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lunes, 16 de marzo de 2026

Respuestas cómodas a argumentos tontos

Las discusiones no deben ser malas, pues, cuando los argumentos son buenos, ambas partes ganan; sin embargo, a veces nos encontramos con gente que tiene un nivel cultural bajísimo. Hay quien, por supuesto, no se esfuerza en disimular, y sus comentarios se convierten en un ataque claro; en el fondo sabemos que no vale la pena siquiera prestarles atención, y menos cuando el ataque es personal; no sería lo más sensato ignorarlo; pero a veces estos señores crean un chiringuito, e incomodan a la gente que valoras; entonces es cuando se vuelve necesario hacerles el vacío y dejarlos hablando solos. Bien, para esa gente molesta está dedicado cariñosamente este texto.

Quiero que quede bien claro: estas no son respuestas que debes utilizar en una discusión elevada donde se intercambian ideas contrarias; realmente, no es de personas serias intentar ganar una discusión sin tener la razón, más aún cuando uno se esfuerza por darte argumentos buenos y lo que se viene son respuestas sarcásticas que puedes utilizar únicamente para dejar plantado al típico que solamente te quiere fastidiar; pero estas respuestas tienen una peculiaridad: le hacen ver a tu interlocutor, o a quienes lo escuchan o leen, lo tontos que son estos argumentos, sin recurrir a insultos o a la falacia ad hominem o contra el hombre; así pues, estas son diez respuestas inteligentes a diez argumentos tontos.

Número 1: "Siento pena por ti"

La gente a veces cree que se anota un golazo al decir esto, y que uno se queda pensando: "¡Oye que no soy un mal tipo!" O bien creen que te vas a enfadar mucho y que vas a atacar con lo primero que vea así; pues bueno, para esto es mejor demostrar que las palabras no te han afectado, pues, como decía mi amiga Ágata: "quien te enoja te domina"; ensaya más bien esta respuesta a sientes pena por mí: "Pues yo no siento nada por ti: sufre la indiferencia".

Número 2: "No sé qué te ha pasado, viejo, antes eras chévere"

Es la famosa frase que Bart Simpson le dice a Homer cuando viejo y que luego se ha hecho todo un meme por Internet; pero hay mucha gente que cree que ha descubierto la pólvora y la repite con sus variantes cada vez peor: "Ya aburres con lo mismo", etcétera.

Así pues, si eres capaz de mantener la calma, advertirás una grave inconsistencia en este argumento. Puede resultar que tu interlocutor ha puesto en evidencia que te está siguiendo desde hace mucho tiempo a pesar de que supuestamente ya no eres tan virtuoso como cuando entró. "Verás: antes estaba contra ti por tal cosa y, sin embargo, regresas a verme". 

Número 3. "Debería darte vergüenza decir o hacer esto o aquello."

Aquí hace uso de una falacia para hacerte creer que estás en un error porque los efectos son aparentemente indeseados para tu interlocutor; en otras palabras, el que te quiere hacer sentir mal por lo que sea hayas dicho o hecho; no caigas en este juego, responde más bien: "La expresión propia no debe ser motivo de vergüenza, es importante"; y es también una buena técnica en estos casos no responder en primera persona o en segunda: mejor hacerlo en tercera o en modo impersonal, para evitar alusiones directas; ahora bien, por otro lado, si se quiere ser más punzante quizá esta frase la podrías complementar con "vergüenza es quedarse callado y atacar a quien ejerce su derecho a expresarse", aunque esto último puede resultar un poco ponzoñoso; para mí basta con el primer término y luego un rotundo silencio.

Número 4. "No seas tonto".

Es como lo anterior, pero aquí el insulto ya es patente. No te desgastes antes de responder con otro ataque mejor; haz uso del efecto rebote: "Tienes razón, a veces cometo tonterías, por ejemplo escuchar ciertos comentarios; te prometo que no volverá a ocurrir", y luego te marchas.

Lo que me gusta de esta respuesta es que aquí el abandono acredita totalmente lo dicho; el hecho de no responder nada con el tiempo era asentir al atacante, que la discusión siempre fue una tontería, claro, si realiza el comentario he visto respuestas de éstas abandonadas así por años y la verdad que leerlas después de ese tiempo es muy gracioso.

5. "Eres un mentiroso"

Y de esa manera cualquier cosa que digas por extensión se convertirá en una mentira para tu interlocutor, mente cerrada y falaz, y esto me recuerda que el viejo pleito filosófico entre Sartre y Camus fue una discusión que se llegó a degradar tanto que Camus se retiró diciendo: "En esta discusión cualquier defensa se convierte en la apología de uno mismo", ya que se había dado cuenta de que no estaba debatiendo argumentos sino defendiéndose de ataques personales; por eso es mejor escapar de estas triquiñuelas con una respuesta paradójica que dejara al proponente: "En verdad, todo lo que digo es una mentira."

6. "Puntos suspensivos: infórmate"

Antes de hablar, te quieren desacreditar; y aparentemente es peor cuando uno se dedica precisamente a compartir conocimientos, sea como periodista, maestro, analista, opinólogo, lo que sea: es un ataque al corazón; pero, si tenemos la cabeza fría, y recordamos lo dicho en el primer punto, sabremos que lo mejor es demostrar insensibilidad. Tú puedes responder: "Todos los días se aprende de alguien". Estoe considera que, previo el ataque, tu interlocutor te ha dicho algo útil; pero, si no te ha dicho nada productivo, que es lo usual, entonces agrega incluso: "Eso es juzgar sin argumentos."

7. "Tú no puedes opinar, porque no estás en sus zapatos"

Por decirlo de modo elegante, generalmente ese comentario se manifiesta en algo así como que "tú no puedes opinar del futuro porque no eres futbolista, no puedes hablar de ciencia porque no eres científico" que es ser algo en este mundo. Si no es una etiqueta, los títulos funcionan en un plano institucional; pero, en la realidad, todos sabemos un poco de todo; ni qué decir tiene que yo he conocido taxistas que saben más de política que el presidente; así que la respuesta más cortés y tajante para mí sería "no hay que estar gallina para hablar de huevos".

8. "Si no vives aquí no puedes hablar de nuestra realidad, qué te has creído"

Esto es una variante de la anterior. La respuesta la pueden hacer con cierta ironía: "Tienes razón; ahora le comunico a la NASA que deben dejar de hablar de Marte, porque no son marcianos"

9. "Le voy a poner un dislike, hombre"

Mucha gente me dice esto; yo siempre les he dado muy poca importancia; si sí es verdad que en alguna ocasión yo he contestado a alguno de estos comentarios, pero no lo hago porque me afecten, sino porque quiero que se entienda la inutilidad de los mismos. Así que: "Déjame dislike o algo, pues lo haces y listo; no sé cuál es tu drama existencial"

Así pues, mi respuesta en estos casos es: hágalo, pero después no se sienta solo.

10. Este punto no es ningún comentario, sino más bien la forma de manifestarlo.

Es el típico comentarista que escribe con faltas de ortografía, que, por lo general, usa argumentos tan pobres como: "Oye: qué te has creído tú, te equivocas", como si dieras vergüenza ajena. A estos niveles puede responder de esta manera: "Me encantaría discutir contigo, pero la ortografía / ortología me impide entender tu idioma." 

Beno amigos como les repito estas son respuestas que podrían utilizar solamente en casos extremos porque ciertamente para mí a veces la mejor respuesta es la no respuesta.

viernes, 13 de marzo de 2026

Lista de sesgos cognitivos

[Sesgos cognitivos. Transcripción corregida de YouTube]

 Ilusión de verdad es el fenómeno por el cual tendemos a creer que una afirmación es verdadera simplemente porque la hemos escuchado repetidas veces, independientemente de su validez lógica o factual. La repetición genera fluidez cognitiva. Al cerebro le resulta más fácil procesar algo familiar y confunde esa facilidad de procesamiento con la veracidad. Es la base de la propaganda política. Como decía la frase atribuida a Goebbels, una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.

Perseverancia de creencias es la tendencia a mantener una creencia incluso después de que la evidencia que la sustentaba haya sido totalmente desmentida. El cerebro crea redes de apoyo para cada creencia. Aunque quites el pilar principal, el resto de la estructura se resiste a caer para evitar la crisis de identidad. Cambiar una creencia nuclear requiere una reestructuración mental tan masiva que el cerebro prefiere negar la realidad. 

Sesgo de confirmación. El sesgo de confirmación es la tendencia a buscar, interpretar, favorecer y recordar información de manera que confirme nuestras propias creencias o hipótesis preexistentes, ignorando lo que las contradice. Si la persona cree que hoy tendrá mala suerte, su cerebro registrará cada semáforo en rojo o cada pequeño tropiezo como una prueba irrefutable, pero ignorará completamente las cosas buenas que le pasen. Estudios de neuroimagen muestran que cuando recibimos información que confirma lo que pensamos, el cerebro activa los centros de recompensa dopamina, similar a lo que ocurre con la comida o el sexo. 

Efecto halo ocurre cuando la impresión global positiva de una persona, empresa o marca influye en la evaluación de otras características no relacionadas, asumiendo cualidades que no hemos comprobado. A principios de los 2000, Apple gigante que es hoy. Cuando lanzaron el iPod, el éxito fue tan masivo que los consumidores empezaron a asumir que si Apple hacía el mejor reproductor de música, entonces sus computadoras Mac también debían ser las mejores. En el sistema judicial se ha demostrado que los acusados considerados atractivos suelen recibir sentencias más leves que aquellos percibidos como menos agraciados por el mismo delito.

Efecto cuerno. Este es el opuesto al efecto halo. sucede cuando un solo rasgo negativo de una persona provoca que tengamos una percepción global negativa de ella opacando sus virtudes. Un compañero nuevo llega tarde a su primer día de trabajo. Inmediatamente asumimos que es perezoso e incompetente en todas sus tareas, aunque solo haya tenido un contratiempo puntual. Funciona como un mecanismo de defensa biológico preventivo. Si algo parece defectuoso o peligroso en un aspecto, el cerebro prefiere descartarlo por completo para evitar riesgos innecesarios.

Sesgo de autoridad es la tendencia a atribuir mayor precisión y validez a la opinión de una figura de autoridad real o percibida, independientemente del contenido de su argumento. Su raíz es social y jerárquica. Seguir al líder de la tribu reducía conflictos internos y aumentaba las posibilidades de supervivencia del grupo frente a amenazas externas. El experimento de Milgram demostró que personas ordinarias eran capaces de administrar descargas eléctricas potencialmente letales a desconocidos solo porque un científico con bata blanca se lo ordenaba. 

Sesgo de autoservicio es el hábito mental de atribuir nuestros éxitos a factores internos, inteligencia, esfuerzo y nuestros fracasos a factores externos, mala suerte, culpa de otros, para proteger nuestra autoestima. Si apruebas un examen es porque eres muy listo. Si repruebas es porque el profesor te tiene manía o las preguntas serán injustas. Es un mecanismo de defensa del Joe que ayuda a mantener la motivación incluso después de un fracaso rotundo. 

Sesgo egocéntrico es la tendencia a recordar los eventos pasados de manera que nos favorezcan o a creer que nuestras contribuciones fueron mayores de lo que realmente fueron. Este sesgo es fundamental para la salud mental. Las personas con depresión clínica a menudo carecen de este sesgo y evalúan su desempeño de manera más realista y cruel. Un fenómeno conocido como realismo depresivo. 

Sesgo de negatividad es la tendencia psicológica a dar mucho más peso a las experiencias, noticias o críticas negativas que a las positivas. El cerebro procesa los estímulos negativos de forma más rápida y los almacena con mayor intensidad en la amígdala que los positivos, ya que evolutivamente era más útil recordar dónde estaba el león que dónde estaba la fruta. 

Efecto spotlight o foco. El efecto foco es la tendencia a creer que somos el centro de atención y que todo el mundo está notando nuestra apariencia o comportamiento mucho más de lo que realmente lo hacen. Es el resultado del egocentrismo natural. Como nosotros somos el centro de nuestro propio mundo, asumimos que también somos el centro del mundo de los demás. 

Efecto Dunning-Kruger. Este efecto describe cómo los individuos con escasas habilidades en un área tienden a sobreestimar su propia competencia. Se debe a una falta de habilidades metacognitivas. Para reconocer la propia incompetencia, primero se debe poseer un mínimo de conocimiento técnico que permita distinguir lo que está bien de lo que está mal. El estudio se inspiró en un hombre que robó dos bancos tras cubrirse la cara con jugo de limón, creyendo que al igual que la tinta invisible, el jugo lo haría invisible ante las cámaras de seguridad. 

Optimismo irreal. El optimismo irreal o sesgo de invulnerabilidad es la creencia de que uno tiene menos probabilidades de experimentar eventos negativos que los demás. Su función psicológica es reducir la parálisis por ansiedad. Si fuéramos plenamente conscientes de todos los riesgos diarios, no saldríamos de la cama. Un fumador que admite que el tabaco mata, pero está convencido de que él no tendrá cáncer, está aplicando este sesgo. 

Ilusión de control. La ilusión de control es la tendencia a sobreestimar nuestra capacidad de influir en eventos externos que en realidad son completamente aleatorios o están fuera de nuestro alcance. Biológicamente, esto nos motiva a actuar sobre el entorno. La sensación de control reduce el estrés y fomenta la perseverancia ante la adversidad. Se ha observado que los jugadores de dados lanzan con más fuerza cuando quieren números altos y más suave cuando quieren números bajos, como si el movimiento afectara el resultado.

Falacia del costo hundido es la insistencia en continuar un esfuerzo o comportamiento porque ya se han invertido recursos, tiempo, dinero, aunque los resultados futuros no lo justifiquen. La persona se obliga a terminar de ver una película aburridísima en el cine o a terminar un plato de comida que no le gusta, simplemente porque ya pagó por ello. Refleja una aversión extrema a la pérdida. El cerebro siente el dolor de perder lo invertido con más intensidad que la satisfacción de una ganancia futura.

Sesgo de statu quo es la preferencia irracional por mantener las cosas como están y percibir cualquier cambio como una pérdida o un riesgo mayor que el beneficio potencial. Es la razón por la que la mayoría de los usuarios nunca cambian la configuración por defecto de sus teléfonos o aplicaciones, incluso si hay opciones mejores. Evolutivamente, lo conocido es seguro. Si algo no nos ha matado hasta ahora, es mejor no tocarlo para evitar riesgos imprevistos.

Efecto marco, framing. El efecto marco ocurre cuando nuestras decisiones se ven influenciadas por la forma en que se presenta la información como una pérdida o como una ganancia más que por la información en sí. Es mucho más probable que una persona compre una carne etiquetada como 80% libre de grasa, que una etiquetada como contiene 20% de grasa, aunque sea exactamente el mismo producto. Dato curioso, los médicos son más propensos a recomendar una cirugía si se les dice que la tasa de supervivencia es del 90% que si se les dice que la tasa de mortalidad es del 10%. 

Sesgo de escasez es la tendencia a valorar más las cosas que se perciben como limitadas o difíciles de conseguir. El miedo a perderse algo, FOMO, activa una respuesta de urgencia en el cerebro que nubla el pensamiento analítico y potencia el impulsivo. En un famoso experimento con galletas, los participantes valoraron mucho más las galletas de un frasco casi vacío que las mismas galletas de un frasco lleno, simplemente por la percepción de escasez. 

Sesgo de arrastre. Bandwagon Effect. El sesgo de arrastre ocurre cuando alguien adopta una creencia o conducta simplemente porque mucha gente lo hace. Es la esencia del instinto de manada. En la sabana, si todos corren en una dirección, lo más seguro es correr con ellos sin detenerse a preguntar por qué. 

Sesgo de grupo interno. El sesgo de grupo interno es la tendencia a favorecer, confiar y perdonar más a los miembros de nuestro propio grupo, nacionalidad, equipo, religión que a los de fuera, a quienes juzgamos con más dureza o indiferencia. La persona suele sentir que los fans de su mismo equipo de fútbol son mejores personas o más inteligentes que los del equipo rival. Se puede activar este sesgo artificialmente en minutos simplemente dividiendo a la gente por el color de su camiseta o lanzando una moneda, creando una lealtad tribal instantánea. 

Sesgo de confirmación grupal. Group Think. Ocurre cuando el deseo de armonía y conformidad en un grupo resulta en una toma de decisiones irracional o disfuncional. Los miembros suprimen sus dudas para no ser la nota discordante. Por ejemplo, en una reunión de trabajo, nadie se atreve a señalar que el plan del jefe es un desastre evidente y todos asienten como si fuera una genialidad. Se cita a menudo como una de las causas principal es del desastre del transbordador espacial Challenger. Los ingenieros sabían que había riesgo, pero la presión de grupo para lanzar a tiempo silenció las advertencias. 

Efecto espectador es un fenómeno psicológico por el cual es menos probable que una persona intervenga en una situación de emergencia cuando hay otras personas presentes. Se produce por una difusión de la responsabilidad. El cerebro asume que si hay más gente, alguien más capacitado actuará o que no debe ser tan grave si nadie se mueve. Estadísticamente, si estás solo, hay un 85% de probabilidad de que ayudes. Si estás en un grupo de cinco personas, la probabilidad baja al 31%.

Ilusión de frecuencia ocurre cuando después de aprender algo nuevo o fijarte en algo por primera vez, de repente empiezas a verlo en todas partes. No es que el objeto sea más común, sino que tu cerebro ha pasado de ignorarlo a seleccionarlo activamente mediante la atención selectiva. El cerebro es una máquina de buscar patrones. Una vez que identifica una información como nueva y relevante, la resalta cada vez que aparece para integrarla mejor. 

Sesgo de supervivencia es el error lógico de concentrarse en las personas o cosas que superaron un proceso de selección e ignorar a las que no lo hicieron. El cerebro tiende a ignorar los datos invisibles porque no están presentes en ese momento para ser analizados. Por ejemplo, mirar a millonarios que dejaron la universidad como Steve Jobs y Bill Gates y concluir que estudiar no sirve, ignorando a los miles que la dejaron y fracasaron. 

Sesgo de proporcionalidad. El sesgo de proporcionalidad es la tendencia innata a asumir que las grandes consecuencias deben tener grandes causas. Nos cuesta aceptar que un evento pequeño o trivial pueda desencadenar un resultado masivo y catastrófico. Es un intento del cerebro de encontrar un orden y una justicia proporcional en un mundo caótico. 

Efecto placebo es la mejora de los síntomas de un paciente debido a la creencia de que está recibiendo un tratamiento efectivo. Su raíz es la conexión mente cuerpo. La expectativa de alivio libera endorfinas y dopamina que actúan físicamente sobre el sistema nervioso. El efecto es tan potente que los nuevos medicamentos deben demostrar que son significativamente mejores que una pastilla de azúcar, placebo, para ser aprobados. Los placebos pueden funcionar incluso si el paciente sabe que es un placebo, siempre que el médico explique que el cuerpo tiene capacidad de autocuración. 

Efecto nocebo. El efecto nocebo es el gemelo malvado del placebo. Ocurre cuando las expectativas negativas sobre un tratamiento provocan síntomas dañinos reales, aunque el tratamiento sea inerte. Leer los efectos secundarios de un medicamento en el prospecto y empezar a sentir náuseas o mareos inmediatamente después de tomarlo, aunque la pastilla no haya hecho efecto aún, es el resultado de la ansiedad y la hipervigilancia del cerebro sobre el propio cuerpo. 

Efecto IKEA es un sesgo cognitivo en el que los consumidores valoran desproporcionadamente más los productos que han ayudado a crear o ensamblar ellos mismos independientemente de la calidad final del resultado. La persona siente que ese mueble armado con sus propias manos, aunque esté un poco torcido, es mucho mejor que uno comprado ya listo. En los años 50, las mezclas para pasteles instantáneos fracasaron hasta que las marcas quitaron el huevo en polvo y obligaron a los clientes a añadir un huevo fresco. Al tener que cocinar un poco, las ventas se dispararon. 

Sesgo de exceso de confianza. Es la tendencia a sobreestimar la precisión de nuestros propios juicios y conocimientos. Creemos que sabemos más de lo que sabemos y que somos más precisos de lo que  somos. Es un motor de acción. Sin este sesgo, muchas innovaciones humanas nunca se habrían intentado debido al miedo realista al fracaso. Dato científico, el 93% de los conductores estadounidenses cree que conduce mejor que la media, algo que es matemáticamente imposible.

Sesgo de disponibilidad es el error de creer que algo es muy probable o frecuente solo porque nos resulta fácil de recordar. Es la razón por la que muchas personas tienen más miedo a volar que a conducir,  porque recuerdan vívidamente las noticias de un accidente aéreo reciente, ignorando que estadísticamente es mucho más seguro que viajar en coche.

Sesgo de proyección es el error de asumir que los demás piensan, sienten y valoran lo mismo que nosotros o que nuestro yo futuro querrá lo mismo que nuestro yo presente. Es un fallo de la teoría de la mente. El cerebro utiliza nuestro propio estado interno como molde para entender a los demás, porque es la referencia más accesible que tiene. La persona está convencida de que a todo el mundo le va a encantar esa película que a ella le fascinó y se sorprende genuinamente cuando a alguien le parece aburrida. 

Sesgo de representatividad. Consiste en juzgar la probabilidad de algo basándose en cuanto se parece a un estereotipo mental previo. Es un atajo mentalístico para categorizar el mundo rápidamente sin necesidad de realizar análisis estadísticos complejos. Por ejemplo, ver a una persona muy callada y con gafas y asumir automáticamente que es bibliotecaria o ingeniera en lugar de granjero, aunque estadísticamente hay muchos más granjeros.  

El efecto contraste es un sesgo cognitivo que distorsiona nuestra percepción de algo cuando se presenta inmediatamente después o junto a algo muy diferente. Si levantas una caja pesada y luego una ligera, la segunda te parecerá mucho más liviana de lo que es en realidad. Los agentes inmobiliarios a veces muestran primero una casa en mal estado y cara para que la segunda casa, la que realmente quieren vender parezca una oferta increíble en comparación. 

Sesgo retrospectivo. Es la inclinación a ver los eventos pasados como predecibles una vez que ya han ocurrido, distorsionando la memoria para creer que sabíamos que iba a pasar cuando en realidad no era así. Por ejemplo, cuando tras la derrota de tu equipo te dices convencido, lo sabía. Se veía venir desde el principio, aunque en realidad al comienzo del juego tenías esperanzas de ganar. El cerebro reescribe la memoria para que el mundo parezca más ordenado y previsible de lo que realmente es, reduciendo la ansiedad ante la incertidumbre. 

Efecto primacía. Describe nuestra tendencia a recordar y dar más peso a la primera información que recibimos sobre algo o alguien. Esa primera impresión se convierte en un filtro que colorea todo lo que viene después. Se debe a que los primeros ítems tienen más tiempo para ser procesados y transferidos de la memoria a corto plazo a la de largo plazo sin interferencias. Si conoces a alguien y es grosero contigo, te costará muchísimo cambiar esa opinión, aunque luego sea amable durante meses. 

Efecto recencia es el fenómeno por el cual recordamos mejor la última información recibida. A diferencia de la primacía, ocurre porque los datos finales todavía están frescos en la memoria de trabajo a corto plazo al momento de recuperarlos. Los abogados saben esto y suelen guardar sus argumentos más fuertes para el final del juicio, aprovechando que será lo último que el jurado recuerde al deliberar. 

Y hasta aquí la lista de todos los sesgos que influyen en cómo interpretamos la realidad. Atajos mentales que nuestro cerebro utiliza para simplificar un mundo demasiado complejo, pero que a veces terminan distorsionándolo. Si te gustó este recorrido por las trampas de la mente, deja tu like y suscríbete al canal. Nos vemos en el próximo video.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Juan Carlos Peinado, un juez que no sabe escribir, por Álex Grijelmo

Juan Carlos Peinado, un juez que no escribe bien, en El País, por Álex Grijelmo, 5 NOV 2025:

Es difícil entender que alguien con esas carencias haya llegado a magistrado del juzgado de instrucción número 41 de Madrid.

El juez Juan Carlos Peinado no sabe escribir bien. Desconoce los usos de las mayúsculas, de la puntuación, las concordancias, la oportunidad de los gerundios, la relación entre oraciones, el hilo narrativo. El lenguaje claro no va con él.

Se hace difícil asumir que alguien que sufre esas carencias haya llegado a magistrado-juez del juzgado de instrucción número 41 de Madrid, desde el que ha encausado a un ministro y a la esposa del presidente.

La exposición de 32 folios mediante la que elevó al Supremo su acusación de falso testimonio y malversación contra Félix Bolaños, firmada el 23 de junio, es un desorden expositivo que empieza con una frase de 166 palabras nada menos (un párrafo entero: 12 anchas líneas), a la que sigue otra de 161 (el segundo párrafo completo, de 13 largos renglones).

(Esta columna suma hasta aquí 138 palabras en total, para que ustedes se hagan una idea).

El citado segundo párrafo del auto contiene siete comas de más, derramadas a voleo; en el tercero (de 6 líneas), sobran cinco. En el cuarto (de 8), seis comas… y así sucesivamente. En otra frase ¡de 26 líneas! se esparcen 21 comas incorrectas, que junto con lo intrincado de la redacción convierten la lectura en un suplicio. Comas entre sujeto y verbo, entre verbo y complemento. Comas absurdas.

Frases tan enrevesadas oscurecen las argumentaciones, incluso si se releen los párrafos para discernir entre las oraciones principales y las extensas aposiciones, con incongruencias como esta: “Se tuvo la necesidad procesal de proceder a la apertura de una pieza separada (…) derivada de la indicada apertura de pieza separada”.

Pero en los folios 8 y 9, que recuerdan la regulación del falso testimonio, la puntuación se vuelve impoluta. Eso lleva a sospechar (y a confirmar) que procede de mano ajena, por un cortapega de otras resoluciones similares. Sin embargo, en el folio 10 reaparece el lío; y después de otros tres folios impecables, en la página 15 regresa el desastre: “(…) Que ese hecho, fue negado, por dicha persona, Raúl Díaz Silva, cuando declaró, en dos ocasiones, como testigo y bajo juramento, los días 14 y 28”. (...) “Y lo que constituye el indicio principal, para que, se eleve, esta Exposición razonada, por el delito de falso testimonio en causa Judicial, además de por el delito de Malversación”.

El folio 21 recoge la declaración de un testigo, pero con 96 líneas de seguido, sin delimitar los turnos de palabra; sin rayas de diálogo ni punto y aparte alguno, casi siempre sin el signo de apertura de interrogación y a veces con él pero sin el de cierre, de modo que con frecuencia no se distingue quién inquiere y quién contesta.

Esos mismos errores se repiten en el auto que el mismo juez firmó el 23 de septiembre, donde se lee un fundamento segundo con una frase de 220 palabras en la que no soy capaz de discernir cuál es el verbo principal.

Alguien se preguntará por qué me fijo en este magistrado y no en otros. Ah, ¿hay otros que redactan igual? Más a mi favor. Porque entonces se hace aún más imprescindible que el Poder Judicial desempolve el Informe para la modernización del lenguaje jurídico (2010) y exija a todos los jueces su cumplimiento. Y que el acceso a la carrera judicial incluya pruebas por escrito que evalúen la capacidad para razonar con claridad, sobre un papel y no con respuestas orales y memorísticas que se lleva el aire. Habría venido bien interceptar a tiempo la incompetencia lingüística (termómetro de otros males) de quienes con palabras argumentan, condenan o absuelven; y cuya negligencia expositiva constituye un desprecio a los ciudadanos y da pistas acerca del caos mental con el que se supone hacen justicia.

Errores que evitar en filosofía

 ¿Qué se requiere para ser filósofo? 10 errores a evitar. Por Enric Gel. [Transcrito y corregido de YouTube]

 Hay 10 hábitos comunes en los que es súper sencillo caer sin darte cuenta y que pueden sabotear por  completo tu progreso como filósofo. Llevo casi 15 años estudiando filosofía y he caído y sigo cayendo en estos errores mil y una veces. Algunos son tan escurridizos que me ha costado años detectarlos y, ahora que soy consciente de  ellos, los veo continuamente tanto en gente que acaba de empezar en filosofía como en veteranos que llevan tiempo dedicados a esta disciplina. Hoy quiero destaparte de modo claro y sencillo estos 10 vicios del filósofo para que puedas identificarlos y corregirlos a tiempo antes de que sea demasiado tarde. Me llamo Enric, bienvenido de vuelta a Adictos a la filosofía, ¡empecemos!  

 Error 1 que te sabotea como filósofo

 Imagina que te despiertas en un bosque con un grupo numeroso de personas. Ninguno de vosotros sabe qué hace ahí, de dónde vienen ni hacia dónde hay que ir, y os ponéis a discutir con el objetivo de idear un plan conjunto de acción. Rápidamente os dais cuenta de que hay una persona que no para de rechazarlo todo de manera sistemática: "Eso es una pésima idea", "Así no iremos a ninguna  parte", "Es evidente que ese no es el camino"... Hacéis silencio para escuchar su plan, y empieza a contaros su propuesta en el tono más confiado que hayas escuchado nunca. Solo hay un pequeño problema: no tiene pies ni cabeza, es un plan temerario, que podría poneros a todos en peligro, y encima, en este punto, no hay nada siquiera que sugiera, no digamos ya asegure, que de esa manera daréis con el camino correcto.

 Se lo intentáis hacer ver, pero esa persona sigue en sus trece, repitiendo su plan con la confianza de un profeta inspirado por Dios. Y entonces te das cuenta: está tan perdido como el resto de vosotros, solo que no lo sabe. 

 En filosofía suele pasar algo similar en distintos grados de intensidad. A veces nos creemos que algo está clarísimo, que la respuesta a tal pregunta es obviamente esta, y lo único claro es que no estamos reconociendo nuestra propia ignorancia. Esto es común cuando empezamos: creemos que ya lo sabemos todo porque hemos leído un libro o porque hemos visto un vídeo de Adictos a la Filosofía, por ejemplo, pero, objetivamente hablando, el estudio que le hemos dedicado a ese tema no justifica nuestra seguridad.Y este es el primer hábito que nos sabotea como filósofos: la soberbia intelectual de creernos que ya lo sabemos todo. No hace falta irse al otro extremo de "No sé ni se puede saber absolutamente nada",  pero sí que el aprendizaje filosófico necesita, ante todo, un poco de humildad. 

 Error 2 que te sabotea como filósofo

 Supón que no conseguís poneros todos de acuerdo y os rompéis en diferentes grupos y cada uno va por su lado. Pasan los días y, de tanto en cuando, tu grupo se cruza con personas que, o bien siguen otro camino diferente, o directamente van en dirección opuesta a la vuestra. A veces os intentan convencer de que cambiéis de camino; algunos incluso os dicen que hace tiempo iban por esta vía y que no os espera nada bueno. Empiezas a preguntarte si acaso tendrán razón y si no sería mejor revisar un poco el plan; pero a tu alrededor notas que se solidifica la siguiente actitud: "Esta gente que no va por nuestro camino, no hay que escucharla. No saben lo que hacen". Pues esto lo veo en filosofía cada vez más y más y, honestamente, me preocupa: el tribalismo de negarse a escuchar a quien piensa distinto, llegando incluso a veces al extremo de excluirlo de la discusión. Los que no piensan como yo son malos, tontos, poco rigurosos, deshonestos, pseudofilósofos, charlatanes, no saben pensar... Cuando la realidad es que llevamos siglos y siglos de filosofía y la inmensa mayoría de discusiones siguen abiertas: nadie ha conseguido demostrar su posición de manera apodíctica e indiscutible. ¿El remedio? Grábate esto a fuego: "En filosofía, casi todo es controvertido". Y, ojo, no me malinterpretes: está bien tener convicciones, está bien pensar que la respuesta correcta probablemente es esta. El problema es actuar como si solamente hubiera un camino racional posible (curiosamente, el tuyo), ignorando que, en filosofía, gente igual de  inteligente, razonable y honesta puede discrepar acerca de prácticamente cualquier cosa. El peligro  aquí está en terminar con una visión inflada y acrítica de tu propia filosofía, cegándote a los problemas que tiene por acabar considerándola como la respuesta autoevidente.

 Error 3 que te sabotea como filósofo

 El tercer error está relacionado con el segundo; de hecho, probablemente sea su núcleo básico, el hábito  que tienes que abandonar para poder resolverlo. Imagínate ahora que empieza a acumularse evidencia  de que tu grupo efectivamente va por el mal camino y ya estás planteándote seriamente probar algo  distinto. Pero ves que, entre vosotros, cada vez que alguien propone desviarse un poco, hay un buen número de personas que se lo toman como un ataque personal. Han puesto su identidad en el camino elegido y, por tanto, toda objeción es un  cuestionamiento de su persona y no la quieren ni escuchar. Es difícil, pero en filosofía lo ideal es que te dé igual que te refuten. ¿Recibes objeciones? ¡Genial, vamos a verlas! En filosofía, necesitamos objeciones para seguir pensando a fondo. ¿Esas objeciones te refutan? ¡Pues perfecto, te han sacado del error! Es lo mejor que  te podría pasar. Pero este proceso de aprendizaje se dificulta cuando caemos en este tercer hábito: identificarnos demasiado con nuestras ideas, cosa que nos lleva a no estar dispuestos a cambiar  ni a matizar. ¿Quieres arreglarlo? Pues sepárate todo lo posible de tus ideas para que dejes de ver toda objeción, toda crítica, como un ataque o una amenaza existencial. Tú no eres tus ideas: si  tus ideas caen, tú estás a salvo.

 Error 4 que te sabotea como filósofo 

  Pero ojo, porque tampoco es plan de caer en el error o en el hábito opuesto, que es igual de desastroso. ¡Veamos cuál es! Imagínate ahora que tú y unos pocos decidís al fin cambiar de camino y al cabo de unos días os encontráis con una persona que, al veros, se une a vosotros sin siquiera dudarlo. El nuevo empieza a explicaros sus aventuras por el bosque y enseguida notáis un patrón: cada vez que se ha encontrado con gente que iba en una dirección diferente de la suya, se ha cambiado y se ha ido con ellos. Como era de esperar, al día siguiente os encontráis con un grupo que iba en una dirección ligeramente  diferente y vuestro nuevo compañero se les une sin siquiera deciros adiós. Si antes el problema era identificarse demasiado con las propias ideas, aquí lo malo está en apegarse a ellas demasiado poco. Tienes que separarte de lo que piensas, pero tampoco tanto que estés continuamente cambiando de ideas a la primera de cambio, porque así lo único que lograrás es dar vueltas y vueltas y más vueltas. Confía un poco en lo que ya has pensado e intenta darle la mejor oportunidad antes de cambiarlo por algo distinto. Si cambias, que sea por buenos motivos. 

 Error 5 que te sabotea como filósofo 

 Nos hemos topado ya con los que se unen a cualquiera sin siquiera pensarlo. Supón ahora que te encuentras con gente todavía más rara: personas que, a la que ven que otros van por el mismo camino que ellas, cambian directamente sin pensarlo. Unos pocos siguen igual, pero empiezan a hacer cosas diferentes, como, por ejemplo, caminar con las manos o dar volteretas todo el rato. Son los que, por encima de todo, pase lo que pase, quieren ser diferentes. En  filosofía, esto se traduce en amar la originalidad por encima de la verdad. Es un hábito común porque todos, sobre todo al empezar, queremos ser los más novedosos y originales, y encima el sistema de publicación académica premia desproporcionadamente la originalidad, pero eso no quita que sea un error y de los graves. Y es que después de prácticamente 26 siglos de filosofía, está ya todo inventado, y si eres la primera persona en toda la historia a la que se le ocurre la idea X, lo más probable es que sea un disparate. De nuevo, está  bien querer ser original, pero somos filósofos: amamos y buscamos la verdad, no la originalidad.  

 Error 6 que te sabotea como filósofo 

 Imagínate ahora que después de días y días de camino os topáis con una biblioteca en la que, según parece, están conservados los diarios de los más grandes exploradores que en los últimos siglos han transitado ese bosque maldito. ¿No querrías parar a leerlo, saber qué caminos exploraron y a dónde los condujeron? Pues, en filosofía, esa gran biblioteca existe: es la propia historia de la filosofía. Y, sorprendentemente, hay muchos que no quieren entrar en ella o que incluso lo consideran una pérdida de tiempo y un ejercicio antifilosófico. Pero, ¿cómo va a ser una pérdida de tiempo o algo antifilosófico indagar en lo que mentes mucho más penetrantes que la nuestra han pensado sobre esos mismos temas que nos preocupan? La historia de la filosofía no es un obstáculo a tu camino como filósofo: es tu aliada. Entenderla te va a permitir encontrar conexiones entre ideas que, si las hubieras tenido que descubrir por  ti mismo, habrías tardado 200 vidas. No cometas, por tanto, el error de ignorarla.

  Error 7 que te sabotea como filósofo 

 Vamos a detenernos un rato en esta biblioteca, porque hacerlo nos va a permitir destapar el resto de  los hábitos silenciosos que te sabotean como filósofo. Supón que entras y enseguida empiezas a observar una variedad de comportamientos curiosos. Primero están los que agarran un libro, lo ojean rápidamente, murmuran "¡Qué estupidez!" y lo tiran  al suelo, cosa que no voy a hacer porque yo amo los libros. Te agachas a recogerlo, empiezas a mirártelo y quedas sorprendido con la profundidad del pensamiento que está ahí escrito. Con curiosidad le preguntas a esa persona por qué lo ha descartado y enseguida, cuando te responde, te das cuenta de que lo ha malinterpretado de modo descomunal. Se lo intentas explicar,  pero ya es tarde, no te quiere escuchar y se ha puesto a hacer otra cosa distinta. El error aquí (y es un hábito más común de lo que piensas entre filósofos) es quedarse con la primera cosa que se te ocurre cuando escuchas por primera vez una teoría, una propuesta o un argumento nuevo. Si es la primera vez que oímos un cierto argumento o teoría filosófica, nuestro papel es escuchar, hacer un esfuerzo por entender, y, solo entonces, criticar. Lo primero que se nos ocurre como objeción a algo que escuchamos por primera vez suele estar mal o suele ser un malentendido ya respondido y aclarado múltiples veces en la literatura. No te quedes, por tanto, con lo primero que se te pasa por la cabeza. Antes bien, haz un esfuerzo por entender esa propuesta en su versión más fuerte. 

  Error 8 que te sabotea como filósofo 

 Probablemente, lo que está en la raíz del hábito erróneo anterior es lo siguiente. Hay quienes se ponen a correr nerviosos por toda la biblioteca, leyendo un montón de libros a toda prisa, sin darse nunca el  tiempo de descansar, sentarse y leer y entender y pensar algo a fondo. Son los impacientes, los que  quieren una respuesta definitiva ya y no pueden esperar. No seas como ellos: ten paciencia, confía en que las respuestas irán llegando poco a poco con el estudio, con la lectura. La filosofía se hace mejor despacio. 

 Llegamos por fin a los dos últimos hábitos silenciosos que te sabotean como filósofo, que son, en mi opinión, de los más comunes, pero también, por suerte, de los más sencillos de resolver. 

 Error 9 que te sabotea como filósofo

 Imagínate esto. Mientras estás inmerso en tu estudio en la biblioteca y vas perfilando tus planes para salir del bosque, ves a lo lejos a dos personas enzarzadas en una acalorada discusión. Día tras día, ahí están, peleándose a grito pelado, sin lograr convencerse el uno al otro de absolutamente nada. Llega el momento en el que tú estás ya preparado para reanudar tu viaje y ahí siguen esos dos, lanzándose libros a la cabeza, habiendo perdido completamente el tiempo sin haber progresado nada. El hábito erróneo aquí (y es una gran tentación para nosotros los filósofos) es ponerse a discutir con cualquiera, con el primero que pasa y con la  única intención de ganarlo. Mira, la vida es corta y eso es una pérdida de tiempo. Está bien discutir con otros, porque eso nos ayuda a afilar nuestras ideas y darnos cuenta de errores. Pero como nos anima Schopenhauer al final de su libro "El arte  de tener siempre la razón", tenemos que aprender a distinguir con quién vale la pena discutir y quién solo debate de mala fe y sin ningún ánimo de dejarse mover por buenas razones. A esos es mejor dejarlos que le hagan perder el tiempo a otro.

 Error 10 que te sabotea como filósofo

 Por último, están los que entran en la biblioteca, agarran el primer libro que ven y, después de una rápida ojeada, salen corriendo, habiéndolo convertido en su Biblia personal. El error aquí es ser de un solo autor o, peor aún, de un solo libro. Está bien tener un autor, libro, corriente favoritos, pero ninguno es perfecto y en filosofía hay que estar siempre abierto a múltiples opciones. Aunque, por supuesto, después de tantos siglos es complicado decidir qué libros leer y qué no, sobre todo cuando uno está empezando. Por suerte para ti, hice este otro vídeo en el que te hago una selección de los 5 libros imprescindibles para tu propio viaje filosófico por este bosque oscuro que es la vida. 

lunes, 3 de noviembre de 2025

Retórica contra las trampas saduceas

  Autorizado, transcrito y corregido de un vídeo en Youtube:

 ¿Sabías que en el antiguo Talmud se dice: "El sabio se diferencia del necio no porque conozca todas las respuestas, sino porque sabe a qué preguntas no debe responder".

Hoy hablaremos de cinco preguntas trampa que los manipuladores y mentirosos han utilizado durante miles de años para controlar a las personas. Estas preguntas suenan inofensivas, incluso amistosas, pero detrás de ellas se esconde una estrategia astuta para obtener poder sobre ti. La sabiduría judía nos enseña a reconocer estas trampas psicológicas. Y hoy te revelaré las cinco preguntas peligrosas a las que una persona sabia nunca responde directamente. La última es la más insidiosa, la que logra quebrar incluso a los más prudentes.

Pregunta número uno: "¿Por qué estás tan nervioso?"

La primera pregunta trampa suena así. ¿Por qué estás tan nervioso? o alguna de sus variantes: ¿Por qué estás tan tenso? ¿Por qué estás tan preocupado? Parece que la persona muestra interés o preocupación, ¿verdad? Pero en realidad se trata de una manipulación clásica, lo que en psicología se llama inducción emocional.

¿Dónde está la trampa? Cuando comienzas a responder, aceptas automáticamente la premisa de que realmente estás nervioso, aunque no sea cierto.

Empiezas a justificarte. "No, no estoy nervioso, solo que..." Y ya has caído en la trampa. Has cambiado el foco de la conversación para defender tu estado emocional. En el Talmud hay una historia sobre el rabino Akiba, quien dijo a su discípulo: "Cuando te acusen de algo que no hiciste, el silencio es tu escudo. Las explicaciones son una espada dirigida a tu propio pecho. ¿Qué hacer en lugar de responder? Simplemente di con calma: "estoy bien". Y devuelve la conversación al tema original, o usa la técnica del espejo: ¡Qué curioso! ¿Por qué piensas que estoy nervioso?"

Volvamos a lo que estábamos hablando. El manipulador intenta sacarte de tu equilibrio para obtener ventaja. No le des ese poder.

Pregunta número dos: "¿No confías en mí?"

La segunda pregunta peligrosa. ¿No confías en mí? Esta es una de las armas favoritas de los manipuladores emocionales. La hacen cuando estableces límites sanos o cuando pides una verificación de lo que alguien dice. ¿Dónde está la trampa? La pregunta crea un falso dilema. O confías de manera absoluta y ciega,  o eres una mala persona que no confía.

Pero en realidad la confianza y la prudencia no son opuestos. Un proverbio judío dice: "Confía en Dios, pero ata tu camello." Esto significa que tener fe está bien, pero no hay que ser ingenuo. Cuando respondes con justificaciones como: "No, sí confío en ti", ya has perdido. Empiezas a sentirte culpable por atreverte a ser razonable y cuidadoso. ¿Qué hacer en lugar de responder? Di con calma: "La confianza y la verificación no se contradicen." No se trata de desconfianza, sino de sentido común, o simplemente mi confianza no tiene nada que ver con esto. Hablemos de los hechos. Recuerda: una persona que realmente merece tu confianza nunca te presionará con esa pregunta. Comprenderá tu prudencia.

Pregunta número tres: "¿Qué me estás ocultando?"

La tercera pregunta insidiosa es: ¿qué me estás ocultando? Esta pregunta parte de una presunción de culpabilidad. Da por hecho que estás escondiendo algo y ahora debes demostrar lo contrario. ¿Dónde está la trampa? Cualquier respuesta que des sonará como una justificación. "No estoy ocultando nada" suena exactamente igual a lo que diría alguien que sí lo hace. Te coloca en una posición defensiva, aunque no hayas hecho nada malo. En el libro Mishlei (מִשְלֵי) o Proverbios de Salomón, está escrito: "El justo no necesita justificarse ante el necio, porque el necio no entenderá la verdad. Y el sabio no necesita explicaciones. El manipulador usa esta pregunta para romper tus límites personales, obtener información que no le corresponde, hacerte sentir culpable sin motivo.

¿Qué hacer en lugar de responder? Establece un límite claro. Toda persona tiene derecho a su privacidad. Eso no es lo mismo que ocultar algo. O responde con una pregunta espejo: ¿por qué piensas que estoy ocultando algo?

Las relaciones saludables se construyen sobre el respeto mutuo, no sobre el control total ni la desconfianza. Si alguien te hace esta pregunta con frecuencia, es una señal de alerta.

Tal vez el problema no sea tu falta de confianza, sino que esa persona es la que tiene algo que ocultar.

Pregunta número cuatro: "¿Crees que eres mejor que los demás? O: "¿Acaso te crees el más inteligente?

Esta pregunta suele aparecer cuando tú te niegas a hacer algo incorrecto, te mantienes fiel a tus principios o eliges tu propio camino en lugar de seguir a la multitud.

¿Dónde está la trampa? La pregunta intenta avergonzarte por tener estándares y valores. Apela al miedo a ser rechazado por el grupo para que renuncies a tus principios.

Cuando empiezas a justificarte diciendo: "No, no creo que sea mejor, solo que yo..." ya has caído en la manipulación. Estás pidiendo perdón por tener tu propia opinión y por defender tus límites. El rabino Gilel, uno de los más grandes sabios del Talmud, decía: "Si no soy yo por mí mismo, ¿quién lo será por mí? Pero, si solo soy para mí, ¿qué soy yo?" Esto significa que tienes derecho a defender tus intereses y valores, pero también a mantener la humildad y el respeto hacia los demás. ¿Qué hacer en lugar de responder? Responde con calma. No me considero mejor. Simplemente, tomo la decisión que es correcta para mí. O cada persona tiene su propio camino: respeto el tuyo, respeta el mío. No permitas que nadie te haga sentir vergüenza por vivir de acuerdo con tus principios. Quienes intentan desviarte de tu camino, a menudo lo hacen porque tu ejemplo les recuerda su propia debilidad.

Y por último, la quinta y más insidiosa pregunta: "¿No te vas a ofender si te digo la verdad, verdad?"  ¿O: "¿No te molestas si yo... ?

Esta es la más sofisticada de todas las trampas, porque se disfraza de una petición educada de permiso. ¿Dónde está la trampa? Esta pregunta crea una situación imposible. Si respondes: "No, no me ofenderé" le estás dando permiso a la otra persona para decir algo ofensivo y luego no podrás defenderte. Si respondes: "Sí, me ofenderé", parecerás una persona cerrada o demasiado sensible. En cualquier caso, pierdes. En la tradición judía existe el concepto de Lashon Hara (לשון הרע): "Lengua del mal, lengua para el mal" o "El mal hablar o lengua dañina". Los sabios enseñan que, si alguien empieza sus palabras diciendo: "No quiero hablar mal, pero puedes estar seguro de que...", lo que viene después será precisamente algo malo. Un verdadero amigo y una persona honesta no necesitan pedir permiso para ofenderte, o bien dirán lo que piensan con respeto y tacto, sin un aviso previo, o simplemente guardarán silencio.

¿Qué hacer en lugar de responder? Di: "Depende de lo que vayas a decir. Habla claro". O: "Si temes que me ofenda, quizá deberías pensar si realmente vale la pena decirlo." Esto invierte la manipulación y devuelve la responsabilidad a quien hizo la pregunta. Queridos amigos, el rabino Nahmán de Breslav decía: "Todo el mundo es un puente estrecho, y lo más importante es tener miedo. No tengas miedo de establecer límites. No tengas miedo de guardar silencio cuando una pregunta está hecha para atraparte."

La sabiduría no es solo conocimiento, también es la habilidad de protegerte de quienes quieren usar tus propias palabras contra ti. Y, recuerda: "El silencio del sabio vale más que las palabras del necio."

domingo, 26 de octubre de 2025

Apólogo. Con el Diablo no se dialoga.

Pescado en la red de San Pedro:

 CON EL DIABLO NO SE DIALOGA

En una ocasión, el demonio se apareció a tres monjes y les dijo: si os diera potestad para cambiar algo del pasado, ¿que cambiaríais?

El primero de ellos tenía un gran fervor apostólico, y le respondió:

—”Impediría que hicieses caer a Adán y Eva en el pecado para que la humanidad no pudiera apartarse de Dios”.

El segundo de ellos era un hombre lleno de misericordia, y le dijo:

—”Impediría que tú mismo te apartases de Dios y te condenaras eternamente”.

El tercero de ellos era el más simple y, en vez de responder al tentador, se puso de rodillas, hizo la señal de la cruz y oró diciendo:

—”Señor, libérame del demonio de lo que pudo ser y no fue”.

El diablo, dando un grito estentóreo y estremeciéndose de dolor, se esfumó.

Los otros dos, sorprendidos, le dijeron:

—”Hermano, ¿por qué has reaccionado así?”.

Él les respondió:

—”En primer lugar, porque NUNCA hemos de entrar en DIÁLOGO con el enemigo. En segundo lugar, porque no hay poder en este mundo capaz de CAMBIAR el pasado. En tercer lugar, porque el interés de Satanás no era que probásemos nuestra VIRTUD, sino que, atrapados en el PASADO, descuidáramos el presente, porque es el único tiempo en el que Dios nos da su gracia y podemos cooperar con ella para CUMPLIR su voluntad.

De todos los demonios, el que más atrapa a los hombres y les impide ser felices es el de lo que PUDO SER Y NO FUE.

El pasado queda a la Misericordia de Dios y el futuro a su Providencia. Solo el presente está en nuestras manos.

¡Solo Dios basta!

miércoles, 8 de octubre de 2025

Apólogo del pozo

 Un abogado le vendió un pozo a un profesor jubilado. Dos días después, el abogado regresó y le dijo: "Le he vendido el pozo, pero no el agua. Si quiere usarla, tendrá que pagarme un extra". 

El profesor, con una sonrisa tranquila, respondió: "Justo de eso quería hablarle. Si el agua es suya, tiene hasta mañana para sacarla de MI pozo. Porque, de lo contrario, me veré obligado a cobrarle un alquiler". El abogado, visiblemente avergonzado, balbuceó: "Pero... ¡sólo estaba bromeando!". 

Entonces, el profesor, con serena sabiduría, concluyó: "¡Y pensar que fuimos profesores como yo los que formamos a abogados como usted! Usted busca ganar, yo busco educar".

Cuando la lógica de la escuela supera la astucia de los tribunales.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Emilio del Río y la oratoria actual

 Emilio del Río, profesor de oratoria clásica: “¿El mejor orador? Rufián es bueno: clava los mensajes”, en El País, por Berna González Harbour, 4 SEPT 2025:

El experto defiende la importancia de saber hablar en público para formar ciudadanos críticos. Y critica el pobre discurso político actual.

Las citas de clásicos que Emilio del Río salpica en la conversación son tan apabullantes que no caben en esta entrevista, pero sí en sus libros y en los cursos de oratoria como el que acaba de impartir en la UIMP en Santander, donde le pillamos entre clase y clase. Nacido en Logroño en 1963, este doctor en Filología Clásica, profesor en la Complutense y director de Bibliotecas Públicas del Ayuntamiento de Madrid lamenta el simplismo del discurso político actual.

¿Qué emperador romano sería Trump? Mary Beard dice que Heliogábalo, uno de los peores de la historia

Pregunta. ¿Qué aprendemos de los clásicos?

Respuesta. Que comunicar no es un don, sino una técnica que se puede aprender. Y que es un elemento de formación de ciudadanos críticos y libros. Hace 2.400 años que Aristóteles escribió la Retórica, todo un manual de comunicación. Por eso deberíamos estudiar en la ESO o Bachillerato oratoria clásica. ¿Para qué está el sistema educativo si no?

P. Pero eso no ocurre.

R. No ocurre en España, en otros países europeos sí. El cerebro humano comienza a funcionar cuando nacemos y se para cuando nos toca hablar en público, como decía aquel. Y eso se estudia, se entrena.

P. ¿La confianza y el carisma también?

R. El carisma es interior, pero si aprendes a dominar la técnica lograrás persuadir, ser más eficaz y tener más confianza y autoestima. Los clásicos nos enseñaron que lo más importante es la comunicación no verbal: mover las manos, modular la voz, la mirada… y eso lo hicieron sin televisión ni redes sociales.

P. ¿Y cómo se aprende?

R. Algo clave es saber escuchar, conectar con el otro, nos lo enseñan los clásicos. Y también son muy importantes los silencios. El secreto para ser aburrido es querer contarlo todo. Y el otro peligro es el populismo. Tucídides o Cicerón nos avisaron sobre esos peligros. Y aún no existía Trump.

P. ¿Qué consejos da para ganar esa confianza en público? ¿Ir al psicólogo?

R. Les digo: no pierdas nunca la oportunidad de hablar en público. Hay que practicar mucho, es fundamental, sea atendiendo a un cliente en una tienda, dando un diagnóstico a un paciente o en una reunión de vecinos. Si no practicas, no lo harás bien. Componer una pieza musical o pintar un cuadro bello es un don para crear, pero comunicar es una técnica y se puede estudiar.

P. ¿Cómo evalúa la oratoria de nuestros políticos?

R. Mejorable. Dicho esto, siempre pensamos que cualquier tiempo pasado fue mejor y no es así. Leen todo y es importante tener memoria. Es muy importante la argumentación y ahora vamos a mensajes muy simples, sin respeto a quien no piensa como tú, desarrolla tu idea. Esta era Trump de frases simplonas es un cambio absoluto de época. Durante miles de años el fin no justificaba los medios, pero ahora sí, con Trump ya no hace falta razonar.

P. ¿Está el discurso de los políticos demasiado marcado por las redes?

R. Sí, se ha perdido parte del contenido y del pensamiento por ir al titular. Además, todo hoy en España pasa por el tamiz partidista.

P. ¿Quién es el mejor orador entre nuestros políticos?

R. Desde el punto de vista de la oratoria es muy bueno Gabriel Rufián. Desarrolla sus ideas y no estoy de acuerdo con ellas, pero eso es lo de menos. Los clásicos hablan de buscar siempre un punto de humor, figuras retóricas que embellecen el discurso y él lo hace. Clava los mensajes. Tú tienes que decidir siempre qué quieres trasladar y hay algunos que, al escucharlos, me digo: ¿Pero qué me ha querido contar? No lo sé.

P. ¿Qué nos perdemos con tanto insulto?

R. Estamos en un momento de polarización, de poca argumentación y de simplismo en la comunicación.

P. ¿La IA también está moldeando el discurso?

R. Hay un antes y un después de la IA. No sé muy bien cómo lo va a moldear, pero nada va a ser igual. La IA quita espontaneidad y la oratoria tiene que ser fresca, aunque esté preparada. Espontaneidad no quiere decir improvisación. Churchill era el mejor.

P. ¿Cómo ve la exigencia a los famosos de que se pronuncien, como a Rosalía en el tema de Gaza?

R. Estoy con Borges, que decía que en política hay que hacer el mismo caso a un intelectual que a un cantante de tangos.

P. ¿Y el peligro de cancelación?

R. Es una nueva forma de Inquisición. Estamos viviendo la autocensura en la comunicación y esto no es nuevo. A lo largo de la historia siempre se ha vivido esa pulsión en la lucha por la libertad, hemos ido de un extremo u otro. Pero al final triunfa la bondad, que es mi lema de WhatsApp. Por supuesto que existe el mal, ahí están Netanyahu y Putin, pero existe la bondad. Si no, no estaríamos aquí, ya nos habríamos extinguido. La humanidad tardó miles de años en volver a hablar en público con libertad desde Grecia y Roma y los clásicos nos enseñan qué frágil es la libertad y la democracia. ¿Y cómo la protegemos? Cuidando la comunicación, que es una obligación ciudadana para formar ciudadanos críticos y libres. Quién nos iba a decir que iban a asaltar el Capitolio o militarizar las ciudades en EE. UU. en nuestros días. Hay que proteger esa libertad.

P. ¿Ve un gran peligro de contaminación del discurso trumpista?

R. Sí, está claro. Y de Putin. Esto ya pasó en Grecia: cuando Filipo conquista Atenas y acaba con la democracia, dentro ya estaban sus partidarios, pagados por él. Los de Putin ya están aquí, la ultraderecha está dentro, la contaminación ya está aquí y es palpable en el discurso. La libertad es una forma de vida y hay que cuidarla y protegerla. Es un cambio de era y hay que estar muy alerta.

P. Usted fue senador y diputado del PP. ¿Lo echa de menos?

R. Nadie es perfecto (ríe). Yo soy ante todo filólogo, profesor de universidad, pero tengo el sentido de los clásicos de que lo público es de todos y todos se tienen que implicar en la cosa pública. La política es una cosa demasiado importante para dejarla solo en manos de los políticos. En griego hay una palabra, idiotés, es la misma raíz que idioma e idiosincrasia. De ahí viene idiota. En griego es el que no se implica en las cosas comunes cuando hay reunión en la polis, sea para hacer una calle o una guerra. Si no te implicas, lo dejas en manos de los demás.

jueves, 14 de agosto de 2025

La escasa estrategia de las autojustificaciones según Maquiavelo

 El problema: ¿por qué nos justificamos y por qué eso nos destruye? ¿Te ha pasado?

¿Alguien te acusa de algo injusto o distorsiona tus intenciones? ¿Cuál es tu instinto inmediato? Dar explicaciones, justificar cada detalle, aclarar malentendidos, rogarles que entiendan tu versión de los hechos. 

Parece racional, parece justo, parece humano; pero es precisamente ahí cuando cedes tu poder.

¿Por qué? Porque, al justificarte automáticamente, aceptas dos cosas peligrosas:

Primero, que la otra persona tiene la autoridad para juzgarte.

Segundo, que necesitas su aprobación para sentirte limpio.

 Entras en un juego emocional que ya había comenzado contigo en desventaja. Maquiavelo lo comprendió hace siglos. La percepción del poder no depende de la verdad, depende de la narrativa. Y, ya que quien domina la narrativa domina la percepción, quien domina la percepción domina el resultado. Cuando te apresuras a justificarte, el mensaje es claro: "Estoy nervioso. Intento demostrar algo. Necesito que me creas." Eso es un alegato autojustificativo.

Para tu atacante esto es como el olor a sangre para un depredador. Ahora, detente y piensa. ¿Cuántas veces has visto a personas inocentes intentando desesperadamente explicarse, pero aún así consideradas culpables? Esto sucede porque en la mente de la gente quienes se defienden demasiado parecen débiles o esconden algo. Es injusto, pero es cierto. Este es el error fundamental.

Creer que la explicación limpia tu imagen. No es así. Simplemente confirma que has aceptado el juicio de la otra persona como válido. Has puesto tu destino en manos de quien te acusó. Y peor aún, has demostrado que te importa demasiado su opinión. Esto es munición emocional. De ahora en adelante verás que hay un camino diferente, un camino frío, estratégico y psicológico. Un camino que no busca ser comprendido, sino respetado, que no implora aprobación, sino que crea una presencia tan inquebrantable que cualquier acusación se desvanece. Este es el truco maquiavélico: nunca te justifiques.

Cuando dejes de reaccionar, como la mayoría de la gente, sentirás algo extraño, un peso que se levanta. Es como salir de una prisión invisible que tú mismo construiste. Por eso es justificarse un clamor por la aceptación de quién eres. Pero el verdadero poder no exige aceptación, exige respeto silencioso. El principio maquiavélico: silencio y reversión del ataque.

Maquiavelo escribió que es mejor ser temido que amado si no es posible ser ambas cosas. Esto aplica directamente a lo que estamos discutiendo. Puedes ser amado por explicarlo todo e intentar ser comprendido, pero nunca serás temido. Y en los juegos de poder, quienes no son temidos son manipulados. Cuando decides no justificarte nunca, envías un mensaje contundente. No reconozco tu cancha. No juego en tu terreno. Esto genera incomodidad inmediata en quienes te atacan, pues esperaban una pelea emocional, una oportunidad para desestabilizarte. En cambio, ofreces silencio o peor aún, indiferencia.

Imagina, alguien dice, "Eres arrogante."La respuesta normal sería, "No soy arrogante. Me malinterpretaste solo."

Pero el operador maquiavélico sonríe, mira con calma y responde: "Interesante punto de vista." Y lo deja ahí, sin defensa, sin súplica de comprensión. No hay prisa por limpiar su nombre. Este silencio es desconcertante porque rompe el guion emocional. El acusador esperaba resistencia. Sin ella se siente solo en el escenario hablando con eco. Esto le hace preguntarse, ¿reaccioné de forma exagerada? ¿Todos me ven como el inestable? Así es como se invierte la narrativa. Y cuando respondes con una sutil inversión, el impacto es aún mayor. ¿Te acusan de ser manipulador?

Respondes: "Es curioso cómo la gente llama manipulación a lo que no puede controlar". Te llaman frío; Respondes: "Es extraño cómo la calma da tanto miedo". Esto convierte la acusación en un reflejo del propio acusador. Este es el principio. No te defiendas. Mantén una presencia inquebrantable. Si es necesario, devuelve el ataque como un espejo. Resultado, te vuelves impredecible, difícil de alcanzar emocionalmente. La gente empieza a pensarlo dos veces antes de atacarte, no porque te expliques bien, sino porque pareces peligroso. Esta estrategia crea un efecto dominó. Quienes te acusan parecen desesperados y quienes observan se sienten respetados. No ganaste por demostrar tu inocencia, ganaste porque nunca entraste en la contienda. 

Ejemplos de la vida real, cómo aplicarlos en diferentes áreas de la vida. 

Uno, en el trabajo. Estás en una reunión y alguien rechaza tu propuesta. No creo que tu estrategia esté bien pensada. La mayoría de la gente intentaría justificarse: "No, mira, pensé en cada punto..." Y perdería el control de la situación. El operador maquiavélico responde: "Gran observación. ¿Cómo lo harías diferente?" Ahora el acusador está bajo presión. La narrativa cambia. Ahora necesita demostrar que tiene algo mejor mientras tú mantienes la calma.

Dos, en las relaciones con tu pareja. Ella dice: "No te importo". Es instinto natural: "¿Qué quieres decir?". "Lo hago todo por ti. ¿Recuerdas cuando yo...?" Pero esto solo valida las emociones de la otra persona.

El enfoque maquiavélico; una mirada tranquila, un tono suave. Así es como te sientes; ahora, el peso del drama recae en quien hace la acusación. A menudo, esta persona se siente exagerada porque no alimentaste la lucha emocional. 

Tres, en redes sociales. Alguien comenta: "Eres falso, solo quieres que te vean". Lo habitual es un largo mensaje explicándote, pero publicas algo público y enigmático. "Es curioso como la verdad molesta más que las mentiras". De repente dejas de estar a la defensiva, tienes el control de la narrativa.

Otros ejemplos incluyen lidiar con jefes hostiles, familiares controladores o amigos competitivos. En todos los casos la lógica es la misma. No reacciones emocionalmente. Quien controla la emoción controla el resultado. Esta técnica no se trata solo de callar, se trata de controlar la energía emocional del momento. Quienes hablan primero e intentan justificarse pierden de vista la situación. Quienes guardan silencio o responden con calma e invertidamente se ganan el respeto. Con la práctica notas un poderoso efecto secundario. La gente empieza a pensarlo dos veces antes de acusarte o provocarte, porque ahora saben que no eres un blanco fácil, eres un espejo peligroso.

La transformación final: no más modo defensivo. Cuando eliminas la necesidad de justificarte, cambias por completo la percepción que el mundo tiene de ti. Dejas de ser reactivo y te vuelves estratégico. Desde ahora en adelante, tu comportamiento debe seguir tres principios: 

Uno, silencio calculado. No todo ataque merece una respuesta. El silencio es más desconcertante que cualquier argumento.

Dos, respuesta breve y neutral. Al hablar, usa frases que cierren la conversación, no que la prolonguen: Interesante punto de vista. Así lo ves. Es interesante pensar así. 

Tres, reversión elegante. Si decides responder, hazlo de forma que exponga la debilidad de la otra persona sin parecer vengativo. 

Es extraño como la confianza molesta a tanta gente. No se trata de ser frío ni insensible, se trata de ponerte por encima de la necesidad de validación. No intentas caerle bien a todo el mundo. Estás construyendo una imagen de estabilidad emocional y una presencia poderosa. Las personas que necesitan besarse constantemente son vistas como inseguras. Quienes mantienen una postura y rara vez se justifican son vistos como personas con autoridad. El mundo respeta a quienes parecen tener control absoluto sobre sí mismos porque eso es poco común. 

Cuando dominas esta práctica sucede algo interesante. Tus enemigos se sienten incómodos porque no pueden tocarte. Tus amigos te respetan más porque sienten que eres sólido. El público, los colegas, los socios empiezan a defenderte sin que se lo pidas. Esta es la llamada victoria sin guerra. No luchas, no te agotas, no te justificas, simplemente existes con tanta confianza que cualquier ataque en tu contra parece pequeño, frágil y desesperado. 

Aplícalo hoy. La próxima vez que alguien intente acusarte o provocarte, respira hondo, calla y recuerda: "No te debo explicaciones. Yo controlo la narrativa." Porque el poder no está en convencer a los demás, el poder está en no tener que hacerlo nunca. Esta es la libertad que pocos tienen y ahora puede ser tuya.

Más recientemente esto es lo que se llama comunicación asertiva. Hay varias técnicas de argumentar o contraargumentar a aquella persona emocionalmente descontrolada, no para ridiculizarla, sino para ayudarla a que se dé cuenta de su mal proceder y evitar que escale el conflicto. Una frase "comodín" para desarticular es que "las opiniones se pesan, no se cuentan". 

Un dato muy interesante es que, justamente, nadie puede estar totalmente justificado. Y es un gran problema epistemológico, ya que no importa cuánto sepas y cuál sea tu campo de conocimiento, porque la pregunta escéptica siempre puede dar lugar a la incertidumbre. Así que, si nos justificamos más, podemos caer en el famoso regreso o círculo vicioso haciendo que las explicaciones se vuelvan fallidas e ineficaces. Psicológicamente, el impacto es peor, porque no estamos hablando de un campo puramente lógico, donde la disputa terminaría por acordar cómo sería ese sistema o estructura, sino que es una disputa contra otra persona. Cuanta menos explicación, quien entre en duda es el contrincante.

lunes, 4 de agosto de 2025

Técnica del interrogatorio no explícito. La elicitación.

 Es una técnica que se usa en contrainteligencia para sonsacar información de forma inteligente e indirecta. Nunca hay que preguntar, porque eso pone en guardia, tanto más si se sabe que se trata de un interrogatorio. En este caso se trata de disipar la animosidad con diversas tácticas. Pero si no se trata de un interrogatorio formal, solo hay que afirmar, no preguntar. Porque las respuestas a afirmaciones no activan salvaguardias ni desconfianzas. Por ejemplo, imagínense que uno va con un conductor de Uber a un sitio y luego van a volver. Se sube al coche y dice: "Leí en una encuesta que los conductores de Uber son los que reportaron mayor satisfacción laboral de entre todos los trabajadores del país..."

Eso solo fue una afirmación. Pero el conductor va a girarse y a decir: "¿En serio? ¿Dónde viste eso? Ja, ja" Y ahí empieza la conversación. Después él dice: "No, en realidad es terrible. Hago esto y lo otro y ellos se quedan con el dinero". Entonces se aplica la segunda fase de esta técnica, la incredulidad, que consiste en decir algo como: "No puede ser. Una empresa no puede tratar así a su gente". Y él: "Claro que sí". Y empieza a contar una historia que probablemente nunca contaría a un cliente, o expondrá algún caso concreto de su experiencia. "No vas a creer lo que me pasó hace un par de semanas" Es información que no daría a un cliente, sino a un amigo. Y lo que haces es activar en su cerebro el "modo amigo", propicio a la confidencialidad. Y ni siquiera le hiciste una sola pregunta. Y, como dicen los estafadores y expertos en mercadotecnia / marketing y ventas,  nombrar a la persona por su nombre muy seguido y sonreír siempre hace que entren en confianza. Las personas muy sociables son tratadas con familiaridad porque justamente hablan de esa manera con la gente, de manera natural y sin intención de manipular sino  amistosamente; y la gente les cuenta sus cosas sin conocerlos y los recuerdan siempre cuando los ven y los saludan como si los conocieran de toda la vida. Un maestro o profesor debe ejercer esta táctica con sus alumnos, elicia respuestas de ellos para fomentar la participación. Hablar directamente a la mente es una estrategia poderosa. La mente es como un espectador silencioso, observando todo sin ser notada. Cuando logras comunicarte con ella de manera directa, utilizando mensajes subliminales que solo ella puede entender, es como si la pillaras desprevenida. La conciencia puede estar distraída, pero la mente capta el mensaje y lo procesa de manera profunda. Es una forma de conexión más allá de las palabras, un diálogo silencioso que puede tener un impacto significativo en nuestra percepción y comportamiento.

 Con ese ejemplo concreto se está empatizando con lo más común que hace la gente, que es la queja. Es volcar hacia afuera lo que no le gusta, el disgusto, el desagrado por algo y normalmente el negativismo. La queja es el clásico alimentar el cuerpo del dolor y es una dinámica de retroalimentación con ese patrón de baja frecuencia. Muchos viven de él, y ciertamente, quien lo usa con un propósito, no pierde energía, pero en general para muchos escuchar a gente quejosa y que constantemente habla de lo que no les gusta es tedioso y un robo de energía.

Eso es la "elicitación" (del latín elicitus, "inducido" y elicere, "atrapar") que se refiere al acto de extraer o extraer información, ya sea conocimiento, emociones, opiniones o datos, de una persona o fuente. En el ámbito de la seguridad informática, la elicitación es una técnica para obtener información confidencial de forma sutil, a menudo a través de conversaciones aparentemente inofensivas. En psicología, la elicitación (anglicismo por suscitación o inducción) se refiere a la transferencia fluida de información entre personas a través del lenguaje. También se utiliza en la ingeniería de requisitos para comprender las necesidades de los usuarios en el desarrollo de software

sábado, 7 de junio de 2025

Decálogo del buen argumentador, por Manuel Atienza

 Decálogo del buen argumentador de Manuel Atienza

1. El mejor consejo que puede darse a quien desee argumentar bien en el Derecho o en cualquier otro ámbito es prepararse bien. Picasso decía que la inspiración existe, pero tiene que pillarte trabajando. De manera semejante, la habilidad dialéctica, argumentativa, existe, pero debe pillarte preparado, conocedor del fondo del asunto. No se puede argumentar bien jurídicamente sin un buen conocimiento del Derecho, de los materiales jurídicos y de la teoría del Derecho, de los instrumentos adecuados para manejar aquellos materiales. 

2. Hay aspectos comunes a cualquier tipo de argumentación, pero también debe uno ajustarse a los rasgos peculiares de cada campo, de cada tipo de debate. Por ejemplo, lo que es apropiado para una conferencia (la exposición por extenso de una tesis) no lo es para el que participa en una mesa redonda: una buena presentación de la tesis que se desea defender en ese tipo de debate no tiene por qué ser una “miniconferencia”; lo importante, aquí, no es efectuar una exposición completa, exhaustiva, sino más bien clara, razonablemente informativa, que estimule la discusión y prepare de alguna forma para, al final, persuadir al auditorio. 

3. No se argumenta mejor por decir muchas veces lo mismo, ni por expresar con muchas palabras lo que podría decirse con muchas menos. La amplitud excesiva del discurso aumenta las probabilidades de cometer errores y corre el grave riesgo de provocar hastío en el oyente. 

4. En una discusión, en un debate racional, esforzarse porque el otro tenga razón — como alguna vez propuso Borges— parece demasiado. Pero esforzarse por entender bien lo que el otro ha dicho es una exigencia moral —en el sentido amplio de la expresión— que resulta además bastante útil como recurso retórico o dialéctico: hace más difícil que podamos ser refutados (por ejemplo, con un «yo no he dicho eso») y aumenta las probabilidades de que nuestros contendientes estén también dispuestos a entendernos bien. 

5. Cuando se argumenta en defensa de una tesis, no estar dispuesto a conceder nunca nada al adversario es una estrategia incorrecta y equivocada. Hace difícil o imposible que la discusión pueda proseguir y muestra en quien adopta esa actitud un rasgo de carácter, la tozudez, que casi nadie aprecia en los demás. No es, por tanto, un buen camino para lograr la persuasión. 

6. Cuando se argumenta con otro, uno puede tener la impresión de que los argumentos de la parte contraria funcionan como una muralla contra la que chocan una y otra vez nuestras razones. Por eso, una vez probada la solidez de esa defensa, lo más aconsejable es ver si uno puede tomar la fortaleza intentando otra vía. Esa maniobra debe hacerse sin desviar la cuestión. O sea, no se trata de disparar torcido, sino de disparar desde otro lado, cambiando la posición. 

7. La argumentación no está reñida con el sentido del humor, pero sí con la pérdida del sentido de la medida. Hay ocasiones en que no es apropiado hablar en broma (por ejemplo, del holocausto, del genocidio de un régimen militar...) y hay bromas y bromas. Para distinguir unas de otras, el mecanismo más simple y efectivo consiste en ponerse en el lugar del que tiene que soportar la broma. 

8. No se argumenta bien por hacer muchas referencias a palabras prestigiosas, autores de moda, etc. Lo que cuenta es lo que se dice y las razones que lo avalan: la calidad y fortaleza de esas razones son responsabilidad exclusiva del que argumenta. 

9. Frente a la tendencia, natural quizás en algunas culturas, a irse por las ramas no cabe otro remedio que insistir una y otra vez en ir al punto, en fijar cuidadosamente la cuestión. 

10. En cada ocasión, hay muchas maneras de argumentar mal y quizás más de una de hacerlo bien. Este (ligero) apartamiento de la regla de la multiplicidad del error y la unicidad de la verdad se debe a que en la argumentación las cuestiones de estilo son importantes. Como ocurre con los autores literarios, cada persona que argumenta tiene su estilo propio y es él el que ha de esforzarse, primero, por encontrarlo, y luego, por elaborarlo.

Argucias retóricas


Dialéctica erística o el arte de tener razón, expuesta en treinta y ocho estratagemas, es un pequeño tratado inconcluso escrito por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, basado principalmente en los Tópicos de Aristoteles. Fue publicado en 1864, póstumamente, por Julius Frauenstädt, bajo el título de Eristik (Erística). En él se enumeran treinta y ocho estratagemas retóricas engañosas, que pueden facilitar el éxito en una discusión pero que no sirven a la verdad.

La obra contiene una serie de apuntes en los que Schopenhauer recopiló treinta y ocho Kunstgriffe —"estratagemas", "ardides" o "trucos" dialécticos—, argumentaciones desleales y engañosas utilizadas en las discusiones cuando uno de los contrincantes desea que prevalezcan sus tesis u opiniones propias sobre las del adversario, aun sabiendo que éstas son absurdas o plausibles o que no lleva razón alguna en el asunto a discutir.

Para Schopenhauer, "la dialéctica erística es el arte de discutir, pero discutir de tal manera que se tenga razón tanto lícita como ilícitamente".

Las treinta y ocho estratagemas:

1.- La amplificación.

2,- El uso de homonimia.

3.- "Tomar la afirmación que ha sido formulada en modo relativo... como si lo hubiera sido en general."

4.- Mediante prosilogismos.

5.- Premisas falsas.

6.- Petición de principio.

7.- Proceder "preguntando al adversario para poder deducir de sus respuestas la verdad de nuestra afirmación."

8.- "Provocar la irritación del adversario y hacerle montar en cólera".

9.- "No establecer las preguntas en el orden requerido por la conclusión a la que se desea llegar con ellas, sino desordenadamente; el adversario no sabrá a dónde queremos ir."

10.- "Si se advierte que el adversario niega intencionadamente aquellas preguntas cuyas respuestas afirmativas podrían ser utilizadas en beneficio de nuestra tesis, hay que preguntarle lo contrario de lo que debemos haciendo como si esto fuese lo requerido para defenderla".

11.- "Si hacemos una inducción y el adversario admite como válidos los casos particulares mediante los que se prueba, no debemos preguntarle si también admitirá la verdad general que puede concluirse de aquéllos, sino que debemos introducirla a continuación como si se tratase de algo ya establecido y admitido anteriormente".

12.- "Si la conversación versa sobre un concepto general que carece de nombre propio y tiene que designarse trópicamente mediante una similitud, enseguida hemos de elegir nosotros el símil, de manera tal que sea lo más ventajoso posible para nuestra afirmación."

13.- "Para lograr que el adversario admita una tesis debemos presentarle su opuesta y darle a elegir una de las dos".

14.- Estratagema que, entre otras cosas (?), "pertenece a la fallacia non causae ut causae [engaño producido al tomar lo no fundamentado por el fundamento]."

15.- "Si hemos expuesto una tesis paradójica, pero nos encontramos en dificultades para demostrarla, presentamos al adversario otra tesis correcta, aunque no del todo evidente, para que la acepte o la refute como si de ello quisiéramos obtener la prueba; si sospechando alguna treta la rechaza, entonces lo reducimos ad absurdum [al absurdo], y triunfamos; pero si la acepta, habremos dicho entretanto algo razonable, y ya veremos cómo sigue adelante el asunto."

16.- Argumenta ad hominem o ex concessis.

17.- "Si el adversario nos amenaza con una refutación, a menudo podremos salvarnos mediante una sutil diferencia en la que antes no habíamos reparado, si es que el asunto se presta a alguna que otra ambigüedad o permite su remisión a un doble caso."

18.- Mutatio controversiae, "cambio del tema de la discusión".

19.- "Si el adversario nos solicita explícitamente alegar algo en contra de algún punto concreto de su afirmación pero no tenemos nada adecuado, tomamos el asunto de manera general y argumentamos así en su contra."

20.- "Cuando hayamos obtenido del adversario la concesión de una premisa que requeríamos, tenemos que deducir la conclusión deseada no con más preguntas, sino concluyéndola inmediatamente nosotros mismos".

21.- "Si observamos que el adversario utiliza un argumento meramente aparente o sofístico podemos anularlo sencillamente atacando su capciosidad y apariencia".

22.- "Si el adversario nos conmina a que admitamos algo de lo que inmediatamente se seguirá el problema que se debate en la discusión, nos negamos aduciendo que se trata de una petitio principii, pues tanto él como el auditorio confundirán con facilidad una tesis, que en apariencia se parece al problema."

23.- "La contradicción y la discordancia motivan la exageración de la tesis."

24.- "Uso abusivo de la deducción."

25.- Apagoge mediante una "instancia"; exemplum in contrarium.

26.- Retorsio argumenti.

27.- "Si inesperadamente el adversario se muestra irritado ante un argumento, debe utilizarse tal argumento con insistencia".

28.- Argumento ad auditores: "se arguye una observación inválida, cuya invalidez sólo reconoce el experto."

29.- Hacer diversión: "comenzar "repentinamente a hablar de otra cosa totalmente distinta como si tuviese que ver con el asunto en cuestión y constituyese un nuevo argumento en contra del adversario."

30.- "El argumentum ad verecundiam [argumento a la vergüenza]. En vez de razones se usan autoridades elegidas a la medida de los conocimientos del adversario."

31.- Declararse "fina e irónicamente incompetente".

32.- Subsumir una afirmación del adversario "bajo una categoría aborrecible con la que pueda tener alguna semejanza con la que se relaciona sin más". Ejemplos: reductio ad Hitlerum el rótulo del determinismo geográfico.

33.- Responder: "'Esto será verdad en la teoría, pero en la práctica es falso'".

34.- Evadirse "respondiendo con otra pregunta o con una respuesta esquiva o con algo que carece de relación alguna con el asunto en discusión".

35.- "En vez de influir en el intelecto con razones, se influye en la voluntad por medio de motivos".

36.- "Desconcertar y aturdir al adversario con absurda y excesiva locuacidad. Esto tiene que ver con que frecuentemente creen los hombres, al escuchar palabras huecas, que se trata de graves pensamientos", frase del Fausto de Goethe. Ejemplo: Crítica de Alan Sokal contra filósofos llamados posmodernos.

37.- "Cuando el adversario, llevando de hecho razón, ha tenido la mala suerte de elegir para su defensa una prueba inadecuada que podemos invalidar fácilmente, damos con eso todo el asunto por refutado."

38.- "Cuando se advierte que el adversario es superior y se tienen las de perder, se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente".

II

“Estratagemas” para ganar en política; por Guadalupe Muñoz Álvarez, Académica Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 28/07/2023

El día 28 de julio de 2023 se ha publicado en el diario La Razón, un artículo de Guadalupe Muñoz Álvarez, en el cual la autora opina que muchas veces para convencer se acude a metáforas, latiguillos, teorías de aparente racionalidad, que puedan anular o disminuir la conciencia crítica.

“ESTRATAGEMAS” PARA GANAR EN POLÍTICA

Es muy conocida la obra del filósofo Arthur Schopenhauer exponiendo 38 estratagemas “de mala fe” para atraer a posibles votantes. Mantuvo que en el ámbito político la persona que se presenta para obtener un cargo público no tiene que asegurar que pretende cumplir lo prometido. Todos los ciudadanos saben que no va a ser así. Generalmente se admiten las exageraciones y los falsos datos estadísticos. Se considera una “jugada brillante” dar la vuelta a un argumento de tal forma que signifique otra cosa distinta, presentar argumentaciones engañosas en los discursos utilizadas para intentar imponer las tesis de un planteamiento contrario.

Aristóteles, en su Dialéctica, manifestó con claridad que para ganar al adversario lo importante es señalar con insistencia sus contradicciones, resaltando cualquier argumento distinto que haya admitido o defendido con anterioridad. Lo estamos presenciando en el momento actual. Con frecuencia puede comprobarse que lo que se promete no se cumple sin gran trascendencia y numerosas son las contradicciones y errores que se exhiben sin rubor.

Muchas veces para convencer se acude a metáforas, latiguillos, teorías de aparente racionalidad, que puedan anular o disminuir la conciencia crítica. Algunas técnicas intentan convertir el argumento propuesto, ajeno a la verdad, en algo verosímil. Los ciudadanos también saben que no se ajusta a la verdad.

Los discursos se apoyan en citas importantes, casi siempre inventadas o de ambiguo contenido. Se recuerdan frases atribuidas a algún filósofo clásico, Aristóteles, Descartes o a políticos famosos como Winston Churchill, muy socorrido. Se alude también a Unamuno y a Ortega y Gasset, que adornan el contexto, aunque pueda comprobarse fácilmente la inexactitud de la cita, incluso se reproducen preciosas frases confundiendo al autor, Blas de Otero por Gil de Biedma, por ejemplo, la fecha de una obra, con la muerte de su autor.

Otra “estratagema” del orador, según este filósofo, es responder a una pregunta con otra cuestión evadiendo la respuesta y si todo falla en el debate y el oponente es superior, se pasa directamente al insulto concreto. Esta forma de debatir tiene, además, una repercusión mediática que sirve de divulgación con la profusión de redes sociales que se manejan en la actualidad. Unos seguidores se inclinan a favor y otros en contra, pero la tesis comprometida se airea, que es lo que interesa. Se contaba que al general De Gaulle le hicieron varias preguntas sobre la guerra mundial y respondió hablando de Juana de Arco.

Es también posible recurrir al insulto. Cicerón atacó incluso a ciertos grandes personajes del mundo romano, a los que llegó a calificar de profanadores de la virtud. Los políticos de hoy suelen ser menos elevados y con poco ingenio como la zafiedad de llamar “carapolla” al oponente, palabra ordinaria que en realidad desprestigia al agresor y además degrada el ambiente, o decirle a un oponente que es un “judío nazi”, una verdadera falta elemental de respeto que tendría que humillar al que lo profiere y genera un panorama deplorable.

Emmanuel Kant en su obra Crítica de la razón pura decía, que él no quería enseñar filosofía sino demostrar el arte de pensar. Eso era para él lo importante. Quien discute en estos tiempos no pretende la verdad, ni arte alguno, sino la aceptación de sus propuestas y el voto para ello. No quieren enseñar nada. La dialéctica para convencer es comparable a la esgrima y da igual quién tenga o no razón. Lo importante y práctico es “tocar” al contrario, pues de eso se trata. Es una suerte que los que reciben el mensaje tengan generalmente la libertad de inclinarse a favor de las posiciones que les parezcan éticas o se haya comprobado su eficacia. Ya se sabe que los programas electorales, “están para no cumplirse”, como reseñó una persona de gran relieve.

El aforismo de la biblia tan conocido, “la verdad os hará libres”, lo han escogido personas famosas como lema de sus profesiones, pero tiene escasa aplicación en el mundo actual. Se acepta con resignación que los políticos no respetan la verdad en asuntos importantes; dicen que van a construir una escuela y no se ocupan más; que enviarán ayudas o subvenciones que no ponen en práctica; modifican las cantidades que señalan y un recurso muy extendido es decir que los países de nuestro entorno mantienen peores estadísticas. Tristemente se difunde un aforismo simple y descorazonador: “Si no se cumple lo prometido, / no hay nada perdido”. Es este un panorama muy triste y con escasas esperanzas. Tal vez el futuro se presente con mayor honorabilidad.