencia durante esos cinco años en que participamos en el programa 'Hablando Claro': experiencia inolvidable para los dos, tan llevadera que en aquellos programas en directo nos permitíamos hacernos bromas cruzadas, como la que le lancé yo diciéndole a los oyentes que en adecua no debía acentuarse la 'u'; (hoy ya sí se puede acentuar), y que para no olvidarlo pensaran que esa forma verbal rimaba con 'Blecua'. Hemos compartido silla en la Academia (cada uno la suya, pero menos alta la mía).

De esta vida paralela con quien fue más que un amigo no solo recuerdo los buenos momentos. Me vienen a las mientes otros bastante complicados: algunos con final feliz, como fue el caso de la organización del Congreso de la Lengua Española en Sevilla, en 1992, algunos azarosos tribunales de oposiciones; ciertos problemas en los que su capacidad diplomática fue decisiva para dar con una solución, como es el caso de la transición del Instituto Cervantes entre dos gobiernos o aquel momento en que, gracias a José Manuel, pudimos mediar en un problema departamental que tenía una universidad. Lo de complicado se queda superlativamente corto para describir aquella época que sufrió la dirección de la Real Academia Española, en los que no fue lo más duro torear con el grave problema de la congelación presupuestaria que se presentó durante su mandato.

Si soy testigo de una parte importante de su vida profesional, lo soy también de su condición humana: se trataba de una persona seductora por su profunda y natural cordialidad, por su falta de dogmatismo, por ser uno de los seres más bien pensados que he conocido, por haber creado uno de los Departamentos de filología más importantes de España, por haber formado a un nutrido grupo de discípulos. Es la suya una excepción a una idea que un buen amigo atribuye a muchos que somos incapaces de leer a los demás, por complacernos con leernos a nosotros mismos. José Manuel siempre iba por delante en el conocimiento de la bibliografía, lo que explica que su amor a nuestra lengua se cimentara en el profundo conocimiento que tenía de ella.

Vuelvo a hablar contigo, querido amigo, con el silencio.

II

Muere José Manuel Blecua, académico y ex director de la RAE, a los 86 años, en El Mundo,  Efe,  29 mayo 2026:

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, fue el responsable del volumen 'Fonética y fonología' de las dos ediciones de la 'Nueva gramática de la lengua española', de 2011 y 2025

José Manuel Blecua, Creu de Sant Jordi de la Generalitat, director de la Real Academia de la Lengua entre los años 2011 y 2014, y académico de esta institución -ocupaba el sillón con la letra h- ha fallecido este viernes en Madrid a los 86 años, ha informado la página de la RAE.

Nacido en Zaragoza el 21 de junio de 1939, fue elegido académico de número el 19 de junio de 2003 y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado 'Principios del Diccionario de Autoridades'.

Elegido director de la RAE en diciembre de 2010, ocupó el cargo entre 2011 y 2014. Además, fue secretario de la corporación de 2007 a 2009.

Era hijo de José Manuel Blecua Teijeiro (1913-2003), catedrático de Literatura Española de la Universidad de Barcelona y académico de honor de la Real Academia Española, y hermano del también filólogo Alberto Blecua (1941-2020).

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, José Manuel Blecua fue el responsable del volumen 'Fonética y fonología' de las dos ediciones de la 'Nueva gramática de la lengua española', de 2011 y 2025.

Actividad académica en Barcelona

Fue profesor de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma de Barcelona (UAB), de la que fue vicerrector, director del Servicio de Publicaciones y fundador y director del primer Seminario de Filología e Informática.

En 2011 recibió el reconocimiento de la Associació d'Amics de la UAB, en un acto en el que se presentó el libro 'Al otro lado del espejo', publicado en homenaje a sus años de docencia.

José Manuel Blecua también fue profesor en Ohio State University (1971), en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987), en los cursos de verano para extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca (Huesca) y colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Asimismo, fue miembro de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz.

Blecua fue también director académico del Instituto Cervantes (1994-1995).

Coautor del primer libro de estilo del periódico barcelonés 'La Vanguardia' (1986), participó en programas de divulgación lingüística, como 'Hablando claro' (TVE 1987-1992).

Distinguido con numerosos galardones, José Manuel Blecua recibió por ejemplo la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), el Premio Aragón de Investigación (2005) por su labor en los campos de la gramática y la lexicografía, la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente otorgada por el Gobierno de la Generalitat (2005), el Premio Atlántida (2011), la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza (2011), el Premio de las Letras Aragonesas 2012 y el Premio Heraldo a los Valores Humanos y el Conocimiento (2014).

También fue distinguido con el doctorado 'honoris causa' por la Universidad Carlos III de Madrid y presidente del jurado del primer premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Además, fue galardonado con la Creu de Sant Jordi y con la Medalla de la Universidad de Zaragoza.

En 2015 recibió el Premio EFE Cultura, que otorgaba por primera vez la agencia.

 III

Fallece el académico José Manuel Blecua, portal de la RAE, 29 de Mayo de 2026:

El académico José Manuel Blecua ha fallecido este viernes 29 de mayo en Madrid a los 86 años.

Nacido en Zaragoza el 21 de junio de 1939, fue elegido académico de número el 19 de junio de 2003 para ocupar la silla h y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado Principios del «Diccionario de Autoridades». Elegido director de la RAE en diciembre de 2010, ocupó el cargo entre 2011 y 2014. Además, fue secretario de la corporación de 2007 a 2009.

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, José Manuel Blecua fue el responsable del volumen Fonética y fonología de las dos ediciones de la Nueva gramática de la lengua española de 2011 y 2025. 

Durante su mandato como director de la RAE, José Manuel Blecua fue también presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y del patronato de la Fundación del Español Urgente. En este periodo, bajo su dirección, se celebró el III Centenario de la Real Academia Española, en cuya sesión conmemorativa, presidida por los reyes, se presentó oficialmente la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española.

Fue profesor de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma de Barcelona, de la que fue vicerrector, director del Servicio de Publicaciones y fundador y director del primer Seminario de Filología e Informática. En 2011 recibió el reconocimiento de la Associació d'Amics de la UAB, en un acto en el que se presentó el libro Al otro lado del espejo, publicado en homenaje a sus años de docencia.

José Manuel Blecua también fue profesor en Ohio State University (1971), en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987), en los cursos de verano para extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca y colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Asimismo, fue miembro de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz.

Fue secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española (Sevilla, 1992) y responsable de la Sección de Lengua y Tecnología, así como secretario del Comité Académico del I Congreso Internacional de la Lengua Española (Zacatecas, 1997), cuyo lema fue «La lengua española y los medios de comunicación». Blecua fue también director académico del Instituto Cervantes (1994-1995).

Especialista en lexicografía e historiografía lingüística, colaboró con Juan Alcina en la obra Gramática española (1975) y dirigió el Diccionario VOX de sinónimos y antónimos, el Diccionario general de sinónimos y antónimos (1999) y el Diccionario escolar de sinónimos y antónimos (1999).

Miembro del Consejo de Asesoramiento Científico de la colección Historiografía de la Lingüística Española y director de la colección Enseñanza Crítica (ed. Crítica), formó parte del Consejo de Redacción de la Nueva Revista de Filología Hispánica, de la Revista de Lexicografía, del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y del Consejo de Dirección de Cuadernos de Filología.

Coautor del primer libro de estilo del periódico barcelonés La Vanguardia (1986), participó en programas de divulgación lingüística, como Hablando claro (TVE, 1987-1992).

José Manuel Blecua recibió, entre otros galardones, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), el Premio Aragón de Investigación (2005) por su labor en los campos de la gramática y la lexicografía, la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente otorgada por el Gobierno de la Generalitat (2005), el Premio Atlántida (2011), la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza (2011), el Premio de las Letras Aragonesas 2012 y el Premio Heraldo a los Valores Humanos y el Conocimiento (2014).

Fue distinguido con el doctorado honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid y presidente del jurado del primer premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Además, fue galardonado con la Creu de Sant Jordi y con la Medalla de la Universidad de Zaragoza. En 2015 recibió el Premio EFE Cultura, que otorgaba por primera vez la agencia, y el Consejo de Ministros del 9 de octubre acordó concederle la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, recibida el 21 de enero de 2016.

Su labor también fue reconocida por varias academias de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). En 2014 las academias Venezolana y Guatemalteca de la Lengua le distinguieron con el título de miembro honorario de ambas corporaciones; fue recibido como miembro ilustre de la Academia Chilena, y nombrado miembro correspondiente de la Academia Paraguaya.

    IV

Muere el filólogo José Manuel Blecua, exdirector de la RAE, a los 86 años, en El País, por Manuel Morales, 29 de mayo de 2026:

La etapa en la que estuvo al frente de la Academia se caracterizó por las dificultades económicas debido a los sucesivos recortes en la aportación del Estado a la institución

El filólogo José Manuel Blecua Perdices, exdirector de la Real Academia Española (RAE), ha fallecido este viernes a los 86 años en Madrid, han confirmado en la institución a este periódico. Nacido en Zaragoza, el 21 de junio de 1939, fue elegido director de la RAE en diciembre de 2010, cargo que ocupó entre enero de 2011 y finales de 2014. Fue la suya una época marcada por las dificultades económicas de la Academia debido a los sucesivos recortes en la aportación estatal.

Blecua, que ocupaba la silla h, fue elegido académico el 19 de junio de 2003 y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado Principios del ‘Diccionario de Autoridades' (este fue el primero del español que publicó la RAE, en seis tomos entre 1726 y 1739). Antes de ser director, había sido secretario entre 2007 y 2009. Hombre entrañable, destacaban los que lo conocieron, fue un sabio de la lengua española. En su labor en la Academia destaca como responsable del volumen Fonética y fonología de las dos ediciones de la Nueva gramática de la lengua española, publicadas en 2011 y 2025, informa la RAE en su nota.

José Manuel Blecua era hijo del también filólogo y gramático José Manuel Blecua Teijeiro y hermano mayor del filólogo Alberto Blecua, fallecido en 2020. Conformaban una estirpe de la filología española. Precisamente, con su hermano se aficionó desde niño a la lectura a través de tebeos como El Coyote y a la literatura popular gracias a autores como Kipling. Él decía que su infancia había sido feliz, a pesar de las restricciones de la posguerra civil. En una entrevista en este periódico cuando entró en la RAE, destacaba lo importante que había sido para él tener profesores como Francisco Ynduráin, Rafael Lapesa, Martín de Riquer o su propio padre. “Los maestros marcan mucho el destino de una persona”, decía, quien también era un gran aficionado al fútbol.

Sobre los diccionarios y la incorporación de vocablos, señalaba que tenía “que ser constante, porque lo que innova la lengua es la vida, y la vida innova cada día”. “Si algo no está [en el Diccionario] pero lo utilizan García Márquez y Vargas Llosa, úsenlo sin miedo". Cuando tomó posesión de su silla en la RAE, subrayó que “América era lo más atractivo del español por sus características de tipo social” y reconocía que, en lo referido a la gramática, España había vivido “un poco de espaldas” a los americanos.

En cualquier caso, Blecua era optimista respecto al futuro de la lengua española “por su gran dimensión literaria”. En su mandato, la RAE celebró su tricentenario, pero vivió la cara amarga del descenso de la subvención del Estado a la casa, que pasó de 3,8 millones cuando se hizo cargo de la institución en 2011, a 1,6 millones en su último año, el 2014, una situación que él mismo calificaba de “dramática”. Hay que tener en cuenta que en aquella época el presupuesto de la RAE dependía al 50% del Estado.

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, fue profesor de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma de Barcelona, de la que fue vicerrector y director del Servicio de Publicaciones. Asimismo, fue colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Fuera de España, ejerció como profesor, entre otros centros, en la Ohio State University (1971).

Especialista en lexicografía e historiografía lingüística, colaboró con Juan Alcina en la obra Gramática española (1975) y dirigió el Diccionario VOX de sinónimos y antónimos, el Diccionario general de sinónimos y antónimos (1999) y el Diccionario escolar de sinónimos y antónimos (1999). Precisamente, el pasado 20 de mayo la RAE publicó su primer Diccionario de sinónimos y antónimos en sus tres siglos de historia. Además, fue coautor del primer libro de estilo del periódico La Vanguardia (1986) y participó en programas de divulgación lingüística, como Hablando claro, de TVE, entre 1987 y 1992. Fue designado presidente del Comité Ejecutivo de la Comisión del IV centenario del Quijote por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Doctor honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid en 2014, fue secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española, que se celebró en Sevilla, en 1992, y secretario del Comité Académico del I Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), en Zacatecas (México), en 1997.

Entre sus reconocimientos, destacan la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente, otorgada por la Generalitat de Cataluña (2005), y el Premio de las Letras Aragonesas de 2012. Además, fue galardonado con la Creu de Sant Jordi y con la Medalla de la Universidad de Zaragoza. En 2015 recibió el Premio Efe Cultura, que otorgaba por primera vez la agencia de noticias.

Su labor también fue reconocida por otras academias de la lengua española. En 2014, las academias venezolana y guatemalteca le distinguieron con el título de miembro honorario. Igualmente, fue miembro ilustre de la Academia Chilena y miembro correspondiente de la Paraguaya.

 V

 Blecua. Su cordialidad era inseparable de su amor por las palabras, Luis García Montero, El País, 1 jun 2026:

Los topónimos no son fríos. Era siempre una emoción hablar con José Manuel Blecua de todo lo que cabe en las palabras, seres vivos que se escapan de los diccionarios para respirar entre las personas. Hace ahora dos años, cuando dejó un legado en la Caja de las Letras, recordó su trabajo como director académico del Instituto Cervantes entre 1994 y 1995. Poner en marcha la institución junto a Nicolás Sánchez-Albornoz le hizo comprender que los topónimos no son fríos. Cada vez que escuchaba noticias sobre algún suceso en El Cairo o en Beirut, una sequía, una guerra, los topónimos se llenaban de gente, personas que salían todas las mañanas a la calle, caminaban entre las dificultades de la existencia y decidían, por ejemplo, estudiar o enseñar un idioma. La cordialidad de Blecua era inseparable de su amor por las palabras. A través de ella había aprendido, como lector y filólogo, a respetar el menester y la conversación de los hablantes.

Los apellidos tampoco son fríos. Hablar con Blecua era también estudiar a Lope de Vega con su padre, don José Manuel, o a Garcilaso con su hermano Alberto. El apellido Blecua es un sinónimo de la palabra filología, salta de los libros a la admiración para juntarse con Lázaro Carreter, Ynduráin o Alvar, y luego con Góngora o Juan de Mena, pasando más tarde a la gramática española, la lingüística y la significación de todo tipo de antónimos. Porque si tienen valor los sinónimos, tampoco carecen de importancia los antónimos. Su respeto a la vida de las palabras le llevó a entender la importancia de la diversidad de nuestro idioma y la riqueza del español en América. Desde el Instituto Cervantes abrió el camino que desembocaría poco después en el primer Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas. Allí se comprobó que los topónimos no son fríos y que el amor a la literatura y las palabras es inseparable del respeto a la dignidad los seres humanos.

VI

Fallece el académico zaragozano José Manuel Blecua, exdirector de la RAE, en Aragón Digital, Redacción, 29/may/26:

Durante su etapa al frente de la RAE presidió igualmente la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) y el patronato de la Fundación del Español Urgente (Fundéu)

La cultura y la lengua española despiden este viernes a una de sus figuras más reconocidas. El exdirector de la Real Academia Española (RAE) y académico José Manuel Blecua ha fallecido en Madrid a los 86 años, según ha informado la propia institución a través de un comunicado.

Nacido en Zaragoza el 21 de junio de 1939, Blecua desarrolló una larga trayectoria vinculada al estudio y la divulgación de la lengua española. Fue elegido académico de número de la RAE el 19 de junio de 2003 para ocupar la silla H y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado 'Principios del Diccionario de Autoridades'. Además, fue director de la institución entre 2011 y 2014, tras ser elegido para el cargo en diciembre de 2010, y ejerció como secretario de la corporación entre 2007 y 2009.

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, fue también el responsable del volumen 'Fonética y fonología' de las dos ediciones de la 'Nueva gramática de la lengua española' de 2011 y 2025. Durante su etapa al frente de la RAE presidió igualmente la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) y el patronato de la Fundación del Español Urgente (Fundéu).

TRAYECTORIA ACADÉMICA Y DOCENTE

Blecua impartió clases en la Universidad de Barcelona y en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde desempeñó distintos cargos, entre ellos los de vicerrector, director del Servicio de Publicaciones y fundador y director del primer Seminario de Filología e Informática. En 2011 recibió el reconocimiento de la Associació d'Amics de la UAB en un acto en el que se presentó el libro 'Al otro lado del espejo', publicado en homenaje a sus años de docencia.

También fue profesor en Ohio State University (1971), en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987), en los cursos de verano para extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca y colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Asimismo, fue miembro de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz, según ha informado la RAE.

Fue secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española celebrado en Sevilla en 1992 y responsable de la Sección de Lengua y Tecnología. También ejerció como secretario del Comité Académico del I Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Zacatecas en 1997 bajo el lema 'La lengua española y los medios de comunicación'. Además, fue director académico del Instituto Cervantes entre 1994 y 1995.

Especialista en lexicografía e historiografía lingüística, colaboró con Juan Alcina en la obra 'Gramática española' (1975) y dirigió el 'Diccionario VOX de sinónimos y antónimos', el 'Diccionario general de sinónimos y antónimos' (1999) y el 'Diccionario escolar de sinónimos y antónimos' (1999).

Miembro del Consejo de Asesoramiento Científico de la colección Historiografía de la Lingüística Española y director de la colección Enseñanza Crítica (ed. Crítica), formó parte del Consejo de Redacción de la 'Nueva Revista de Filología Hispánica', de la 'Revista de Lexicografía', del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y del Consejo de Dirección de Cuadernos de Filología.

Fue además coautor del primer libro de estilo del periódico barcelonés 'La Vanguardia' (1986) y participó en programas de divulgación lingüística como 'Hablando claro' (TVE, 1987-1992).

RECONOCIMIENTOS Y DISTINCIONES

José Manuel Blecua recibió, entre otros galardones, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), el Premio Aragón de Investigación (2005) por su labor en los campos de la gramática y la lexicografía, la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente otorgada por el Gobierno de la Generalitat (2005), el Premio Atlántida (2011), la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza (2011), el Premio de las Letras Aragonesas 2012 y el Premio Heraldo a los Valores Humanos y el Conocimiento (2014).

También fue distinguido con el doctorado honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid y presidió el jurado del primer premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Además, recibió la Creu de Sant Jordi y la Medalla de la Universidad de Zaragoza.

Su trayectoria fue reconocida igualmente por varias academias de la Asale. En 2014, las academias Venezolana y Guatemalteca de la Lengua le concedieron el título de miembro honorario de ambas corporaciones; fue recibido como miembro ilustre de la Academia Chilena y nombrado miembro correspondiente de la Academia Paraguaya.

VII

De Biblioteca Virtual de la Filología Española:

José Manuel Blecua Perdices es un filólogo español, nacido en Zaragoza en 1939 e hijo del también filólogo José Manuel Blecua Teijeiro (1913-2003) y hermano de Alberto Blecua (1941-). Desde muy joven se aficionó a la lectura y tuvo como profesores a humanistas importantes como Francisco Ynduráin (1910-1994) o Idelfonso Manuel Gil (1912-2003). Tras ser profesor de enseñanzas medias, se doctoró en Filología Románica en 1970 con una tesis sobre la Silva de poesía del doctor Eugenio Salazar. Consiguió la agregación –entonces paso obligatorio acceder a una cátedra– de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Barcelona en 1975. En esta Universidad, fue vicerrector y dirigió el Seminario de Filología e Informática. Ha sido profesor invitado de la Ohio State University (1970) y en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987). Ha dirigido el Diccionario general de sinónimos y antónimos, actualización del repertorio de Samuel Gili Gaya (1892-1976), y ha llevado a cabo numerosos trabajos lexicográficos e historiográficos. Asimismo, junto con Juan Alcina Franch (1917-1998), escribió la conocida Gramática española. En 2003 fue elegido miembro de la Real Academia Española y en 2006 tomó posesión con el discurso Principios del Diccionario de Autoridades. Entre el 16 de diciembre de 2010 y el 11 de diciembre de 2014 fue director de la Institución. Fue, además, responsable del volumen Fonética y Fonología de la Nueva gramática de la lengua española (2011).

Obra

Atlas de la literatura española, Jover, Barcelona, 1975.

Lingüística y significación, Salvat, Barcelona, 1973.

Principios del Diccionario de Autoridades. Discurso leído el día 25 de junio de 2006 en su recepción pública por el excelentísimo señor D. José Manuel Blecua y contestación del excelentísimo señor D. José Antonio Pascual, Real Academia Española, Madrid, 2006.

José Manuel Blecua (dir.), Diccionari avançat de sinònims i antònims de la llengua catalana, 7ª ed., Biblograf, Barcelona, 1997.

José Manuel Blecua (dir.), Diccionario general de sinónimos y antónimos, Biblograf, Barcelona, 1999.

José Manuel Blecua, Juan Gutiérrez y Lidia Sala (eds.), Estudios de grafemática en el dominio hispánico, Universidad de Salamanca-Instituto Caro y Cuervo, Salamanca, 1998.

Juan Alcina y José Manuel Blecua, Gramática española, Ariel, Barcelona, 1975.

VIII

Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografia de José Manuel Blecua» [Internet]. Barcelona, España: Editorial Biografías y Vidas, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/blecua_jose_manuel.htm [página consultada el 1 de junio de 2026].

(José Manuel Blecua Perdices; Zaragoza, 1939) Filólogo español. Desde su juventud estuvo vinculado al mundo universitario barcelonés; la primera causa de ello fue el hecho de que su padre, el también prestigioso filólogo José Manuel Blecua Teijeiro, ganara las oposiciones en Barcelona, ciudad en la que Blecua, al igual que su hermano Alberto, finalizó sus estudios de filología, que había empezado en Zaragoza y continuado en Madrid.

Al terminar su formación universitaria inició su labor docente, primero en la Universidad de Barcelona y posteriormente, desde septiembre de 1968, como profesor de lengua española en la Universidad Autónoma, donde dirigió el Seminario de Filología e Informática. Fue profesor invitado en la Ohio State University (1971) y en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México (1986-1987); secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española (Sevilla, 1992) y director académico del Instituto Cervantes.

Muchos libros y trabajos jalonaron su carrera. Algunos son obras colectivas, diccionarios y estudios de gramática y de otros ámbitos de la filología (trabajos de lexicografía, de historia de las ideas lingüísticas en España, de aplicación de las nuevas tecnologías al estudio de la lengua española y de la situación del español como lengua extranjera), aunque no faltan manuales de uso didáctico y estudios sobre literatura, especialmente sobre literatura medieval. Colaboró con Juan Alcina en la Gramática española (1975), publicó el libro de estilo del periódico barcelonés La Vanguardia (1982), un trabajo pionero en este campo, y dirigió el Diccionario general de sinónimos y antónimos (1999).

El 25 de junio de 2006 ingresó en la Real Academia Española de la Lengua, donde ocuparía el sillón “h”, vacante tras el fallecimiento del también filólogo Emilio Lorenzo. En el curso del solemne acto, Blecua leyó su discurso de ingreso centrado en “arrojar un poco de luz” sobre algunos aspectos teóricos y prácticos de las páginas iniciales del primer diccionario de la institución, el Diccionario de autoridades (1726).

En su discurso, Blecua recordó que la primera vez que entró en el Salón principal de la institución fue el 21 de marzo de 1954, día en que escuchó otro discurso de ingreso, el de quien poco después sería su maestro, Rafael Lapesa. “Desde entonces, los momentos y las horas han ido cavando en mi vivir, a jornal de mi pena y mi cuidado, […] Es verdad que no sólo no he perdido la ilusión juvenil que tenía entonces, sino que además he ganado en el inmenso asombro que me produce encontrarme en este lugar”, dijo emocionado.

Blecua ha manifestado en diversas ocasiones lo importante que es cuidar el uso del idioma, algo que queda bien claro en el epígrafe, tomado de unas palabras del poeta Pedro Salinas, utilizado en uno de sus libros: “Cabe la esperanza de que cuando los hombre hablen mejor, mejor se sentirán en compañía, se entenderán más delicadamente”.

Una visión de la lengua íntimamente relacionada con las intenciones fundamentales del Diccionario de autoridades, acerca del cual Blecua disertó en su discurso de ingreso en la RAE, que son “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana, desterrando todos los errores que en sus vocablos, en sus modos de hablar, o en su construcción ha introducido la ignorancia, la vana afectación, el descuido, y la demasiada libertad de innovar: será su empleo distinguir los vocablos, frases, o construcciones extranjeras de las propias, las anticuadas de las usadas, las bajas y rústicas de las cortesanas y levantadas, las burlescas de las serias, y finalmente las propias de las figuradas”. Todo un programa.

Tras pronunciar su discurso, introducido por los también académicos de la institución el poeta Francisco Brines y el arquitecto Antonio Fernández Alba, fue respondido por el lexicógrafo y también académico José Antonio Pascual, quien destacó del nuevo académico su perfección y “enorme cuidado” en todas sus tareas.

Pascual subrayó como características fundamentales de la personalidad de Blecua el haberse entregado desde muy joven “en cuerpo y alma” a un trabajo que le apasiona, y cuya especialización no ha sido en absoluto incompatible con la divulgación. Incluso, cabría añadir, tampoco ha sido incompatible con la incorporación, tanto al trabajo de investigación como al docente, de las nuevas tecnologías, y así le fue reconocido por la Generalitat de Catalunya, que en 2005 le concedió el premio Jaume Vicens Vives a la calidad docente universitaria, en reconocimiento a su larga trayectoria profesional, “especialmente como promotor de la renovación en el campo de la filología, teniendo en cuenta la incorporación de las nuevas tecnologías a los estudios de lengua y literatura”.

Blecua, que en 2005 fue presidente de la Comisión Nacional del IV Centenario de El Quijote, con ocasión del cuarto centenario de la publicación de la obra más reconocida de Miguel de Cervantes, reconocería que Don Quijote de la Mancha “puede ser el camino de acceso a los clásicos, uno de los grandes problemas de la enseñanza”. De hecho, la enseñanza y la divulgación, junto a la investigación, han ocupado y ocupan al nuevo académico y guían su actividad como filólogo. “La entrada en la Academia -tal como él mismo declaró- es un honor, es la culminación de una carrera.”

Pero no empezaba en 2006 su relación con la institución. Ya en el año 2002, antes de su nombramiento, inició un trabajo de gran trascendencia para la Real Academia Española. Ignacio Bosque dirigía la elaboración de una gramática descriptiva y moderna, y a Blecua le correspondería dirigir el equipo que preparaba los materiales de fonética y fonología.

Esta nueva gramática permitiría a Blecua cultivar una de sus pasiones: el español que se habla en América. Sobre esta cuestión manifestó al escritor Ignacio Vidal-Folch, en junio de 2006, que “es formidable contemplar de cerca la enorme capacidad que tiene América para mantener, por una parte, una fuerte tradición de elementos que se han perdido en la Península, construcciones gramaticales que piensas que por la extensión que tienen han de ser del siglo XVI, y, por otra parte, su capacidad de innovación: por ejemplo, en la formación de palabras. Esa doble fuerza de América le da un sello especial a la lengua”.

Blecua reconocía que todavía hoy podía maravillarse yendo “a un pueblecito pequeño de Uruguay y encontrar a una persona que tiene unas características fonéticas que nunca habías imaginado”, de lo cual concluía que “hay una riqueza tan grande […] que América quizá sea lo más atractivo que tiene la lengua española”. Y todo esto iba a quedar de manifiesto en la nueva gramática, pues según el filólogo, “este aspecto de incorporar los elementos americanos de una manera sistemática va a hacer que ésta sea realmente revolucionaria”.

 IX

José Manuel Blecua, mucho más que un profesor, por Carme Riera, en La Vanguardia, 29/05/2026 20:49

Ha fallecido en Madrid José Manuel Blecua Perdices. Había superado un ictus y se encontraba mucho mejor y eso nos hacía suponer que pronto volvería a incorporarse a los trabajos de la RAE, a la Comisión de Neologismos, en la que coincidíamos, y al Pleno posterior, en que me sentaba a su lado. Me va a ser muy difícil acostumbrarme a su ausencia. José Manuel Blecua (Zaragoza 1939) filólogo, no era solo un profesor. Era un maestro y un amigo. 

Tal vez porque, al igual que su hermano Alberto, seguía el modelo de su padre, José Manuel Blecua Teijeiro, tan cercano al espíritu de la Institución Libre de Enseñanza y a su manera de transmitir los saberes y educar en valores. En consecuencia, la pedagogía de los Blecua iba mucho más allá de lo que nos enseñaban en clase. Los Blecua nos transmitían una forma de ver el mundo y de estar en él, basada en el respeto, la tolerancia, la amabilidad y la empatía. Una forma humanística y civilizada, que hoy escasea.

Con José Manuel desaparece también, desde mi punto de vista, una manera de acercarse a los textos, de leer los textos explorando todas sus posibilidades, sin prisa y y sin los atropellos que hoy parecen condicionar cualquier lectura. Blecua impartió durante veinticinco años, en la Universitat Autònoma de Barcelona, una asignatura titulada Comentario lingüístico de textos literarios , cuya importancia fue tan grande que sus discípulas, Dolors Poch y Glòria Clavería, le ofrecieron el homenaje de un libro, Al otro lado del espejo , en el que a través de diez miradas distintas se complementaban aspectos tratados en sus cursos.

Los Blecua, aragoneses, aunque afincados en Barcelona durante mucho tiempo, tanto el padre, al que llamábamos Blecua padre e incluso algunos el padre Blecua, como los hijos, fueron primero catedráticos de instituto, antes de hacer oposiciones a cátedras de universidad. José Manuel enseñó en el instituto Menéndez y Pelayo de Barcelona. Sus alumnos eran tan solo unos pocos años menores que él y muchos le recuerdan con afecto. 

Con muchísimo afecto también le recuerdan sus alumnos de la Autònoma de Barcelona, donde ocupó cargos, decano, vicedecano, secretario, vicerrector director de publicaciones y fundador del Laboratorio de Fonética. Ligado al Seminario de Filología e Informática que se convirtió en un centro pionero. En 2003, año en que entra en la Real Academia Española, fue nombrado responsable de la Fonética y Fonología de la Nueva Gramática de la Lengua Española de la Real Academia. En la RAE ocupó los cargos de secretario y de director.

José Manuel deja un vacío enorme no solo en su mujer María Luisa, en sus hijas, Irene y Pete, o en sus nietos sino también en sus amigos. Será duro constatar que no está.

X

José Manuel Blecua Perdices, el español ya te echa de menos, en El Periódico de Aragón, Daniel Monserrat, Zaragoza, 29 MAY 2026:

El filólogo y lingüista defendía desde su optimismo que "las modas afectan a la lengua, pero en muchos aspectos es impermeable y siempre se enriquece"

Si alguien se acercó a la lengua con mimo, cuidado y con la modestia de aprender de ella para tratar de comprender el mundo que habitábamos ese fue José Manuel Blecua Perdices. Un estudioso de la lengua que desde su discreción y su tranquilidad nunca dudó en defender su sincero amor por la lengua... y por su tierra. Lean si no la siguiente definición: "Es una lengua exacta y precisa que cumple su función de comunicación, y que como el español de otras zonas dialectales tiene algunas característica que, en nuestro caso son el acento, el alargamiento de la cantidad vocal al final de las palabras, el horror al esdrújulo (como platano y medico), y un léxico especial como decir luna a un patio; pero sin que ello interfiera en su comprensión por el interlocutor". Así definió el español que hablamos en Aragón cuando en 2012, el Gobierno de Aragón decidió otorgarle el Premio de las letras aragonesas.

Entonces, Blecua Perdices reivindicó a los profesores de Lengua que tuvo en el Instituto Goya que, según explicó, le enseñaron a amar "la belleza de la lengua" y a entender, como él defendía siempre que le invitaban a pronunciar una conferencia, "que el español es un idioma muy vivo" y de esa forma había que acercarse a él. "El dinamismo en la lengua es propio de su función", decía en una entrevista a este diario en 2012, pero alertaba que hay que tener cuidado con las agresiones "que se producen con la simplificación, al eliminar lo imprescindible (en algunos sectores de jóvenes). Quizá algunos descuidos en la enseñanza repercuten en la pobreza estilística y de vocabulario", señalaba. Aun así, Blecua Perdices siempre hacía gala de su optimismo: "Las modas afectan a la lengua, pero en muchos aspectos es impermeable y siempre se enriquece".

Heredero de una pasión

Ese era Blecua, heredero de una tradición familiar de filólogos y consciente de que su verdadera pasión era convivir con la lengua y, sobre todo, enseñarla, de hecho, fue profesor de instituto y de universidad y oírle hablar siempre era como asistir a una de sus clases magistrales. Hace dos años, el Instituto Cervantes decidió abrir uno de los habitáculos de su Caja de las letras a la familia Blecua (su hermano Alberto, fallecido antes que él, también fue un destacado lingüista).

José Manuel Blecua legó en la caja de seguridad toda una declaración de intenciones, un ejemplar de la 'Gramática Española' (1975), un tomo de la 'Nueva gramática de la lengua española' (NGLE), 'Fonética y Fonología' y su discurso de ingreso en la RAE.

"Estoy muy contento, pero creo que es inmerecido", decía el catedrático con gran modestia en uno de sus reconocimiento, ya que al recordarle su trayectoria hacía extensivos sus méritos a los grandes lingüistas que ha dado esta tierra "que además ha creado una gran tradición de directores de la RAE, que comenzó con Miguel Asín y siguió con Pedro Laín, Manuel Alvar y Lázaro Carreter", recordaba. Todos han marcado el camino de Aragón que ahora se queda si uno de sus más ilustres amantes de la lengua, que será la primera que le eche de menos.